La construcción del vinculo de apego

La construcción del vinculo de apego

El vinculo de apego y la seguridad interna.

La teoría del vinculo afectivo atribuye un sentido muy especifico a la palabra apego en particular cuando se aplica a la relación madre (padre)-hijo. El vinculo afectivo o apego es una construcción afectiva basada en la necesidad que tiene el niño  de seguridad y de protección. Es un conjunto de gestos primitivos y biológicos cuyo fin es fijar la relación con la persona o personas con las que establece el vínculo afectivo que asegura su supervivencia. Esta necesidad es primordial en el bebe o en el niño, incapaz de satisfacer sus propias  necesidades. Los bebes se “pegan” instintivamente al o a los que le cuidan y que tienen esta responsabilidad de cuidado y vigilancia  hacia ellos.
Generalmente la población ve en el vinculo afectivo (apego) un estado afectivo de devoción y de amor entre dos personas. Vemos también la imagen de un vínculo o un apego que une  a dos personas aunque esta unión pueda ser positiva o negativa.
Según las diferentes  investigaciones, los  exámenes periciales clínicos y a la luz de la teoría que los sustentan, el apego del que aquí se trata no es sinónimo de afecto y de amor. Se trata de la  construcción de un vínculo con la figura de referencia (la cuidadora). El proceso empieza en la concepción, durante el periodo intrauterino  y los dos primeros años de la vida del niño.

(más…)

Mejorar el comportamiento de tu hij@

Mal comportamiento infantil

Marcar unas normas a los niños desde que son pequeños es la base para conseguir una buena conducta. El exceso de permisividad deriva en pequeños egoístas no acostumbrados a recibir un ‘no’, mientras que el autoritarismo puede lesionar su autoestima y hacerles creer que sus padres y madres no les quieren. La relación entre padres e hijos es un tira afloja en el que unos luchan por mantener el poder y otros por conquistarlo, pero no se puede tomar el camino fácil de imponer un castigo, porque su efecto, aunque inmediato, es momentáneo. A la larga, da mejor resultado recompensar las buenas conductas e intentar buscar alternativas a los actos que menos gustan. Todo el mundo sabe que los actos que se repiten son los que reportan un beneficio.

Las malas conductas de los niños no pueden ser sancionadas con castigos. La clave está en recompensar los buenos actos y buscar alternativas a los malos

Lucha de poder entre padres e hijos

La mayor parte de los comportamientos infantiles son aprendidos. Al nacer, el niño desconoce las normas y las pautas de conducta que se consideran adecuadas, por lo que busca sus propios modelos y aprende de ellos. Se considera que el comportamiento es malo cuando, por defecto o exceso, no se adapta a lo que se entiende por ‘normal’. Son muchos los padres que acuden a la consulta y hacen la misma pregunta: ¿Por qué mi hijo se comporta así? «La respuesta está clara: tienen que cortar el problema de raíz y marcar unas normas desde que los hijos son pequeños, menores de cuatro años, y en pequeñas cosas».

Una vez que el niño realiza un acto, lo repetirá o no en función del efecto que produzca en su entorno, por lo que los padres deben encontrar el equilibrio entre permisividad y autoridad. No obstante, «cada problema debe ser estudiado de manera individual para descubrir su origen, que puede ser educativo, con problemas de comportamiento, o biológico, con trastornos de conducta». En el segundo caso, relacionado con cerca del 40% de los niños hiperactivos, cabe la posibilidad de que el pequeño necesite tratamiento farmacológico, porque su mala conducta responde a «condicionantes» con los que ha nacido. Se trata de niños con conductas negativistas y desafiantes hacia sus padres, que carecen de control de sus impulsos y que, «cuando cometen un error, les gustaría resolverlo pero no pueden».

Con Autoridad no se Educa, Se adiestra.

Por otro lado, se encuentran los «falsos niños con trastornos», cuyos problemas de comportamiento tienen origen a menudo en la sobreprotección de los padres, «que resuelven los problemas que el niño tiene que resolver por él mismo». «Si a los niños menores de tres años les dan de comer los padres, les permiten ir a la cama cuando quieren y les resuelven todos los problemas, no se les educa en la capacidad de frustración y los niños no toleran un ‘no’. Éste no es el camino correcto». No se puede ser tan autoritario que el niño sienta que sus padres no le quieren, ni tan permisivo que acabe haciendo siempre lo que quiere. Desde la Asociación Mundial de Educadores Infantiles recuerdan que la permisividad «produce falta de control interno» y reconocen que la autoridad y firmeza bien ejercida permite a los niños alcanzar una «progresiva madurez y responsabilidad». Aquí, antes estas palabras tenemos una vez más ciertas diferencias, pues aunque cierto es que en el punto medio está la magia, creemos firmemente que con Autoridad con se educa, se adiestra. El hablar con nuestros hijos, hacerles ver las responsabilidades y consecuencias en y de sus actos, les ayudará en su futuro.cropped logo grande clinica copia2

Si no se da ese equilibrio, se produce lo que se denomina ‘lucha de poder’: «Los padres repiten, recuerdan lo que deben hacer sus hijos, pero con resultados negativos. Luego negocian, razonan y sermonean sin éxito. Cuanto más repiten, más se enfadan, hasta acabar en gritos y amenazas, incluso en insultos y bofetadas. Cuando ya no pueden más, explotan diciendo cosas de las que luego se arrepentirán e infringiendo castigos desproporcionados que nada consiguen mejorar. Estas rutinas pueden convertirse con el tiempo en patrones destructivos de comunicación, relación familiar y resolución de problemas, en hábitos familiares que se consideran como la manera normal de convivir en casa». Así, en ocasiones, los hijos desafían a sus padres cuando no sienten satisfechas sus necesidades y buscan poder. «A veces nos ponen a prueba para mostrarnos que han cambiado y que las normas, por lo tanto, también han de cambiar. Nos desafían continuamente, nos provocan y muchos de ellos nos manipulan hasta llevarnos a su terreno y, entonces, ganan la batalla». Los niños ganan cuando los mayores pierden el control de la situación y la disputa se convierte en una verdadera batalla por conquistar o mantener el poder.

Corregir problemas de conducta con los niñ@s

Los niños con problemas de conducta suelen mostrarse desobedientes. No es extraño que, asimismo, insulten, se hayan acostumbrado a mentir a quienes les rodean, se enrabieten con facilidad e, incluso, lleguen a mostrarse agresivos cuando se les lleva la contraria. Corregir a un niño con un trastorno de comportamiento, sin embargo, es posible. Y cuanto antes se empiece, más posibilidades de éxito se tendrá.

Poner límites a los niños y pasar el tiempo suficiente a su lado son algunas de las claves para rectificar los problemas de conducta infantiles

Niños con problemas de conducta: pautas para corregirlos

Los problemas de conducta en el niño

Un niño con problemas de conducta, que desobedece de forma habitual a sus progenitores, que grita y se enfada con frecuencia o que, incluso, experimenta brotes de agresividad cuando se le lleva la contraria precisa la ayuda de sus padres y docentes para superar su trastorno de comportamiento.

Poner límites a las demandas del niño es esencial para establecer unos hábitos de conducta adecuados

En el desarrollo evolutivo del pequeño es normal que, en ocasiones, se detecten estas conductas agresivas, desafiantes, de oposición o desobedientes. Las pautas educativas habituales logran, en general, erradicar estos comportamientos. Sin embargo, en algunos niños, estas actitudes son perseverantes en el tiempo y se incrementa su frecuencia y magnitud a medida que el infante crece.cropped logo grande clinica copia4 copia copia

Una intervención temprana de sus progenitores, así como la ayuda de psicólogos en los casos más graves, pueden ayudar a prevenir que un problema de conducta infantil evolucione hacia trastornos más graves en la adolescencia.

Lograr en el niño un comportamiento adecuado: ¿cómo se hace?

Las investigaciones y estudios sobre comportamiento infantil suelen coincidir a la hora de señalar la forma de crear en el niño unas conductas adecuadas. Mantener un buen vínculo afectivo con los progenitores fomenta procederes correctos en el pequeño. Dedicar tiempo suficiente a estar juntos en edades tempranas, jugar con ellos, prestar atención a sus actuaciones y ejercer el control sobre ellas cuando sea necesario son algunas de las pautas para corregir los problemas de conducta en el niño.

Es fundamental, asimismo, poner límites a sus demandas desde muy pequeños y mantenerse firme en ellos. Esta práctica es una de las mejores formas de establecer unos hábitos de conducta adecuados, que el niño utilizará como referente en su comportamiento posterior.

Tan importante es prestar atención al niño cuando se comporta bien como retirársela ante una actitud negativa

El pedagogo Jesús Jarque, autor de distintos manuales para padres sobre conducta infantil, precisa que «establecer límites es concretar qué se espera del niño y qué no». En caso de que estas fronteras se traspasen, advierte: «hay que adoptar medidas».cropped logo grande clinica copia2

La atención que un niño recibe de los adultos juega un papel primordial en el control de la conducta de los pequeños. Tan importante es prestarle la suficiente atención cuando se comporta de forma adecuada, y halagarle por ello, como retirársela cuando el comportamiento sea negativo.

Jarque puntualiza que el comportamiento inadecuado de los niños se desarrolla con frecuencia «para llamar la atención de los padres, ya que comprueban que hay una desproporción entre la forma de actuar de ellos cuando se portan mal y cuando se portan bien». Si las actuaciones inadecuadas son las únicas que atienden los progenitores, el pequeño, ante la necesidad de atención, reforzará estas en detrimento de las buenas conductas.

Pasos para corregir los problemas de conducta infantiles

Entre otras pautas básicas recomendadas por los especialistas, destacan las siguientes:

  • Claridad. Cuando se dan instrucciones al niño, es importante ser claro y preciso. No es lo mismo decirle «pórtate bien», o «no te portes mal», que decirle qué es correcto y qué no lo es.
  • Coherencia y constancia. Un padre que riñe a su hijo por un determinado comportamiento, debe hacerlo siempre que lo detecte de nuevo. Hay que tener en cuenta, asimismo, que el pequeño observa su entorno y lo imita: no sería correcto desaprobar una conducta que contempla de forma habitual en su familia.
  • Consenso y complicidad. Es necesario que todos los miembros de la familia, y de fuera de ella con responsabilidad sobre el niño, apliquen las mismas pautas a la hora de enseñar al pequeño buenos hábitos de conducta. Todos deben permitir, o no, las mismas actuaciones.

Tolerancia a la frustración en el deporte

La baja tolerancia a la frustración

Los acontecimientos vividos como fracaso están relacionados a la capacidad personal que poseemos para manejar nuestras emociones. A las personas con baja tolerancia al error les cuesta manejar situaciones de estrés, o sea, eventos relacionados con un resultado personal. Generalmente, estos individuos han sido sobreprotegidos en su infancia. Son frágiles, sensibles, con miedo a las evaluaciones y a la equivocación, ya que no están acostumbrados a resolver problemas por sí mismos. psicologia del deporteEn el polo opuesto encontramos personas sobreexigidas, los perfeccionistas, que no toleran la frustración porque todo lo necesitan hacer bien.

Esfuerzo y Perseverancia en el deporte

Muchas veces estas personas son grandes jugadores ya que poseen muchas condiciones y trabajan duro para conseguirlo. No obstante cuando llega el torneo o el partido se bloquean ante el primer error. Son personas muy exigentes y de grandes expectativas, y al no llegar a metas tan altas, se frustran. Esta forma de actuar se va formando en los primeros años. En la primera infancia es importante que los deseos del niño se satisfagan de inmediato, que la madre y el padre cumplan con la acción específica de brindar una sensación de seguridad y estabilidad, ya que es elemental para su desarrollo posterior emocional.

Saber decir que no y Saber Esperar

A medida que el niño o niña va creciendo, se va dando cuenta de que no siempre se puede tener lo que se desea de inmediato y va aprendiendo a tolerar, a esperar, a aceptar cierta molestia o demora en la obtención de lo que se quiere. Es decir, va aprendiendo a tolerar la frustración, la tardanza en lo deseado, a saber esperar, a soportar las vicisitudes del ambiente, y a aprender a satisfacer sus deseos y necesidades por él mismo en vez de esperar pasivamente que otros lo hagan por él. Para ello, no se debe caer ni en la sobreprotección ni en la sobreexigencia. terapia on lineDe esta manera, se van instaurando internamente las normas, los límites que nos van marcando lo que se puede y lo que no se debe y las normas morales de tolerancia mutua. Luego de adultos, actuaremos de acuerdo a cómo hemos sido programados, otorgando nuestra interpretación a los hechos y sus correlativas emociones, éxitos y fracasos.

Permiso, Aceptación, Resolución de Conflictos

Para manejar la frustración, una persona necesita tener o aprender a incorporar mensajes y normas parentales que le ayuden a aceptar, elaborar y resolver situaciones frustrantes. Cuando esto no sucede nos encontramos con niños que actúan de acuerdo a sus necesidades más próximas, no toleran la espera, ni pueden sustituir un deseo no disponible para otro momento. Al no obtenerlo se manejan con el escándalo, el grito, el capricho, el enojo. No logran admitir que las cosas no siempre son como ellos quieren, y lo no obtenido significa una tardanza en la satisfacción de sus deseos. Los demás son malos, tienen la culpa, se quejan continuamente, y no poseen las herramientas para lograr ellos mismos satisfacer sus demandas.p17dgt0q0a7bg1l1vrm6d6l1khg0 41339

Esta información debe ser tenida en cuenta por entrenadores y profesores para poder medir y/o estar atento a qué medidas tomar ante la explosión de estas conductas en los pequeños, y por qué no en los grandes, ante la más mínima molestia o tardanza en la satisfacción de sus deseos, es decir, en sentirse frustrados; por ejemplo la incómoda situación de ser suplente, ser sacado del campo, perder una bola o pelota. Esa es la manera en que se vive el fracaso en las personas que no han sido desde pequeños “entrenados” en la búsqueda y sofocación de sus deseos y necesidades más básicas, en la fortaleza de su Yo, herramientas necesarias para soportar el bloqueo, la agresión y la irritación ante una falta.cropped logo grande clinica copia2

La frustración es un estado que se produce en el deporte cuando los resultados quedan por debajo de lo esperado, es decir, cuando no se cumplen los objetivos propuestos. Este bloqueo hacia lo esperado y no encontrado, detona un sentimiento de fastidio, desamparo, ira, debido a la incapacidad lograda. Esta frustración genera una carga psíquica que al alcanzar altos niveles por acumulación genera estrés. Al no poder alcanzar lo previsto en el ahora, se produce una frustración general ya que no saben soportar la espera centrada en la esperanza de que esa satisfacción se conseguirá en un largo tiempo por medio del esfuerzo, el sacrificio y la voluntad de logro.

Debemos aprender que cuando sucede un error y nos enojamos emitimos un juicio de valor sobre la situación porque estamos involucrados en ella, y cuando la emoción es muy fuerte nos paraliza, nos bloquea en la acción. Es cuando debemos parar y emitir un juicio entre la situación vivida y la agresión sentida. La frustración forma parte de la vida. La vida es problema, es ruido, es caerse y volverse a levantar, es molestia, preocupación, conflicto, fastidio. No podemos evitarla, pero sí podemos aprender a manejarla y a superarla. De ahí que debe surgir nuestra capacidad de afrontación ante el problema y el error. Si no estás preparado para soportar la presión, no te involucres en el deporte porque hay mucha presión en esta actividad y vas a sufrir mucho al no obtener todo rápido y sentirte continuamente evaluado, lastimado.

La buena noticia es que se puede trabajar y mejorar. Si sientes que eres muy ansioso, impulsivo e intolerante y que te cuesta horrores soportar tensiones, es el momento de la consulta y ayuda psicológica para poder encontrar otro sentido en tus actividades, y enfrentar la realidad y no la temeraria ilusión. El deportista de rendimiento y el hombre de la vida cotidiana debe estar sostenido por la convicción de ir viviendo y reconstruyendo en cada momento la realidad tal cual es y no según la interpretación subjetiva del hecho.¿Quién es el que legaliza lo que está bien o mal? Eres tu mismo. El error forma parte del juego y está en ti la capacidad de seguir “enroscándote” en el problema o tratar de solucionarlo para seguir jugando tan bien como estás acostumbrado a hacerlo.

Cambiar pensamientos negativos

Ejemplos para cambiar pensamientos negativos

A lo largo de estas semanas hemos visto los errores de pensamiento que a todos se nos han pasado alguna vez por la cabeza, así como el proceso para identificarlos y cambiarlos (lo que en psicología llamamos reestructuración cognitiva).

Como la teoría es más sencilla que la práctica, utilizaremos ejemplos del artículo sobre los errores de pensamiento acompañándolos de preguntas que cuestionen la veracidad de nuestro pensamiento inicial y nos ayuden en el proceso de cambio.albert ellis

  • “Mañana voy a fracasar en la reunión”

¿Qué es lo que me preocupa de la reunión?
¿No haber preparado el tema lo suficiente?, ¿que es la primera a la que me enfrento en la empresa? ¿Pienso así cada vez que estoy bajo presión?

Sea cual sea la respuesta, no podré saber lo que pasará hasta que ocurra. Preocuparse es sufrir dos veces, la primera al dar por seguro que la reunión nos irá mal y la segunda si al final se cumple. ¿Pero si sale bien? Hemos desperdiciado ese tiempo en un malestar innecesario.

  • “Seguro que está pensando que soy un desastre”

Como seres sociales que somos, es inevitable tener en cuenta la opinión o la impresión que causamos en otras personas, pero decidir si hacemos algo o no en función de lo que vayan a pensar los demás es una batalla perdida, ya que hagamos lo que hagamos no podremos controlar el qué dirán.

logo grande clinica copia4 copia

  • “Si suspendo este examen seré incapaz de sacar el curso adelante”

¿He suspendido el resto de asignaturas? Si la respuesta es no, visualizar unas consecuencias tan negativas no me ayudará, sino todo lo contrario.

Si finalmente suspendo el examen daré credibilidad a lo que pensaba (“Yo tenía razón”) y puede que disminuya mi motivación para seguir esforzándome durante el resto del curso.
Si finalmente obtengo peores calificaciones no será por mis dotes adivinatorias, sino por haber dado por perdido antes de tiempo lo que estaba en mis manos poder cambiar.

  •  “Hoy no me ha saludado mi vecino, es un maleducado”

Si cada vez que nos cruzamos con él no obtenemos respuesta, parece razonable pensarlo, pero sacar conclusiones apresuradas sin el argumento suficiente… ¿Es un maleducado o es que tiene prisa? ¿Y si no nos ha oído?

  • “Lo que he conseguido no tiene mérito, ha sido muy fácil”

Estamos acostumbrados a valorar como positivas aquellas cosas que se salen de nuestra rutina (un viaje, una sorpresa…) y a normalizar la importancia de los pequeños placeres de nuestro día a día (un café con un amigo, un halago, una sonrisa).

Algo similar nos pasa con nuestros logros. Si restamos valor a lo que conseguimos, estamos poniéndonos la zancadilla a nosotros mismos. No tenemos que esperar a grandes acontecimientos para valorarnos.

  • “Tengo que ser capaz de hacerlo”

Las frases que comienzan con tengo que o debo no suelen tener buen pronóstico. Cuanto utilizamos ese tipo de mensajes estamos añadiendo una presión extra a aquello que queremos hacer, sintiéndonos mal si no lo cumplimos. La connotación de exigencia disminuye si lo sustituimos por un me gustaría.

Estos planteamientos son solo pinceladas del gran abanico de matices y variables que existen en cada situación que vivimos cada uno de nosotros, siendo por eso tan importante contextualizar lo que nos pasa para evitar dañarnos con lo que pensamos.