Neuropsicología · Interactivo

Los seis dominios cognitivos

Cuando decimos que alguien «piensa», en realidad su cerebro está haciendo muchas cosas distintas a la vez: prestar atención, recordar, planificar, hablar, moverse con precisión y entender a los demás. La neuropsicología moderna ordena todo eso en seis grandes dominios cognitivos, el mismo mapa que usa un profesional para evaluar cómo funciona una mente. Aquí puedes recorrerlos uno a uno: qué es cada dominio, para qué lo usas cada día, sus señales de alarma y con qué se relaciona.

100% privado: todo se queda solo en este dispositivo
iUn marco con respaldo: estos seis dominios son los que define el DSM-5, el manual diagnóstico de referencia internacional, y son la estructura sobre la que se organiza una evaluación neuropsicológica. No son cajones estancos — se apoyan unos en otros—, pero como mapa para entender de qué está hecha la mente, es el mejor que tenemos.
Atención F. ejecutiva Memoria Lenguaje Percep-motor Cognición social Tu cognición 6 dominios
Toca un dominio de la rueda para explorarlo

Toca cualquiera de los seis dominios en la rueda para descubrir qué hace, sus señales de alarma y cómo se explora.

Importante: esto no es un test diagnóstico. Es un autochequeo psicoeducativo para ayudarte a poner palabras a lo que notas y a entender los dominios desde tu experiencia. Marca, para cada frase, con qué frecuencia te pasa últimamente. Al final verás un perfil orientativo —nunca un diagnóstico—.
iLee esto antes que nada: este perfil refleja solo cómo te has visto tú al responder, no cómo funciona de verdad tu cognición. Muchas cosas cotidianas —estrés, poco sueño, ansiedad, estado de ánimo, preocupaciones— afectan a estos dominios sin que haya ningún problema neurológico. Solo una evaluación neuropsicológica con pruebas estandarizadas puede decir algo real sobre tu cognición. Si algo te preocupa, llévalo a un profesional.

Las seis piezas de tu mente

Solemos hablar de la inteligencia o de la memoria como si fueran una sola cosa, un depósito que se tiene más o menos lleno. La realidad es mucho más interesante: lo que llamamos pensar es el trabajo coordinado de varios sistemas distintos, cada uno especializado en algo, y la neuropsicología ha aprendido a distinguirlos. El manual diagnóstico de referencia, el DSM-5, ordena la cognición en seis grandes dominios. El primero es la atención compleja, la capacidad de sostener el foco, filtrar lo que distrae y manejar información bajo presión de tiempo; es la puerta de entrada, porque sin atención nada más funciona bien. El segundo es la función ejecutiva, el director de orquesta que planifica, decide, organiza y frena los impulsos para dirigir la conducta hacia una meta. El tercero es el aprendizaje y la memoria, que codifica las experiencias nuevas y permite recuperarlas después. El cuarto es el lenguaje, que produce y comprende las palabras, habladas y escritas. El quinto es la función perceptivo-motora, que coordina lo que vemos y percibimos con el movimiento, y nos permite orientarnos en el espacio y manipular el mundo. Y el sexto, incorporado precisamente en el DSM-5 por su enorme importancia, es la cognición social: la capacidad de reconocer emociones, entender lo que piensan y sienten los demás y comportarnos de forma adecuada con ellos. Esta forma de dividir la mente no es un capricho académico: reemplazó a categorías más antiguas y vagas justamente porque encaja mejor con cómo está organizado el cerebro. Y tiene una consecuencia clínica preciosa. Como el daño cerebral no afecta a la capacidad de pensar en general, sino a sistemas concretos, el patrón de qué dominios están tocados y cuáles conservados ayuda a identificar qué está pasando: la memoria y las funciones ejecutivas suelen ser lo primero que falla en las demencias más frecuentes, mientras que otras enfermedades golpean antes el lenguaje o la cognición social. Por eso una evaluación neuropsicológica no mide un número global, sino que explora los seis dominios uno por uno, dibujando un perfil de fortalezas y debilidades. Ese perfil es oro para entender a una persona, orientar un diagnóstico y diseñar una rehabilitación. Conocer estos seis dominios te da un vocabulario nuevo para tu propia mente: te permite pasar de un vago «me falla la cabeza» a un «me cuesta sostener la atención cuando hay ruido» o «me lío al planificar varias cosas a la vez», que es justo el tipo de precisión desde la que se puede empezar a ayudar.

Recórrelos

Toca cada dominio de la rueda y entiende qué hace.

Ponles palabras

El autochequeo te ayuda a nombrar lo que notas.

Con cabeza

Orienta, no diagnostica. Eso lo hace un profesional.

Y actúa

Si algo preocupa, el siguiente paso es evaluarlo bien.

Para profesionales Recurso psicoeducativo interactivo estructurado sobre los seis dominios neurocognitivos del DSM-5 (atención compleja, función ejecutiva, aprendizaje y memoria, lenguaje, perceptivo-motor y cognición social) con sus subdominios, correlatos de alteración y métodos de exploración orientativos. Concebido como pieza integradora de la batería de neuropsicología, articula el nivel anatómico (atlas), el de entrenamiento y el de cribado bajo un marco común. El autochequeo es explícitamente un instrumento de reflexión psicoeducativa, no un test: no puntúa contra baremos, no diagnostica y advierte del papel de factores anímicos, ansiosos y de fatiga sobre el rendimiento subjetivo. Coherente con el DSM-5, que prioriza los tests neuropsicológicos formales y estandarizados (ajustados por edad, escolaridad, idioma y cultura) sobre los cribados breves, y recuerda que el patrón diferencial de dominios afectados/preservados orienta la etiología (p. ej., perfil amnésico-ejecutivo en EA típica frente a afectación temprana de lenguaje o cognición social en DFT). Material de apoyo y docencia, no sustituye la exploración neuropsicológica. Creación original de la Clínica Pérez-Vieco.
i Este recurso es divulgativo y de autoconocimiento; el autochequeo no mide tu cognición ni diagnostica nada. El rendimiento cognitivo que notas en el día a día depende muchísimo del sueño, el estrés, la ansiedad y el estado de ánimo, que pueden imitar dificultades sin que exista ningún problema neurológico. Si te preocupa tu memoria, tu atención o tu forma de pensar —o las de un familiar—, el paso correcto es una evaluación neuropsicológica con un profesional; en la Clínica Pérez-Vieco podemos ayudarte. Ante síntomas neurológicos de aparición brusca, 112.

De conocer los dominios a evaluarlos

Entender de qué está hecha tu mente es el primer paso; medir cómo funciona cada dominio y qué se puede hacer es el trabajo de la evaluación neuropsicológica. En la Clínica Pérez-Vieco la realizamos con rigor y cercanía, para pacientes y familias. En Valencia y online.