Falta de deseo sexual por ansiedad: causas y soluciones

Falta de deseo sexual por ansiedad y estrés: cuando la presión apaga el deseo

La falta de deseo sexual puede generar desconcierto, preocupación y numerosos interrogantes. Algunas personas sienten que han dejado de reconocer su propia sexualidad. Otras temen que la disminución del deseo signifique que ya no quieren a su pareja, que la relación está deteriorándose o que existe algún problema físico importante.

Sin embargo, el deseo sexual no funciona como un interruptor que permanece siempre encendido. Es una experiencia compleja y cambiante, influida por el estado emocional, el cansancio, la salud, la relación de pareja, la imagen corporal, las experiencias previas y el contexto en el que se produce la intimidad.

El estrés y la ansiedad pueden ocupar tanto espacio mental y corporal que resulta difícil conectar con el placer. En estos casos, no siempre se ha perdido la capacidad de desear. En ocasiones, el deseo ha quedado escondido bajo la presión, la preocupación y la necesidad de comprobar constantemente si aparece.

¿El estrés puede disminuir el deseo sexual?

Sí. El estrés sostenido puede afectar significativamente a la vida sexual.

Cuando una persona atraviesa una etapa de elevada exigencia laboral, preocupaciones familiares, problemas económicos, falta de descanso o conflictos personales, su organismo puede permanecer en un estado de alerta casi continuo.

La sexualidad suele necesitar unas condiciones diferentes: seguridad, disponibilidad emocional, atención a las sensaciones corporales y cierta capacidad para abandonar temporalmente el control. Cuando la mente continúa revisando problemas, anticipando amenazas o repasando obligaciones, conectar con el deseo puede resultar mucho más difícil.

Esto no significa que todas las personas reaccionen igual. Algunas pueden buscar más contacto sexual en momentos de estrés porque lo experimentan como una forma de conexión o regulación emocional. Otras, en cambio, perciben una reducción clara del interés sexual.

Ninguna de estas respuestas permite juzgar cuánto se quiere a la pareja ni determina por sí sola la calidad de la relación.

Ansiedad y sexualidad: el cuerpo no siempre puede relajarse por obligación

La ansiedad no se manifiesta únicamente a través de pensamientos. También puede aparecer en el cuerpo mediante tensión muscular, respiración superficial, inquietud, cansancio, molestias digestivas o dificultad para concentrarse.

En el terreno sexual, puede provocar:

  • Dificultad para conectar con la excitación.
  • Menor lubricación o problemas de erección.
  • Sensación de estar observándose desde fuera.
  • Preocupación por satisfacer a la pareja.
  • Miedo a no responder sexualmente.
  • Dificultades para alcanzar el orgasmo.
  • Evitación de los encuentros íntimos.
  • Pérdida de espontaneidad.
  • Sensación de que el sexo se ha convertido en una prueba.

Cuanto más intenta una persona controlar su respuesta sexual, más difícil puede resultar abandonarse a la experiencia. El encuentro deja de vivirse como un espacio de conexión y comienza a sentirse como una situación en la que debe demostrar que todo funciona correctamente.

El círculo de la ansiedad sexual

Muchas dificultades sexuales se mantienen mediante un círculo de preocupación y comprobación.

La persona puede pensar:

“¿Tendré ganas esta vez?”

“¿Conseguiré excitarme?”

“¿Se dará cuenta mi pareja de que no estoy respondiendo?”

“¿Y si vuelvo a bloquearme?”

“¿Por qué antes podía disfrutar y ahora no?”

Estas preguntas hacen que la atención se aleje de las sensaciones agradables y se dirija hacia la evaluación del propio rendimiento. En lugar de percibir el contacto, la respiración, la cercanía o el placer, la persona analiza continuamente lo que está ocurriendo.

El ciclo suele desarrollarse así:

Preocupación → autoobservación → menor conexión corporal → frustración → evitación → mayor preocupación.

La evitación puede proporcionar alivio a corto plazo. Si no hay encuentro sexual, tampoco existe el riesgo de sentir que se ha fracasado. Sin embargo, con el tiempo puede aumentar la distancia, la inseguridad y el temor a retomar la intimidad.

Deseo espontáneo y deseo responsivo: no todas las ganas aparecen antes del contacto

Una de las ideas que más sufrimiento genera es creer que el deseo siempre debería aparecer de manera espontánea, intensa e inmediata.

El deseo espontáneo es aquel que surge aparentemente sin estímulos previos. Puede aparecer como una fantasía, una iniciativa o unas ganas claras de mantener un encuentro sexual.

El deseo responsivo, en cambio, puede surgir después de comenzar una experiencia agradable: una conversación íntima, una caricia, un momento de cercanía, un masaje o un contacto que se vive sin presión.

Esto no significa que una persona deba acceder a mantener relaciones sin querer. Tampoco significa que tenga que forzarse para comprobar si el deseo aparece. Significa que no todas las personas ni todas las etapas vitales responden al modelo de “primero tengo ganas y después me acerco”.

En relaciones de larga duración, épocas de crianza, etapas de estrés o momentos de cambios físicos y emocionales, el deseo puede depender más del contexto, de la conexión y de la calidad del encuentro.

Comprender esta diferencia permite dejar de interpretar la ausencia de deseo espontáneo como una prueba automática de desamor o disfunción.

¿La falta de deseo significa que ya no quiero a mi pareja?

No necesariamente.

El afecto, el compromiso, la atracción y el deseo sexual están relacionados, pero no son exactamente lo mismo. Es posible querer profundamente a una persona y atravesar una etapa de menor interés sexual.

La falta de deseo puede estar vinculada a:

  • Estrés o agotamiento.
  • Ansiedad o estado de ánimo bajo.
  • Conflictos de pareja no resueltos.
  • Falta de intimidad emocional.
  • Dolor durante las relaciones.
  • Cambios hormonales o médicos.
  • Efectos secundarios de determinados medicamentos.
  • Insatisfacción con la propia imagen corporal.
  • Experiencias sexuales negativas.
  • Rutinas sexuales poco satisfactorias.
  • Presión por responder o cumplir.
  • Diferencias de deseo dentro de la pareja.
  • Falta de privacidad o tiempo personal.

Por eso, conviene evitar conclusiones precipitadas. El deseo puede estar disminuyendo por múltiples factores y requiere una valoración individualizada.

Cuando la presión por tener deseo produce todavía menos deseo

En muchas parejas, la preocupación por la frecuencia sexual termina convirtiéndose en una fuente adicional de tensión.

Una persona puede sentirse rechazada y comenzar a solicitar explicaciones, buscar señales de desamor o insistir en mantener encuentros. La otra puede sentirse culpable, examinada o responsable del bienestar emocional de su pareja.

A partir de ahí, cualquier gesto de afecto puede interpretarse como el inicio de una relación sexual. Esto puede hacer que quien tiene menos deseo evite también los abrazos, los besos o las caricias para no generar expectativas.

Poco a poco, la pareja pierde no solo el contacto sexual, sino también otras formas de intimidad.

La presión no siempre se expresa mediante una exigencia directa. También puede aparecer a través de silencios, enfado, distancia, comparaciones con el pasado o comentarios como:

“Antes nunca teníamos este problema.”

“Ya no te atraigo.”

“Siempre tengo que iniciar yo.”

“Parece que somos compañeros de piso.”

Aunque estas frases suelen expresar dolor y necesidad de conexión, pueden aumentar la sensación de obligación. Y el deseo difícilmente crece cuando la intimidad se vive como una deuda.

Relaciones sexuales por obligación: por qué pueden empeorar el problema

Mantener relaciones sexuales únicamente para evitar un conflicto, tranquilizar a la pareja o cumplir con una frecuencia considerada normal puede tener consecuencias negativas.

La persona puede desconectarse de sus sensaciones, fingir placer o esperar a que el encuentro termine cuanto antes. Si esta dinámica se repite, el cuerpo puede comenzar a asociar la intimidad con presión, incomodidad o pérdida de control.

Acceder a un encuentro desde la libertad no es lo mismo que acceder desde el miedo, la culpa o la obligación.

Por eso, recuperar el deseo no consiste en imponer una frecuencia sexual. El objetivo es construir condiciones en las que el contacto pueda volver a sentirse seguro, agradable y elegido.

Qué puede ayudar a recuperar la conexión sexual

No existe una única solución válida para todas las personas. Sin embargo, algunas orientaciones pueden ayudar a comprender y modificar la situación.

1. Reducir la vigilancia sobre el deseo

Preguntarse constantemente si han aparecido las ganas aumenta la presión. En lugar de comprobar el nivel de deseo, puede ser más útil observar qué situaciones favorecen la calma, la curiosidad, la cercanía y el bienestar corporal.

2. Ampliar el significado de la intimidad

La intimidad no se limita a la penetración ni debe seguir siempre una secuencia fija. Los besos, las caricias, la conversación, el contacto piel con piel, el masaje o el juego pueden tener valor por sí mismos.

Cuando todo acercamiento debe terminar necesariamente en una práctica concreta, el contacto puede dejar de sentirse libre.

3. Hablar sin buscar culpables

Una conversación útil no comienza con acusaciones, sino con la expresión de necesidades y emociones.

En lugar de decir “nunca tienes ganas”, puede resultar más constructivo expresar: “Echo de menos sentirnos cerca y me gustaría que pudiéramos hablar de cómo estamos viviendo nuestra intimidad”.

4. Revisar el cansancio y la distribución de responsabilidades

El deseo necesita espacio. Cuando una persona soporta una carga mental constante o se siente agotada, pedirle que simplemente se relaje puede resultar insuficiente.

Revisar horarios, descanso, tareas domésticas, cuidados y tiempo personal también puede formar parte del abordaje de una dificultad sexual.

5. Identificar el tipo de contacto que resulta agradable

No siempre existe una falta global de deseo. A veces ha disminuido el interés por una forma concreta de relacionarse sexualmente.

Puede ser útil preguntarse:

  • ¿Qué tipo de contacto me hace sentir cómodo o cómoda?
  • ¿En qué momentos resulta más fácil conectar?
  • ¿Qué situaciones generan presión?
  • ¿Puedo expresar lo que me gusta y lo que no?
  • ¿Siento que puedo detener el encuentro sin provocar un conflicto?
  • ¿Hay dolor, molestias o miedo a que aparezcan?

6. Dejar de perseguir el rendimiento

La excitación y el orgasmo no deberían convertirse en obligaciones. Centrar toda la experiencia en alcanzar una respuesta concreta puede aumentar la ansiedad y reducir el placer.

El objetivo no es demostrar que el cuerpo funciona, sino aprender a estar presente en la experiencia.

7. Valorar factores físicos y médicos

La disminución del deseo también puede relacionarse con alteraciones hormonales, enfermedades, dolor, problemas de sueño, consumo de sustancias o determinados tratamientos farmacológicos.

Cuando el cambio es repentino, persistente o aparece junto a otros síntomas, puede ser recomendable realizar una valoración médica.

No se deben suspender medicamentos por cuenta propia. Si existe la sospecha de que un tratamiento está afectando a la sexualidad, conviene consultarlo con el profesional que lo ha indicado.

¿Cuándo conviene acudir a terapia sexual?

No es necesario esperar a que la situación se vuelva insostenible.

Puede ser recomendable consultar con un profesional de la sexología clínica cuando:

  • La falta de deseo genera malestar personal.
  • Existe miedo o evitación de los encuentros.
  • La sexualidad se vive como una obligación.
  • Aparecen discusiones frecuentes en la pareja.
  • Hay dificultades de excitación, erección, lubricación u orgasmo.
  • Se experimenta dolor durante las relaciones.
  • La preocupación ocupa gran parte del tiempo.
  • Existe una diferencia de deseo difícil de gestionar.
  • La persona siente vergüenza, culpa o rechazo hacia su cuerpo.
  • Se ha perdido la comunicación sobre sexualidad.
  • El problema se mantiene y no mejora con el tiempo.

La terapia sexual no se limita a proporcionar técnicas. También permite comprender qué factores están influyendo en el deseo, reducir la ansiedad, revisar creencias, mejorar la comunicación y recuperar una relación más segura con el propio cuerpo y con la intimidad.

Cuando la dificultad está vinculada a conflictos relacionales, puede ser conveniente combinar la sexología clínica con la terapia de pareja.

¿Cómo se trabaja la falta de deseo en sexología clínica?

El tratamiento comienza con una evaluación individualizada. No todas las disminuciones del deseo tienen el mismo origen ni necesitan la misma intervención.

Durante el proceso pueden explorarse:

  • El momento en que comenzó la dificultad.
  • La relación con el propio cuerpo.
  • La historia afectiva y sexual.
  • La presencia de ansiedad o estrés.
  • Las experiencias de dolor o incomodidad.
  • Las expectativas sobre cómo debería funcionar el deseo.
  • La comunicación y la dinámica de pareja.
  • Los factores médicos o farmacológicos.
  • Las prácticas sexuales y el grado de satisfacción.
  • La capacidad para establecer límites y expresar preferencias.

A partir de esta valoración, se plantean objetivos adaptados a cada persona o pareja. El tratamiento puede incluir educación sexual, trabajo con pensamientos anticipatorios, reducción de la autoobservación, reconexión corporal, comunicación íntima y ejercicios terapéuticos progresivos.

El propósito no es obligar a sentir deseo, sino comprender qué lo está bloqueando y favorecer las condiciones necesarias para que la sexualidad pueda volver a vivirse desde la libertad, la seguridad y el placer.

Recuperar el deseo no significa volver exactamente al pasado

Muchas personas desean recuperar la sexualidad que tenían al principio de la relación. Sin embargo, la vida cambia: cambian el cuerpo, las responsabilidades, las necesidades y la forma de relacionarse.

En lugar de intentar reproducir una etapa anterior, puede ser más útil construir una sexualidad adecuada al momento actual.

Esto implica abandonar algunas expectativas, descubrir nuevas formas de intimidad y aceptar que el deseo puede necesitar más tiempo, contexto y comunicación que antes.

La sexualidad no tiene por qué desaparecer porque haya cambiado. Puede transformarse.

Preguntas frecuentes sobre la falta de deseo sexual

¿Es normal perder el deseo durante una etapa de estrés?

Es relativamente frecuente que el deseo disminuya durante periodos de estrés, falta de sueño, sobrecarga o preocupación. Si la situación se mantiene, genera sufrimiento o afecta a la relación, conviene valorar qué factores están interviniendo.

¿La ansiedad puede eliminar completamente las ganas de mantener relaciones?

La ansiedad puede dificultar notablemente la conexión con el deseo y la excitación. La persona puede seguir sintiendo afecto y atracción, pero encontrarse demasiado preocupada o activada para disfrutar de la intimidad.

¿Debo mantener relaciones aunque no tenga ganas?

Nadie debería sentirse obligado a participar en una relación sexual. Puede existir una disposición abierta a explorar el contacto, pero debe poder expresarse un límite o detener el encuentro en cualquier momento sin miedo, presión ni consecuencias emocionales.

¿La diferencia de deseo significa que somos incompatibles?

No necesariamente. Es habitual que los miembros de una pareja no experimenten el mismo nivel de deseo ni lo sientan al mismo tiempo. La dificultad aparece cuando la diferencia genera presión, resentimiento, evitación o problemas de comunicación.

¿La terapia sexual puede hacerse online?

Sí. Muchas dificultades relacionadas con el deseo, la ansiedad sexual y la comunicación de pareja pueden abordarse mediante terapia online, siempre que el formato resulte adecuado para el caso y se mantengan las condiciones necesarias de privacidad y confidencialidad.

Sexología clínica en Valencia y terapia online

La falta de deseo sexual no debe abordarse desde la culpa ni desde la obligación. Tampoco conviene reducirla a una única causa.

En Clínica Pérez Vieco ofrecemos atención especializada en psicología, sexología clínica y terapia de pareja en Valencia y online. El proceso terapéutico permite comprender los factores emocionales, físicos y relacionales que están influyendo en la sexualidad y plantear una intervención adaptada a cada persona o pareja.

Pedir ayuda no significa que la relación haya fracasado ni que exista algo defectuoso en ti. Puede ser el primer paso para recuperar la comunicación, disminuir la presión y construir una intimidad más consciente, segura y satisfactoria.

¿La ansiedad, el estrés o la falta de deseo están afectando a tu bienestar o a tu relación? Puedes solicitar una primera valoración profesional con Clínica Pérez Vieco.

Estrés y Deseo Sexual

El Estrés y sus consecuencias en el deseo sexual.

La falta de deseo sexual, el deseo sexual hipoactivo o bien, también conocido como deseo sexual inhibido, es una enfermedad según la Organización Mundial de la Salud, que en su clasificación de patologías la encuadra dentro de las disfunciones sexuales no orgánicas con el nombre de Ausencia o Pérdida del Deseo Sexual. Esta falta de interés para tener relaciones sexuales, una vez desechadas las causas médicas o fisiológicas (problemas endocrinos, trastornos hormonales, insuficiencia renal o tratamientos farmacológicos) y las psicológicas (una educación excesivamente estricta o baja autoestima, por ejemplo), se encuentra muy a menudo ligada al modo de vida de quien padece esta apatía sexual. El estrés, el exceso de problemas laborales o familiares y la incapacidad para afrontar la ansiedad que estas situaciones producen a menudo la inapetencia sexual.

Efectos del Estrés sobre la Testosterona.

El estrés puede terminar “matando” la libido, aunque de manera lenta y gradual. La causa está en la testosterona, principal agente del deseo sexual. Si ésta disminuye, también es menor la libido. Pero, además, el estrés hace que aumente el nivel de cortisol en la sangre, una hormona esteroide producida por la corteza suprarrenal. El alto nivel de cortisol reprime la mayoría de las funciones orgánicas, incluyendo las funciones sexuales y reproductivas. Siempre que aparecen síntomas de apatía sexual en hombres que solían tener la libido alta, hay que prestar atención al cansancio, ya que el ritmo de vida, los problemas cotidianos y la fatiga hacen que las ganas de mantener relaciones sexuales disminuyan notablemente. En sexólogos Valencia junto con la Clínica de Sexología y Psicología Pérez Vieco en Valencia somos conscientes la la influencia de la influencia de padecimiento de estrés y su afectación en el deseo sexual tanto de hombres como mujeres. En Sexólogos y Sexólogas Valencia llevamos a cabo un tratamiento integrador para dar solución a tus problemas y mejorar tu respuesta sexual.
Cuando se acumula tensión, si las situaciones nos superan, se produce un bloqueo. Y el plano sexual no es una excepción. Por ello, generalmente, El estrés influye en el deseo, favoreciendo la apatía e inhibiendo la respuesta sexual.

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Qué tenemos en cuenta en Sexólogos y Sexólogas Valencia.

Para diagnosticar que la inapetencia sexual esté causada por la acumulación de tensión y preocupaciones hay que tener en cuenta varios factores, según indican los psicólogos sexólogos de nuestra clínica de sexología y psicología, entre los que se encuentran la falta de interés en iniciar actividades sexuales, ya sea con una pareja o en solitario, o la frecuencia de las relaciones, si es muy inferior a lo que se puede esperar por la edad y el contexto correspondiente o si es menor que en etapas anteriores de la vida. En cualquier caso, los especialistas deben descartar que esta persona padezca depresión.

Cuando los síntomas y el ritmo de vida indican con claridad que el estrés es la causa de la disfunción sexual, hay que tener en cuenta cómo le afecta a cada persona, en lo que tendrá mucho que ver el género de quien lo sufra. Y es que aunque puede afectar tanto a mujeres como a hombres, la respuesta de cada uno es muy distinta. En los hombres pueden aparecer o agudizarse, si ya existían, problemas como la eyaculación precoz y la disfunción eréctil. La disminución del rendimiento sexual conlleva, además, miedo a no dar la talla, lo que da lugar a una disminución del número de relaciones, con lo que el problema se transforma en un círculo vicioso que termina por provocar de manera casi irremediable la pérdida de deseo.

Soluciones a la falta de deseo sexual en la Clínica de Sexología Pérez Vieco.

Un tratamiento natural se basará sobre todo en la enseñanza de nuevos hábitos que ayudan a manejar el estrés, como la respiración, la relajación o la revisión de la escala de valores del individuo afectado. Los cambios conductuales que proponen los expertos para llegar a la superación del trastorno sexual se basan en técnicas para combatir el estrés. Nuestros sexólogos y sexólogas son expertos en el tratamiento del deseo sexual, el deseo sexual hipoactivo y/o el deseo sexual inhibido. Veamos algunos de los cambios comportamentales:

  • Reflexionar: No se debe dejar pasar de largo el problema, sino afrontarlo y razonar sobre los motivos que llevan a sentir la angustia y la ansiedad que bloquean los sentidos. Tomar conciencia de que no sólo afecta al plano sexual, observar qué otros aspectos de la vida cotidiana se ven resentidos.
  • Relajarse: Darse cuenta de que el estrés es variable y no durará siempre y relativizar la importancia de no sentir deseo sexual en algunos momentos determinados. Lo peor es obsesionarse.
    Tener calidad de vida: Eliminar los excesos,en la alimentación, en la cantidad de trabajo así como en la realización de actividades físicas agotadoras.
  • Establecer prioridades claras: No siempre está en nuestras manos eliminar preocupaciones como enfermedades, problemas económicos o familiares. Pero sí depende de cada uno de nosotros ‘saber vivir a pesar de’, poniendo un orden de prioridades y dando a cada situación y problema la
  • Abandonar las prisas: No hay que tener apremio por volver a mantener la vida sexual normal, ya que puede generar más ansiedad en la persona afectada.
  • Hablar: Como para cualquier otra situación de crisis por la que atraviese la pareja, la comunicación y compartir el problema entre los dos miembros es lo más importante.
  • Analizar: Observar con calma la situación para abordar las posibles soluciones, sin provocar un drama por un cambio circunstancial en los hábitos sexuales de la pareja.
  • Imaginación: Es importante mantener un poco de suspense en la pareja, que no se pierda la “magia” de los primeros encuentros. A largo plazo, la seguridad adormece los instintos y si la tensión acumulada es muy grande aún se anestesian más.

El estrés, el sexo y la falta de deseo.

El estrés, el gran enemigo.

El estrés y el sexo se relacionan directamente aunque no seamos siempre conscientes de ello. Cuando la falta de deseo se debe al estrés, hay que buscar soluciones. Combinar la terapia sexual es una alternativa eficaz junto con el tratamiento del estrés.

Este problema suele ir agudizándose con el tiempo si no hacemos nada. Recomendamos consultar con un sexologo para que te ayude a estimular el apetito sexual. El asesoramiento de un especialista en sexología es crucial para volver a disfrutar de las relaciones sexuales.

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Estar sometido a un estrés muy frecuente y durante un largo periodo de tiempo puede causarnos diferentes problemas de salud física y psicológica. La falta de deseo sexual es uno de los síntomas más comunes del estrés.

Cuando estamos estresados podemos tener problemas de ansiedad o insomnio. Es común también sentirse más tristes, irritables, apáticos y cansados. Si no nos sentimos bien física y emocionalmente perdemos la iniciativa. Y con ello, también el interés por las actividades que normalmente nos hacen sentir bien. Si estamos demasiado estresados, nuestra cabeza estará llena de preocupaciones. Pero ¿Cómo se relacionan el estrés y el sexo? Con la ansiedad y el agobio surgen las dificultades para desconectar del trabajo y de todo lo que nos preocupa. En este estado es muy probable sufrir falta de apetito sexual.

La ansiedad y el estrés son los principales enemigos de una vida sexual satisfactoria. Y una de las causas más frecuentes de la falta de deseo sexual.

El estrés y el sexo.  ¿Cómo afecta?

  • El problema de la falta de deseo sexual normalmente va apareciendo de forma gradual y suele empeorar con el tiempo si persiste la situación.
  • Normalmente los pacientes acuden a consulta cuando ya llevan un largo periodo con este problema.
  • Al principio no le dan tanta importancia pero con el empeoramiento van apareciendo las preocupaciones, la frustración y el malestar por la falta de deseo.
  • La inhibición del deseo sexual no es un problema hasta que no genera un malestar emocional a la persona que lo sufre o a su pareja.
  • En todo caso, podemos afirmar que dejar pasar el tiempo no suele ser una buena solución viable.
  • Como hemos dicho, normalmente el problema se irá agudizando. Por lo tanto, en caso de notar un descenso del deseo sexual siempre es recomendable consultar con un sexologo.

Cuando la falta de deseo sexual se debe principalmente al estrés, es necesario combinar la terapia sexual con el tratamiento de los problemas de estrés.

Nuestros Sexólogos y Sexólogas en la Clínica aconsejan…

Nuestro equipo de Sexologos  y Sexólogas en Valencia os propone algunos consejos para gestionar mejor el estrés y el sexo y que no afecte a la pareja:

  • Aprende a desconectar y a gestionar tus preocupaciones. En caso que tu estrés sea laboral es importante que aprendas a desconectar del trabajo. Tus preocupaciones laborales debes afrontarlas en tu tiempo de trabajo.
  • Practica alguna técnica de relajación y realiza ejercicio físico. Está demostrado que ambas actividades son eficaces para gestionar el estrés.
  • Establece prioridades y reserva un tiempo a solas con tu pareja.
  • Identifica en qué momentos te sientes menos cansado y puedes tener una mejor predisposición para tener un contacto físico agradable con tu pareja.
  • Os recomendamos que quitéis presión y que os olvidéis temporalmente de practicar el coito. Buscad las sensaciones y el placer en todo el cuerpo, más allá de los genitales. Esto también os ayudará a salir de la rutina.
  • Estimula tus fantasías sexuales. Para aumentar tu deseo sexual debes pensar en sexo y esto podemos facilitarlo exponiéndote a diferentes tipos de estímulos sexuales: puedes leer literatura erótica o ver videos eróticos. Si eres mujer y no te gusta el porno, investiga porque no todo el porno es igual. Hay directoras como Erika Lust que realizan un tipo de cine porno pensado y creado especialmente para mujeres.
  • Sal de la rutina y diviértete: Jugad, cambiad de lugar dónde practicáis las relaciones sexuales, atrévete a visitar un sex shop con tu pareja y a probar algún juguete.