Mejor vivir sin miedo
La ansiedad es miedo al futuro. La culpa es miedo al pasado. Los miedos que tienden a ser más recurrentes en la vida son el miedo a no llegar al nivel requerido y el miedo a no ser querido por los demás. Aquello que más deseamos suele ser la raíz de nuestros mayores miedos. El miedo produce sus buenas dosis de cortisol.
El miedo suele activar tres fantasmas en la mente: “No tengo futuro”, “no tengo valor”, “no tengo quien me ayude”. Los fantasmas de la mente producen una psicología de perdedores en la que la abundancia de emociones negativas va unida a un perfil pobre de decisiones.
Los miedos son estados emocionales que predisponen a la huida; a no resolver las cosas. Los miedos son paralizantes y fomentan la rigidez mental y la inflexibilidad en el comportamiento.
En la mayor parte de los casos los miedos están fabricados por la mente sin una causa objetiva que los justifique. En cierta forma son verdaderas “fantasmadas” de la mente que limitan su buen uso.
El miedo segrega cortisol y cuando se tiene un nivel alto de cortisol en la sangre nos volvemos más impacientes, irritables y ansiosos. Además, la visión de túnel provoca una sobre-fijación en el problema causante del miedo.
Hay que saber salir del bucle negativo causado por un nivel excesivo de cortisol en sangre. Los niveles de cortisol se pueden reducir con las siguientes actividades:
- Haciendo actos de agradecimiento. Crea rituales a lo largo del día en los que disfrutes de minutos intensos de gratitud, con la mano en el corazón, y en los que traigas a la mente situaciones y personas por las que sientes una profunda gratitud.
- Haciendo actos en los que se perdone a quien nos haya hecho algún daño en el pasado.
- Haciendo un buen duelo con protocolos de cierre. Un duelo está bien realizado cuando en el interior se ve y se siente que se ha sido capaz de sacar más bien que dolor de un mal. Un protocolo de cierre es un acto simbólico, lleno de intención, en el que das por cerrado emocionalmente un tema del pasado que te esté incordiando. Protocolos de cierre típicos son una carta, una llamada, etc.
- Haciendo más ejercicio físico.

La guerra de las hormonas se puede y se debe ganar. Hemos de ser responsables de nuestro propio estado interior; podemos ser dueños de nosotros mismos. No compensa ser víctimas de las circunstancias externas. Nelson Mandela encontró en el poema de W.E Henley una frase llena de sabiduría: “Soy el dueño de mi destino; soy el capitán de mi alma”. Con esta filosofía nos podemos centrar en construir nuestra realidad interna en vez de perdernos en una realidad exterior que no podemos controlar.
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¿QUÉ ES EL EJE CEREBRO-INTESTINAL?
El intestino contiene alrededor de 100 millones de neuronas, el mayor conjunto de neuronas fuera del cerebro, que tienen similitudes estructurales y funcionales con el cerebro.
Este sistema nervioso propio del intestino está conectado con el cerebro de forma bidireccional. Por un lado el intestino recibe información del cerebro, y, por otro lado, el intestino envía mensajes al cerebro. Esta comunicación del intestino con el cerebro se produce tanto por vía nerviosa como por vía sanguínea y es a la que se le denomina eje cerebro-intestinal.

Ejemplos típicos de este circuito bidireccional sería p.e. el aumento del peristaltismo intestinal (retortijones y diarrea) cuando nuestro cerebro percibe un peligro, o en el sentido contrario, la sensación de saciedad que percibe nuestro cerebro cuando hemos ingerido una cantidad determinada de alimento.
El intestino, además de poseer un sistema nervioso propio, también alberga un ecosistema propio, la flora intestinal. La flora o microbiota intestinal son un conjunto de virus, bacterias y hongos alojados en el intestino y que intervienen en el normal funcionamiento del mismo. Se han identificado miles de especies diferentes. Tienen diversas funciones, como proteger de microbios perjudiciales, participar en la absorción e incorporación de los nutrientes, sintetizar vitaminas y eliminar sustancias tóxicas o cancerígenas. También la flora interviene en la comunicación entre el intestino y cerebro.
¿QUÉ EFECTOS TIENEN LOS ALIMENTOS Y LA FLORA INTESTINAL EN EL CEREBRO?
Las sustancias químicas que intervienen en la transmisión de la información entre las neuronas de nuestro cerebro, los denominados neurotransmisores, son los responsables de las diferentes funciones mentales: memoria, atención, estado de ánimo, etc. Muchas de ellas proceden de forma muy directa de los nutrientes que obtenemos de los alimentos. Estos nutrientes sufren una serie de transformaciones por parte de las células intestinales y la flora intestinal. De aquí se obtienen una serie de sustancias, lo que podemos denominar neurometabolitos, que alcanzan nuestro cerebro por vía nerviosa o sanguínea. Así p.e. la serotonina, un neurotransmisor que influye en nuestro estado de ánimo, procede de una proteína que obtenemos de los alimentos, el triptófano. Dos de las especies bacterianas que abundan en nuestro intestino, los lactobacilos y bifidobacterium, son capaces de transformar el glutamato, un aminoácido que forma parte de las proteínas que ingerimos con la comida, en ácido gamaaminobutírico (GABA) que es el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro. Este neurotransmisor influye en el estado emocional y en la capacidad cognitiva del individuo. Otras bacterias producen noradrenalina y acetilcolina, otros dos neurotransmisores principales del cerebro. (más…)
A veces sentimos que nos irritamos o enfadamos con mucha facilidad, que no podemos dejar de hacer algo a pesar de que sabemos que nos perjudicará o que no podemos contener nuestras emociones. Poner límites a nuestros impulsos no siempre es fácil. En este artículo te entregamos algunas técnicas para que sepas cómo controlarlos.
Piensa antes de actuar. Ante una situación que te altere, detente y piensa con la cabeza fría, a fin de evaluar qué es lo que te está molestando y así encontrar la mejor manera de reaccionar. En este momento necesitarás tu esfuerzo para intercambiar la respuesta automática que en otra circunstancia hubieras dado, por una más racional y analizada.
Busca otras alternativas. Frente a una situación crítica, piensa: esta vez en lugar de reaccionar así, reaccionaré de esta otra manera. Si eres capaz de decidir la reacción que tendrás ante un problema, te comienzas a hacer dueñ@ de tus respuestas y de tus emociones, pudiendo controlarlas y logrando enfrentar las dificultades con más serenidad.
Aprende de errores anteriores. Revisa la forma que has tenido hasta ahora de reaccionar frente a situaciones problemáticas. Evita los patrones de comportamiento que sabes que te han perjudicado más que ayudado a solucionar la situación. El autocontrol requiere de la capacidad de analizar y comprender tus impulsos, para así lograr contener la rabia, la hostilidad y la ansiedad. Si puedes reconocer patrones disfuncionales de conducta anteriores, podrás evitarlos en el futuro. (más…)
Las personas que padecen crisis de angustia («ataques de pánico«) sienten, de forma bastante repentina y durante un periodo de tiempo limitado (suele oscilar entre uno y diez minutos), un profundo miedo o un gran malestar. Estas sensaciones desagradables son tan intensas que quienes las sufren suelen creer que están gravemente enfermos (o incluso que van a morir o a volverse locos) y, por ello, tienen la necesidad de escapar de la situación o recibir ayuda de algún tipo.

La crisis de angustia viene siempre acompaña por un conjunto de sensaciones orgánicas y por una serie de pensamientos. Entre las sensaciones las más habituales son: palpitaciones fuertes del corazón, sudoración, temblores o sacudidas, falta de aliento o ahogo, sensación de atragantarse, opresión o malestar en el tórax, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad o mareo, aturdimiento, sensación de «falta de realidad» y de «estar fuera del cuerpo», hormigueos en los miembros y escalofríos o sofocos. En Psicólogos Valencia te ofrecemos un tratamiento a través de la Terapia Cognitiva Conductual. Terapia con mayor tasa de éxito en este tipo de trastornos de angustia.
Por su parte, los pensamientos más frecuentes son el miedo a perder el control o enloquecer, y el miedo a tener un infarto o un accidente cerebro-vascular. Por supuesto, es raro que todos estos síntomas y pensamientos aparezcan a la vez y en la mayoría de los casos se presentan sólo tres o cuatro.
Si las crisis de angustia van repitiéndose, el miedo tiende a hacerse aún más intenso y la sensación de pérdida de control sobre la propia vida se acentúa. Es habitual que en este proceso se vayan evitando progresivamente los lugares donde apareció el pánico, por lo que el sujeto puede acabar restringiendo de forma drástica su movilidad y abandonar muchas de las actividades que antes le gustaban (ir a comprar a unos grandes almacenes, ir al cine o comer fuera de casa, viajar, etc.) o incluso las que necesitaba llevar a cabo (conducir, acudir al trabajo, etc.). En los casos más graves, algunas personas terminan completamente recluidas en su propia casa.
Las crisis de angustia pueden tener varias modalidades, pero se distingue, sobre todo, entre tres posibilidades:
(1) Las crisis de angustia inesperadas, que son aquellas en las que el inicio de la crisis no se asocia a desencadenantes ambientales (es decir, aparecen sin ningún motivo aparente);
(2) Las crisis de angustia situacionales, que, en cambio, se consideran desencadenadas por estímulos ambientales (por ejemplo, ver una serpiente o un perro dispara automáticamente una crisis de angustia); y, por último,
(3) Las crisis de angustia más o menos relacionadas con una situación determinada, que son aquellas en las que hay más probabilidades de que aparezca el malestar al exponerse a ciertos estímulos o desencadenantes ambientales (por ejemplo, las crisis tienen más probabilidades de aparecer cuando se está en unos grandes almacenes, pero a veces se puede comprar allí sin sufrir ninguna crisis de angustia, o bien padecerla media hora después de haber vuelto a casa).
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Es realmente impresionante la cantidad de estrés que fluye por nuestro cuerpo diariamente, aunque la mayoría de las personas no esta consciente de ello. El estrés no solo está asociado a las preocupaciones por trabajo o dinero, mas bien es un compendio de todos los sentimientos: felicidades, tristezas, sorpresas y dolores que se experimentan día a día.
Por supuesto el estrés no es solo una condición que nos afecta mental y emocionalmente, también viene acompañado de problemas físicos y sensoriales; ya que tanto el estrés como la ansiedad activan una serie de cambios químicos en todo el cuerpo humano.
Usualmente nuestro cuerpo está en la capacidad de manejar los efectos rutinarios del estrés, pero cuando las preocupaciones y los problemas aumentan, nuestro organismo no es capaz de lidiar con esto naturalmente y empezamos a sentir ciertos efectos negativos.
En el plano sexual, el estrés puede causar falta de deseo, impotencia y eyaculación precoz, entre otros problemas; esto como resultado de un desbalance químico, hormonal y una estimulación del sistema simpático.
El estrés actúa sobreexcitando los nervios del sistema simpático, por lo que el hombre comenzará la relación sexual con un alto impulso para eyacular y por supuesto llegar al clímax demasiado rápido. Además, el estrés también retarda y debilita el control de los nervios para-simpáticos los cuales tienen como función provocar o mantener un estado corporal de relajación, dificultando aún más el control sobre la eyaculación.
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