Mindfulness. Las terapias de tercera ola.

En los últimos años se ha comenzado a escuchar con frecuencia en los foros psicológicos las palabras “terapias de tercera ola” (o también “terapias de tercera generación”), pero rara vez está claramente descrito a qué se refieren esos términos. Y

En palabras de Steven Hayes: “Cuando emergen varios abordajes nuevos que son difíciles de clasificar, es posiblemente una señal de que el campo mismo se está reorganizando. Esto ha sucedido antes en terapia conductual. Parece estar sucediendo nuevamente” (Hayes, 2004)

Por tanto, “tercera ola” se refiere a un grupo de terapias conductuales que comparten cierto espíritu de época, una aproximación común al sufrimiento humano y el uso de determinadas intervenciones y procedimientos. La denominación fue acuñada por Hayes para agrupar perspectivas similares que surgieron casi simultáneamente en el campo de las terapias de conducta. Es “tercera”, entonces, porque referencia a dos movimientos similares previos en los desarrollos terapéuticos conductuales que tuvieron lugar en el siglo XX.

Un par de aclaraciones son necesarias antes de continuar: en primer lugar, el término no refleja un consenso: por ejemplo, tanto Adrian Wells, creador de Terapia Metacognitiva, como Marsha Linehan, desarrolladora del modelo de Terapia Dialéctico Conductual, no consideran que sus modelos pertenezcan a tercera ola, sino que los consideran como extensiones de la terapia cognitivo-conductual (Hofmann & Asmundson, 2008). Entonces, no estamos hablando de un club, sino de una denominación útil para agrupar ciertos abordajes terapéuticos. En segundo lugar, hablar de tercera ola no significa que los desarrollos previos sean viejos o estén superados, sino que más bien designa una expansión, una prolongación natural del campo. De hecho, en estos últimos años, ha habido una tendencia a reemplazar la denominación de “tercera ola” por “terapias contextuales cognitivo-conductuales” (Hayes et al, 2010), término más descriptivo y preciso pero tan espantoso de utilizar que en el presente artículo seguiremos hablando de “tercera ola”. Término que además, suena cool.

La primera ola de las terapias psicológicas

La primera ola en terapia conductual surgió como la extensión clínica de la investigación experimental en principios básicos del aprendizaje. Terapia conductual, en palabras de Yates (1970, lo adaptamos un poco), se puede definir como:

“El intento de utilizar sistemáticamente el cuerpo de conocimiento empírico y teórico que ha resultado de la aplicación del método experimental en psicología y disciplinas relacionadas para explicar la génesis y el mantenimiento de las conductas disfuncionales por medio de estudios experimentales controlados de caso único”

Es decir, las primeras intervenciones dentro de terapia conductual surgieron de la aplicación de principios de aprendizaje establecidos en laboratorio, no de observaciones o especulaciones clínicas. Esto llevó a que en el inicio la terapia conductual rechazara toda teorización o intervención que fuera inespecífica, vaga o con poco énfasis en la investigación de procesos básicos. Si bien esto desembocó en el desarrollo de aplicaciones clínicas (más…)

Emociones y decisiones. Interpretación de los hechos.

Hechos, juicios, emociones y decisiones

Una cosa son los hechos, otra el juicio que hacemos sobre los mismos, algo diferente es la emoción que sentimos por los hechos o juicios, y un cuarto elemento son las decisiones que tomamos basadas en la mezcla de los hechos, juicios y emociones. Los cuatro elementos de la cadena se influyen, pero no de una forma automática y determinista.descarga

La experiencia no es tanto lo que nos pasa, sino la interpretación – a través de juicios – de lo que nos pasa.

La gran conquista de los humanos es la introducción en la cadena de un juicio que añada valor, que sirva más al propósito de la persona y que no esté encadenado totalmente al hecho en sí.

El juicio nace del uso del córtex (el cerebro más moderno, el más racional) y permite tener una visión más de conjunto, un enfoque más “inteligente” de las cosas de forma que siempre tengamos una cabeza bien amueblada.

Por esta razón si la interpretación de un hecho nos reporta algún tipo de sufrimiento es que razonamos desde una mente poco desarrollada. Por el contrario, si nos trae alguna de las emociones positivas no cabe duda de que actuamos desde una mente desarrollada.

La alternativa a un juicio ponderado es el gatillazo emocional. La cadena es conocida: un hecho negativo, un juicio que lo amplifica, sobrerreacción emocional y decisiones de baja calidad. Técnicamente se llama el “secuestro amigdalar”. La amígdala secuestra la razón y deja a las emociones actuar a sus anchas.

La estructura mental de las personas se deja ver en la calidad de los juicios que hacen

La repetición de juicios sobre las cosas genera hábitos o estilos explicativos. Son la forma, o el modelo, con el que tendemos a explicarnos las cosas que nos rodean. Los hay mejores o peores. No siempre son fruto de la inteligencia innata de la persona, sino de la manera en la que nos acostumbramos a pensar.

Los peores estilos explicativos son el pesimismo, la pasividad, el “saberlo todo” y la falta de integridad. Estos hábitos bloquean las capacidades personales, ya que disparan las emociones de bajo valor añadido y por tanto predisponen a las decisiones menos inteligentes.

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Los mejores estilos explicativos son el optimismo, la proactividad, la curiosidad intelectual y el interés por las cosas de los demás. Estos estilos explicativos facilitan los juicios sobre la realidad que favorecen las buenas emociones y las decisiones mejores.

Un buen juicio amplía las alternativas en las que se basan las decisiones que se toman. El juicio permite que la emoción sentida por los hechos no sea una reacción emocional primitiva, sino un sentimiento, que es una emoción más refinada y controlable por una razón más evolucionada.

Las emociones “brutas” anulan o expulsan al juicio o al sentimiento de la cadena de hechos-juicios-emociones-decisiones. Sólo hay que fijarse en la conducta de algunas personas en un estadio de fútbol o en la obcecación que produce un buen enfado. Se podría por tanto afirmar que cuánto más alta es la emoción más baja es la razón… y más pobres las decisiones que tomamos.

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Aprende a ser optimista

Ser optimista es una gran virtud

El optimismo puede hacernos la vida mucho más fácil y aunque no lo creas, ser positivo es mucho más sencillo de lo que imaginas.

A continuación te revelamos algunos consejos para que comiences a enfrentar el día a día de forma más optimista.

El secreto está en dejar de imaginarse una vida sin problemas o adversidades, para comenzar a aceptar que las dificultades son parte de la vida y que depende de cómo las enfrentemos cuánto nos afectarán.

Enfrentar de manera positiva y optimista lo que nos depara la vida todos días, no sólo nos ayuda a ser más felices, sino que también nos ayuda a vivir más y mejor.

optimismo

Pero, ¿cómo podemos lograr enfrentarnos a los problemas en forma positiva cuando éstos nos invitan a lo contrario?, ¿cómo puedo ser una persona más optimista? Para tu tranquilidad, el optimismo es algo que se cultiva, no con lo que se nace, por lo que todos podemos convertirnos en personas más positivas

Toma nota a las siguientes características que hacen de una persona alguien optimista:

Perseverancia e inteligencia emocional

Quienes cultivan el optimismo vital, mantienen una actitud de calma y esperan que les sucedan cosas buenas, pues consideran que los acontecimientos positivos tienen relación con el esfuerzo y trabajo personales. (más…)

Controlar tus impulsos

En Psicólogos Valencia te damos algunas recomendaciones para controlar tus impulsos.

A veces sentimos que nos irritamos o enfadamos con mucha facilidad, que no podemos dejar de hacer algo a pesar de que sabemos que nos perjudicará o que no podemos contener nuestras emociones. Poner límites a nuestros impulsos no siempre es fácil. En este artículo te entregamos algunas técnicas para que sepas cómo controlarlos.

Piensa antes de actuar. Ante una situación que te altere, detente y piensa con la cabeza fría, a fin de evaluar qué es lo que te está molestando y así encontrar la mejor manera de reaccionar. En este momento necesitarás tu esfuerzo para intercambiar la respuesta automática que en otra circunstancia hubieras dado, por una más racional y analizada.shutterstock_116612623

Busca otras alternativas. Frente a una situación crítica, piensa: esta vez en lugar de reaccionar así, reaccionaré de esta otra manera. Si eres capaz de decidir la reacción que tendrás ante un problema, te comienzas a hacer dueñ@ de tus respuestas y de tus emociones, pudiendo controlarlas y logrando enfrentar las dificultades con más serenidad.

Aprende de errores anteriores. Revisa la forma que has tenido hasta ahora de reaccionar frente a situaciones problemáticas. Evita los patrones de comportamiento que sabes que te han perjudicado más que ayudado a solucionar la situación. El autocontrol requiere de la capacidad de analizar y comprender tus impulsos, para así lograr contener la rabia, la hostilidad y la ansiedad. Si puedes reconocer patrones disfuncionales de conducta anteriores, podrás evitarlos en el futuro. (más…)

Tratamiento de la Crisis de Angustia en Psicologos Valencia

Crisis de Angustia. Tratamiento en Psicólogos Valencia.

Las personas que padecen crisis de angustia («ataques de pánico«) sienten, de forma bastante repentina y durante un periodo de tiempo limitado (suele oscilar entre uno y diez minutos), un profundo miedo o un gran malestar. Estas sensaciones desagradables son tan intensas que quienes las sufren suelen creer que están gravemente enfermos (o incluso que van a morir o a volverse locos) y, por ello, tienen la necesidad de escapar de la situación o recibir ayuda de algún tipo.

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La crisis de angustia viene siempre acompaña por un conjunto de sensaciones orgánicas y por una serie de pensamientos. Entre las sensaciones las más habituales son: palpitaciones fuertes del corazón, sudoración, temblores o sacudidas, falta de aliento o ahogo, sensación de atragantarse, opresión o malestar en el tórax, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad o mareo, aturdimiento, sensación de «falta de realidad» y de «estar fuera del cuerpo», hormigueos en los miembros y escalofríos o sofocos. En Psicólogos Valencia te ofrecemos un tratamiento a través de la Terapia Cognitiva Conductual. Terapia con mayor tasa de éxito en este tipo de trastornos de angustia.

Por su parte, los pensamientos más frecuentes son el miedo a perder el control o enloquecer, y el miedo a tener un infarto o un accidente cerebro-vascular. Por supuesto, es raro que todos estos síntomas y pensamientos aparezcan a la vez y en la mayoría de los casos se presentan sólo tres o cuatro.

Si las crisis de angustia van repitiéndose, el miedo tiende a hacerse aún más intenso y la sensación de pérdida de control sobre la propia vida se acentúa. Es habitual que en este proceso se vayan evitando progresivamente los lugares donde apareció el pánico, por lo que el sujeto puede acabar restringiendo de forma drástica su movilidad y abandonar muchas de las actividades que antes le gustaban (ir a comprar a unos grandes almacenes, ir al cine o comer fuera de casa, viajar, etc.) o incluso las que necesitaba llevar a cabo (conducir, acudir al trabajo, etc.). En los casos más graves, algunas personas terminan completamente recluidas en su propia casa.schmerzen_brust-870x435

Las crisis de angustia pueden tener varias modalidades, pero se distingue, sobre todo, entre tres posibilidades:

(1) Las crisis de angustia inesperadas, que son aquellas en las que el inicio de la crisis no se asocia a desencadenantes ambientales (es decir, aparecen sin ningún motivo aparente);

(2) Las crisis de angustia situacionales, que, en cambio, se consideran desencadenadas por estímulos ambientales (por ejemplo, ver una serpiente o un perro dispara automáticamente una crisis de angustia); y, por último,

(3) Las crisis de angustia más o menos relacionadas con una situación determinada, que son aquellas en las que hay más probabilidades de que aparezca el malestar al exponerse a ciertos estímulos o desencadenantes ambientales (por ejemplo, las crisis tienen más probabilidades de aparecer cuando se está en unos grandes almacenes, pero a veces se puede comprar allí sin sufrir ninguna crisis de angustia, o bien padecerla media hora después de haber vuelto a casa).crisis-panico (más…)