Cuando todo pesa, pedir ayuda también es una forma de seguir
Evaluación y tratamiento psicológico para comprender el estado de ánimo, recuperar actividad, reconstruir apoyo y avanzar con objetivos realistas.
No toda tristeza es depresión, pero el sufrimiento persistente no debe minimizarse
Se valora la duración, la intensidad, el cambio respecto a tu funcionamiento habitual y el impacto sobre trabajo, estudios, relaciones, sueño, alimentación, autocuidado y capacidad para disfrutar.
Tristeza, vacío o irritabilidad
Malestar persistente, sensación de desconexión, llanto o irritabilidad que resulta difícil regular.
Pérdida de interés o placer
Actividades, relaciones o proyectos que antes importaban dejan de generar motivación o disfrute.
Cansancio y lentitud
Falta de energía, dificultad para iniciar tareas, abandono de rutinas o sensación de que todo exige demasiado.
Sueño y apetito
Dormir demasiado o poco, despertares, cambios de apetito o pérdida de hábitos de autocuidado.
Culpa y autocrítica
Sentirse inútil, una carga, culpable por no mejorar o atrapado en errores y fracasos.
Retirada y desconexión
Alejarse de otras personas, dejar de pedir ayuda o sentir que nadie puede comprender lo que ocurre.
Menos energía lleva a hacer menos, y hacer menos reduce las oportunidades de sentir alivio
La retirada puede ser comprensible cuando todo cuesta. Sin embargo, la reducción de actividades, vínculos y experiencias gratificantes puede mantener el bajo estado de ánimo.
Empezar con un primer paso →Una pérdida, estrés, agotamiento u otros factores aumentan el malestar.
Cuesta iniciar tareas, cuidarse, relacionarse o mantener rutinas.
Se reducen el apoyo, el logro, el disfrute y la sensación de capacidad.
La situación parece confirmar que nada va a cambiar o que no merece la pena intentarlo.
Antes de tratar, necesitamos comprender qué está ocurriendo
Síntomas parecidos pueden aparecer en duelo, agotamiento, ansiedad, trauma, problemas médicos, efectos de sustancias o medicación, o trastornos del estado de ánimo que requieren un abordaje diferente.
Cuándo comenzó, qué cambios ocurrieron y cómo ha evolucionado.
Sueño, alimentación, trabajo, relaciones, autocuidado y capacidad de concentración.
Desesperanza, pensamientos de muerte, autolesiones, red de apoyo y recursos disponibles.
Intervenir sobre la actividad, los pensamientos, las emociones y el entorno
La propuesta se adapta a la gravedad, las causas, el funcionamiento actual, los recursos personales, la red de apoyo y los objetivos terapéuticos.
Recuperar rutinas y experiencias significativas
Planificar pasos pequeños que aumenten autocuidado, conexión, logro y contacto con actividades importantes.
Revisar desesperanza, culpa y autocrítica
Identificar interpretaciones rígidas y construir formas más precisas y compasivas de responder.
Procesar pérdidas y reconstruir apoyo
Dar espacio a emociones difíciles, mejorar la comunicación y reducir el aislamiento.
Psicoterapia, valoración médica y apoyo cotidiano pueden formar parte del mismo plan
En algunos casos conviene coordinar con medicina, psiquiatría u otros profesionales. La indicación y supervisión de medicación corresponde exclusivamente a profesionales médicos.
Los pensamientos suicidas o el riesgo inmediato requieren actuación
La clínica no es un servicio de urgencias. Ante peligro inmediato, llama al 112 o acude a urgencias. En España, la Línea 024 funciona las 24 horas, es gratuita, accesible, inmediata y confidencial para personas con conducta suicida, familiares y allegados.