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El escudo familiar
Nadie empieza de cero. Todos heredamos un blasón
Un escudo de armas se hereda sin haberlo elegido, se divide en cuarteles y cada cuartel cuenta de dónde vienes. Con las familias pasa igual: traes reglas sobre cómo se quiere, cómo se discute, qué se hace con el cuerpo y qué no se nombra. Este recurso te ayuda a dibujar el tuyo y, sobre todo, a ver qué partes sigues llevando puestas.
Guía de uso en PDF
Cómo rellenar los cuatro cuarteles, qué significa cada resultado y cómo enviármelo. Cinco páginas, para leer una vez y tener a mano.
Documento elaborado por Sergio Pérez Serer, Psicólogo General Sanitario colegiado CV07113. Edición de septiembre de 2026.
Repetir no es el único modo de estar atado
Es lo que más sorprende de este trabajo. Mucha gente llega diciendo «yo no me parezco nada a mis padres», y tiene razón en los hechos. Pero hacer exactamente lo contrario tampoco es libertad: sigue siendo la familia la que decide, solo que en negativo.
Haces lo mismo
En tu casa no se hablaba de lo que dolía, y tú tampoco hablas. El patrón pasa entero, muchas veces sin haberlo decidido y sin darte cuenta hasta que alguien te lo señala.
Haces lo contrario
En tu casa no se hablaba, y tú lo cuentas todo, siempre, a todo el mundo. Parece lo opuesto, pero la referencia sigue siendo la misma: sigues respondiendo a lo que pasó allí.
Decides según el caso
A veces hablas y a veces no, según con quién y según qué. Esto sí es distinto, porque el criterio ya no es la familia: eres tú, la situación y lo que quieres construir.
Los cuatro cuarteles
En cada frase valoras dos cosas: cómo era en la familia donde creciste y cómo es en ti ahora. La diferencia entre ambas es lo que revela el patrón. Puedes hacerlo por partes: se guarda solo en tu dispositivo.
I El afecto: cómo se quería en tu casa
Cómo se demostraba el cariño, si se decía en voz alta o se daba por supuesto, y qué se hacía cuando alguien lo estaba pasando mal.
Cuando actúas así con el afecto, ¿lo eliges o te sale solo?
II El conflicto: cómo se discutía
Qué pasaba cuando había desacuerdo: si se levantaba la voz, si alguien se iba, si se dejaba de hablar durante días, o si simplemente no se discutía nunca.
Cuando actúas así en un conflicto, ¿lo eliges o te sale solo?
III El cuerpo: pudor, salud y sexualidad
Qué lugar tenía el cuerpo en tu casa: si se hablaba de él, cómo se trataban el pudor y la desnudez, qué se decía del aspecto físico y si la sexualidad existía como tema o no.
Cuando actúas así con tu cuerpo o tu sexualidad, ¿lo eliges o te sale solo?
IV Los secretos: lo que no se nombraba
Lo que todo el mundo sabía y nadie decía. Las cosas que se contaban a medias, las personas de las que no se hablaba y los temas que hacían que la conversación cambiara de rumbo.
Cuando gestionas así lo que te incomoda, ¿lo eliges o te sale solo?
El lema del escudo
Todo blasón lleva una frase debajo. En las familias también la hay: una frase que se repetía y que, treinta años después, sigue funcionando como norma aunque ya nadie la diga en voz alta.
Mapa de tres generaciones
Una versión sencilla del genograma, que es el instrumento estándar de evaluación familiar. Añade a las personas que importan, una palabra que las defina y cómo era tu relación con cada una. Verás el mapa dibujado debajo.
Tu mapa familiar
Qué hacer con esto
Tener el escudo dibujado no cambia nada por sí solo. Lo que cambia las cosas es lo que se hace después, y conviene hacerlo en este orden.
Nombrar sin juzgar
Identificar un patrón no es acusar a nadie. Tus padres también heredaron el suyo y trabajaron con lo que tenían. El objetivo no es repartir culpas hacia atrás, sino entender qué llevas puesto.
Elegir uno solo
Intentar cambiar los cuatro cuarteles a la vez no funciona. Coge el que más te esté costando ahora mismo y trabaja solo ese durante unas semanas.
Probar en pequeño
Un ensayo concreto, en una situación concreta. No «voy a comunicarme mejor», sino «esta semana, cuando me moleste algo con mi pareja, lo digo el mismo día».
Preguntas frecuentes
¿Esto es echarle la culpa a mis padres?
No, y si el recurso acaba en ese sitio se ha usado mal. Identificar de dónde viene un patrón sirve para poder decidir sobre él, no para tener a quién reprochárselo. Tus padres heredaron su propio escudo y trabajaron con las herramientas que tenían, igual que tú lo estás haciendo ahora.
Dicho esto, entender no obliga a justificar. Hay cosas que estuvieron mal y nombrarlas también forma parte del trabajo.
Yo no me parezco nada a mi familia.
Puede ser cierto en la conducta y aun así estar respondiendo a ellos. Si en tu casa nadie hablaba de sentimientos y tú lo cuentas todo siempre, la referencia sigue siendo la misma: haces lo contrario de aquello. La prueba está en la pregunta de cada cuartel, la que distingue entre elegirlo y que te salga solo.
Cuando algo se elige, cambia según la situación y la persona. Cuando es una reacción, sale igual siempre, y eso es lo que delata que sigue mandando el patrón.
¿Y si no conocí a parte de mi familia?
Es más frecuente de lo que parece y también es información. Las ausencias, los cortes de relación y las personas de las que no se hablaba dejan huella, a veces más que las presencias. En el mapa puedes marcarlas como «no llegué a conocerla» o «rota o sin contacto», y esa marca cuenta.
¿Qué es un genograma?
Es el instrumento estándar de evaluación en terapia familiar. Consiste en un mapa gráfico de al menos tres generaciones que recoge quién es quién, qué relaciones había entre ellos y qué acontecimientos importantes ocurrieron. Se usa desde hace décadas porque permite ver de un vistazo cosas que en el relato hablado pasan desapercibidas.
El mapa de este recurso es una versión simplificada, pensada para poder rellenarse desde el móvil. Uno completo se hace en consulta.
He salido con mucha «repetición». ¿Es malo?
No necesariamente. Hay patrones familiares que funcionan bien y que conviene conservar: familias donde se pedía ayuda sin vergüenza, donde el conflicto se resolvía hablando o donde el cuerpo se trataba con naturalidad. Repetir eso es una suerte.
Lo que importa no es la etiqueta, sino si el patrón te está sirviendo hoy. Un mismo patrón puede ser útil en un contexto y un problema en otro.
¿Puedo llevarlo a consulta?
Sí, y es lo recomendable. Puedes imprimirlo o enviártelo por correo desde los botones correspondientes. Llegar con el escudo hecho ahorra buena parte de la evaluación inicial y permite empezar a trabajar sobre material concreto en lugar de sobre generalidades.
En qué se apoya
Este recurso adapta conceptos de la terapia familiar sistémica. Sus límites están declarados abajo, y conviene leerlos.