Comprender el origen del malestar permite tratarlo con mayor precisión
Ansiedad, depresión, adicciones, autoestima, dependencia emocional, sexualidad, alimentación y dificultades familiares. Una primera valoración ayuda a diferenciar síntomas, contexto y necesidades.
Ocho áreas frecuentes de evaluación y tratamiento
Las categorías ayudan a orientarse, pero no sustituyen una evaluación. Es habitual que varias áreas se relacionen entre sí.
Ansiedad y estrés
Preocupación, pánico, síntomas físicos, fobias, ansiedad social, insomnio y evitación.
Ver especialidad→Depresión y estado de ánimo
Tristeza persistente, apatía, aislamiento, culpa, irritabilidad, desesperanza y agotamiento.
Ver especialidad→Adicciones y pérdida de control
Consumo, juego, pantallas u otras conductas difíciles de detener pese a sus consecuencias.
Ver especialidad→Psiconutrición e imagen corporal
Relación emocional con la comida, culpa, control rígido, insatisfacción corporal y hábitos.
Ver especialidad→Autoestima y crecimiento personal
Autocrítica, inseguridad, culpa, dificultad para poner límites y sensación de estancamiento.
Conocer el tratamiento→Apego y dependencia emocional
Miedo al abandono, celos, relaciones inestables, dificultad para separarse y rupturas dolorosas.
Conocer el tratamiento→Sexología y bienestar sexual
Deseo, excitación, erección, orgasmo, eyaculación, dolor, ansiedad sexual e intimidad.
Conocer sexología→Adolescentes y familia
Cambios emocionales, aislamiento, autoestima, estudios, conducta y conflictos de convivencia.
Ver atención adolescente→Los síntomas no siempre pertenecen a una sola categoría
La ansiedad puede afectar al sueño y al estado de ánimo; una ruptura puede alterar la autoestima y la alimentación; una dificultad sexual puede generar conflicto de pareja. La evaluación ayuda a decidir qué trabajar primero.
Qué ocurre, con qué intensidad, frecuencia y desde cuándo.
Cómo afecta al trabajo, relaciones, sueño, salud, estudios o autonomía.
Evitación, hábitos, interpretaciones, entorno, experiencias y respuestas relacionales.
Evaluar antes de intervenir permite trabajar con mayor dirección
La primera fase no busca etiquetar rápidamente. Busca comprender el problema, descartar necesidades complementarias y acordar objetivos útiles para la vida cotidiana.
Solicitar orientación→Exploramos síntomas, historia, relaciones, cambios recientes y necesidades.
Organizamos la información para comprender qué activa y mantiene el malestar.
Acordamos qué necesita atención primero y qué cambios se buscan.
Valoramos avances, obstáculos y ajustes en el plan o la frecuencia.
Empieza por aquello que más interfiere en tu vida
Lo que más te preocupa
El síntoma que genera más miedo, sufrimiento o urgencia suele ser un buen punto de partida.
Lo que más limita
Trabajo, descanso, relaciones, autonomía o actividades que has dejado de realizar.
Lo que más deseas cambiar
Una meta concreta ayuda a transformar una sensación general de malestar en objetivos observables.