Falta de deseo sexual por ansiedad: causas y soluciones

Falta de deseo sexual por ansiedad y estrés: cuando la presión apaga el deseo

La falta de deseo sexual puede generar desconcierto, preocupación y numerosos interrogantes. Algunas personas sienten que han dejado de reconocer su propia sexualidad. Otras temen que la disminución del deseo signifique que ya no quieren a su pareja, que la relación está deteriorándose o que existe algún problema físico importante.

Sin embargo, el deseo sexual no funciona como un interruptor que permanece siempre encendido. Es una experiencia compleja y cambiante, influida por el estado emocional, el cansancio, la salud, la relación de pareja, la imagen corporal, las experiencias previas y el contexto en el que se produce la intimidad.

El estrés y la ansiedad pueden ocupar tanto espacio mental y corporal que resulta difícil conectar con el placer. En estos casos, no siempre se ha perdido la capacidad de desear. En ocasiones, el deseo ha quedado escondido bajo la presión, la preocupación y la necesidad de comprobar constantemente si aparece.

¿El estrés puede disminuir el deseo sexual?

Sí. El estrés sostenido puede afectar significativamente a la vida sexual.

Cuando una persona atraviesa una etapa de elevada exigencia laboral, preocupaciones familiares, problemas económicos, falta de descanso o conflictos personales, su organismo puede permanecer en un estado de alerta casi continuo.

La sexualidad suele necesitar unas condiciones diferentes: seguridad, disponibilidad emocional, atención a las sensaciones corporales y cierta capacidad para abandonar temporalmente el control. Cuando la mente continúa revisando problemas, anticipando amenazas o repasando obligaciones, conectar con el deseo puede resultar mucho más difícil.

Esto no significa que todas las personas reaccionen igual. Algunas pueden buscar más contacto sexual en momentos de estrés porque lo experimentan como una forma de conexión o regulación emocional. Otras, en cambio, perciben una reducción clara del interés sexual.

Ninguna de estas respuestas permite juzgar cuánto se quiere a la pareja ni determina por sí sola la calidad de la relación.

Ansiedad y sexualidad: el cuerpo no siempre puede relajarse por obligación

La ansiedad no se manifiesta únicamente a través de pensamientos. También puede aparecer en el cuerpo mediante tensión muscular, respiración superficial, inquietud, cansancio, molestias digestivas o dificultad para concentrarse.

En el terreno sexual, puede provocar:

  • Dificultad para conectar con la excitación.
  • Menor lubricación o problemas de erección.
  • Sensación de estar observándose desde fuera.
  • Preocupación por satisfacer a la pareja.
  • Miedo a no responder sexualmente.
  • Dificultades para alcanzar el orgasmo.
  • Evitación de los encuentros íntimos.
  • Pérdida de espontaneidad.
  • Sensación de que el sexo se ha convertido en una prueba.

Cuanto más intenta una persona controlar su respuesta sexual, más difícil puede resultar abandonarse a la experiencia. El encuentro deja de vivirse como un espacio de conexión y comienza a sentirse como una situación en la que debe demostrar que todo funciona correctamente.

El círculo de la ansiedad sexual

Muchas dificultades sexuales se mantienen mediante un círculo de preocupación y comprobación.

La persona puede pensar:

“¿Tendré ganas esta vez?”

“¿Conseguiré excitarme?”

“¿Se dará cuenta mi pareja de que no estoy respondiendo?”

“¿Y si vuelvo a bloquearme?”

“¿Por qué antes podía disfrutar y ahora no?”

Estas preguntas hacen que la atención se aleje de las sensaciones agradables y se dirija hacia la evaluación del propio rendimiento. En lugar de percibir el contacto, la respiración, la cercanía o el placer, la persona analiza continuamente lo que está ocurriendo.

El ciclo suele desarrollarse así:

Preocupación → autoobservación → menor conexión corporal → frustración → evitación → mayor preocupación.

La evitación puede proporcionar alivio a corto plazo. Si no hay encuentro sexual, tampoco existe el riesgo de sentir que se ha fracasado. Sin embargo, con el tiempo puede aumentar la distancia, la inseguridad y el temor a retomar la intimidad.

Deseo espontáneo y deseo responsivo: no todas las ganas aparecen antes del contacto

Una de las ideas que más sufrimiento genera es creer que el deseo siempre debería aparecer de manera espontánea, intensa e inmediata.

El deseo espontáneo es aquel que surge aparentemente sin estímulos previos. Puede aparecer como una fantasía, una iniciativa o unas ganas claras de mantener un encuentro sexual.

El deseo responsivo, en cambio, puede surgir después de comenzar una experiencia agradable: una conversación íntima, una caricia, un momento de cercanía, un masaje o un contacto que se vive sin presión.

Esto no significa que una persona deba acceder a mantener relaciones sin querer. Tampoco significa que tenga que forzarse para comprobar si el deseo aparece. Significa que no todas las personas ni todas las etapas vitales responden al modelo de “primero tengo ganas y después me acerco”.

En relaciones de larga duración, épocas de crianza, etapas de estrés o momentos de cambios físicos y emocionales, el deseo puede depender más del contexto, de la conexión y de la calidad del encuentro.

Comprender esta diferencia permite dejar de interpretar la ausencia de deseo espontáneo como una prueba automática de desamor o disfunción.

¿La falta de deseo significa que ya no quiero a mi pareja?

No necesariamente.

El afecto, el compromiso, la atracción y el deseo sexual están relacionados, pero no son exactamente lo mismo. Es posible querer profundamente a una persona y atravesar una etapa de menor interés sexual.

La falta de deseo puede estar vinculada a:

  • Estrés o agotamiento.
  • Ansiedad o estado de ánimo bajo.
  • Conflictos de pareja no resueltos.
  • Falta de intimidad emocional.
  • Dolor durante las relaciones.
  • Cambios hormonales o médicos.
  • Efectos secundarios de determinados medicamentos.
  • Insatisfacción con la propia imagen corporal.
  • Experiencias sexuales negativas.
  • Rutinas sexuales poco satisfactorias.
  • Presión por responder o cumplir.
  • Diferencias de deseo dentro de la pareja.
  • Falta de privacidad o tiempo personal.

Por eso, conviene evitar conclusiones precipitadas. El deseo puede estar disminuyendo por múltiples factores y requiere una valoración individualizada.

Cuando la presión por tener deseo produce todavía menos deseo

En muchas parejas, la preocupación por la frecuencia sexual termina convirtiéndose en una fuente adicional de tensión.

Una persona puede sentirse rechazada y comenzar a solicitar explicaciones, buscar señales de desamor o insistir en mantener encuentros. La otra puede sentirse culpable, examinada o responsable del bienestar emocional de su pareja.

A partir de ahí, cualquier gesto de afecto puede interpretarse como el inicio de una relación sexual. Esto puede hacer que quien tiene menos deseo evite también los abrazos, los besos o las caricias para no generar expectativas.

Poco a poco, la pareja pierde no solo el contacto sexual, sino también otras formas de intimidad.

La presión no siempre se expresa mediante una exigencia directa. También puede aparecer a través de silencios, enfado, distancia, comparaciones con el pasado o comentarios como:

“Antes nunca teníamos este problema.”

“Ya no te atraigo.”

“Siempre tengo que iniciar yo.”

“Parece que somos compañeros de piso.”

Aunque estas frases suelen expresar dolor y necesidad de conexión, pueden aumentar la sensación de obligación. Y el deseo difícilmente crece cuando la intimidad se vive como una deuda.

Relaciones sexuales por obligación: por qué pueden empeorar el problema

Mantener relaciones sexuales únicamente para evitar un conflicto, tranquilizar a la pareja o cumplir con una frecuencia considerada normal puede tener consecuencias negativas.

La persona puede desconectarse de sus sensaciones, fingir placer o esperar a que el encuentro termine cuanto antes. Si esta dinámica se repite, el cuerpo puede comenzar a asociar la intimidad con presión, incomodidad o pérdida de control.

Acceder a un encuentro desde la libertad no es lo mismo que acceder desde el miedo, la culpa o la obligación.

Por eso, recuperar el deseo no consiste en imponer una frecuencia sexual. El objetivo es construir condiciones en las que el contacto pueda volver a sentirse seguro, agradable y elegido.

Qué puede ayudar a recuperar la conexión sexual

No existe una única solución válida para todas las personas. Sin embargo, algunas orientaciones pueden ayudar a comprender y modificar la situación.

1. Reducir la vigilancia sobre el deseo

Preguntarse constantemente si han aparecido las ganas aumenta la presión. En lugar de comprobar el nivel de deseo, puede ser más útil observar qué situaciones favorecen la calma, la curiosidad, la cercanía y el bienestar corporal.

2. Ampliar el significado de la intimidad

La intimidad no se limita a la penetración ni debe seguir siempre una secuencia fija. Los besos, las caricias, la conversación, el contacto piel con piel, el masaje o el juego pueden tener valor por sí mismos.

Cuando todo acercamiento debe terminar necesariamente en una práctica concreta, el contacto puede dejar de sentirse libre.

3. Hablar sin buscar culpables

Una conversación útil no comienza con acusaciones, sino con la expresión de necesidades y emociones.

En lugar de decir “nunca tienes ganas”, puede resultar más constructivo expresar: “Echo de menos sentirnos cerca y me gustaría que pudiéramos hablar de cómo estamos viviendo nuestra intimidad”.

4. Revisar el cansancio y la distribución de responsabilidades

El deseo necesita espacio. Cuando una persona soporta una carga mental constante o se siente agotada, pedirle que simplemente se relaje puede resultar insuficiente.

Revisar horarios, descanso, tareas domésticas, cuidados y tiempo personal también puede formar parte del abordaje de una dificultad sexual.

5. Identificar el tipo de contacto que resulta agradable

No siempre existe una falta global de deseo. A veces ha disminuido el interés por una forma concreta de relacionarse sexualmente.

Puede ser útil preguntarse:

  • ¿Qué tipo de contacto me hace sentir cómodo o cómoda?
  • ¿En qué momentos resulta más fácil conectar?
  • ¿Qué situaciones generan presión?
  • ¿Puedo expresar lo que me gusta y lo que no?
  • ¿Siento que puedo detener el encuentro sin provocar un conflicto?
  • ¿Hay dolor, molestias o miedo a que aparezcan?

6. Dejar de perseguir el rendimiento

La excitación y el orgasmo no deberían convertirse en obligaciones. Centrar toda la experiencia en alcanzar una respuesta concreta puede aumentar la ansiedad y reducir el placer.

El objetivo no es demostrar que el cuerpo funciona, sino aprender a estar presente en la experiencia.

7. Valorar factores físicos y médicos

La disminución del deseo también puede relacionarse con alteraciones hormonales, enfermedades, dolor, problemas de sueño, consumo de sustancias o determinados tratamientos farmacológicos.

Cuando el cambio es repentino, persistente o aparece junto a otros síntomas, puede ser recomendable realizar una valoración médica.

No se deben suspender medicamentos por cuenta propia. Si existe la sospecha de que un tratamiento está afectando a la sexualidad, conviene consultarlo con el profesional que lo ha indicado.

¿Cuándo conviene acudir a terapia sexual?

No es necesario esperar a que la situación se vuelva insostenible.

Puede ser recomendable consultar con un profesional de la sexología clínica cuando:

  • La falta de deseo genera malestar personal.
  • Existe miedo o evitación de los encuentros.
  • La sexualidad se vive como una obligación.
  • Aparecen discusiones frecuentes en la pareja.
  • Hay dificultades de excitación, erección, lubricación u orgasmo.
  • Se experimenta dolor durante las relaciones.
  • La preocupación ocupa gran parte del tiempo.
  • Existe una diferencia de deseo difícil de gestionar.
  • La persona siente vergüenza, culpa o rechazo hacia su cuerpo.
  • Se ha perdido la comunicación sobre sexualidad.
  • El problema se mantiene y no mejora con el tiempo.

La terapia sexual no se limita a proporcionar técnicas. También permite comprender qué factores están influyendo en el deseo, reducir la ansiedad, revisar creencias, mejorar la comunicación y recuperar una relación más segura con el propio cuerpo y con la intimidad.

Cuando la dificultad está vinculada a conflictos relacionales, puede ser conveniente combinar la sexología clínica con la terapia de pareja.

¿Cómo se trabaja la falta de deseo en sexología clínica?

El tratamiento comienza con una evaluación individualizada. No todas las disminuciones del deseo tienen el mismo origen ni necesitan la misma intervención.

Durante el proceso pueden explorarse:

  • El momento en que comenzó la dificultad.
  • La relación con el propio cuerpo.
  • La historia afectiva y sexual.
  • La presencia de ansiedad o estrés.
  • Las experiencias de dolor o incomodidad.
  • Las expectativas sobre cómo debería funcionar el deseo.
  • La comunicación y la dinámica de pareja.
  • Los factores médicos o farmacológicos.
  • Las prácticas sexuales y el grado de satisfacción.
  • La capacidad para establecer límites y expresar preferencias.

A partir de esta valoración, se plantean objetivos adaptados a cada persona o pareja. El tratamiento puede incluir educación sexual, trabajo con pensamientos anticipatorios, reducción de la autoobservación, reconexión corporal, comunicación íntima y ejercicios terapéuticos progresivos.

El propósito no es obligar a sentir deseo, sino comprender qué lo está bloqueando y favorecer las condiciones necesarias para que la sexualidad pueda volver a vivirse desde la libertad, la seguridad y el placer.

Recuperar el deseo no significa volver exactamente al pasado

Muchas personas desean recuperar la sexualidad que tenían al principio de la relación. Sin embargo, la vida cambia: cambian el cuerpo, las responsabilidades, las necesidades y la forma de relacionarse.

En lugar de intentar reproducir una etapa anterior, puede ser más útil construir una sexualidad adecuada al momento actual.

Esto implica abandonar algunas expectativas, descubrir nuevas formas de intimidad y aceptar que el deseo puede necesitar más tiempo, contexto y comunicación que antes.

La sexualidad no tiene por qué desaparecer porque haya cambiado. Puede transformarse.

Preguntas frecuentes sobre la falta de deseo sexual

¿Es normal perder el deseo durante una etapa de estrés?

Es relativamente frecuente que el deseo disminuya durante periodos de estrés, falta de sueño, sobrecarga o preocupación. Si la situación se mantiene, genera sufrimiento o afecta a la relación, conviene valorar qué factores están interviniendo.

¿La ansiedad puede eliminar completamente las ganas de mantener relaciones?

La ansiedad puede dificultar notablemente la conexión con el deseo y la excitación. La persona puede seguir sintiendo afecto y atracción, pero encontrarse demasiado preocupada o activada para disfrutar de la intimidad.

¿Debo mantener relaciones aunque no tenga ganas?

Nadie debería sentirse obligado a participar en una relación sexual. Puede existir una disposición abierta a explorar el contacto, pero debe poder expresarse un límite o detener el encuentro en cualquier momento sin miedo, presión ni consecuencias emocionales.

¿La diferencia de deseo significa que somos incompatibles?

No necesariamente. Es habitual que los miembros de una pareja no experimenten el mismo nivel de deseo ni lo sientan al mismo tiempo. La dificultad aparece cuando la diferencia genera presión, resentimiento, evitación o problemas de comunicación.

¿La terapia sexual puede hacerse online?

Sí. Muchas dificultades relacionadas con el deseo, la ansiedad sexual y la comunicación de pareja pueden abordarse mediante terapia online, siempre que el formato resulte adecuado para el caso y se mantengan las condiciones necesarias de privacidad y confidencialidad.

Sexología clínica en Valencia y terapia online

La falta de deseo sexual no debe abordarse desde la culpa ni desde la obligación. Tampoco conviene reducirla a una única causa.

En Clínica Pérez Vieco ofrecemos atención especializada en psicología, sexología clínica y terapia de pareja en Valencia y online. El proceso terapéutico permite comprender los factores emocionales, físicos y relacionales que están influyendo en la sexualidad y plantear una intervención adaptada a cada persona o pareja.

Pedir ayuda no significa que la relación haya fracasado ni que exista algo defectuoso en ti. Puede ser el primer paso para recuperar la comunicación, disminuir la presión y construir una intimidad más consciente, segura y satisfactoria.

¿La ansiedad, el estrés o la falta de deseo están afectando a tu bienestar o a tu relación? Puedes solicitar una primera valoración profesional con Clínica Pérez Vieco.

Conocimiento sobre la sexualidad

Pautas básicas de conocimiento sobre la sexualidad

  • La respuesta sexual, al igual que la sexualidad, tiene un marcado carácter propio y específico de cada persona.
  • Se ha demostrado científicamente que la respuesta sexual tiene especificidad e identidad en función del género. Las diferencias entre la de la mujer y la del hombre se evidencian en numerosos aspectos.
  • El deseo sexual sustenta todas las fases de la actividad sexual y sin él no hay excitación. Si los niveles de deseo son altos la respuesta sexual es más fácil y alcanza mayor intensidad.
  • La motivación juega un papel muy importante en el deseo. El acto sexual no se realiza sólo por ser una necesidad física o de descarga orgásmica, hay otros factores motivadores esenciales como la necesidad de unirse y conectarse, de abrazar y ser abrazado/a, de amar y ser amado/a, el deseo de sentirse seguro/a, o incluso de sentirse dominado/a o de realizar una conquista. También la necesidad de emociones e incluso el riesgo pueden estar implicados en el deseo sexual.
  • Los pensamientos y fantasías sexuales contribuyen en el complejo proceso del deseo sexual. Al igual que pensar en la comida favorita puede estimular el hambre, una fantasía sexual o la visión de imágenes seductoras pueden incrementar el deseo y la excitación.
  • El nivel de deseo no es fijo ni invariable y puede aparecer cuando menos lo esperamos, aunque depende en gran manera del estado de ánimo.
  • Entre ambos miembros de la pareja sexual se produce una interacción física y psicológica recíproca; hay una «química especial», de tal modo que la excitación sexual de cada uno de ellos procede de sus propias sensaciones y también de cómo se percibe la excitación del otro/a. Si nuestra pareja se excita mucho, por lo general aumenta nuestra excitación. Si por el contrario la percibimos distante y poco excitada, es fácil que nuestra pasión disminuya. De ese modo las parejas con «buena química» ven incrementada la pasión y el placer.Sexual response cycle
  • En el hombre, durante la fase de excitación, las erecciones pueden presentarse con mayor o menor rapidez. Aunque existe gran variabilidad de unas personas a otras, los jóvenes suelen tenerlas con más rapidez (sobre todo si se comparan con mayores de sesenta años). En el transcurso del encuentro sexual, las erecciones pueden variar de intensidad e incluso aparecer y desaparecer. Si se produce una disminución en la intensidad de la erección o incluso su pérdida, por el motivo que sea, tal hecho se debe asumir con tranquilidad y se debe continuar con el juego erótico: hablarse, besarse y acariciarse. Con ello, el mecanismo reflejo de la erección se pondrá de nuevo en marcha y reaparecerá. Con bastante frecuencia el hombre interpreta esta variación de la intensidad eréctil como una señal de que algo no funciona bien y esto conduce a que se produzca un trastorno sexual real.
  • El tamaño del pene preocupa al hombre y también a la mujer. Es necesario saber que un pene grande en estado flácido crece de manera proporcional menos durante la erección que un pene pequeño en estado flácido. El tamaño del pene flácido varía de unos hombres a otros, pero se acerca mucho durante la erección. Esta preocupación se ha incrementado con el visionado de las películas pornográficas, en las que, además de seleccionar hombres bien dotados, se realiza un trabajo de cámaras engañoso para exagerar el tamaño del miembro viril.
  • La estimulación del clítoris resulta excitante para muchas mujeres. No obstante, la mayoría de los hombres, incluso los que se creen expertos amantes, está lejos de ser habilidoso en sus caricias sobre el órgano. Entre los errores más frecuentes de los que las mujeres se quejan se cuentan:
    1. Muchos hombres buscan el clítoris de manera inmediata y una vez encontrado lo estimulan de manera brusca antes de iniciar los besos, caricias y abrazos.
    2. El estímulo suele realizarse de manera constante y la mujer prefiere que su compañero sexual después de acariciarlo un tiempo lo deje para volver posteriormente.
    3. A muchas mujeres les molesta el estímulo directo del clítoris, prefieren ser acariciadas en la zona por encima o alrededor de él.
    4. Puede resultar irritante su tocamiento con dedos secos o ásperos, debido a que en el clítoris no hay lubricación. Para suavizar las caricias, se puede usar desde saliva a lubricantes artificiales y, desde luego, lubricante vaginal.
  • La fase de meseta no siempre se diferencia de la de excitación, de la que es una prolongación tanto en intensidad como en tiempo. A menudo se considera como un breve momento entre la excitación y el orgasmo.
  • En la mujer, durante la fase de excitación-meseta, se produce hinchazón en el tercio externo de la vagina (la llamada plataforma orgásmica), que se expande hacia dentro y se estrecha en su interior acogiendo y sujetando el cuerpo del pene. Dicha plataforma orgásmica, rica en terminaciones nerviosas sensibles, se acomoda casi a cualquier anchura del pene y las sensaciones placenteras producidas por la estimulación y el roce en su interior son, para muchas mujeres, muy placenteras. Debido a este mecanismo de estrechamiento, el ancho de la erección del pene es menos importante para la estimulación sexual de la mujer de lo que generalmente se cree.
  • Al mismo tiempo, en esa misma fase se produce una elevación del útero y los dos tercios interiores de la vagina, más pobres que el tercio externo en terminaciones nerviosas sensibles, se alargan. Debido al menor número de terminaciones nerviosas sensibles, las sensaciones placenteras procedentes de esta zona vaginal son menores, lo que representa otro argumento más en contra de que el tamaño del pene erecto sea esencial para que la mujer alcance más placer durante el coito, como algunas personas creen.
  • Durante la fase de meseta, el clítoris parece desaparecer, lo que puede desconcertar a algunos hombres que tratan de localizarlo de manera visual. Esto es debido a que, aunque se agranda, el glande del clítoris no se ve al retraerse contra el pubis y en cierta manera queda oculto por la hinchazón que experimentan los labios de la vagina.
  • En la actualidad, no se acepta como meta ideal del acto sexual que el orgasmo sea simultáneo, tal y como se consideraba en las décadas de 1950 y 1960. Tal experiencia, cuando sucede, puede ser gratificante para la pareja, pero no se justifica el esfuerzo en lograrlo y menos sentirse decepcionado si no se obtiene. Que acontezcan ambos orgasmos por separado nos da la oportunidad de disfrutar tanto del orgasmo propio como de vivir y ser conscientes del de nuestra pareja.

    La consecución del orgasmo por separado en la pareja da la oportunidad tanto de disfrutar el propio placer como de vivir y ser conscientes del de la pareja

  • En el orgasmo, el proceso fisiológico que se produce en la mujer es similar al del hombre, con la diferencia de que en el masculino se alcanza un punto a partir del que la eyaculación es inevitable. Por el contrario, en la mujer, aun estando a punto de suceder, el orgasmo se puede bloquear a causa de cualquier interrupción o cese de la estimulación.
  • Muchas mujeres, cuando la excitación es muy intensa o durante el orgasmo emiten de manera pulsátil fluidos vaginales, en un proceso parecido a la eyaculación masculina.
  • Algunas mujeres tienen capacidad para alcanzar varios orgasmos sucesivos si la estimulación continúa.fases de la respuesta
  • Hay situaciones en las que uno o ambos amantes no alcanzan el orgasmo. Éste es un tema candente y de debate. La importancia que se da al orgasmo propio en el encuentro sexual todavía no es la misma para el hombre y la mujer. En la actualidad, parece que la mujer, en mayor medida que el hombre, considera su propio orgasmo un complemento a su experiencia sexual más que el objetivo de ella.
  • La anorgasmia no puede ser considerada como una variante normal de la sexualidad femenina. También se da en los hombres, sólo que cuando es el hombre quien no consigue el orgasmo lo identifica con un problema, mientras que hay un alto número de mujeres que no han tenido nunca un orgasmo y no se sienten preocupadas al respecto. Lubrican, se excitan y no se consideran anormales ni privadas de algo. No obstante, cada vez con más frecuencia las mujeres anorgásmicas o con orgasmos infrecuentes se preocupan por este hecho y buscan la manera de solucionar el problema.
  • La mujer que alcanza el orgasmo sólo ocasionalmente por diversas razones (escaso deseo, falta de destreza y cooperación del compañero, factores circunstanciales, etc.) sólo debe de considerarse afectada de algún problema sexual cuando su frecuencia orgásmica es tan baja que le produce insatisfacción. En este caso, debe considerase afectada por un trastorno sexual que se debe abordar, de manera similar a lo que ocurre con la disfunción eréctil del hombre.
  • Hace dos décadas se consideraba la impotencia en el hombre de cierta edad como normal, pero hoy se sabe que es consecuencia de diversas enfermedades (diabetes, depresión, trastornos psicológicos, etc.). Esto ha permitido romper con el binomio impotencia-edad, lo que ha facilitado el descubrimiento del origen de la disfunción eréctil y su tratamiento.

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Anorgasmia. Tratamiento por Sexólogos en Valencia

La Anorgasmia y su tratamiento.

Desde Sexólogos Valencia te informamos sobre uno de los trastornos sexuales de tratamiento diario en nuestra Clínica de Sexología, la Anorgasmia.

Qué es y qué Causa la Anorgasmia.

La anorgasmia es la inhibición continua del orgasmo, se manifiesta por la ausencia del orgasmo tras una fase de excitación normal. Es, junto con la falta de deseo o frigidez, una de las disfunciones sexuales más comunes en la mujer.anorgasmia1-1610x1073

Hay varios tipos de anorgasmia:

  • Anorgasmia primaria: la sufre quien nunca ha sentido un orgasmo, ni en pareja ni por masturbación.
  • Anorgasmia secundaria: la sufre quien, tras una época de haber tenido orgasmos, deja de experimentarlos.
  • Anorgasmia absoluta: cuando la mujer no es capaz de alcanzar el orgasmo mediante ningún procedimiento.
  • Anorgasmia relativa: cuando obtiene el orgasmo de una forma determinada (por ejemplo, solo con la masturbación).
  • Anorgasmia situacional: cuando puede alcanzar el orgasmo sólo en determinadas circunstancias específicas.

Sobre las causas, contarte que en un 95 % de los casos la anorgasmia tiene causas psicológicas, el 5 % restante puede deberse a la ingesta continuada de algún medicamento, un traumatismo o alguna enfermedad.

Las causas psicológicas pueden ser diversas como los condicionamientos culturales, traumas sexuales, factores interpersonales, falta de información sobre la sexualidad, estrés, angustia, temores, culpas, conflictos de pareja, etc.

Cuando hablamos de anorgasmia femenina, no solo nos referimos a la dificultad que podamos tener como mujeres para llegar al orgasmo, no solo es una causa física sino que tiene que ver con un sin número de factores que pueden llegar a favorecer o a inhibir nuestra sexualidad.

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Las relaciones sexuales en una pareja son cosa de dos, y aunque nuestra propia sexualidad y su disfrute es responsabilidad de nosotras como mujeres, es indudable que contar con un buen amante es de gran ayuda. (más…)

Tipos de disfunción sexual en las mujeres

Tipos de disfunción sexual en las mujeres

Disfunción del deseo sexual o Deseo Sexual Inhibido:

De acuerdo con el presidente de la Asociación Española de Sexología Clínica, el trastorno del deseo sexual es probablemente la disfunción sexual femenina más frecuente y puede tener muchas causas fisiológicas, psíquicas o sociales.

Un documento publicado por la Asociación Española para la Salud Sexual (AESS) indica que el 30 % de mujeres no tienen ningún tipo de deseo sexual. Esta situación se puede presentar en momentos concretos de la vida como el embarazo, el parto, la lactancia y la menopausia, o durante periodos de crisis.respuesta_sexual_mujer

La intervenciones quirúrgicas, desarreglos hormonales y ciertas enfermedades como la diabetes, cardiopatías, esclerosis múltiple, enfermedad de parkinson y la depresión pueden derivar en la ausencia de deseo.

Otros factores que pueden afectar al deseo sexual son cambios en los métodos anticonceptivos, cansancio, estrés, cambios de humor, obesidad o una mala imagen del propio cuerpo, la relación con la pareja, episodios sexuales traumáticos en el pasado y el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y drogas.

Excitación sexual:

La AESS sostiene que la excitación sexual en la mujer como la erección en el hombre son principalmente reacciones vasculares. “Un problema físico puede dificultar o impedir que esto ocurra, sobre todo si existe algún factor que interfiera con el flujo de sangre o las terminaciones nerviosas en la zona genital, especialmente en el clítoris y la vagina”. (más…)