Coronavirus Covid19. Gestión psicológica en el confinamiento.

Coronavirus Covid19. Gestión psicológica en el confinamiento.

Gestión adecuada del confinamiento por Coronavirus Covid19.

Debido a la actual alerta sanitaria generada por el COVID-19, se están generando situaciones de malestar, miedo y gran preocupación entre la población. Aunque éstas emociones son básicas y adaptativas, ya que nos ayudan a mantenernos alertas y luchar por nuestra supervivencia, desde la Clínica de psicología y sexología Pérez-Vieco queremos ayudaros a gestionarlas adecuadamente. Queremos ofrecerte una serie de recomendaciones y explicaciones útiles y detalladas sobre esta situación, con el objetivo de contribuir a que puedas retomar el control sobre tu vida y manejarte de forma eficaz ante esta crisis.

Comprende la situación.

La situación a la que nos enfrentamos es tan insólita que puede ser difícil de comprender e integrar en un principio. Hay que entender que la cuarentena no consiste en un castigo, sino en una medida cautelar temporal, aceptando que salir lo menos posible de casa es la mejor opción. Actualmente aún no tenemos un conocimiento exacto del pronóstico de la situación derivada por el COVID-19, pero extremar las precauciones para evitar su propagación es la única medida segura actual que podemos realizar para ayudar a combatirlo.

Comprender la realidad no implica tener que alarmarse por ella, sino asegurarse que se tiene toda la información necesaria y saber cómo actuar ante cada situación.

Debemos intentar asumir la realidad, entendiendo que esta medida es provisional y que exponernos ante una situación desconocida sobre la cual no tenemos control alguno, genera en nosotros unas emociones intensas y contradictorias, ya que nos encontramos en una pausa impuesta donde no sabemos muy bien cómo responder.

Sentir todas estas emociones (tristeza, la rabia, la incertidumbre, el miedo, etc.) es normal y adaptativo, pero hay que intentar mantener la mayor calma posible. Está bien sentir estas emociones y desahogarte, pero no debemos quedarnos anclados a este malestar. La flexibilidad y la aceptación nos ayudarán a que poco a poco nos adaptemos y sobrellevemos la situación cada uno de la mejor manera con sus propios recursos.

Actúa con responsabilidad.

Es muy importante que entendamos la importancia real que tiene el confinamiento en nuestros hogares. A nivel individual, es la forma más eficaz que tenemos de evitar la propagación de este virus, además de prevenir infectarnos, ayudamos de forma indirecta a no saturar el sistema de salud, dejando así los recursos para quién más lo necesite.

Comprender que permanecer en casa y cumplir con las recomendaciones siempre que sea posible es imprescindible, ya que es nuestra principal responsabilidad.

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Planifícate.

Pasados unos días, cuándo ya nos hayamos dado tiempo y espacio para comprender esta nueva realidad puntual, es cuando podemos empezar a organizar nuestro hogar. Con la cuarentena, la vida y la convivencia se modifican de manera sustancial. Para quienes viven con otras personas (y más aún con menores) es importante consensuar ciertas normas, horarios y planes, además de comprender las necesidades específicas de los demás y respetar espacios y tiempos particulares.

Piensa en cómo vas a planificar los días, las actividades con las que llenarás las horas y como organizarse conjuntamente con la gente que te rodea. Algunas posibles ideas para ello es ayudarse de un planificador, cronograma o gráfico al alcance de todos, donde se diferencien los espacios (ocio, trabajo, descanso…) y los tiempos para cada actividad; debatir ideas y planes de cosas para hacer en casa, buscar en Internet formas o juegos para entretenerse, etc.

Establecer una rutina diaria, alternando las tareas y los horarios cotidianos que seguíamos antes: trabajo, alimentación, responsabilidad, ejercicio, ocio, social, autocuidado, doméstico, sueño, etc. No olvidemos que seguir los hábitos y rutinas nos ayudarán a gestionar y sobrellevar mejor el tiempo que estemos en casa. Esta planificación será positiva para tu higiene mental y ayudará a crear un ambiente lo más normalizado posible.

Información oficial y en su justa medida.

Estar informado es importante, saber cómo están transcurriendo los acontecimientos, actualizarnos diariamente de las nuevas medidas cautelares y de aquello que nos pueda ser útil para entender y actuar es fundamental. Ten cuidado con las noticias e informaciones que corren por las redes sociales y que no estén contrastadas, ya que pueden no ser ciertas o estar distorsionadas, y a su vez evita ser tú quien las propague.

Infórmate de forma adecuada recurriendo a fuentes oficiales como el Ministerio de Sanidad y la Consellería de Salud, a través de las noticias en televisión o en Internet dos o tres veces al día. No hay ninguna necesidad de que estés continuamente buscando noticias, ya que eso solo te generará estrés, nerviosismo, malestar, alarma y miedo.

Informarte es imprescindible como ya hemos dicho, por lo que busca la información de calidad y oficial, evitando la sobreinformación. Además no olvidemos informar a los más pequeños y pequeñas de modo claro y sencillo y con mensajes constructivos, porque también tienen derecho a entender que es lo que está ocurriendo y como pueden colaborar. Ayúdales a sentirse seguros/as y protegidos/as, pero también útiles.

Mantén y adapta las relaciones sociales.

Tanto para las personas acostumbradas a tener mucha interacción como las que no, el contacto con otras personas es fundamental para nuestro bienestar mental y emocional. Dado que el contacto físico ahora es más limitado, podemos aprovechar las nuevas tecnologías para mantenerlo con los amigos y familiares (llamadas, videollamadas, redes sociales…).

La cuarentena es buen momento para fortalecer o recuperar relaciones familiares o de pareja, así rescatar viejas costumbres/hobbies o crear otras nuevas, intentando propiciar un buen ambiente en casa. Recuerda que estar confinado no significa estar aislado.

El simple hecho de comunicarnos y mostrar afecto en la forma que sea con nuestros seres queridos tiene un gran impacto en nuestro sistema, ya que nuestro cerebro empieza a producir endorfinas, que funcionan de forma similar a los opiáceos (morfina, opio, etc.) pero sin sus efectos perjudiciales, actuando como un potente analgésico, que además estimula nuestros centros del placer, ayudando a crear situaciones satisfactorias que contribuyen a sentirnos mejor. Si tenemos la oportunidad de coincidir físicamente con nuestra familia o amigos debemos saber que (siempre que sea posible) los besos, los abrazos, las caricias y las relaciones sexuales favorecen la liberación de estas sustancias.

La evidencia científica corrobora que nuestros vínculos con los demás pueden tener efectos beneficiosos en nuestra salud, propiciando indirectamente el fortalecimiento de nuestro sistema inmunológico, relacionándose con una vida más larga. Por el contrario, el aislamiento, la soledad y la escasa interacción social se relacionan con mayores problemas de salud, estrés, ansiedad, depresión y menos beneficios biológicos.

Ejercicio físico, una pieza clave.

Además de la mejor forma de combatir el sedentarismo ocasionado por este período de aislamiento, la actividad física es un factor importante para el bienestar psicológico.

El deporte promueve beneficios físicos como la prevención de patologías, la activación del sistema inmunológico y la liberación de ciertos neurotransmisores que nos generan sensación de relajación y bienestar. Al movernos obtenemos además beneficios psíquicos (aumento de nuestra autoestima, autoconfianza, memoria, concentración, buen funcionamiento cerebral, regulación emocional, etc.) así como la prevención de estados depresivos, ansiosos y trastornos del sueño.rutinas deportivas por psicologos valencia

Por deporte entendemos cualquier tipo de actividad física adaptada a las condiciones individuales de cada persona, desde estiramientos básicos, yoga, pilates, ejercicios aeróbicos, hasta clases y tutoriales de gimnasia. En la red podremos encontrar una gran y variada oferta de actividades que podemos realizar en casa. Dedicando un tiempo para ejercitarnos nos sentiremos más satisfechos con nosotros mismos y nuestro humor mejorará.

Exteriorizar y gestionar sentimientos.

El confinamiento en casa y la convivencia prolongada con los demás es un espacio facilitador de roces, riñas, malas palabras y emociones negativas, que pueden llegar a generar un ambiente dañino. Es el momento para no sólo prestar atención a uno mismo, sino a los demás. Los propios sentimientos y pensamientos son importantes, pero también lo son el modo en que se expresan. Para aportar nuestro granito de arena en tener una convivencia pacífica y agradable, es importante propiciar una buena comunicación, para ello, podemos tener en cuenta las siguientes indicaciones:

  • Evitar conversaciones conflictivas que generen discusiones.
  • No focalizar nuestra atención en los aspectos negativos y catastróficos de la situación.
  • Evitar los reproches. Para ello es importante responsabilizarnos de aquello que nos corresponde e intentar comunicar de forma asertiva y constructiva nuestras quejas.
  • Expresa de la mejor forma aquello que te molesta, preocupa o disgusta. Deja que las personas de tu alrededor te escuchen y te ayuden.
  • Intenta no anteponer siempre tus necesidades. Este período puede servirnos para practicar la empatía y la solidaridad poniéndonos en la piel de las personas que nos rodean. Cuánto más nos preocupemos por los demás, más se preocuparán por nosotros.
  • Cede el control y practica la flexibilidad. El confinamiento pone a prueba nuestra tolerancia a la frustración, por lo que es un buen momento para dejarnos llevar y no priorizar siempre nuestros deseos, adaptándonos así a las circunstancias que son incontrolables.
  • Céntrate en pensamientos constructivos y positivos, recordando los momentos donde fuiste capaz de afrontar situaciones difíciles y qué estrategias utilizaste para superarlas. No centres todas tus conversaciones en el Covid-19, trata de hablar de otros temas.
  • Utiliza el humor, ya que es gran aliado estos días. Con el humor somos capaces de tomar cierta distancia de la realidad, darle otra forma, nos ayuda a sentirnos más relajados y los problemas pierden un poco de densidad y peso. No te sientas mal por ello aunque la situación que vivimos no sea positiva, está bien ser capaces de encontrar en ella pequeños atisbos de alegría, que es la enemiga del miedo. Ten en cuenta que cuando sonríes “engañas” a tu cerebro diciéndole que todo va bien.

Se compasivo contigo mismo.

Es posible que el aislamiento (el no poder ir a trabajar, el sentir que no tienes nada que hacer, etc.) te produzca sentimientos de culpabilidad. Es importante tener en cuenta que pocas veces se te dará otra ocasión como esta en la vida, por lo que aprender a relajarnos, a disfrutar del tiempo, a dejar pasar las horas, respirar y meditar es también una asignatura pendiente. Obsesionarte por todo lo que deberías estar haciendo y no haces no te conduce a ninguna solución, sólo al malestar. Acepta que no todos los días serán igual de productivos y que no hay porqué ser siempre un individuo eficaz y eficiente. Practica la autocompasión, se indulgente contigo mismo, trátate como tratarías a tu mejor amigo si no estuviese pasando por su mejor momento.

Cuídate.

Cuídate de muchas formas. Dentro de las posibilidades que tengas en tu hogar, busca qué cosas o de qué forma puedes darte pequeños caprichos o premios. Puede ser algo tan simple como dedicarte 1 hora al día a ti misma/o en soledad o en compañía, darte un baño relajante, asearte, peinarte, dibujar, cantar, bailar, ver una película o serie que te encante, prepararte y disfrutar a gusto de tu comida favorita, cualquier cosa que te dé placer. Mímate mucho a ti y a los tuyos, porque lo que devenga no lo podemos saber, pero mientras hay que tener en cuenta que seguimos existiendo, y tanto ahora como cuando esto termine, debemos trabajar por ser la mejor de nuestras versiones.

Solicita ayuda si la necesitas

Ponte en contacto con amigos, familiares o profesionales de la salud mental en cualquier momento que consideres. Existen multitud de opciones, busca asesoramiento en profesionales y/o servicios públicos o privados, pero siempre siéntete libre de pedir ayuda cuando la necesites.

Noa Toledo Pardo
Psicóloga General Sanitaria.
Sexóloga Clínica y Terapeuta de pareja (CV14961).

Counseling

Counseling

Counseling: qué es y cómo lo hacemos.

Ante situaciones difíciles como la enfermedad de un hijo o la muerte de un familiar, algunos profesionales de la salud utilizan el counselling para ayudar a los pacientes. Estos profesionales están de acuerdo con Victor Frankl en algo muy importante: la actitud es una elección personal. De este modo, trabajan para que la actitud que se tome ante las dificultades sea la más saludable posible.

Victor Frankl fue un psiquiatra austriaco de origen judío que sobrevivió durante tres años en campos de concentración como Auschwitz o Dachau. Debido a esa dura experiencia, comienza a escribir libros en los que a menudo destaca que a pesar de todo, siempre hay alguna razón para vivir. Así, los profesionales que trabajan desde esta vertiente tratan de averiguar, a través de preguntas, cuáles son las razones para vivir de cada paciente, para así poder ayudarles a encontrar la luz al final del túnel.

«A una persona se le puede arrebatar todo menos la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias».

-Victor Frankl-

El counselling: una herramienta relacional

El counselling o asesoramiento psicológico es una práctica que consiste en explorar la subjetividad del otro para poder acompañarlo. En otras palabras, es el arte de hacer reflexionar a una persona a través de preguntas para que pueda tomar la decisión que considere más adecuada para él y en definitiva, para su salud.

El objetivo del counselling es maximizar el nivel de competencia del paciente al mínimo coste emocional posible. Para ello, el terapeuta partirá de tres actitudes básicas: la acogida, la presencia y la compasión, así como de una serie de habilidades fundamentales. Estas habilidades son las siguientes:

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  • Gestión emocional: las emociones son naturales. Reconocerlas y aceptarlas son los primeros pasos para gestionarlas. El profesional debe cuidarse para que el sufrimiento de los demás no le impida desempeñar su trabajo adecuadamente. Por otro lado, enseñará al paciente a gestionar sus emociones.
  • Comunicación eficaz: el terapeuta no debe ser autoritario ni paternalista con el paciente. No se trata de dar órdenes ni de sobreproteger a la persona que acude a pedir ayuda. Se trata de darle autonomía y herramientas para que tome una decisión y solucione los problemas por sí solo.
  • Contención y apoyo emocional: las emociones ante el sufrimiento son fuertes y variadas. No se deben frenar, sino más bien de legitimar y acompañar.
  • Solución de problemas: se trata de una toma de decisiones compartidas entre paciente y profesional.

Intervención en counselling: comunicación eficaz en cuatro pasos

Para que la habilidad de la comunicación con el paciente resulte eficaz se deben cumplir cuatro pasos básicos:

  • Parar y conectarse con uno mismo. Es importante que el profesional se centre en el momento presente a través de la conexión con su respiración. Esto le permitirá darse unos segundos para elegir su respuesta ante la demanda de un paciente.
  • Validar. La validación es la habilidad para escuchar la emoción del otro y empatizar. Es legitimar la perspectiva del paciente y hacerle ver que su comportamiento tiene razones válidas para ser así. Solo a través de la sensación de sentirse aceptado y validado se abren los canales de comunicación. Puede que el profesional no coincida con sus opiniones o comportamientos, pero sí entenderlas y validarlas. Así, los principios para que una comunicación sea validante son resistir el reflejo de corregir y decir al paciente lo que tiene que hacer, comprender las necesidades y preocupaciones del paciente, escucharlo y facilitar su autonomía para pasar a la acción.
  • Preguntar. Este paso es la base sobre la que se sostiene el counselling. Se trata de que el profesional realice preguntas abiertas y focalizadas que ayuden a reflexionar y a tomar decisiones satisfactorias. Algunas preguntas abiertas que pueden facilitar la comunicación con el paciente son las siguientes: ¿qué sabe sobre su enfermedad? ¿Qué quiere saber sobre ella? ¿Cómo se siente? ¿Cómo podemos ayudarle?
  • Dialogar. El diálogo es el medio para informar y compartir perspectivas con el paciente. Resulta bastante útil hacer críticas constructivas pidiendo cambios. Para ello, lo recomendable es comenzar describiendo el problema y expresando los sentimientos que produce esa conducta problemática para después ir pidiendo opciones de cambio, mientras se ofrecen conductas alternativas que sustituyan la anterior.

El modelo de solución de problemas en Counselling

Por último, es importante mencionar que para ayudar a tomar decisiones a los pacientes resulta muy útil seguir el modelo de solución de problemas. Este modelo se desglosa en los siguientes pasos:

  • Orientación hacia el problema. Tiene que ver con la actitud que se toma ante el problema. Esta actitud puede ser de evitación, de impulsividad, de proactividad… Una vez que se tiene identificada cuál es la actitud del paciente ante la situación, se fomenta por parte del terapeuta la adopción de una actitud positiva en la que el problema suponga un reto que ayuda a crecer a nivel personal.
  • Definir el problema de un modo específico explorando la perspectiva de ambas partes. El paciente y el profesional pueden tener diferentes puntos de vista, lo cual es positivo para promover el cambio.
  • Buscar alternativas. Es muy común en este punto llevar a cabo un brainstorming o lluvia de ideas que genere diferentes opciones posibles.
  • Balance de pros y contras de cada opción planteada en el brainstorming.
  • Elegir la opción que finalmente se considere más adecuada.
  • Actuar. Llevar a cabo un plan por etapas. Las etapas deben ser fáciles y realizables para que no se produzca el abandono.
  • Reevaluación. Una vez llevado a cabo el plan elegido, es recomendable observar cómo ha ido y cuáles han sido sus resultados. Si el problema ha revertido gracias a la decisión tomada lo reforzaremos y si no ha funcionado se hará un replanteamiento del porqué y de cómo hacer que funcione.

En definitiva, las herramientas descritas impulsarán al paciente a tomar sus propias decisiones y a sentirse responsable de su vida. Solo así conseguiremos que se movilice para el cambio, y que este perdure en el tiempo. Si no se consulta al paciente qué le preocupa o qué le ayudaría y el profesional toma las riendas absolutamente de todo, el problema no se solucionará o si lo hace será durante muy poco tiempo.

Amor no correspondido

Amor no correspondido

Sufrir por amor. El amor no correspondido.

Sufrir por amor no correspondido desde mi experiencia como Psicólogo - Sexólogo suele afectar a un mayor número de mujeres que de hombres, aunque afecta también a los hombres. Sin embargo, los hombres suelen ocultar este problema pues se sienten menos capaces de reconocer que sufren “por amor no correspondido» y también les cuesta más pedir ayuda por la vergüenza en expresar el problema.

El verbo amar, está asociado con la palabra hogar, ya que es en la infancia cuando adquirimos esta definición. Desde que nacemos hasta los ocho años, amor y hogar fueron palabras  sinónimas. Para muchos de nosotros la palabra hogar significó abandono, rechazo, sufrimiento, ausencia… y esto se va a convertir nivel inconsciente en nuestro concepto del amor.

Y así de esta manera, la definición del verbo amar, es para algunos un esfuerzo y constante de ayudar a la persona amada a ser feliz, de ayudarla a evolucionar en las áreas de su vida y de evitarle, en cuanto sea posible, todo sufrimiento, olvidándose completamente de las propias necesidades y sentimientos en función del otro.

Hay personas que son más vulnerables a las dependencias emocionales. Eso va en la personalidad, en el aprendizaje, en la relación con tus padres y en cómo te hayan educado.

Dependencia emocional.

Pueden pasar largos periodos de tiempo hasta que de pronto nos damos cuenta, de que sufrimos por amor no correspondido, de que a pesar de nuestros esfuerzos por agradar y complacer, nuestra vida sentimental, es un auténtico sufrimiento y lucha por ser amados y reconocidos.

Una vez que tomamos conciencia de nuestras definiciones equivocadas acerca del amor, podemos comenzar a corregir estas definiciones contaminantes que probablemente ya nos han causado mucha amargura.

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El apego insano y obsesivo, es el mayor detonante de malestares, y de la  pérdida de autoestima. La culpa siempre está presente en una relación de dependencia emocional y va acompañada también del chantaje.

El dependiente emocional es alguien sumiso desde el punto de vista afectivo

Hay una pérdida de nuestra autosuficiencia emocional, estamos supeditados a alguien hasta el punto de no pensar y actuar por nosotros mismos. Estas relaciones se caracterizan por ser inestables, destructivas y marcadas por un fuerte desequilibrio, donde el dependiente se somete, idealiza y magnifica al otro.

Muchas de las personas que son dependientes emocionales buscan parejas con un carácter dominante, posesivas, autoritarias y déspotas con un perfil psicológico que tiende hacia el egoísmo  y el  narcisismo.

Las personas que la sufren, tienen un gran miedo a estar solas y no pueden concebir su vida si no es al lado de una pareja sentimental.

En todas estas relaciones siempre acaba apareciendo el Síndrome de Abstinencia: «intensos deseos de retomar la relación pese a lo dolorosa que esta haya sido», generando una incapacidad para poder terminar y dar fin a tanto sufrimiento.

¿Cómo son las personas dependientes?

Para saber  si tenemos una relaciones de dependencia y que sufrimos por amor no correspondido, podemos fijarnos en las siguientes características:

  • Baja autoestima: La dependencia emocional tiene mucho que ver con la forma en que una persona se desvaloriza. La falta de autoestima es uno de los factores que pueden considerarse como detonadores de la «adicción al amor no correspondido »
  • No damos prioridad a lo que pensamos, a nuestras necesidades, aficiones y familia, dando mayor importancia a las del otro.
  • Al terminar una relación, buscamos a otra persona para cubrir esas necesidades afectivas. Este miedo a «estar solos» suele llevar a las personas con dependencia emocional a tener muchas relaciones, una detrás de otra.
  • Idealizamos a esta persona, pensando que todo lo bueno que tenemos es gracias a ella, y no a nuestros méritos y esfuerzos.
  • No confiamos en ser dignos de ser amados y valorados.
  • Tu  felicidad se centra en una sola persona. Tenemos un miedo constante a perderle.
  • La relación genera ansiedad. Temes todo el tiempo  que te dejen, lo cual sería una catástrofe porque no te imaginas la vida sin esa persona.
  • Pides perdón incluso, por cosas que no has hecho aunque seas inocente.
  • Tu felicidad depende de algo que está fuera de tu control.
  • Tendencia a culpabilizarte. Piensa que la otra persona lo hace todo bien y tu por el contrario no.
  • Tras la ruptura, sufrimos síntomas similares al síndrome de abstinencia. Intentarás volver una y mil veces con tu ex pareja, de la misma manera que el drogadicto se las ingenia para obtener la droga y volver a consumir .
  • Eres capaz de reconocer el maltrato y el menosprecio que sufres a diario, pero no tienes la capacidad para dejar de estar ‘enganchada/o’ a tu pareja.
  • Tendrás enfrentamientos con amigos y familiares porque insiste en defender tu relación. Los familiares ven el sufrimiento causado por esa relación patológica, y tu te enfrentaras  a ellos y defenderá la situación, llegando a reclamar a tus familiares  que acepten a la otra persona que tanto te hace sufrir.
  • Como persona dependiente crees firmemente que tu pareja es superior y por tanto merece que todo tu entorno reconozca esto y le  den un trato especial, como tu lo haces.
  • Perdida de tu dignidad. Tienes miedo a perder a la persona de la que depende por lo que intentas agradarla por todos los medios.No tienes criterio propio y haces cosas que no quieres No te respeta a ti misma y te somete a los criterios de la persona de la que depende.
  • No tomas decisiones por qué no confías en ti misma
  • Abandonas tus propias responsabilidades personales y laborales a fin de tener el tiempo necesario para complacer las necesidades de tu pareja.
  • Pones excusas como: «Vosotros no lo/la conocéis bien», «Me quiere mucho», «Nadie es perfecto», «Ha sufrido mucho y le han hecho mucho daño, por eso es así, y solo necesita un poco de tiempo y de amor y cambiará», «La culpa es mía también».

Amores imposibles.

¿Qué hay detrás de los amores imposibles? Admiración, necesidad, dolor, amor, cariño, compasión por uno mismo, dependencia emocional… Hay una cantidad infinita de posibilidades para responder a nuestra pregunta.

Desde tiempos inmemoriales, las historias de amores imposibles han llenado nuestros sentidos, nuestras estanterías y nuestras paredes. Los grandes éxitos literarios y artísticos sucumben al dolor de los amores imposibles, esos que fracasan o que, simplemente, nunca sucederán fuera de nuestras mentes.

¿Por qué nos enamoramos de personas que no podemos tener?

Un amor sin salida es realmente agotador, desquiciante y destructor. Pero, por desgracia, parece que nuestra educación emocional no ha sido suficiente para evitar que padezcamos este tipo de calvarios y nos enterremos entre cristales rotos que no harán más que dañarnos.

Quizás sea por culpa del romanticismo que llevamos tan adentro que creemos estar en el camino correcto a pesar de que están hiriéndonos en lo más hondo de nuestro corazón. Pero ¿qué nos pasa? ¿Por qué no podemos dejar de sentir ese impulso, esa atracción fatal? A continuación te presento algunas razones:

1. Por culpa de la ansiedad afectiva

En ocasiones, deseamos y necesitamos tener a alguien próximo, sea quien sea, que nos acompañe y nos reafirme. Esta necesidad genera una gran ansiedad que solo se calma teniendo al objeto de deseo cerca. Mientras esta persona no está, la ansiedad aumenta y aumenta, lo que lleva a quien la padece a buscar de forma constante a “su amado” para calmarse. Como señalan los psicólogos Cindy Hazan y Phillip R. Shaver, esto puede llegar a ser realmente enfermizo.

2. Por nuestro ideal de romanticismo: luchar contra viento y marea

Tal y como decíamos antes, nos han enseñado que en el amor tenemos que comer pan y cebolla. Pero ¿tenemos que tragar con todo y seguir adelante con lo que venga? Si lo hacemos, no es por gusto, desde luego, sino porque nos vemos obligados por nuestras creencias (falsas y dañinas).

3. Porque nos prestan atención

Es simple. Aunque nos cueste creerlo, a veces nos “enamoramos” perdidamente de alguien solo porque nos ha prestado una mínima atención. Esto, como es obvio, responde a multitud de carencias emocionales y a la necesidad de sentirse aceptado.

4. Por querer y por no querer

Por raro que parezca, hay personas que se enamoran de imposibles por evitar la intimidad amorosa. Estas personas, las evasivas, tienden a vivir en ficciones ideales que se mantienen siempre idealizadas. Tal y como indica la psicóloga Linda Hatch: “Buscan relaciones en las que la otra persona las rechazará o las abandonará. Esta es una manera de sentirse ‘seguro’ ante las vulnerabilidades de la intimidad real”, ya que “la cercanía con otra persona se convierte en algo que se percibe como peligroso”.

5. Porque las personas inalcanzables aumentan su valor

Este es el ideal de amor platónico como amor no correspondido. Como afirma Héctor G. Barnés, la lógica es bastante sencilla: “los recursos limitados elevan su precio y los recursos abundantes lo hacen descender”. Al igual que un producto se convierte en lujoso porque no podemos acceder a él, las personas inalcanzables se revalorizan hasta límites insospechados. Por esta razón, ¿qué hay más exclusivo que una persona comprometida que nunca abandonaría su relación? ¿Y más apetecible que una persona a la que todos quieren (por ejemplo un actor o “el guapo de la clase”)?

Superar la procrastinación

Superar la procrastinación

Cómo superar la procrastinación y dejar de evadir los asuntos pendientes.

Seguramente has estado en la situación de encontrarte con varios asuntos que atender, pero pasan las horas, o quizás días, y no los resuelves. Si eres estudiante, es posible que llegues a casa en la tarde y hagas un repaso mental de las tareas que debes culminar, pero primero prefieres descansar un rato o ver tu programa de televisión favorito, jugar algún videojuego y salir con tus amigos. Si eres trabajador, al llegar a la oficina te encuentras con varios informes muy tediosos que completar, pero también tienes otros deberes más fáciles de concretar, por lo que te dedicas mejor a eso. En ambos casos, llega la noche y terminas exclamando: “mañana será otro día” o “mañana sí lo hago”.

Si te sientes identificado con alguno de estos dos casos u otro similar, en los que dejas a un lado las obligaciones con más prioridad por hacer otras tareas de menor relevancia o más sencillas, entonces es muy probable que sufras de procrastinación, la costumbre de postergar las tareas pendientes.

Qué es la procrastinación.

La procrastinación es el mal hábito de postergar los deberes u obligaciones rutinarias, sin ningún tipo de justificación razonable, que a su vez son sustituidas por otras acciones no tan importantes, pero sí quizás más fáciles o entretenidas. Aunque es una situación que podría considerarse normal, porque todos somos propensos a procrastinar de vez en cuando, en el momento en que esto se convierte en algo habitual, pasa a ser un trastorno del comportamiento que afecta en gran medida el desempeño tanto en el ámbito personal, como académico y laboral.

Este trastorno no debe ser confundido como una simple falta de responsabilidad, debido a que en ningún momento se pretende evadir las tareas que se tienen pendientes, sino más bien estas son aplazadas y reemplazadas por otras de mayor interés. Pero, aunque usualmente la procrastinación podría ser comparada con la pereza o flojera, apoyada en la mala costumbre de dejar para mañana lo que debes hacer hoy, también involucra otros aspectos relacionados a conflictos internos más profundos.

En este sentido, la procrastinación no involucra solamente el pasar demasiado tiempo en Internet y las redes sociales en lugar de hacer ese trabajo importante que debes terminar pronto, sino que además está asociada a la inacción respecto a actividades de mayor relevancia para el desarrollo personal, como el cuidado de la salud o la resolución de algún conflicto con otros individuos.

En términos de la psicología, la procrastinación obedece a síntomas de ansiedad respecto al asunto pendiente, ya sea porque no es de nuestro agrado o resulta demasiado difícil de realizar, que nos impulsa a evadirlo de alguna manera y postergar su ejecución, y aunque siempre estés consciente de que tienes algo por hacer, dedicarte a otra cosa de mayor agrado te hará sentir más tranquilo y reducir el estrés.

Causas de la procrastinación.

No hay una causa única de la procrastinación. Cada persona es diferente y tiene sus propios motivos para decidir el atraso de sus deberes. Sin embargo, existen ciertos patrones mediante los cuales es posible determinar la causa exacta por la cual tú podrías estar tendiendo a dejar las cosas para hacerlas más tarde, quizás mañana, o posiblemente para la otra semana.

El patrón más común es el de la autoduda, provocada por la falta de confianza en uno mismo en relación al alcance exitoso de ciertas metas. Este sentimiento es producido por la poca seguridad al momento de realizar una determinada actividad que consideras difícil de completar, pero no porque realmente lo sea, sino porque no te sientes capaz de hacerlo con facilidad. Este pensamiento te lleva a pensar que quizás en otro momento sí podrías lograrlo, así que mejor lo postergas y te sientes más tranquilo.

Un ejemplo práctico de la autoduda podría darse en la cocina. Es posible que debas preparar algún plato que nunca has realizado, motivo por el cual lo consideras difícil de hacer. Este pensamiento te lleva a pensar que no te quedará bien, pero aunque tengas la receta y cierta experiencia con otras preparaciones, prefieres cambiar el menú por otra cosa más sencilla, manteniendo en el pensamiento la idea de que en otro momento lo intentarás.

En el plano contrario, se encuentra la procrastinación por autoconfianza, que se presenta cuando cometes el error de sobreestimar tus capacidades y pensar que puedes atrasar las actividades para otro momento, con la firme convicción de que “después podrás hacerlo sin ningún tipo de inconvenientes”.

La procrastinación por autoconfianza se asocia a muchos casos de postergación del cuidado de la salud, y no precisamente por el atraso de una visita regular al médico, sino por la confianza de creer que todavía no es necesario tomar acciones para mantener una vida saludable. Por ejemplo, es posible que no hayas dejado de fumar porque aún no sientes que te hagas algún daño, o que continúes sin una rutina de ejercicios porque te sientes bien físicamente, o atrases el inicio de la dieta porque todavía mantienes un índice de masa corporal aceptable.

En otro contexto, si eres una persona perfeccionista, posiblemente seas un procrastinador habitual debido al constaste temor que usualmente te invade por la angustia de pensar que las tareas o trabajos que debes realizar no alcanzarán el nivel de perfección que esperas, además de que tampoco contarás con la aprobación de los demás, por lo tanto, piensas que en otro momento esto sí será posible, y decides postergarlo.

La baja tolerancia a la tensión es otro causante de la procrastinación. Esta se manifiesta cuando te encuentras bajo los efectos de alguna situación estresante o en alteración emocional por algún motivo, como estudiar para un examen importante u organizar la próxima presentación en el trabajo, razón por la cual terminas evitando la acción y postergándolo para otra ocasión en la que estés más calmado.

En este mismo sentido, la depresión también es un factor determinante en casos de procrastinación. Una persona deprimida tiende a entrar en un estado emocional que no le permite desarrollar la mayoría de las actividades con normalidad. Este estado le hace pensar que debe dejar a un lado toda acción o actividad que no le proporcione cierto grado de satisfacción, aunque sea de manera momentánea, por lo que elude todas aquellas responsabilidades que no le hacen sentirse bien.

Existen muchas otras causas más. Básicamente, todo aquello que te lleve a postergar alguna acción o actividad es un causante de procrastinación, aun cuando no sea por falta de habilidades necesarias para cumplir con un objetivo. De hecho, son muchos los casos de personas que procrastinan por excesiva generación de ideas, es decir, la mente del individuo afectado trabaja tan rápido y de tantas maneras, que tiene cientos de ideas en su cabeza, pero no es capaz de realizar ningún trabajo esperando que una nueva idea surja y sea mejor que la anterior.

Efectos psicológicos de la procrastinación.

En todos los casos de procrastinación los efectos psicológicos suelen ser siempre los mismos. La ansiedad angustia son, en principio, los primeros síntomas manifiestos de tomar esta actitud, que se pueden evidenciar con la decisión misma de dejar postergar ciertas responsabilidades. El problema radica que el atraso de la actividad significa también el atraso de los síntomas, es decir, decides evitar ahora lo que te hace sentir angustiado y preocupado, para tener ese mismo efecto en otro momento.

Esta situación, en la que la ansiedad y angustia reaparecen en el futuro, conduce a la desesperación del individuo al encontrarse nuevamente ante la situación que previamente había retrasado, pero esta vez con menos tiempo para hacerlo. A largo plazo, la desesperación es tan grande que termina siendo el motivo para un nuevo atraso, que resulta en más ansiedad, angustia, estrés y, finalmente, frustración, además de otros síntomas fisiológicos como desórdenes gástricos e insomnio.

La procrastinación además se asocia a otros trastornos mentales como el estrés, la depresión e incluso la fatiga, producto de un constante pensamiento recurrente en todas las cosas que se han dejado a un lado por otras de mayor agrado, pero que al final terminan volviendo para cobrar un nuevo protagonismo.

Cómo superar la procrastinación.

Antes de pretender superar la procrastinación, es necesario reconocer y aceptar que aplazas de manera regular las situaciones que te generan algún malestar psicológico sin razones de suficiente peso para hacerlo. Cuando ya has aceptado este problema, estarás consciente de que solamente tú puedes solucionarlo y que nadie más hará las cosas por ti.

Existen muchas técnicas para superar la procrastinación de manera efectiva. En primera instancia, la más recomendada es la regla de los dos minutos, que es básicamente atender la acción pendiente en dos minutos. Es evidente que no todas las cosas se hacen en ese tiempo, pero piensa que este es quizás el necesario para que comiencen a hacerlas, de hecho, sucede que el motivo por el cual muchas cosas no se concretan es porque nunca fueron iniciadas; una vez que hayas dado los primeros pasos, verás lo sencillo que es continuarlo hasta el final.

Ahora bien, muchos asuntos pendientes quizás no necesiten demasiado tiempo y realmente los dos minutos sean suficientes, como lavar los platos o llevar algunos objetos de un lugar a otro. ¿Por qué postergarlo entonces? Piensa que si realizas aquellas acciones fáciles de concretar de manera rápida, entonces ya después no tendrás que volver a preocuparte de ellas.

Por otra parte, procura evitar todo tipo de distracciones. La dinámica actual de la vida hace que esto no sea tan sencillo de conseguir, debido a que si te encuentras trabajando en tu computadora, siempre te sentirás tentado a hacer otras cosas antes de lo que realmente debes hacer, como por ejemplo revisar las redes sociales. Intenta alejarte de todo lo que pueda distraerte; al principio será complicado, pero una vez que inicies con lo que tienes pendiente y logres concentrarte, podrás olvidarte de todo lo demás.

También, es posible que te encuentres en la situación de tener demasiados asuntos pendientes al mismo tiempo. Esto es algo normal, nos pasa a todos y lo peor que puedes hacer es precisamente eso: resolverlo todo junto. Es mejor que hagas las cosas una a una, ponles algún orden de prioridades e intenta salir de las más complejas primero. Sólo así podrás completarlo todo de forma más ordenada y dejarás lo más fácil para el final, por lo que no tendrás ninguna excusa para culminarlas.

En ese mismo sentido, parte de la organización que hagas puede incluir establecer plazos fijos para terminar las tareas pendientes. En vista de que la mayoría de los procrastinadores aseguran que pueden hacer las cosas después, porque aún les sobra tiempo, entonces vale la pena ponerle un límite horario a las tareas y mentalizarse de que después de cumplido, no debe haber más prórroga.

Finalmente, encuentra los momentos del día en que eres más productivo. Cada persona tiene un ritmo de vida particular y es posible que tú seas más activo en horas específicas del día. Evalúa tus propias capacidades y determina en qué momento sientes que puedes hacer mejor las cosas; organiza tu tiempo en función de eso y manos a la obra.

Consejos para no volver a procrastinar.

La procrastinación es un hábito, y como todo hábito, puede regularse. La situación ideal es que nunca caigas en este estado, pero esto es casi imposible: más de una vez procrastinarás sin poder evitarlo.

Pero lo que sí debes evitar es que este comportamiento se convierta en algo compulsivo y la clave está en que procures evitarlo siempre, o que al menos logres salir de ese estado rápidamente. Es esencial que establezcas metas en función de las tareas que tengas pendientes, su dificultad y el tiempo que podría llevarte. Organízate, arma una agenda y ponte a trabajar. Comienza los trabajos que más tiendes a posponer, así tu mente sabe que lo más difícil ya pasó, que es precisamente dar el primer paso.

Un error muy común en muchas personas con tendencia a la procrastinación es aceptar compromisos que no desean asumir. Al verse en esta situación, prefieren postergarlo hasta que no tengan otra alternativa que hacerlo, por lo que entonces es mejor aprender a decir “no” cuando más convenga.

Al final, lo más importante es que seas consciente de que es mejor ir terminando todas tus responsabilidades o asignaciones de forma planificada que acumular muchas tareas que nunca deseas realizar, y que finalmente provocarán el caos y agudizarán el problema. Piensa en el beneficio que traerá a tu vida cada acción que tomes y las satisfacciones por verlas concretadas; nada puede impedirte hacer cualquier cosa, siempre que te lo propongas.

 

 

Teoría del Apego y estilos de apego.

Teoría del Apego y estilos de apego.

Teoría del apego. Vinculación afectiva.

La Teoría del Apego (Atachment) se desarrolla a principios de los años cincuenta, desde una perspectiva etológica. Sus principales exponentes son: J. Bolwby y M. Aisworth (Aisnworth 1968, 1982, 1989; Ainsworth, Bell 1970; Ainsworth, Bell, Stayton, 1971, 1974; Ainsworth, Blehar, Waters, Wall 1978; Ainsworth, Bowlby, 1991; Bowlby, 1939, 1940, 1944, 1949, 1951, 1958, 1960a,1960b,1968, 1977, 1980,1984b,1985, 1988, 1989a; Bowlby, Durban 1939).
En el marco teórico sobre la teoría del apego (Attachment) partimos de los trabajos de investigación de Bowlby (1969, 1973, 1995), Stern (1985) y Tronick (1989).
Robertson (1953a, 1953b)  y Bowlby describieron los patrones de conducta que podemos observar en los niños que sufren un alejamiento súbito y mantenido de sus hogares y que se ven instalados en ambientes extraños: "siempre que un niño pequeño que ha tenido oportunidad de desarrollar un vínculo de afecto hacia una figura materna se ve separado de ella contra su voluntad, da muestras de zozobra; y, si por añadidura, se lo coloca en un ambiente extraño y se le pone al cuidado de una serie de figuras extrañas, esa sensación de zozobra suele tornarse intensa. El modo en que el chiquillo se comporta sigue una secuencia característica. Al principio protesta vigorosamente y trata de recuperar a la madre por todos los medios posibles. Luego parece perder la esperanza de poder hacerlo. Aun así, sigue preocupado y vigila su posible retorno. Posteriormente parece perder el interés por la madre y nace en él un desapego emocional. Sin embargo, siempre que el período de separación no sea demasiado prolongado, ese desapego no se prolonga indefinidamente. Más tarde o más temprano el reencuentro con la madre causa el resurgimiento del apego" (J. Bowlby 1968, pp. 45).vinculo afectivo padre hijo psicologos valencia
Con Robertson, Bowlby no solamente estudió los efectos de la separación precoz de los niños y de sus madres, sino que también pudo comprobar que una figura de apego sustituta podía darle consuelo.
Esta figura sustituta podía facilitar el establecimiento de un vínculo emocional que impedía el deterioro y que permitía al bebé mantenerse en una situación de seguridad hasta que se reunía con su madre. Estudios actuales indican que la separación de un mes o más del niño de su madre durante los primeros 5 años de vida es de alto riesgo para trastornos relacionados con la salud mental (Steele y Siever, 2010).
Bowlby formuló la teoría de que según la relación que estos niños establecían con sus figuras de apego (la madre o cuidador principal) a edades tempranas, organizarían el tipo de vinculaciones afectivas que establecerían a lo largo de su vida.
Por apego entendemos una disposición a mantener proximidad y contacto (lazo de afecto) con una figura de carácter protector, denominada "figura de apego": "El comportamiento de apego es una forma de conducta instintiva que se desarrolla en el hombre, al igual que en otros mamíferos, durante la lactancia y tiene como finalidad o meta la proximidad de la figura materna. La función del comportamiento de apego consistiría en la protección contra depredadores. Tal conducta se muestra especialmente intensa durante la niñez, cuando está dirigida hacia figuras parentales, pero continúa activa durante la vida adulta, en la que generalmente es encauzada hacia alguna figura activa y dominante, que con frecuencia se trata de un pariente, pero también a veces de un jefe o alguna persona de más edad que pertenece a la comunidad" (Bowlby, 1986b, pp. 111).vinculo afectivo figura de la madre psicólogos valencia
El apego estaría relacionado con la protección que esa figura principal de vinculación tiene con el bebé. El temor a la pérdida o el abandono de esa figura será vivido con niveles muy importantes de angustia por el bebé o niño. Bolwbly comprobó la existencia de esa angustia de separación al observar los efectos negativos padecidos por los niños, que fueron separados de sus padres en la Inglaterra de la postguerra.
También pudo comprobarlo en su trabajo como médico con adolescentes procedentes de familias conflictivas. Estas experiencias fueron determinantes para que Bowlby entendiera los efectos e influencia de los primeros vínculos afectivos y de su transmisión transgeneracional en el desarrollo de la personalidad del niño.
Cuando Bowlby (1985) se refiere a la figura de vinculación o de apego, se refiere a si existe o no la posibilidad de que esta figura sea accesible al bebé de forma inmediata y si ésta es capaz de responder de manera apropiada a sus necesidades, dándole protección y consuelo.
Esto permitirá también que el niño sea capaz de interactuar con los otros sin ansiedad y poder organizarse y elaborar situaciones traumáticas o problemas emocionales que puedan aparecer a lo largo de su vida.  Si estas primeras relaciones se desarrollan de forma correcta hablaremos de una base segura.
Así pues, se definen 4 tipos de apego: 1) Seguro: los otros son considerados como fuente de bienestar y son niños que tienen capacidad para empatizar con el otro y reflexionar sobre sí mismo; 2) Preocupado: los puntos de la historia personal están centrados en el rechazo, la negligencia y la inversión de roles y son niños que tienen muchas dificultades para organizar su historia y sus relaciones interpersonales, tanto pasadas, presentes como futuras; 3) Evitativo: son niños que tienden a negar los aspectos difíciles de su infancia, con actitudes de desvalorización hacia el apego; 4) Desorganizado no resuelto: característico de las personas que han tenido pérdidas muy significativas de su figura de apego, maltrato, negligencia y/o abusos sexuales en su infancia, y son niños que presentan graves dificultades en las relaciones interpersonales y tienen un alto riesgo de desarrollar problemas de tipo psiquiátrico y/o de adicciones (Main 2000; Main, Goldwyn, 1991; Main, Goldwyn, Hesse, 2003; Main, Kaplan, Cassidy 1985).
En la revisión y actualización de la literatura referente a la teoría del apego encontramos líneas de investigación entre apego y neurociencias, relación entre apego seguro y capacidad de mentalización o función reflexiva y habilidades sociales y conductas agresivas, relación entre FR y conductas agresivas, malos tratos; negligencias y abusos sexuales; transmisión generacional del maltrato y centros residenciales de acción educativa para menores retirados de sus familias como sistema de protección.
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