Rendimiento Academico y Autoestima

Rendimiento Academico y Autoestima

¿CÓMO AFECTA LA AUTOESTIMA BAJA A SU RENDIMIENTO ACADÉMICO?

A los adolescentes se les comienza a exigir mucho más en el ámbito académico y es más probable que fracasen (puesto que son más inexpertos).

Esto puede hacer que empiecen a opinar sobre sí mismos/as que no sirven para estudiar. Van a enfrentarse al estudio anticipando el fracaso, lo que puede disminuir su motivación y su capacidad de concentración porque los pensamientos negativos están interfiriendo y descentrándole constantemente (“no sé para que pierdo mi tiempo, si no voy a aprobar”, “ahora podría estar con mis amigos”). Entonces es posible que abandonen la tarea de estudiar por otra actividad más placentera

Como consecuencia, se reducirán sus capacidades de rendimiento y desarrollarán mayor inseguridad. Por ejemplo ante un examen, la constante inseguridad se habrá convertido en ansiedad, reduciendo al mínimo su capacidad de rendimiento y aumentando las posibilidades de suspender.

Si se cumple el fracaso que anticipó, se confirmarán todos sus pensamientos (“si ya sabía yo que no iba a aprobar”, “si es que no puedo con ello”) y tomarán más poder al ser todavía más reforzdos por los mensajes que recibe del entorno (“si es que no sirve para estudiar”, “no vas a llegar a nada en la vida”), las comparaciones que le hacen (“tu hermana nunca nos dio estos problemas”) y las que se hace a él/ella mismo/a (“el resto de mis compañeros estudian menos y sacan mejores notas que yo”).

La autoestima disminuye, aumenta la inseguridad, aumenta la ansiedad y el ciclo se vuelve a repetir de forma más acusada.

¿CÓMO PODEMOS AYUDARLES A SUPERAR ESTA ETAPA TENIENDO ÉXITO EN SUS ESTUDIOS?

Como cualquier cambio en el entorno va a producir un cambio en el adolescente, si los padres cambian su comportamiento, podrán ayudarle a vivir su crisis de manera positiva y a que superen con éxito la tarea de estudiar. Algunas pautas que se pueden utilizar son:

  • FOMENTAR SU AUTONOMÍA OFRECIÉNDOLE NUESTRA AYUDA EN LOS MOMENTOS EN QUE SURJAN DUDAS.

Para esto, es básico que en el hogar se cree un clima de confianza y de comunicación que les permita tomar sus propias decisiones y pedir ayuda cuando lo necesiten. A pesar de que nos parezca que nuestro hijo/a no nos hace caso, necesita la seguridad de la familia cuando le surjan dudas. Los adultos debemos asumir que ella/él está madurando y tiene que aprender a tomar sus propias decisiones. Una vez asumido esto, dejaremos de enviarle mensajes contradictorios, lo que generalmente le dará mayor seguridad y reforzará la asunción de sus propias responsabilidades.
Esto fomentará nuestra confianza hacia ella o él y, al mismo tiempo, permitirá que progresivamente le vayamos dando una mayor libertad.
Si en algún momento no cumple con su compromiso, le aclararemos que, al haberse comportado como un niño, hemos de tratarle del mismo modo y, como consecuencia, perderá parte de su libertad. Así irá conociéndose, aprendiendo a sacar partido a sus cualidades y a las estrategias que le llevan al éxito y modificando aquéllas que no son adecuadas, con lo que se reforzará su autoestima.

  • CAMBIAR SUS IDEAS NEGATIVAS HACIA EL ESTUDIO POR IDEAS POSITIVAS

Tratar la tarea de estudiar como una gran herramienta de desarrollo personal ya que nos permite acceder a mayor número de posibilidades futuras. Para que nuestra hija/o lo vea de este modo, además de hablar con ella/él del tema todas las veces que sea necesario, necesitará observar en casa un ambiente de curiosidad intelectual. El aprendizaje por observación es muy potente, si deseamos que nuestro hijo/a se interese por el aprendizaje, es muy importante que observe en nosotros ese mismo interés.

  • AYUDARLE A QUE SE PLANTEE UNA META CLARA

Si hasta este momento nunca se había parado a pensar por qué está estudiando, podemos animarle a que se plantee a qué se quiere dedicar en el futuro, cómo se ve dentro de quince años… porque sólo teniendo claro qué es lo que quiere conseguir irá hacia ello. Le prestaremos nuestra colaboración dándole toda la información sobre las alternativas, nuestra opinión, sugerencias o ayudando a recopilar información de distintas posibilidades.
Nunca tomaremos la decisión por él/ella ya que si lo hacemos, le seguiremos tratando como a un niño y puede que nos equivoquemos eligiendo una opción que no le satisfaga, con lo que no habrá motivación propia. Cuando tenga una meta clara aumentará su interés, pues verá el estudio como el medio que le permitirá dedicarse a aquello que le gusta. Al ser una meta muy a largo plazo puede dejarse llevar por el momento y abandonar el estudio por otra actividad más reforzante. Para evitar esto, por ejemplo, podemos poner un cartel en su lugar de estudio que le recuerde esa meta cada vez que vaya a estudiar y, además, necesitaremos…

  • …MARCAR OBJETIVOS A CORTO PLAZO QUE PERMITAN EL ACERCAMIENTO A LA META FINAL

El estudio es como una vuelta ciclista llena de etapas. Cada etapa lograda nos hace estar más cerca de la final y nos anima a querer ganar la competición. Sin embargo, si la etapa es muy dura y no la ganamos, es más fácil que abandonemos la competición. A las etapas se les llama objetivos a corto plazo y para que funcionen, para que el/la adolescente decida “jugar”, tienen que cumplir el requisito de estar adaptados a la situación actual de nuestro hijo/a. No se pondrá como objetivo estudiar tres horas diarias si ella/él no tiene hábito de estudio ya que, de este modo, la etapa se le hará tan dura que abandonará. Poco a poco, según vaya entrenando, podrá ir marcándose objetivos más amplios. Tampoco se pondrán objetivos tan fáciles de lograr que no requieran esfuerzo de su parte porque estaremos propiciando que no adquiera hábito.

  • RECIBIR REFUERZOS INMEDIATOS QUE LE HAGAN ASOCIAR EL ESTUDIO A UNA SITUACIÓN POSITIVA Y QUE AUMENTEN LA CONDUCTA DE ESTUDIAR

Los refuerzos son premios que obtenemos cada vez que logramos algo y que aumentan la probabilidad de que repitamos la conducta realizada para ello. Continuando con el ejemplo de la vuelta ciclista, cada vez que ganamos una etapa nos sentimos muy bien, ya que vemos el resultado de los esfuerzos realizados y, gracias al bienestar que nos aporta, deseamos seguir entrenando para mejorar. Como al estudiar la meta es muy a largo plazo y no se obtienen resultados ni refuerzos inmediatos, necesitaremos aplicar estos premios cada vez que el adolescente realice una conducta de estudio para que se sienta bien y desee seguir estudiando.
Podemos negociar con ella/él que cada vez que logre una meta a corto plazo, hará algo que le guste mucho y si no cumple con lo acordado, no. Esto se mantendrá en todo momento porque si no lo cumplimos, el adolescente sabrá que puede hacer lo que le guste aunque no estudie, lo que aumentará la probabilidad de que no estudie. Para que estos refuerzos funcionen, puede que al principio tengamos que recurrir a premios materiales (comprarse algún capricho), pero lo ideal es que sean sociales (por ejemplo, mediante mensajes positivos: “qué bien que estés estudiando”, “qué interesante es esto”) y propios, por el placer de haber logrado lo propuesto. Conseguir un resultado satisfactorio hará que estudiar se lleve de forma más positiva.

  • NO CENTRARNOS EN LOS RESULTADOS FINALES SINO EN EL ESFUERZO REALIZADO

Los padres pasamos muchas horas trabajando y en muchas ocasiones, sólo contamos con las notas como medio de información: “si ha suspendido, es que no estudia y si aprueba, es que estudia”. No tiene por qué ser así. Puede que el adolescente estudie y se esfuerce pero no obtenga los resultados deseados. En este caso, lo más aconsejable es acudir lo antes posible a un especialista en técnicas de estudio que le proporcione las estrategias necesarias para alcanzar sus objetivos y para aprender a estudiar de manera eficaz. Si el/la adolescente aún no está logrando aprobar asignaturas, pero va mejorando y hemos notado un cambio en su actitud, le animaremos a seguir adelante dándole constantes mensajes positivos para que se mantenga en el cambio (“Ahora has suspendido dos menos que en la evaluación pasada. Ya estás más cerca de aprobar todo”) sin necesidad de compararle con otras personas puesto que es único/a.

Si actuamos de este modo, podremos lograr que aumente su motivación hacia el estudio y, si utiliza un método de estudio eficaz, mejorarán sus resultados, aumentará su seguridad y su autoestima, con lo que el ciclo de fracaso académico se habrá roto y entrará en un ciclo de éxito. Le ayudaremos a ser un/a estudiante eficaz porque sabrá qué hacer, cómo hacerlo y en caso de fracasar, sabrá cómo resolver el problema y mejorar sin que su motivación y su autoestima se vean afectadas. En consecuencia, será un/a adolescente satisfecho consigo mismo/a y esta satisfacción personal se extrapolará a otros niveles.

Adolescencia y Fracaso Escolar

Adolescencia y Fracaso Escolar

QUÉ ES EL FRACASO ESCOLAR

La adolescencia es el periodo de transición de la infancia a la edad adulta y se caracteriza por la gran cantidad de cambios físicos, psicológicos y sociales que ocurren. Cualquier cambio en uno de estos niveles va a afectar globalmente a la persona y a los otros niveles.

Por ejemplo, a nivel psicológico, se adquieren nuevas capacidades de pensamiento que permiten pensar en hipótesis y conclusiones sin necesidad de experimentarlas (pensamiento lógico-formal) o que permiten plantearse qué es bueno o malo según los propios criterios (pensamiento moral).

Los cambios físicos y psicológicos afectan al entorno social de dos formas: por una parte, el/la adolescente cambia sus propios comportamientos (comienza a reclamar su espacio individual, su autonomía, cuestiona el poder de los adultos, se relaciona con su grupo de iguales de manera más íntima…); y por otra parte, el mundo comienza a comportarse de manera diferente con el/la adolescente.

En esta etapa puede suceder que no se desarrollen las estrategias necesarias para afrontar nuevas situaciones de manera adecuada, y aparecer pensamientos, sentimientos y comportamientos de inseguridad, angustia, agresividad o culpabilidad. Todos ellos indicios de una crisis que puede afectar al rendimiento académico.

“La adolescencia es el periodo de transición de la infancia a la edad adulta y se caracteriza por la gran cantidad de cambios físicos, psicológicos y sociales que ocurren”.

¿QUÉ PUEDE ESTAR PASANDO AL CHICO/A ADOLESCENTE PARA QUE AHORA LE CUESTE APROBAR?

Aunque cada persona es única y cada caso de fracaso académico es multifactorial (conviene consultar a un profesional de la psicología), hay dos factores personales fundamentales en el rendimiento académico a los que les afectan las crisis de la adolescencia: la falta de motivación hacia el estudio y la baja autoestima.

La MOTIVACIÓN es la energía, el combustible que nos mueve a conseguir lo que deseamos. ¿Por qué el adolescente puede perder su motivación hacia el estudio?

Hay varias razones:

A menudo los adultos podemos enviar mensajes ambiguos al adolescente o la adolescente. Le tratamos y esperamos que se comporte como adulto para determinadas cosas pero al mismo tiempo, tenemos miedos que mantienen nuestras actitudes de sobreprotección.fracaso escolar por psicologos valencia

A pesar de que el adolescente ya tiene capacidad intelectual para pensar en su futuro, puede optar por seguir siendo un “niño” para los estudios y delegar cómodamente su responsabilidad en los adultos. Estudia porque es lo que hay que hacer y porque sus padres le dicen que es su deber, es decir, la motivación es extrínseca (le viene de fuera). Por lo general, esta motivación externa es muy débil y sólo funcionará en caso de que haya una recompensa muy clara y cercana: “si apruebas esta evaluación, te regalo una moto”. Si el adolescente encuentra otra actividad que le interese más, se lanzará a realizarla y dejará el estudio para otro momento: “Mi hijo no es capaz de recordar lo que estudia y, sin embargo, se sabe los nombres de todos los jugadores de fútbol de la Liga”.

Por otra parte, los valores imperantes en nuestra sociedad contradicen la filosofía académica. Mientras que los y las adolescentes han crecido en un ambiente del “aquí y ahora”, estudiar requiere esfuerzo y no se ve recompensado inmediatamente, por lo que pueden elegir dedicar su tiempo a actividades menos difíciles y más beneficiosas a corto plazo, como ver la televisión o jugar a la consola.

Además, al adolescente se le acaba de abrir un mundo de nuevas posibilidades sociales, amplía su círculo de amistades, ganan peso la pareja y los iguales y comienza a vivir nuevas experiencias más interesante que estudiar, por lo que su motivación puede dirigirse a otros estímulos.

En otros casos, el/la adolescente tiene claro qué es lo que quiere lograr en sus estudios; sin embargo, no sabe cómo alcanzar esa meta porque no dispone de las herramientas adecuadas para conseguir lo deseado. Sabe que quiere estudiar y estudia, pero como nunca le han enseñado a hacerlo adecuadamente, fracasa en sus intentos. Esto puede llevarle a “tirar la toalla” por evitación del sufrimiento o a adoptar una postura de “pasotismo” como mecanismo de defensa.

Cuando hablamos de AUTOESTIMA nos referimos al concepto que cada uno y cada una tenemos sobre nosotros mismos.

La autoestima se va formando a lo largo de nuestras vidas y depende:

  • De los éxitos y de los fracasos que logremos
  • De los mensajes que recibimos del entorno y de los que nos enviamos a nosotros mismos/as.
  • De con quién nos comparen y nos comparemos.
  • De las personas que sean nuestros modelos a seguir:

La autoestima condiciona nuestra forma de relacionarnos con el entorno. Durante la adolescencia, la autoestima puede verse afectada porque no se desarrollen estrategias adaptativas para afrontar los fuertes cambios físicos, psicológicos y sociales que se producen.

Al ser inexpertos pueden fracasar en la solución de problemas (por ejemplo, se enamora por primera vez y no sabe qué hacer, decide actuar de una manera y no funciona); este “fracaso” contribuye a que reciba mensajes negativos del entorno (“¡qué pavo tienes!”, “si es que no estás preparado/a”), a que cree sus propios pensamientos negativos (“nunca gustaré a nadie”), a que le comparen y se compare con otros de forma negativa (“mi amigo liga más que yo”) y a que se fije en modelos alejados de su realidad (“quiero ser como los que salen en la tele”).

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