El vértigo
Un ataque de pánico es aterrador, pero no es peligroso. Tu cuerpo dispara una alarma de emergencia —el corazón se acelera, falta el aire, todo da vueltas— y tu mente lo interpreta como una catástrofe. Ahí nace el círculo. Este recurso te enseña a entender esas sensaciones, a perderles el miedo y a recuperar los lugares que el pánico te fue quitando. Con base en la terapia con más evidencia para el pánico.
100% privado: todo se queda solo en este dispositivoEl círculo del pánico
El pánico se alimenta a sí mismo: una sensación corporal normal se interpreta como peligro, eso dispara más alarma, que produce más sensaciones… Verlo girar es el primer paso para pararlo. Pulsa «girar» para seguir el círculo.
¿Dónde lo notas en el cuerpo?
Toca una zona y descubre qué está pasando de verdad ahí (y por qué no es peligroso).
Toca un punto del cuerpo para ver qué ocurre en esa zona durante el pánico… y por qué tu cuerpo está haciendo justo lo que debe.
Desmonta la catástrofe
El pánico convierte «me late fuerte el corazón» en «me va a dar un infarto». Vamos a poner esa catástrofe sobre la mesa, mirar las pruebas y escribir una explicación más realista. Con la práctica, tu mente elige la explicación calmada por su cuenta.
Pierde el miedo a las sensaciones
Esta es la parte más poderosa —y la que más miedo da—. Provocar a propósito las sensaciones del pánico, en pequeño y a salvo, le enseña a tu cerebro que no son peligrosas. Elige un ejercicio, hazlo mientras corre el tiempo, y comprueba: la catástrofe no llega. Repítelo hasta que la sensación te dé igual.
Recupera tu vida (agorafobia)
El pánico va cerrando el mundo: dejas de coger el metro, de ir a sitios llenos, de alejarte de casa. Aquí anotas esos lugares que evitas con su nivel de dificultad, para ir recuperándolos poco a poco, de menor a mayor.
Tu progreso
Con cada ejercicio, el miedo a las sensaciones va bajando y la catástrofe pierde credibilidad. Aquí lo ves con tus propios datos.
Tu malestar ante las sensaciones baja con la práctica
El pánico miente, y se le puede desmontar la mentira
Un ataque de pánico es una falsa alarma: el sistema de defensa de tu cuerpo —el mismo que te salvaría si hubiera un peligro real— se dispara sin que haya ningún peligro. Por eso notas el corazón desbocado (tu cuerpo se prepara para correr), la respiración agitada (coge más oxígeno), el mareo (por respirar de más), el hormigueo, la irrealidad. Todo eso es incómodo, intenso… y completamente inofensivo. El problema no son las sensaciones: es la interpretación catastrófica que hacemos de ellas —«me muero», «me vuelvo loco», «pierdo el control»—, porque ese pensamiento echa más gasolina al fuego y cierra el círculo. La buena noticia es que la terapia cognitivo-conductual para el pánico es de las más eficaces que existen en toda la psicología, con tasas de mejora muy altas. Y funciona precisamente por lo que hace este recurso: entender qué son las sensaciones, desmontar la catástrofe con pruebas, y —lo más importante— exponerte a propósito a esas sensaciones hasta que dejan de darte miedo. Porque cuando ya no temes al pánico, el pánico se queda sin combustible.
El círculo
Ves cómo una sensación normal se convierte en alarma… y cómo romperlo.
La catástrofe
Desmontas «me va a dar algo» con pruebas y una explicación realista.
Perder el miedo
Provocas las sensaciones a salvo para que tu cerebro aprenda que no son peligrosas.
Recuperar tu vida
Vuelves poco a poco a los lugares que el pánico te fue quitando.
Cómo usar el recurso
Entiende el círculo
Mira cómo se alimenta el pánico y descubre qué hace de verdad tu cuerpo.
Desmonta la catástrofe
Pon tu miedo sobre la mesa y escribe una explicación realista de las sensaciones.
Pierde el miedo
Provoca las sensaciones con ejercicios seguros. Comprueba que no pasa nada malo.
Recupera y repite
Vuelve a los lugares que evitas y repite hasta que el pánico deje de mandar.
El pánico se supera, y más rápido de lo que crees
La terapia para el pánico y la agorafobia es breve y muy eficaz. Un psicólogo te guía para hacer la exposición con seguridad y recuperar tu vida. En la Clínica Pérez Vieco te acompañamos. En Valencia y también online.