El Eje cerebro-intestinal

El Eje cerebro-intestinal

¿QUÉ ES EL EJE CEREBRO-INTESTINAL?

El intestino contiene alrededor de 100 millones de neuronas, el mayor conjunto de neuronas fuera del cerebro, que tienen similitudes estructurales y funcionales con el cerebro.

Este sistema nervioso propio del intestino está conectado con el cerebro de forma bidireccional. Por un lado el intestino recibe información del cerebro, y, por otro lado, el intestino envía mensajes al cerebro. Esta comunicación del intestino con el cerebro se produce tanto por vía nerviosa como por vía sanguínea y es a la que se le denomina eje cerebro-intestinal.

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Ejemplos típicos de este circuito bidireccional sería p.e. el aumento del peristaltismo intestinal (retortijones y diarrea) cuando nuestro cerebro percibe un peligro, o en el sentido contrario, la sensación de saciedad que percibe nuestro cerebro cuando hemos ingerido una cantidad determinada de alimento.

El intestino, además de poseer un sistema nervioso propio, también alberga un ecosistema propio, la flora intestinal. La flora o microbiota intestinal son un conjunto de virus, bacterias y hongos alojados en el intestino y que intervienen en el normal funcionamiento del mismo. Se han identificado miles de especies diferentes. Tienen diversas funciones, como proteger de microbios perjudiciales, participar en la absorción e incorporación de los nutrientes, sintetizar vitaminas y eliminar sustancias tóxicas o cancerígenas. También la flora interviene en la comunicación entre el intestino y cerebro.

¿QUÉ EFECTOS TIENEN LOS ALIMENTOS Y LA FLORA INTESTINAL EN EL CEREBRO?

Las sustancias químicas que intervienen en la transmisión de la información entre las neuronas de nuestro cerebro, los denominados neurotransmisores, son los responsables de las diferentes funciones mentales: memoria, atención, estado de ánimo, etc. Muchas de ellas proceden de forma muy directa de los nutrientes que obtenemos de los alimentos. Estos nutrientes sufren una serie de transformaciones por parte de las células intestinales y la flora intestinal. De aquí se obtienen una serie de sustancias, lo que podemos denominar neurometabolitos, que alcanzan nuestro cerebro por vía nerviosa o sanguínea. Así p.e. la serotonina, un neurotransmisor que influye en nuestro estado de ánimo, procede de una proteína que obtenemos de los alimentos, el triptófano. Dos de las especies bacterianas que abundan en nuestro intestino, los lactobacilos y bifidobacterium, son capaces de transformar el glutamato, un aminoácido que forma parte de las proteínas que ingerimos con la comida, en ácido gamaaminobutírico (GABA) que es el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro. Este neurotransmisor influye en el estado emocional y en la capacidad cognitiva del individuo. Otras bacterias producen noradrenalina y acetilcolina, otros dos neurotransmisores principales del cerebro.

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Cuando la flora intestinal se altera, también se altera la producción de estos neurometabolitos, lo que repercutirá en nuestra función mental. Hay numerosos estudios en ratas que confirman estas hipótesis. En experimentos de laboratorio se ha logrado provocar cambios en el comportamiento de las ratas administrándoles ciertos microorganismos.

¿QUÉ FACTORES ALTERAN NUESTRA FLORA INTESTINAL?

La flora intestinal viene determinada desde el período neonatal (al pasar el feto por el canal del parto adquiere sus primeros microorganismos intestinales), pero se va modificando con la edad. Además de los cambios propios de la edad, también existen otros factores que pueden modificar la flora intestinal, como la nutrición, los hábitos de vida, los antibióticos y el stress. Cuando se altera el correcto equilibrio de la flora intestinal, se favorece la colonización del intestino por microorganismos patógenos, que pueden provocar enfermedades tanto locales, en el propio intestino, como generales. Existen bacterias intestinales que pueden producir sustancias que pueden dañar el sistema nervioso, las denominadas neurotoxinas.

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¿QUÉ PAPEL JUEGA LA FLORA INTESTINAL EN LAS ENFERMEDADES NEURODEGENERATIVAS?

Probablemente, la flora intestinal juegue un papel muy importante, mucho mayor del conocido hasta el momento, en las enfermedades neurodegenerativas. Pero, para entender su importancia hay que saber que existen diversos estudios y observaciones que apuntan a una posible participación de agentes infecciosos en las enfermedades neurodegenerativas.

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Los Medicamentos para la Acidez Estomacal Pueden Causar Más Mal que Bien

Uno de los medicamentos comúnmente recetados para la acidez estomacal y el reflujo ácido son los inhibidores de la bomba de protones, (PPIs por sus siglas en inglés), los cuales son muy efectivos para bloquear la producción de ácido en su estómago.

Aunque estos pudieran ser el remedio apropiado, considerando el hecho que el ácido estomacal está subiendo hacia el esófago, en la mayoría de los casos son el peor método, ya que la mayor parte del problema está típicamente relacionado a que el estómago está produciendo muy poco ácido estomacal.

Existen más de 16,000 artículos de literatura médica que muestran que la supresión del ácido estomacal no trata el problema, solo trata los síntomas temporalmente.

Los PPIs como Nexium, Prilosec y Prevacid fueron originalmente diseñados para tratar un rango muy limitado de problemas severos. De acuerdo a Mitchell Kratz, director del Departamento de Salud Pública de San Francisco, quien escribió un editorial sobre este tema hace cuatro años, los inhibidores de la bomba de protones (PPIs) solo garantizan el tratamiento de:

•  Sangrado de úlceras
• Síndrome de Zollinger-Ellison (una rara condición que hace que el estómago produzca exceso de ácido)
• Reflujo de ácido severo, que a través de una endoscopia ha confirmado que el esófago está dañado

De acuerdo con Kratz, “aproximadamente el 60 a 70 por ciento de las personas que toman estos medicamentos tienen una leve acidez estomacal y no lo deberían estar tomando.”

Parte del problema con los PPIs es que cuando se suprime la cantidad de ácido del estómago, su cuerpo reduce la habilidad para matar la bacteria helicobacter. Así que si la acidez estomacal es causada por una infección de H. pylori, realmente empeora esta condición y prolonga el problema. Además de eso, reducir el ácido en el estómago disminuye el principal mecanismo de defensa hacia infecciones transmitidas por los alimentos, lo cual incrementará el riesgo de intoxicación alimentaria. Los medicamentos de PPIs también pueden potencialmente causar serios efectos secundarios, incluyendo neumonía, perdida de hueso, fractura de cadera e infecciones con Clostridium difficile (una bacteria intestinal dañina).

Advertencia: Los Inhibidores de la Bomba de Protones Tienden a Causar Dependencia

Es importante mencionar que se puede desarrollar tolerancia y dependencia a los medicamentos de PPIs, no se debe dejar de tomar los inhibidores de la bomba de protones de golpe, sino reducir gradualmente la dosis, o de lo contrario puede experimentar un severo rebote de los síntomas. En algunos casos el problema puede terminar siendo peor que cuando empezó a tomar los medicamentos.

Idealmente, sería prudente tomar una dosis menor a la que actualmente está tomando, y luego reducir gradualmente la dosis. Una vez que llegue a la menor dosis posible del inhibidor de la bomba de protón, podrá comenzar a sustituirlo por bloqueadores de H2 sin receta como Tagament, Cimetidine, Zantac o Raniditine. Después gradualmente deje de tomar el bloqueador de H2 durante las siguientes semanas.

Mientras deja de tomar estos medicamentos (si ya los está tomando) deberá implementar un programa de modificaciones en su estilo de vida que puedan eliminar esta condición de una vez por todas. Los antibióticos normalmente pueden erradicar la bacteria H.pylori, pero también hay muchas otras estrategias efectivas que pueden funcionar. Lo ideal sería que primero probara estos métodos, ya que los antibióticos también matan las bacterias benéficas en el intestino, lo cual puede ocasionar otras complicaciones de salud. Además, la bacteria H. pylori ha incrementado su resistencia a los antibióticos, haciendo que la disponibilidad de alternativas no farmacológicas sea aún más importante.

Lupus: Aspectos psicológicos

¿Tiene el Lupus como otras enfermedades auto inmunes un disparador psicológico?

La respuesta es si, el estrés, los disgustos., las emociones fuertes, los problemas cotidianos, pueden influir de tal manera que llegan a disparar un rebrote en este tipo de enfermedades ya que cualquier enfermedad nos hace replantear nuestro estilo de vida más aún una crónica en la cual el diagnóstico nos produce sentimientos de desamparo, bronca, temor desolación, sentimientos de impotencia de resolver esta situación en algunos casos hay una absoluta imposibilidad de aceptar y admitir que se ha perdido la tan preciada salud. Si la enfermedad es crónica nuestra fantasía de AUTOSUFICIENCIA, INDEPENDENCIA e INDESTRUCTIBILIDAD se desmoronan con lo cual no podemos aceptar que somos falibles.

¿Se puede hablar de un perfil de personalidad específico?

No diría que hay un perfil específico de personalidad ya que esta enfermedad como se sabe ataca de forma distinta a cada paciente y se comporta de maneras diferentes con cada uno además es bueno aclarar que por lo general afecta más a las mujeres que a los hombres.

Si es sabido que una de las consecuencias más predominantes psicológicamente hablando de este tipo de enfermedades es la Depresión. Un 40% de pacientes con Lupus la padecen. El 35% de pacientes que llegan a la sección de psiconeuroinmunodermatología del Hospital presentan como trastornos de base duelos inhibidos y las manifestaciones traen aparejados síntomas somáticos, de identificación (confusión de roles, etc.) cierta hostilidad, embotamientos afectivos, auto reproches y conductas autodestructivas, hiperreacción de aislamiento social o conductas de cuidados excesivos a los otros., y por lo general manifiestan sentir fatiga y alteraciones del sueño. El prolongado vínculo entre la Depresión y el Lupus a lo largo del brote y curso de la enfermedad, se complementan con problemas del sueño, el cansancio, la falta de motivaciones, baja autoestima, y esto produce un circulo vicioso constante. Por lo tanto no es común denominador la personalidad como la reacción psicológica que la enfermedad desencadena.

Antes y después, aunque las características psicológicas previas y la respuesta al diagnóstico tendría denominadores comunes.....

Ante un diagnóstico de enfermedad crónica hay reacciones emocionales muy movilizadoras que se producirán a lo largo del tratamiento. Comienza el llamado Stress de Adaptación.

CAUSAS

  • Ausencia de curación por el momento.
  • Evolución impredecible de la enfermedad.
  • Curso ondulante de la misma.
  • Al ser una enfermedad que por lo general compromete varios órganos y/o sistemas de nuestro organismo requiere un tratamiento efectuado por varios especialistas y un peregrinar constante por los mismos una gran dependencia medico-paciente.

CONSECUENCIAS.

  • Incertidumbre hacia le futuro, no se sabe que esperar, cuando aparecerá otra crisis, surgen dudas con la medicación, miedos a la incapacidad permanente, a los cambios que hay que incluir en la vida.
  • Al no haber proyectos de vida concretos nos desvalorizamos.
  • Baja nuestra autoestima.
  • Miedo a perder los afectos de quienes nos rodean, porque nuestra apariencia se ve alterada por las drogas, las crisis son impredecibles, nuestra energía disminuye, perdemos posibilidades de trabajo, nuestra fuerza no es la misma.
  • Tendencia al aislamiento.
  • Confusión.
  • Alteración del entorno familiar.
Que información es recomendable compartir con familiares, amigos y el resto del mundo?

Toda la posible es muy importante que tanto el paciente como su familia estén informados sobre todas la variables de la enfermedad, su pronóstico, diagnóstico, los efectos de la medicación , saber reconocer los rebrotes, comenten con sus allegados cuando se sienten mal PIDAN AYUDA la contención de nuestros afectos son un gran paliativo a nuestras dolencias.

Es muy recomendable también que nuestros familiares más cercanos, esposo, hijos, padres nos acompañen en las consultas al medico y demás especialistas, juntamente con el psicólogo, esto los va a ayudar a ellos a comprendernos y contenernos mejor, a su vez a eliminar sus dudas y sus miedos, no olvidemos que esto compromete a toda una familia ya que cambia radicalmente nuestro ritmo de vida.

Información sobre el Lupus

¿Que es el Lupus?

El lupus es una enfermedad que puede afectar muchas partes del cuerpo. Esta puede afectar las articulaciones, los riñones, la piel, el corazón o el cerebro. En la mayoría de las personas, solamente algunas de estas partes del cuerpo, se ven afectadas.

En quienes padecen Lupus, algo malo se sucede al sistema inmune del cuerpo. Nosotros vemos al sistema inmune, como un ejercito dentro del cuerpo con cientos de defensores ( conocidos cono anticuerpos). Ellos defienden al cuerpo, contra los ataques externos, de gérmenes o virus, se los llama agentes patógenos.

En cambio en el Lupus el sistema inmune se vuelve demasiado activo y pierde el control. Los anticuerpos no distinguen los tejidos y atacan tanto a los saludables como a los afectados, esto provoca inflamación, dolor e hinchazón en las partes afectadas.

¿Que causa el Lupus?

No se sabe a ciencia cierta que lo causa y afecta el sistema inmune.

En algunas personas el lupus se activa después de estar expuesto a la luz del sol, a infecciones, a ciertos medicamentos u otros elementos, también reacciona ante cambios hormonales y a presiones de tipo psicológico, hay muchos disparadores de los períodos de actividad de esta enfermedad.

¿Cuales son los síntomas del Lupus?

Los síntomas son diferentes de una persona a otra. Algunas presentan una sintomatología leve y otros en cambio se ven más.

Esta es una enfermedad difícil de diagnosticar. Muy a menudo es confundida con otras patologías. Por esa razón el lupus ha sido llamado frecuentemente “el gran imitador”.

Los síntomas mas comunes y que más dan indicios de la enfermedad son.

  • Erupción roja o cambio en el color de la cara, con forma de mariposa, a lo largo de las mejillas y del puente de la nariz.
  • Articulaciones muy dolorosas e inflamadas.
  • Fiebre inexplicable por encima de los 38 grados.
  • Dolor en el pecho al respirar.
  • Pérdida extraña del cabellos.
  • Dedos de las manos y los pies, pálidos o morados debido al frío o la tensión.
  • Sensibilidad al sol.
  • Baja suma de glóbulos rojos o blancos.
  • Sensación de fatiga y cansancio permanentes.

Otros síntomas pueden incluir, llagas en la boca y en las mucosas, depresión, abortos repetidos, problemas en los riñones frecuentes, problemas óseos, en realidad es una enfermedad dolorosa, tanto en los huesos como en los músculos, (lo que se llama mialgia).

Estos síntomas son de mayor importancia cuando se dan todos juntos. Muchas personas con lupus lucen saludables, en realidad no es una enfermedad que se “vea” por fuera, sino más bien es silenciosa.

¿Cuantas Clases de Lupus Hay?

Lupus Eritematoso Sistémico. (LES)

Es la forma mas compleja y seria de la enfermedad. Sistémico significa que puede afectar cualquier parte del cuerpo. e afectar cualquier parte del cuerpo. Esta clase puede ser leve o seria. Si no es tratado puede causar daño a los órganos internos.

Lupus Discoide:

Es el lupus que afecta la piel, con manchas rojizas , que luego cambian a tonalidades moradas, a veces dejan cicatrices, y se expande por el cuerpo.

Lupus Medicamentoso.

Es el inducido por algunos medicamentos, las personas afectadas por este tipo de lupus, generalmente tienen los síntomas más débiles y no son tan serios.

Lo importante es saber que el lupus, hoy en día tiene tratamientos y es importante siempre tener un buen médico tratante y un buen psicólogo, que ayuden al paciente y a su grupo familiar en el transcurso de la enfermedad, ya que esta presenta períodos de actividad y períodos de desactividad y períodos de descanso ( meseta), hay que informarse y conocer bien la patología, para poder ayudarse, el Lupus es tratable y se puede tener una buena calidad de vida, con la enfermedad. En las embarazadas con Lupus, se considera que son embarazos de alto riesgo, deben ser llevadas por un profesional especializado.

Problemas Hormonales en la Obesidad

obesidad

La obesidad se define como un exceso de grasa corporal. Su manejo clínico es complejo y frecuentemente con pobres resultados. La obesidad abdominal, u obesidad central, refleja la cantidad de grasa visceral y se relaciona de manera directa con la resistencia a la insulina y los eventos cardiovasculares.

Hay una epidemia de sobrepeso y obesidad en todo el mundo. La prevalencia de exceso de peso está creciendo rápidamente a lo largo de EE.UU. y alrededor del 65% de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad. Si comparamos el periodo 1976-19803 con 1999-20002, la prevalencia de sobrepeso ha aumentado en un 40% (del 46 al 64,5%) y la prevalencia de obesidad se ha incrementado en un 110% (del 14,5 al 30,5%). España no es ajena a esta epidemia y la prevalencia de obesidad y sobrepeso en nuestro medio ha aumentado de forma dramática, siendo en algunos estudios la prevalencia de exceso de peso (obesidad más sobrepeso) de alrededor del 65% y de obesidad del 25%

obesidad enfermedad cronica

La obesidad es una enfermedad crónica al igual que la hipertensión o la diabetes. La etiología de la obesidad es un desequilibrio entre la energía que se obtiene con la ingesta y la que se consume. El exceso de energía se almacena en forma de grasa corporal en los adipocitos que crecen y/o aumentan en número. Esta hipertrofia e hiperplasia de los adipocitos es la lesión patológica característica de la obesidad. El aumento en el tejido adiposo produce los problemas clínicos asociados con la obesidad, bien por el peso de la masa de la grasa extra o bien por el aumento de secreción de ácidos grasos libres, numerosos péptidos y otras adipoquinas por los adipocitos hipertrofiados.

problemas hormonales y metabolicos

La obesidad y el sobrepeso asocian una serie de alteraciones endocrinas y metabólicas. La mayoría de los cambios se piensa que son secundarios a la obesidad, ya que se pueden inducir con la sobrealimentación y se eliminan con la pérdida de peso. La obesidad se acompaña de modificaciones en los niveles plasmáticos de determinadas hormonas y en cambios en sus patrones de secreción y/o aclaramiento. Algunas de estas alteraciones son secundarias a la obesidad mientras que otras podrían desempeñar un papel en su patogenia.

obesidad y problemas con la insulina

La obesidad se asocia con importantes anomalías en la función endocrina. La hiperinsulinemia y la resistencia a la insulina son las dos alteraciones mejor conocidas, aunque sus mecanismos y su significado clínico no están claros. El tejido adiposo se considera un órgano endocrino con secreción hormonal; el aumento en la secreción de leptina, una señal de saciedad, por el adipocito es una alteración característica. En la obesidad hay una disminución en la secreción de hormona de crecimiento; esta alteración en la función somatotropa de la obesidad es funcional y se puede revertir en determinadas circunstancias. El mecanismo fisiopatológico responsable de la hiposecreción de GH en la obesidad es probablemente multifactorial. Existen muchos datos que sugieren que un estado crónico de hipersecreción de somatostatina resulta en una inhibición de la liberación de GH; el aumento de los ácidos grasos libres probablemente contribuye a esta alteración, así como un déficit en la secreción de ghrelina.

En mujeres, la obesidad abdominal se asocia a hiperandrogenismo y a niveles disminuidos de proteína transportadora de hormonas sexuales. Los hombres obesos tienen niveles de testosterona y concentraciones de gonadotropinas disminuidos, especialmente en los casos de obesidad mórbida.

La obesidad se asocia con un aumento en la tasa de producción de cortisol, que se compensa con un aumento del aclaramiento del mismo, lo cual resulta en niveles plasmáticos de cortisol libre que no se modifican con el aumento del peso corporal. Ghrelina es el único factor orexígeno circulante conocido y se ha visto que se encuentra disminuido en humanos obesos. En la obesidad hay también una tendencia a aumentar las concentraciones de TSH y T3 libre.

Obesidad, Estrés y Cortisol

estrés y Obesidad

La relación que existe entre el estrés y la obesidad es mucho mayor de lo que en un principio nos podríamos imaginar. Generalmente, ante una situación comprometida o estresante el cuerpo aumenta la producción de ACTH (corticotropina) y de cortisol, la cual a su vez propicia una mayor liberación de glucosa por parte del hígado (gluconeogénesis) y de ácidos grasos procedentes del tejido adiposo, de este modo contamos con los suficientes sustratos energéticos para hacer frente a dicha situación; una vez resuelta, los niveles volverían a la normalidad. Pero cuando la situación estresante es mantenida en el tiempo se propiciaría una serie de alteraciones que podrían llevarnos de cabeza, en primer lugar, al sobrepeso y luego más tarde a la obesidad, la cual, además tiene la capacidad de retroalimentar dicho estado. Efectivamente, ante una situación estresante los niveles de cortisol segregados suelen ser proporcionales a la cantidad de tejido adiposo que se posea, resultando muy difícil salir de esta espiral una vez alcanzado un cierto sobrepeso, como veremos a continuación.

¿cómo puede inducir la obesidad el estrés?

Pero, ¿cómo puede inducir la obesidad el estrés?. Bueno, el estrés hace que se aumenten los niveles de cortisol en sangre, el cual tiene la facultad de inhibir algunas hormonas como la GnRH (Hormona liberadora de gonadotropina) , GH (Hormona del Crecimiento), TRH (hormona liberdadora de Tirotropina) y TSH (tirotropina); esta menor concentración de GH y TSH sugiere una mayor tendencia al sobrepeso, la primera por anulación de la acción lipolítica de dicha hormona; y la reducción de la TSH propiciaría una reducción del metabolismo, además el cortisol también parece deprimir la función de la enzima 5' deiodinasa que es la encargada de convertir la hormona T4 que es parcialmente activa en la T3, totalmente activa. Pero además de la inhibición parcial de esta serie de hormonas que favorecerían un ambiente adiopogénico, habría otra hormona involucrada en el metabolismo energético que igualmente sería disminuida por el cortisol, me refiero a la leptina, en este sentido, el descenso de los niveles de leptina darían una información sesgada al cerebro de las verdaderas reservas de tejido adiposo. La leptina es una hormona que induce a nivel central una serie de transformaciones tendentes a reducir la ingesta y aumentar el gasto. Si la información que recibe el hipotálamo no se corresponde con la realidad, la respuesta será ajustada a esa falsa información, interpretándose por ello que existe una menor cantidad de tejido adiposo del que en realidad se tiene, esta inhibición de la leptina finalmente propiciaría igualmente el aumento de nuestro tejido adiposo.

Esto significa que una persona que padece estrés crónico estaría más condicionado que una persona sin estrés a aumentar su tejido adiposo. Pero además el estado de obesidad, cuando es alcanzado, es perpetuado, precisamente, por el desajuste del eje HHA (hipotálamo-hipófisis-adrenal), donde los niveles de cortisol siempre estarían regulados al alza, lo que implicaría una mayor tendencia a la obesidad abdominal, la cual además, sobreexprea dos enzimas claves en el proceso adipogénico la aromatasa, que disminuyen los niveles de testosterona y aumenta los de estrógenos, y la 11ß HSD-1, que recicla la cortisona (inactiva) en cortisol, complicando aún más este proceso.

En resumen, el estrés crónico es una situación que puede conducirte progresivamente al estado de obesidad, ahora bien, disminuir nuestro tejido adiposo no puede ser llevado a cabo si antes no se logra desactivar, precisamente, el eje HHA, y reducir así, los altos niveles de cortisol en sangre. Vale, ¿y como disminuimos el estrés?. Podríamos decir que relajándonos, ¿verdad...?, esto quiere decir, que si realizamos de manera controlada y constante sesiones de relajación-meditación podríamos llegar a perder el peso superfluo, ¿verdad?, me temo que NO; la cosa no es tan sencilla. Está claro que si los niveles elevados de cortisol se asientan como una posible causa de nuestro sobrepeso, silenciarlos traerá, al menos, un ambiente hormonal más proclive a la pérdida de peso, pero sin duda no será suficiente. Además de gestionar nuestro estrés para disminuir el cortisol, debemos reducir las calorías y aumentar el gasto. Entonces, ¿ya tenemos los tres pilares más importantes?,sí, relajación, ejercicio y dieta. Pero nuevamente, la excesiva simplificación podría añadir nuevos problemas...Todos debemos saber que la dieta y la actividad física pueden por sí misma ser un foco de estrés muy importante. Está claro que realizar ejercicios de relajación resultará positivo para disminuir el cortisol y así incentivar la pérdida de peso, pero si el ejercicio físico realizado y nuestra nueva dieta no están perfectamente planificada podrían elevar la tensión nuevamente de nuestro organismo.

Efectivamente, cualquiera que sea la dieta que hagamos nunca debería ser excesivamente reducida en calorías, y tampoco muy baja en hidratos, porque los bajos niveles de glucosa en sangre, propiciados por la restricción calórica o la implementación de ayunos, podrían perpetuarnos en el sobrepeso, precisamente por la elevación de los niveles de cortisol, y aunque realmente tengamos una voluntad de hierro para continuar con ese déficit calórico y restricción hidratos de carbono, el resultado no sería el que nos hubiese gustado..; habría que añadir que el aumento de la gluconeogénesis hepática, principalmente a expensas de los aminoácidos musculares y la redistribución grasa, con una mayor acumulación en la zona abdominal, nos dejaría un aspecto, en definitiva, bastante antiestético, pero además con muchas papeletas para sufrir "el efecto rebote" en cualquier momento. La reducción de nuestro tejido adiposo debe ser progresiva, y no se debería empezar a realizar con versiones bajas en hidratos o ayunos intermitentes hasta que no haya pasado un tiempo prudencial; a medida que vamos perdiendo el tejido adiposo, estaríamos más capacitados para proseguir con el proceso de pérdida, tal vez reduciendo algo más los carbohidratos, y realizando algunos días de ayunos de 16 horas, por ejemplo.

Pero lo dicho con la dieta podría ser de aplicación a lo realizando con el ejercicio físico. El exceso de actividad física, o el entrenamiento extenuante podría originar un exceso de cortisol que se opondría, como ya hemos visto, al proceso de pérdida de grasa. Por tanto, el ejercicio aeróbico suave, y la alta intensidad breve y esporádica es la única forma de mantener unos niveles controlados de este glucocorticoides, evitando la alteración hormonal que conlleva.

Ahora bien, el aumento de colesterol experimentado por algunos, podría ser perfectamente explicado precisamente por la elevación del cortisol, que a su vez podría derivar del tándem: encarnamiento extenuante y dieta restrictiva. Esto es algo que ha podido ser comprobado en algunos estudios, en los que se pudo ver que un entrenamiento exigente, junto a una dieta hipocalórica (1000-1200 kcal/día) y la falta de sueño (otro factor estresante), y a pesar de lograr disminuir la masa grasa corporal, hubo una serie de colaterales como fueron: descenso de los niveles de testosterona, de IGF-1(Factor de crecimiento similar a la insulina), y de hormonas tiroideas, mientras que el colesterol aumentó 158 ± 31 a 217 ± 39 mg/dl, esto en definitiva, nos sugiere que en el largo plazo, nos acercaría, sin duda, al sobreentrenamiento, a la pérdida de masa muscular, a la redistribución de la grasa de predominio abdominal, y a una serie de efectos deletéreos en nuestra salud.

Podemos decir, a modo de resumen, que el estrés emocional si no es canalizado adecuadamente puede conducirnos con el tiempo al sobrepeso y a la obesidad, debido a la alteración hormonal que ocasionan los niveles elevados de cortisol (hormona del crecimiento, leptina, testosterona, IGF-1, etc,)en esta situación, revertir el sobrepeso requiere precisamente actuar sobre el agente causante, pero la propia dieta y el ejercicio físico suponen un estrés añadido que podría dinamitar completamente el proceso de pérdida de peso (hay más situaciones estresantes, entre ellas, la falta de sueño). Es por ello, que debemos actuar con sumo cuidado, siendo poco restrictivos al principio para ir aumentando los efectos de la dieta y el ejercicio a medida que somos capaces de disminuir el sobrepeso y controlar el estrés emocional que siempre estará presente.

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