La encrucijada
Llevas semanas dándole vueltas a la misma decisión. Cuanto más la analizas, menos claro lo tienes. No es que te falte información, ni que seas incapaz de decidir: es un patrón muy estudiado, con un mecanismo conocido y, sobre todo, con salida. Descubre qué versión concreta de este patrón es la tuya, y aplica un método real a la decisión que tienes atascada ahora mismo.
100% privado: lo que escribas se queda solo en tu dispositivoNo es falta de carácter, es un patrón
El bloqueo decisional tiene un ciclo reconocible, y entenderlo es el primer paso para salir de él.
La investigación sobre toma de decisiones lleva más de veinte años documentando este patrón. Barry Schwartz distinguió entre dos formas de decidir: las personas «maximizadoras», que buscan siempre la mejor opción posible, y las «satisfactoras», que eligen la primera opción que cumple sus criterios. Los estudios muestran, de forma consistente, que las maximizadoras reportan menos felicidad, menos autoestima y más arrepentimiento que las satisfactoras, pese a invertir mucho más tiempo y esfuerzo en decidir.
Un experimento clásico lo ilustra bien: cuando a un grupo de compradores se les ofrecían 24 sabores de mermelada para probar, solo un 3% acababa comprando alguno. Cuando se les ofrecían 6 sabores, compraba un 30%. Más opciones no llevaron a mejores decisiones: llevaron a menos decisiones.
¿Cuál es tu versión de este patrón?
No todo el mundo se atasca por lo mismo. Responde a estas preguntas pensando en cómo sueles decidir.
Aplícalo a tu decisión real
Piensa en la decisión que tienes atascada ahora mismo, y responde con sinceridad.
Tu plan para esta decisión
Cuando buscar más información empeora las cosas
Suena contraintuitivo, pero la investigación más reciente lo respalda: cuando cuesta tolerar la incertidumbre, es habitual recurrir a buscar más y más información, pedir opinión a mucha gente, o posponer para «investigar un poco más». Un estudio reciente que siguió a personas en su vida real, momento a momento, encontró que estas conductas —pensadas para sentirse más seguro— predicen justamente más indecisión, no menos. Funcionan como los rituales de comprobación en la ansiedad: alivian un momento, pero mantienen viva la sensación de que nunca hay suficiente certeza para decidir.
Ponle un presupuesto a la búsqueda
Antes de investigar, decide cuánto tiempo o cuántas fuentes vas a consultar. Cuando se acabe el presupuesto, decides con lo que tienes.
Separa reversible de irreversible
Si se puede deshacer, el coste de una decisión imperfecta es mucho menor de lo que parece en el momento.
Define «suficientemente bueno» antes de mirar opciones
Fijar tus criterios mínimos antes de buscar evita que la lista de opciones infle tus expectativas sobre la marcha.
Pregúntate qué harías si no pudieras arrepentirte
El miedo al arrepentimiento futuro suele pesar más en la decisión que las consecuencias reales de cada opción.
Por qué más opciones no siempre ayudan
Durante mucho tiempo se asumió, casi sin cuestionarlo, que tener más opciones era siempre mejor: más información, más alternativas, más libertad para elegir la mejor. La investigación en psicología de la decisión ha ido matizando bastante esa idea. El psicólogo Barry Schwartz, en su trabajo sobre lo que llamó la paradoja de la elección, mostró que a partir de cierto punto, aumentar el número de opciones disponibles no mejora la calidad de las decisiones que tomamos: las empeora, o directamente impide que se tomen. Un experimento ya clásico lo puso a prueba de forma muy directa, ofreciendo a compradores reales una selección de seis mermeladas o de veinticuatro; con veinticuatro opciones, la gente se paraba más a mirar, pero compraba muchísimo menos que con solo seis. El mismo equipo, junto con otros investigadores, describió también una distinción muy útil entre dos estilos de decidir: las personas maximizadoras, que buscan de forma sistemática la mejor opción posible entre todas las disponibles, y las satisfactoras, que se conforman con la primera opción que cumple sus criterios razonables. De forma sorprendente para la intuición, quienes maximizan no acaban más satisfechas con sus decisiones, sino menos: los estudios encuentran de forma consistente que las personas maximizadoras reportan menor felicidad, menor autoestima y más arrepentimiento que las satisfactoras, a pesar de invertir mucho más tiempo y esfuerzo en decidir bien. Una investigación más reciente, que siguió a personas en su día a día real en vez de en un laboratorio, ha añadido una pieza más al rompecabezas, y quizás la más importante desde un punto de vista clínico: la intolerancia a la incertidumbre, la dificultad para tolerar no saber con certeza cómo saldrán las cosas, no solo predice la indecisión en sí misma, sino también ciertas conductas que parecen ayudar mientras se hacen, pero que a largo plazo mantienen el problema. Buscar información de forma excesiva, pedir opinión a muchas personas distintas, o posponer una decisión con la excusa de investigar un poco más, funcionan psicológicamente de un modo muy parecido a los rituales de comprobación que aparecen en los trastornos de ansiedad: alivian la incomodidad en el momento, pero refuerzan la idea de que la certeza total es necesaria antes de poder actuar, cuando en realidad casi ninguna decisión importante de la vida se toma con esa certeza. Entender este mecanismo no vuelve la decisión más fácil de un día para otro, pero sí cambia la pregunta que conviene hacerse: no «¿cómo consigo estar completamente seguro?», sino «¿qué es, de verdad, suficientemente bueno para mí?».
Cuando decidir se vuelve imposible
Si la indecisión te acompaña en muchas áreas de tu vida y te genera un malestar de fondo, se puede trabajar. En la Clínica Pérez-Vieco te ayudamos a encontrar tu propio criterio. En Valencia y online.