Ataques de Panico. Sintomatología y Tratamiento
Los ataques de pánico se caracterizan por un acceso brusco de miedo o malestar intenso. Pueden aparecer en cualquier momento, aunque no haya nada que temer.
El sistema nervioso de algunas personas activa señales de alarma en momentos inapropiados. Esas personas sienten las mismas sensaciones físicas y emocionales que experimentarían si sus vidas estuvieran realmente amenazadas. Los ataques pueden provenir de la nada, en lugares donde no existe el más mínimo peligro real. A pesar de que, habitualmente, duran sólo unos pocos minutos, las crisis de pánico hacen que estas personas se sientan como si fueran a tener un ataque al corazón, desmayarse, o volverse locas. Es frecuentemente descripta como “la experiencia más terrorífica que he vivido”.
Una de las mayores dificultades con que se encuentran los individuos con trastorno de pánico es obtener un diagnóstico adecuado.
Síntomas del Ataque de panico.
Los síntomas más comunes de una crisis de pánico son: palpitaciones, sudoración, miedo a morir, a desmayarse, a perder el control o a volverse loco, dolor en el pecho, mareos, temblores, sensaciones de frío o calor, ahogos, náuseas, debilidad y sensación de irrealidad, entumecimiento de extremidades, sensación de hormigueo, sensación de atragantamiento. (más…)
Tratamiento para el TOC: La exposición con prevención de respuesta
En el inicio, el tratamiento para el TOC se basaba en técnicas conductuales tales como la detección y parada del pensamiento, la intención paradójica o la saciación, pero eventualmente se comprobó que estas propuestas no solo no eran efectivas para la reducción o eliminación de los síntomas, sino que podían llegar a ser incluso contraproducentes. De esta manera, con el objetivo de mejorar el tratamiento y aportar técnicas eficaces, desde la corriente conductista se empezó a trabajar en la “Exposición con Prevención de Respuesta”, siendo considerada hasta la fecha un elemento central en el abordaje del TOC.
Esta técnica consiste en que la persona se enfrente sus pensamientos obsesivos, “provocándolos” voluntariamente, de manera que pueda experimentar la ansiedad que le generan dichos pensamientos intrusivos. La clave de está en que al evocar sus obsesiones la persona no debe realizar ningún tipo de ritual o compulsión, y es aquí donde radica el reto.
Lo que se persigue con esta técnica es romper el círculo vicioso que se da entre los pensamientos intrusivos, la ansiedad y las conductas compulsivas, de manera que la persona pueda afrontar las situaciones o estímulos internos temidos sin retroalimentarlos. Esto es posible gracias a la habituación de la ansiedad y a la comprobación (adaptativa) de que las predicciones catastrofistas son erróneas.
Otro de los aspectos relevantes sobre esta técnica, es que para que sea efectiva es necesario que se realice de forma repetida y prolongada. Se recomienda que los ejercicios de exposición tengan una duración de unos 45 minutos como mínimo, esto es para que la persona pueda experimentar toda la curva de la ansiedad con éxito, es decir, que perciba como la ansiedad empieza a subir hasta alcanzar su punto máximo y después empieza a descender por sí sola, sin necesidad de realizar ningún ritual. En cuanto a la frecuencia, aunque puede variar en función del caso y la gravedad los síntomas, así como de las circunstancias vitales de la persona, puede realizarse diariamente durante varias semanas o si se busca un tratamiento menos intensivo, puede realizarse una o dos veces por semana.
Por último, pero no por ello menos importante, es preciso mencionar que la exposición a los estímulos temidos, siempre ha de hacerse de forma gradual, de menor a mayor ansiedad provocada, ya que esto permitirá a la persona ir ganando la confianza necesaria para seguir afrontando sus obsesiones sin realizar los rituales. La jerarquización de las tereas de exposición es un trabajo muy importante que debe hacerse entre el terapeuta y la persona, esto es indispensable para éxito del tratamiento.
Cada tarea o “ítem” de la jerarquía se mide en USAs (unidades subjetivas de ansiedad) de esta manera se establece un parámetro de medición en el que tanto terapeuta como paciente puedan entenderse y valorar de forma similar los estímulos temidos. La respuesta de ansiedad es algo subjetivo y únicamente experimentada por la persona que la siente, de ahí la necesidad de emplear una medición objetiva de los ítems, para evitar posibles errores o situaciones que la persona aún no está preparada para afrontar.
Si bien la exposición con prevención de respuesta ha demostrado ampliamente su eficacia, por sí sola no garantiza el éxito del tratamiento, motivo por el cual en las últimas décadas se ha trabajado en la combinación de la EPR junto con otro tipo de técnicas consiguiendo con maximizar la eficacia del tratamiento psicológico en este tipo de trastornos.
¿Se puede afirmar que las personas son más o menos ansiosas?
Sí. La ansiedad no es sólo una reacción emocional, sino que también puede ser considerada como un rasgo de personalidad. En este caso entendemos la ansiedad como una característica de la personalidad, relativamente estable (a lo largo del tiempo y en diferentes situaciones), en la que se encuentran diferencias individuales importantes.
Distinguimos entre rasgo de ansiedad y estado de ansiedad. El rasgo de ansiedad se refiere a la tendencia individual a reaccionar de forma ansiosa, mientras que el estado es descrito como un estado emocional transitorio y fluctuante en el tiempo. El nivel de un estado de ansiedad debería ser alto en circunstancias que sean percibidas por el individuo como amenazantes, independientemente del peligro objetivo. La intensidad de un estado de ansiedad sería baja en situaciones no amenazantes, o en circunstancias en que aún existiendo peligro, éste no es percibido como amenazante. Mediante el rasgo de ansiedad evaluamos las diferencias en la disposición para percibir estímulos situacionales como peligrosos o amenazantes, y la tendencia a responder ante tales amenazas con reacciones de estados de ansiedad. El rasgo de ansiedad puede ser considerado como reflejo de las diferencias individuales en la frecuencia y en la intensidad con que los estados de ansiedad se han manifestado en el pasado, y en la probabilidad con que tales estados serán experimentados en el futuro. Las personas más ansiosas, tienen un marcado rasgo de ansiedad, por lo que tienden a percibir un gran número de situaciones como peligrosas o amenazantes, y a responder a estas situaciones amenazantes con estados de ansiedad de gran intensidad.
Las personas que padecen crisis de angustia («ataques de pánico«) sienten, de forma bastante repentina y durante un periodo de tiempo limitado (suele oscilar entre uno y diez minutos), un profundo miedo o un gran malestar. Estas sensaciones desagradables son tan intensas que quienes las sufren suelen creer que están gravemente enfermos (o incluso que van a morir o a volverse locos) y, por ello, tienen la necesidad de escapar de la situación o recibir ayuda de algún tipo.

La crisis de angustia viene siempre acompaña por un conjunto de sensaciones orgánicas y por una serie de pensamientos. Entre las sensaciones las más habituales son: palpitaciones fuertes del corazón, sudoración, temblores o sacudidas, falta de aliento o ahogo, sensación de atragantarse, opresión o malestar en el tórax, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad o mareo, aturdimiento, sensación de «falta de realidad» y de «estar fuera del cuerpo», hormigueos en los miembros y escalofríos o sofocos. En Psicólogos Valencia te ofrecemos un tratamiento a través de la Terapia Cognitiva Conductual. Terapia con mayor tasa de éxito en este tipo de trastornos de angustia.
Por su parte, los pensamientos más frecuentes son el miedo a perder el control o enloquecer, y el miedo a tener un infarto o un accidente cerebro-vascular. Por supuesto, es raro que todos estos síntomas y pensamientos aparezcan a la vez y en la mayoría de los casos se presentan sólo tres o cuatro.
Si las crisis de angustia van repitiéndose, el miedo tiende a hacerse aún más intenso y la sensación de pérdida de control sobre la propia vida se acentúa. Es habitual que en este proceso se vayan evitando progresivamente los lugares donde apareció el pánico, por lo que el sujeto puede acabar restringiendo de forma drástica su movilidad y abandonar muchas de las actividades que antes le gustaban (ir a comprar a unos grandes almacenes, ir al cine o comer fuera de casa, viajar, etc.) o incluso las que necesitaba llevar a cabo (conducir, acudir al trabajo, etc.). En los casos más graves, algunas personas terminan completamente recluidas en su propia casa.
Las crisis de angustia pueden tener varias modalidades, pero se distingue, sobre todo, entre tres posibilidades:
(1) Las crisis de angustia inesperadas, que son aquellas en las que el inicio de la crisis no se asocia a desencadenantes ambientales (es decir, aparecen sin ningún motivo aparente);
(2) Las crisis de angustia situacionales, que, en cambio, se consideran desencadenadas por estímulos ambientales (por ejemplo, ver una serpiente o un perro dispara automáticamente una crisis de angustia); y, por último,
(3) Las crisis de angustia más o menos relacionadas con una situación determinada, que son aquellas en las que hay más probabilidades de que aparezca el malestar al exponerse a ciertos estímulos o desencadenantes ambientales (por ejemplo, las crisis tienen más probabilidades de aparecer cuando se está en unos grandes almacenes, pero a veces se puede comprar allí sin sufrir ninguna crisis de angustia, o bien padecerla media hora después de haber vuelto a casa).
(más…)
En general, los trastornos de ansiedad se tratan con medicación, tipos específicos de psicoterapia, o ambos. Los tratamientos para la ansiedad a escoger dependen del problema y de la preferencia de la persona. Antes de comenzar un tratamiento, un médico debe realizar una evaluación diagnóstica cuidadosamente para determinar si los síntomas de una persona son causados por un trastorno de ansiedad o por un problema físico. Si se diagnostica un trastorno de ansiedad, el tipo de trastorno o la combinación de trastornos presentes deben identificarse, al igual que cualquier enfermedad coexistente, tales como depresión o abuso de sustancias. En ocasiones, el alcoholismo, la depresión, u otras enfermedades coexistentes tienen un efecto tan fuerte sobre el individuo, que el tratamiento del trastorno de ansiedad debe esperar hasta que las enfermedades coexistentes queden bajo control.
Las personas con trastornos de ansiedad que ya hayan recibido tratamiento, deben informar en detalle a su respectivo médico acerca de tal tratamiento. Si estas personas recibieron medicamentos, deben informar a su médico qué medicación se utilizó, qué dosis se usó al comienzo del tratamiento, si la dosis se aumentó o disminuyó durante el tratamiento, qué efectos secundarios se presentaron, y si el tratamiento les ayudó a reducir la ansiedad. En caso de que hubiesen recibido psicoterapia, deben describir el tipo de terapia, con qué frecuencia asistieron a sesiones, y si la terapia fue útil. (más…)