Qué es el crecimiento personal
El Crecimiento Personal es el área de la Psicología que se enfoca en ayudarnos a encontrar y desarrollar nuestras fortalezas, para ser la mejor versión de nosotros mismos. Nos ayuda a deshacernos de las limitaciones psicológicas que nos atan y nos permite alcanzar nuestro máximo potencial, la mejor versión de nosotros mismos
Todos podemos desarrollar nuestras habilidades, capacidades y competencias para superar nuestras limitaciones, ampliar nuestro horizonte y mejorar nuestro bienestar. Sin embargo, en algunas ocasiones nuestros hábitos, patrones de comportamiento y/o creencias irracionales se convierten en una barrera para nuestro desarrollo e incluso llegan a causar malestar.
Cambios a través del crecimiento personal.
Cuando llegamos a este punto, toca cambiar y conectar de nuevo con nuestra propia identidad, examinar cómo está nuestro mundo interior y exterior y cómo nos relacionamos con las personas que nos rodean. Toca pasar a la acción y transformarse. De esta manera, podemos recuperar nuestro bienestar y nuestro nivel de autosatisfacción.
Esta transformación comienza en nosotros mismos, porque el cambio es un proceso individual y personal, y nadie puede cambiarnos si nosotros no queremos cambiar. Transformar nuestra vida requiere autorreflexión, ser conscientes de nuestra propia capacidad para lograr nuestras metas y conseguir cambios positivos y duraderos; y exige compromiso, tiempo, energía y estrategias claras y realistas.
Mejora de la conciencia de uno mismo
El crecimiento personal hace referencia a una serie de actividades que ayudan a mejorar la conciencia de uno mismo y descubrir la propia identidad, con el fin de impulsar el desarrollo de los propios potenciales y las habilidades personales y relacionales.
El objetivo es mejorar la calidad de vida y contribuir a la realización de sueños y aspiraciones individuales.
Crecer como persona es un proceso que dura toda la vida. Por desgracia, no siempre tomamos el camino apropiado y podemos encontrarnos en una situación en la que nos sentimos lejos de nuestra propia esencia y vivimos en piloto automático, distanciados de nuestros sueños, nuestras aspiraciones y nuestras necesidades. En esta sociedad que va tan rápida, es fácil dejar de ser protagonistas de nuestra vida y perder de vista nuestros deseos más personales.
Capacidad de aprender de nosotros mismos
El crecimiento personal es la capacidad que tenemos las personas para aprender de nosotras mismas, dejando nuestra puerta abierta a nuevas experiencias aunque resulten un desafío; hace referencia al desarrollo humano.
Con ello, si poseemos un buen crecimiento personal, nos sentiremos en continuo aprendizaje, siendo capaces de aprender de aquello que vamos recibiendo y sabiendo que tenemos los recursos para ir mejorando y salir fortalecidos de las distintas situaciones.
Principios del Crecimiento Personal
Durante mucho tiempo la Psicología, al igual que la Medicina y la Psiquiatría, se centró en los defectos, problemas y trastornos, asumiendo una perspectiva limitada del desarrollo humano. A inicios del siglo XX todo comenzó a cambiar de la mano de Alfred Adler y Carl Jung.
Adler, un reconocido psicoterapeuta vienés, se negó a limitar la Psicología al análisis de los problemas y traumas del pasado, por lo que comenzó a mirar hacia el futuro, centrándose en las aspiraciones y potencialidades de las personas que acudían a su consulta en busca de ayuda.
Prefería hablar en términos de estilo vital, un concepto equivalente a lo que hoy conocemos como estilo de vida, para referirse a la forma en que gestionamos los problemas, nuestra manera de afrontar la vida y la imagen que nos hemos formado de nosotros mismos.
Carl Gustav Jung también enriqueció el Crecimiento Personal con su concepto de individuación. El creador de la Psicología Analítica entendía que el yo individual se desarrollaba a partir de un inconsciente indiferenciado a través de un proceso psíquico en el cual se integran los elementos innatos de la personalidad y los componentes de la psique inmadura con las experiencias de la vida.
Desde entonces, el campo del Crecimiento Personal ha seguido enriqueciéndose, sobre todo gracias a la Psicología Humanista, que puso en el centro a la persona y su deseo de autorrealización.
A finales de la década de 1990, Martin Seligman, profesor de Psicología de la Universidad de Pensilvania, propuso cambiar radicalmente el foco de la patología a la salud emocional, por lo que sus investigaciones contribuyeron al desarrolló un nuevo campo: la Psicología Positiva, cuyo objetivo es identificar y promover patrones de pensamiento y afrontamiento positivos y saludables que empoderen a la persona y le permitan desarrollar al máximo sus potencialidades.
Programa de Crecimiento Personal
Un programa de Crecimiento Personal es un conjunto de propuestas basadas en estudios científicos realizados en el ámbito de la Psicología positiva y el coaching, que tiene como objetivo estimular nuestras potencialidades para que podamos alcanzar nuestras metas y mejoremos nuestro bienestar.
A diferencia de la psicoterapia, que normalmente se centra en solucionar problemas específicos cuando se produce un trastorno o se rompe el equilibrio psicológico, en el Crecimiento Personal se trabaja para lograr que pensemos, actuemos y sintamos de manera más plena y saludable.
| [testimonial_single id=»1597″] |
|
Principios del crecimiento Personal.
Las personas que se involucran activamente en un proceso de Crecimiento Personal no solo reportan una mayor satisfacción en sus vidas sino que además mantienen relaciones interpersonales más asertivas, logran una mayor autonomía y tienen propósitos vitales bien estructurados.
Sin embargo, el Crecimiento Personal no se produce de un día a otro, es el resultado de un proceso de aprendizaje que nos permite avanzar paso a paso para lograr la mejor versión de nosotros mismos. Los cambios en el comportamiento deben estar respaldados por una transformación interior más profunda a nivel de personalidad, lo cual significa que hay un esfuerzo consciente por mejorar cada día.
De hecho, las investigaciones realizadas en el área del Crecimiento Personal han determinado que existen algunas características básicas en las cuales debemos trabajar para lograr un cambio positivo y permanente:
- El compromiso con el desarrollo
- La apertura a las nuevas experiencias
- La perseverancia para alcanzar nuestro potencial.
Por eso, es importante comprender que el Crecimiento Personal se basa en tres principios fundamentales. A saber:
- Integral. Somos una unidad, lo cual significa que aunque nos enfoquemos en desarrollar solo ciertas competencias o activar patrones de pensamiento más funcionales, estos cambios repercutirán favorablemente en otras esferas de nuestra personalidad y vida cotidiana.
- Progresivo. El Crecimiento personal implica un nivel de desarrollo gradual, a través del cual iremos atravesando por diferentes fases que nos permiten ganar en autoconocimiento y autocontrol. Sin embargo, no se debe entender como un proceso lineal, es necesario estar preparados para los retrocesos, que forman parte del propio desarrollo.
- Continuo. El Crecimiento Personal no termina nunca porque cambiamos continuamente, por lo que siempre podemos seguir desarrollando las habilidades y competencias que nos permitan ampliar nuestra zona de confort, afrontar los nuevos retos y mejorar nuestro bienestar psicológico.
Programa de crecimiento personal
- A través de nuestro programa de crecimiento personal te guiaremos en el proceso de autoconocimiento y te ayudaremos a determinar qué objetivos quieres conseguir en tu vida. Además, te acompañaremos a lo largo del camino, brindándote las herramientas psicológicas que necesitas para sacarle el máximo partido a tus habilidades y desarrollar nuevas competencias en diferentes ámbitos de tu vida. Por supuesto, dado que cada persona es diferente y tiene objetivos distintos, el camino a recorrer es completamente personal.

La ira es una reacción emocional lógica ante situaciones que se perciben como una injusticia o ante algo que se interpone en la consecución de objetivos personales. Desde esta perspectiva, como cualquier emoción, no sólo es útil, sino también necesaria, pues supone una voz de alarma que resulta en una reacción impulsiva de contraposición a algo que se considera como una agresión, reduce el miedo a la misma y genera la energía necesaria para actuar. Sin embargo, la irascibilidad puede ser también un síntoma propio de estados de ansiedad, agotamiento, depresión, trastornos de la conducta o incluso de fases avanzadas de demencia.
La ira es una emoción y como todas las emociones debería servirnos para adaptarnos a las diferentes situaciones, sobre todo aquellas que requieren de una respuesta de afrontamiento para su resolución. Experimentar una reacción de ira adaptativa nos defiende y nos pone a salvo de un peligro o agresión de nuestro entorno o medio ambiente. Pero cuando no se controla, deja de ser adaptativa y puede generar un daño absolutamente innecesario a los demás e incluso a nosotros mismos.
Lo que provoca la pérdida del control sobre la agresividad no es tanto lo que sucede en sí, sino la forma en que interpretamos acerca de lo que sucede. Esta interpretación errónea de la situación básicamente genera una sensación de «amenaza» que produce una activación (física y cognitiva) cuya «salida» o defensa errónea frente a dicha amenaza puede ser una reacción de ira o agresividad. Las consecuencias suelen ser:
- Producir daño a terceras personas, incluso a las que queremos.
- Incurrir en un riesgo para nuestra integridad física: también otras personas nos pueden responder de forma agresiva o violenta.
- Utilización de la ira con mayor frecuencia, aumentando el descontrol y la violencia (refuerzo de estas conductas inadecuadas).
- Desarrollo de otros problemas psicológicos y físicos como pueden ser depresiones, sentimientos de culpabilidad, baja autoestima, problemas cardíacos, de tensión arterial, digestivos, etc.
Tratamiento personalizado por psicólogo en Valencia.
PROGRAMAS PERSONALIZADOS
Se pretende construir y generar un programa que favorezca la reestructuración cognitiva en la persona que tiene identificado este problema, logrando como consecuencia el uso de estrategias adecuadas para controlar la ira y controlar para sustituirlas por otras más adecuadas, las conductas agresivas dentro de lo que es la vida diaria. Con este programa se consigue:
- Mejorar el conocimiento sobre las emociones y en concreto sobre la ira para facilitar la comprensión del problema.
- Conocer la naturaleza de la agresividad así como el ciclo que caracteriza su presencia en las relaciones humanas.
- Dotar a la persona de técnicas de relajación para controlar la activación fisiológica y emocional asociada a la experiencia de ira.

- Proporcionar estrategias externas y de control de pensamiento para reducir los estímulos y situaciones que actúan como desencadenantes.
- Modificar los pensamientos y actitudes disfuncionales asociados a la ira para desarrollar un patrón de pensamiento alternativo y funcional que permita poner en marcha conductas más adaptativas y la vivencia de emociones más ajustadas.
- Aprender formas de comunicación asertiva de cara a sustituir la agresividad como forma de lograr objetivos.
- Desarrollar un plan de prevención de situaciones futuras difíciles o conflictivas.
Estrategias para controlar la ira que aprenderás en el tratamiento
- Ira acumulada: callarse y tragarse las emociones ante situaciones de injusticia o de agresiones emocionales externas lleva, antes o después, a un estallido de gran violencia verbal o física.
- Nada es cuestión de perder o ganar: en numerosas ocasiones la ira es una reacción a la frustración por no haber conseguido los objetivos que uno se plantea o que los acontecimientos no se desarrollen como uno quiere. La empatía es un arma idónea para evitar plantear las relaciones humanas como una cuestión de ganar o perder. De hecho, la baja tolerancia a la frustración es generalmente la antesala de un episodio de ira.
- Pensar en las causas y consecuencias de un episodio de ira: es importante analizar si esta reacción emocional se ha producido realmente por causas justificadas. En muchas ocasiones no es así, como sucede, por ejemplo, cuando se está al volante de un automóvil y se profieren gritos e insultos ante la manera de conducir de otros que interfieren la marcha. Meditar sobre el hecho de porqué se ha reaccionado de esta manera ayudará en el futuro a controlar estos estallidos.

- El descanso es importante: el agotamiento, físico o mental, favorece las reacciones airadas y los impulsos de irascibilidad (saltar a la mínima, como reza la expresión popular). Es necesario asegurarse el descanso necesario, tanto en lo que respecta a las horas que se duerme como a la calidad del sueño.
También hay que saber parar en momentos determinados del día. Es estrés es un facilitador de la ira. Las pausas en el trabajo para el café o la comida cumplen con esta finalidad.
- Aprender a relajarse: la relajación es una de las mejores formas de prevenir los estallidos de ira y hay diferentes modos de hacerlo. Uno de ellos es la práctica habitual de ejercicio físico, especialmente cuando éste es intenso y se realiza en compañía: ayuda a desterrar de la mente los temas que causan la irritabilidad y después a verlos con otra perspectiva. El yoga, el Tai-Chi o un simple baño de agua caliente son otros modos de lograr un estado de relajación. En momentos puntuales, en los que se detecta que se puede tener una reacción irascible, respirar profundamente y de forma pausada durante unos instantes ayuda mucho para evitar un posible estallido.
- Evitar situaciones y personas que se sabe pueden resultar irritantes: la mayoría de las personas son conscientes de que hay situaciones, otras personas o una combinación de ambas cosas que les resultan irritantes. Si es así, lo mejor es evitarlas o retirarse a tiempo antes de llegar al enfrentamiento y un arranque de ira.
- La ayuda del psicólogo: si a pesar de todo las reacciones emocionales de ira siguen dándose de manera frecuente sin ser capaces de controlarlas, es aconsejable buscar la ayuda de un psicólogo, antes de que las personas del entorno habitual empiecen a alejarse de uno. La terapia puede ayudar a cambiar actitudes que contribuyen a exagerar o magnificar hasta el dramatismo episodios que carecen de importancia real y a llevar a cabo una reestructuración cognitiva que permita gestionar adecuadamente la ira.
Contacta con Sergio Pérez, tu psicólogo en Valencia.
[wpforms id=»1386″]
Controlar las emociones. Técnicas que funcionan.
Por todos es sabido que los pensamientos vienen cuando ellos quieren, y no cuando nosotros desearíamos. Del mismo modo, tus emociones tampoco aparecen o desaparecen cuando tú lo decides. Pero, ¿es posible tener algún control sobre las emociones o debes resignarte a que dominen tus actos?
Si bien tiene sentido que te sientas triste cuando te dan malas noticias, eso no significa que tu única opción sea quedarte llorando en un rincón. Reconocer que estás triste a la vez que te fuerzas a ti mismo a hacer algo productivo te ayudará a sentirte mejor antes.
La verdadera inteligencia emocional requiere que identifiques y entiendas tus propios estados de ánimo. Implica reconocer cuando y porqué estás enfadado, nervioso o triste, y actuar sobre las causas y no sólo los síntomas.
Sin embargo, en aquellas ocasiones en las que veas que irremediablemente te diriges hacia un estado emocional negativo, las siguientes técnicas pueden ser eficaces para detener o frenar esa reacción en cadena.
1. Intenta recordar tus virtudes y éxitos
La reafirmación en tus virtudes y puntos fuertes es una de las mejores estrategias para gestionar tus sentimientos. Consiste en pensar en lo que te ha provocado esa emoción pero reduciendo su significado negativo.
Ejemplo: en lugar de enfadarte porque has llegado tarde al trabajo puedes pensar que, dado que siempre llegas a tiempo, no es tan grave.
La gente con mayor control emocional utiliza la autoafirmación cuando la intensidad de sus emociones todavía es baja y tienen tiempo para buscar otro punto de vista de la situación. Curiosamente, se ha demostrado que esta estrategia funciona especialmente bien en las mujeres.
La próxima vez que sientas que pierdes el control sobre tus emociones, recuérdate a ti mismo aquellas cosas de las que te enorgulleces en tu vida.
2. Distrae tu atención hacia un asunto concreto
Las personas que mejor gestionan sus emociones también han aprendido a usar la distracción para bloquear sus estados emocionales antes de que sea demasiado tarde. Y parece que resulta muy eficaz cuando prevén que van a experimentar emociones intensas y no tienen suficiente tiempo para usar otras estrategias.
Como sabrás, una forma muy efectiva para calmar a un niño pequeño que no deja de llorar es desviar su atención. “¿Has visto el muñeco?” o “¿Qué tengo en la mano?” suelen disminuir su nivel de excitación si mantenemos su atención durante el tiempo suficiente.
La técnica de la distracción consiste en desvincularte de la emoción negativa centrando tu atención en pensamientos neutrales. De esta forma evitarás que la emoción coja demasiada intensidad.
Por ejemplo, si tu jefe cuestiona tu profesionalidad, en lugar de pensar que quizás termine despidiéndote podrías pensar en la celebración de cumpleaños que tienes el sábado. Es simple pero eficaz, tal y como se ha demostrado en varios estudios científicos.
Aunque a largo plazo probablemente no sea la mejor estrategia, la distracción funciona, especialmente si centras tu atención en algo concreto en lugar de dejar que tu mente vague.
3. Piensa en tu futuro más inmediato
Las emociones muy intensas pueden provocar que te olvides de que hay un futuro y que tus acciones van a tener consecuencias. Aunque en ese momento tan sólo seas capaz de vivir el presente y tu frustración, enfado o nervios te parezcan tan importantes, ¿seguirás sintiendo eso dentro de una semana?
Pensar en el futuro más inmediato es muy eficaz para mantener el autocontrol, tal y como se demostró en el experimento popularizado a través del libro Inteligencia Emocional. En él, los niños que resistieron la tentación de comer una golosina a cambio de recibir otra obtuvieron mejores resultados en los test escolares y mejores trabajos en los años venideros.
4. Medita habitualmente
La meditación ha demostrado científicamente su eficacia para prevenir los pensamientos negativos repetitivos y no sólo mientras meditas, sino también a largo plazo: es capaz de diminuir el nivel de activación de la amígdala de forma duradera.
La meditación también tiene estudios en la reducción de la ansiedad. Intentar relajarte sólo cuando te asaltan las emociones no es muy eficaz. Sin embargo, meditar de forma regular y respirar correctamente sí que pueden reducir la intensidad de las emociones negativas cuando estas aparecen.
5. Date permiso para preocuparte más tarde
Antes te he explicado que intentar suprimir una emoción o pensamiento provoca que vuelva de nuevo con más fuerza. Sin embargo, ¡posponerla para más tarde puede funcionar!
En un estudio se pidió a los participantes con pensamientos ansiosos que pospusieran su preocupación durante 30 minutos. A pesar de ser una forma alternativa de evitar pensar en algo, lo que se ha demostrado es que tras ese período de pausa las emociones regresan con una intensidad mucho menor.
Así pues, date permiso para preocuparte después de un tiempo de espera. Te preocuparás menos.
6. Piensa en lo peor que te puede pasar
Pero ¿cómo mantener la calma? Los samuráis y los estoicos se mantenían tranquilos incluso en las situaciones más dramáticas, ¿cómo lo conseguían?
Pues pensando en la muerte. Y mucho.
No quiero que te pongas dramático ni te vuelvas un gótico, pero pensar en lo peor que te puede pasar te ayudará a relativizar tus problemas y mantener el control.
7. Escribe un diario de tus emociones
La escritura expresiva consiste en escribir sobre tus pensamientos y sentimientos más profundos y ha demostrado ser eficaz tanto a nivel psicológico como físico (¡es capaz de acelerar la cicatrización de las heridas!)
Mantener una especie de diario emocional sobre lo que has sentido en algunas situaciones te ayudará a reducir la recurrencia de pensamientos negativos.
8. Tómate un respiro para recuperar el autocontrol
Tu autocontrol no es infinito. De hecho varias investigaciones indican que conforme te expones a situaciones y emociones, se va consumiendo.
Piensa en ello como hacer una carrera de sprint. Tras la carrera estás exhausto y necesitas tiempo para poder recuperarte antes de volver a correr. De la misma manera, si logras dominar tus emociones, evita volver a exponerte de nuevo a una situación tensa o será más probable que sucumbas.
Se ha demostrado que mantener el control consume glucosa, como si literalmente estuvieras haciendo ejercicio. Por lo tanto, para recuperar tu autocontrol tienes dos estrategias:
- Tomar una bebida rica en azúcares (no es lo más recomendable pero funciona).
- Usar la reafirmación positiva para poder gestionar de nuevo tus emociones (recomendable y funciona).
La clave está en identificar cuándo tus niveles de autocontrol están bajos y evitar más situaciones emocionales mientas te recuperas.
9. Cuando todo falle, busca un espejo
¿Perdón? ¿Mirarse en un espejo? Sí, por muy sorprendente que parezca esta estrategia puede ser útil para aplacarte cuando estés furibundo.
Varios estudios han demostrado que cuando te ves a ti mismo reflejado eres capaz de observarte desde una perspectiva más objetiva y por lo tanto separarte durante unos instantes de tu emocionalidad.
Cuanto más consciente seas de lo que estás haciendo, más capacidad de controlar tus emociones tendrás. Y observarte en un espejo incrementará tus niveles de autoconsciencia y te ayudará a comportarte de forma más sociable.
10. Lo más importante: encuentra el motivo de tus emociones
A largo plazo la clave no está en luchar contra tus emociones, sino en reconocerlas y saber por qué te ocurren. Por ejemplo:
“Vale, no me gusta sentirme así pero ahora mismo tengo mucha envidia (reconoces la emoción) porque a Andrés le han felicitado por su trabajo y a mí no (reconoces el por qué).”
Lo importante es ser honesto contigo mismo sobre el por qué. No hagas como la mayoría e intentes engañarte. A menudo nos mentimos haciéndonos creer que estamos enfadados con alguien por su comportamiento y no porque le han dado el ascenso al que aspirábamos y eso ha afectado nuestra autoestima.
Conocer la verdad real de tus sentimientos te ayudará a tratar la causa.
¿Cómo cambiar los pensamientos negativos?
La semana pasada descubrimos que somos a lo que atendemos. Que ante una situación inesperada como que nos tiren café encima, la diferencia entre que la mañana siga marchando bien o que a partir de ese momento se nos complique el día es solo una: la interpretación que hacemos sobre lo que ha pasado.
El gran Viktor Frankl decía que Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento. Podemos pensar que nos han tirado el café intencionadamente y encadenar un pensamiento negativo con otro sobre esa persona o sobre nuestros recursos personales para solucionar el problema, pero también podemos frenar ese primer impulso y generar un abanico de otras interpretaciones posibles.
¿Cómo podemos detectar si lo que se nos pasa por la cabeza es o no un error de pensamiento?
El psiquiatra Aaron T. Beck propuso un método para identificar y modificar este tipo de cogniciones mediante cuatro preguntas:
- ¿Qué pruebas tengo para pensar así?
He pensado algo que hace que me encuentre mal. ¿Por qué me afecta de esa forma?; ¿Qué significa para mí?. Este primer punto consiste en poner en tela de juicio nuestro pensamiento, tratando de situarlo dentro de un contexto. Si mi respuesta es que no tengo una prueba lo suficientemente clara como para darle la razón a mi pensamiento… quizás es que estoy lanzando un juicio precipitado.
Mi compañero me ha tirado el café, pero ¿mientras lo hacía me dijo que quería fastidiarme la reunión? ¿Por qué doy entonces por sentado que lo ha hecho a propósito?
- ¿Qué otras interpretaciones podría tener?
¿Estoy contemplando mi opinión como la única posible? ¿Haría otra interpretación si no estuviera nervioso por la reunión o si hubiera sido un compañero con el que tuviera más relación? Es importante evaluar qué otras interpretaciones podríamos hacer y cómo nos sentiríamos entonces.
Si pienso que lo ha hecho con mala intención porque no le caigo bien, me sentiré triste el resto del día, pero si también tengo en cuenta que quizás también estaría nervioso por algún motivo y que no estaba pendiente de sus movimientos… La mancha seguirá en mi camisa, pero seguramente yo no sentiré tanto malestar.
- ¿Cuál es el coste y el beneficio de pensar así?
¿En qué me ayuda y en qué me perjudica pensar de ese modo? Si la balanza se decanta hacia consecuencias sin ninguna utilidad y que sólo hacen que sienta malestar… Es probable que tenga que aceptar que las cosas pueden ser de otra manera.
- ¿Estoy cometiendo algún error de pensamiento?
Este sería el momento de revisar los tipos de pensamientos de los que hablamos en el artículo anterior y preguntarnos por ejemplo si estamos pensando en términos de todo o nada, si exageramos sus consecuencias o si pretendemos adivinar lo que piensan los demás
Si después de respondernos a estas cuatro preguntas nos damos cuenta que nuestra interpretación no es del todo segura, pasaríamos a la segunda parte:
¿Qué pensamiento alternativo puedo tener?
Generar un pensamiento alternativo no significa tener que pensar bien de todas las situaciones o de todo el mundo, significa elaborar una interpretación más objetiva en base a las pruebas que tenemos.
En ocasiones nuestro nuevo pensamiento nos seguirá generando malestar, pero no pasa nada mientras sea coherente con la situación.
El proceso de reestructuración cognitiva es complicado, por lo que es importante con
Ejemplos para cambiar pensamientos negativos
A lo largo de estas semanas hemos visto los errores de pensamiento que a todos se nos han pasado alguna vez por la cabeza, así como el proceso para identificarlos y cambiarlos (lo que en psicología llamamos reestructuración cognitiva).
Como la teoría es más sencilla que la práctica, utilizaremos ejemplos del artículo sobre los errores de pensamiento acompañándolos de preguntas que cuestionen la veracidad de nuestro pensamiento inicial y nos ayuden en el proceso de cambio.
- “Mañana voy a fracasar en la reunión”
¿Qué es lo que me preocupa de la reunión?
¿No haber preparado el tema lo suficiente?, ¿que es la primera a la que me enfrento en la empresa? ¿Pienso así cada vez que estoy bajo presión?
Sea cual sea la respuesta, no podré saber lo que pasará hasta que ocurra. Preocuparse es sufrir dos veces, la primera al dar por seguro que la reunión nos irá mal y la segunda si al final se cumple. ¿Pero si sale bien? Hemos desperdiciado ese tiempo en un malestar innecesario.
- “Seguro que está pensando que soy un desastre”
Como seres sociales que somos, es inevitable tener en cuenta la opinión o la impresión que causamos en otras personas, pero decidir si hacemos algo o no en función de lo que vayan a pensar los demás es una batalla perdida, ya que hagamos lo que hagamos no podremos controlar el qué dirán.

- “Si suspendo este examen seré incapaz de sacar el curso adelante”
¿He suspendido el resto de asignaturas? Si la respuesta es no, visualizar unas consecuencias tan negativas no me ayudará, sino todo lo contrario.
Si finalmente suspendo el examen daré credibilidad a lo que pensaba (“Yo tenía razón”) y puede que disminuya mi motivación para seguir esforzándome durante el resto del curso.
Si finalmente obtengo peores calificaciones no será por mis dotes adivinatorias, sino por haber dado por perdido antes de tiempo lo que estaba en mis manos poder cambiar.
- “Hoy no me ha saludado mi vecino, es un maleducado”
Si cada vez que nos cruzamos con él no obtenemos respuesta, parece razonable pensarlo, pero sacar conclusiones apresuradas sin el argumento suficiente… ¿Es un maleducado o es que tiene prisa? ¿Y si no nos ha oído?
- “Lo que he conseguido no tiene mérito, ha sido muy fácil”
Estamos acostumbrados a valorar como positivas aquellas cosas que se salen de nuestra rutina (un viaje, una sorpresa…) y a normalizar la importancia de los pequeños placeres de nuestro día a día (un café con un amigo, un halago, una sonrisa).
Algo similar nos pasa con nuestros logros. Si restamos valor a lo que conseguimos, estamos poniéndonos la zancadilla a nosotros mismos. No tenemos que esperar a grandes acontecimientos para valorarnos.
- “Tengo que ser capaz de hacerlo”
Las frases que comienzan con tengo que o debo no suelen tener buen pronóstico. Cuanto utilizamos ese tipo de mensajes estamos añadiendo una presión extra a aquello que queremos hacer, sintiéndonos mal si no lo cumplimos. La connotación de exigencia disminuye si lo sustituimos por un me gustaría.
Estos planteamientos son solo pinceladas del gran abanico de matices y variables que existen en cada situación que vivimos cada uno de nosotros, siendo por eso tan importante contextualizar lo que nos pasa para evitar dañarnos con lo que pensamos.