Depresión
La depresión es una enfermedad clínica severa. Es más que sentirse «triste» por algunos días. Si usted es uno de los millones de jóvenes y adultos que tiene depresión, esos sentimientos no desaparecen. Persisten e interfieren con su vida cotidiana. Los síntomas pueden incluir:
- Sentirse triste o «vacío»
- Pérdida de interés en sus actividades favoritas
- Aumento o pérdida del apetito
- No poder dormir o dormir demasiado
- Sentirse muy cansado
- Sentirse sin esperanzas, irritable, ansioso o culpable
- Dolores de cabeza, calambres o problemas digestivos
- Ideas de muerte o de suicidio
La depresión es un trastorno del cerebro. Existen muchas causas, incluyendo factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos. La depresión puede comenzar a cualquier edad, pero suele empezar en la juventud o en adultos jóvenes. Es mucho más común en las mujeres. Las mujeres también pueden tener depresión postparto después de dar a luz. Algunas personas tienen un trastorno afectivo estacional en el invierno. La depresión es una parte del trastorno bipolar.
Existen tratamientos eficaces para la depresión, incluyendo antidepresivos y terapia de conversación, o ambos a la vez.
Depresión mayor
Es el hecho de sentirse triste, melancólico, infeliz o bajo de ánimo. La mayoría de las personas se siente así de vez en cuando.
La depresión mayor es un trastorno del estado de ánimo. Se presenta cuando los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria durante un largo período de tiempo. También cambia la manera en la que funciona el cuerpo.
Causas
Los investigadores de atención médica desconocen la causa exacta de la depresión. Se cree que los cambios químicos en el cerebro son responsables. Esto puede deberse a problemas con los genes. O se puede desencadenar por ciertos hechos estresantes. Lo más probable es que sea una combinación de ambos.
Algunos tipos de depresión son hereditarios. Otros tipos ocurren incluso si usted no tiene antecedentes familiares de la enfermedad. Cualquier persona puede deprimirse, incluyendo los niños y los adolescentes.
La depresión puede cambiar o distorsionar la forma como usted se ve a sí mismo, a su vida y a las personas a su alrededor.
Con la depresión, a menudo usted ve todo en una forma negativa. Es difícil para usted imaginar que un problema o situación se pueda resolver de un modo positivo.
Los síntomas de depresión pueden incluir:
- Agitación, inquietud, irritabilidad e ira
- Volverse retraído o aislado
- Fatiga y falta de energía
- Sentimientos de desesperanza, indefensión, inutilidad, culpa, y odio a sí mismo
- Pérdida de interés o placer en actividades que alguna vez se disfrutaron
- Cambio súbito en el apetito, a menudo con aumento o pérdida de peso
- Pensamientos de muerte o suicidio
- Dificultad para concentrarse
- Dificultad para conciliar el sueño o exceso de sueño
La depresión en los adolescentes puede ser más difícil de reconocer. Los problemas en la escuela, de comportamiento, o el consumo de alcohol o drogas, todos pueden ser señales.
Si la depresión es muy intensa, pueden presentarse alucinaciones y delirios (creencias falsas). Esta afección se denomina depresión con rasgos psicóticos.
La depresión se puede tratar. El tratamiento normalmente incluye medicamentos, con o sin psicoterapia.
Si usted está pensando en el suicidio o está sumamente deprimido y no puede desempeñarse, posiblemente necesite tratamiento en un hospital.
MEDICAMENTOS
Los antidepresivos son medicamentos empleados para tratar la depresión. Funcionan restableciendo los químicos en el cerebro a los niveles adecuados. Esto ayuda a aliviar los síntomas.
Si tiene delirios o alucinaciones, su médico puede recetarle medicamentos adicionales.
Coméntele a su médico o psicólogo acerca de cualquier otro medicamento que esté tomando. Algunos medicamentos pueden cambiar la forma como los antidepresivos funcionan en su cuerpo.
Dele tiempo al medicamento para que haga efecto. Pueden pasar varias semanas antes de que se sienta mejor. Continúe tomando su medicamento según las instrucciones. NO deje de tomarlo ni cambie la cantidad (dosis) que está tomando sin consultar con su proveedor. Pregúntele a su médico acerca de los posibles efectos secundarios y qué hacer si tiene alguno.
TERAPIA PSICOLÓGICA O PSICOTERAPIA
La terapia psicológica es la orientación para hablar de sus sentimientos y pensamientos y para aprender cómo hacerles frente.
Los tipos de psicoterapia incluyen:
- La terapia cognitiva conductual le enseña cómo combatir los pensamientos negativos. Aprenderá cómo tener más conciencia de sus síntomas y cómo detectar los factores que empeoran la depresión. También le enseñarán habilidades para la resolución de problemas.
- La psicoterapia también puede ayudarle a entender las cuestiones que pueden estar detrás de sus pensamientos y sentimientos.
- Con la terapia de grupo, usted comparte con otros que tienen problemas como el suyo. Su terapeuta o su médico le pueden comentar más acerca de este tipo de terapia.
Controlar las emociones. Técnicas que funcionan.
Por todos es sabido que los pensamientos vienen cuando ellos quieren, y no cuando nosotros desearíamos. Del mismo modo, tus emociones tampoco aparecen o desaparecen cuando tú lo decides. Pero, ¿es posible tener algún control sobre las emociones o debes resignarte a que dominen tus actos?
Si bien tiene sentido que te sientas triste cuando te dan malas noticias, eso no significa que tu única opción sea quedarte llorando en un rincón. Reconocer que estás triste a la vez que te fuerzas a ti mismo a hacer algo productivo te ayudará a sentirte mejor antes.
La verdadera inteligencia emocional requiere que identifiques y entiendas tus propios estados de ánimo. Implica reconocer cuando y porqué estás enfadado, nervioso o triste, y actuar sobre las causas y no sólo los síntomas.
Sin embargo, en aquellas ocasiones en las que veas que irremediablemente te diriges hacia un estado emocional negativo, las siguientes técnicas pueden ser eficaces para detener o frenar esa reacción en cadena.
1. Intenta recordar tus virtudes y éxitos
La reafirmación en tus virtudes y puntos fuertes es una de las mejores estrategias para gestionar tus sentimientos. Consiste en pensar en lo que te ha provocado esa emoción pero reduciendo su significado negativo.
Ejemplo: en lugar de enfadarte porque has llegado tarde al trabajo puedes pensar que, dado que siempre llegas a tiempo, no es tan grave.
La gente con mayor control emocional utiliza la autoafirmación cuando la intensidad de sus emociones todavía es baja y tienen tiempo para buscar otro punto de vista de la situación. Curiosamente, se ha demostrado que esta estrategia funciona especialmente bien en las mujeres.
La próxima vez que sientas que pierdes el control sobre tus emociones, recuérdate a ti mismo aquellas cosas de las que te enorgulleces en tu vida.
2. Distrae tu atención hacia un asunto concreto
Las personas que mejor gestionan sus emociones también han aprendido a usar la distracción para bloquear sus estados emocionales antes de que sea demasiado tarde. Y parece que resulta muy eficaz cuando prevén que van a experimentar emociones intensas y no tienen suficiente tiempo para usar otras estrategias.
Como sabrás, una forma muy efectiva para calmar a un niño pequeño que no deja de llorar es desviar su atención. “¿Has visto el muñeco?” o “¿Qué tengo en la mano?” suelen disminuir su nivel de excitación si mantenemos su atención durante el tiempo suficiente.
La técnica de la distracción consiste en desvincularte de la emoción negativa centrando tu atención en pensamientos neutrales. De esta forma evitarás que la emoción coja demasiada intensidad.
Por ejemplo, si tu jefe cuestiona tu profesionalidad, en lugar de pensar que quizás termine despidiéndote podrías pensar en la celebración de cumpleaños que tienes el sábado. Es simple pero eficaz, tal y como se ha demostrado en varios estudios científicos.
Aunque a largo plazo probablemente no sea la mejor estrategia, la distracción funciona, especialmente si centras tu atención en algo concreto en lugar de dejar que tu mente vague.
3. Piensa en tu futuro más inmediato
Las emociones muy intensas pueden provocar que te olvides de que hay un futuro y que tus acciones van a tener consecuencias. Aunque en ese momento tan sólo seas capaz de vivir el presente y tu frustración, enfado o nervios te parezcan tan importantes, ¿seguirás sintiendo eso dentro de una semana?
Pensar en el futuro más inmediato es muy eficaz para mantener el autocontrol, tal y como se demostró en el experimento popularizado a través del libro Inteligencia Emocional. En él, los niños que resistieron la tentación de comer una golosina a cambio de recibir otra obtuvieron mejores resultados en los test escolares y mejores trabajos en los años venideros.
4. Medita habitualmente
La meditación ha demostrado científicamente su eficacia para prevenir los pensamientos negativos repetitivos y no sólo mientras meditas, sino también a largo plazo: es capaz de diminuir el nivel de activación de la amígdala de forma duradera.
La meditación también tiene estudios en la reducción de la ansiedad. Intentar relajarte sólo cuando te asaltan las emociones no es muy eficaz. Sin embargo, meditar de forma regular y respirar correctamente sí que pueden reducir la intensidad de las emociones negativas cuando estas aparecen.
5. Date permiso para preocuparte más tarde
Antes te he explicado que intentar suprimir una emoción o pensamiento provoca que vuelva de nuevo con más fuerza. Sin embargo, ¡posponerla para más tarde puede funcionar!
En un estudio se pidió a los participantes con pensamientos ansiosos que pospusieran su preocupación durante 30 minutos. A pesar de ser una forma alternativa de evitar pensar en algo, lo que se ha demostrado es que tras ese período de pausa las emociones regresan con una intensidad mucho menor.
Así pues, date permiso para preocuparte después de un tiempo de espera. Te preocuparás menos.
6. Piensa en lo peor que te puede pasar
Pero ¿cómo mantener la calma? Los samuráis y los estoicos se mantenían tranquilos incluso en las situaciones más dramáticas, ¿cómo lo conseguían?
Pues pensando en la muerte. Y mucho.
No quiero que te pongas dramático ni te vuelvas un gótico, pero pensar en lo peor que te puede pasar te ayudará a relativizar tus problemas y mantener el control.
7. Escribe un diario de tus emociones
La escritura expresiva consiste en escribir sobre tus pensamientos y sentimientos más profundos y ha demostrado ser eficaz tanto a nivel psicológico como físico (¡es capaz de acelerar la cicatrización de las heridas!)
Mantener una especie de diario emocional sobre lo que has sentido en algunas situaciones te ayudará a reducir la recurrencia de pensamientos negativos.
8. Tómate un respiro para recuperar el autocontrol
Tu autocontrol no es infinito. De hecho varias investigaciones indican que conforme te expones a situaciones y emociones, se va consumiendo.
Piensa en ello como hacer una carrera de sprint. Tras la carrera estás exhausto y necesitas tiempo para poder recuperarte antes de volver a correr. De la misma manera, si logras dominar tus emociones, evita volver a exponerte de nuevo a una situación tensa o será más probable que sucumbas.
Se ha demostrado que mantener el control consume glucosa, como si literalmente estuvieras haciendo ejercicio. Por lo tanto, para recuperar tu autocontrol tienes dos estrategias:
- Tomar una bebida rica en azúcares (no es lo más recomendable pero funciona).
- Usar la reafirmación positiva para poder gestionar de nuevo tus emociones (recomendable y funciona).
La clave está en identificar cuándo tus niveles de autocontrol están bajos y evitar más situaciones emocionales mientas te recuperas.
9. Cuando todo falle, busca un espejo
¿Perdón? ¿Mirarse en un espejo? Sí, por muy sorprendente que parezca esta estrategia puede ser útil para aplacarte cuando estés furibundo.
Varios estudios han demostrado que cuando te ves a ti mismo reflejado eres capaz de observarte desde una perspectiva más objetiva y por lo tanto separarte durante unos instantes de tu emocionalidad.
Cuanto más consciente seas de lo que estás haciendo, más capacidad de controlar tus emociones tendrás. Y observarte en un espejo incrementará tus niveles de autoconsciencia y te ayudará a comportarte de forma más sociable.
10. Lo más importante: encuentra el motivo de tus emociones
A largo plazo la clave no está en luchar contra tus emociones, sino en reconocerlas y saber por qué te ocurren. Por ejemplo:
“Vale, no me gusta sentirme así pero ahora mismo tengo mucha envidia (reconoces la emoción) porque a Andrés le han felicitado por su trabajo y a mí no (reconoces el por qué).”
Lo importante es ser honesto contigo mismo sobre el por qué. No hagas como la mayoría e intentes engañarte. A menudo nos mentimos haciéndonos creer que estamos enfadados con alguien por su comportamiento y no porque le han dado el ascenso al que aspirábamos y eso ha afectado nuestra autoestima.
Conocer la verdad real de tus sentimientos te ayudará a tratar la causa.
Fortalecer nuestra Autoestima, vamos a mimarnos un poco
Hoy vamos a hablar de un tema que trabajo mucho en clínica y me gusta especialmente: la autoestima. Os propongo algunos ejercicios para que la trabajéis.
Todos y todas sabéis que nuestra autoestima es fundamental en nuestro equilibrio emocional, siendo estudiada por diferentes escuelas y corrientes de la psicología.
Primeramente creo conveniente aclarar algunos aspectos sobre el concepto de autoestima, así pues:
La autoestima va cambiando a lo largo de la vida, siendo pues algo dinámico.
La vamos desarrollando y ésta evoluciona a lo largo de nuestra vida y no se trata de algo estático, más bien es dinámico que puede variar según las circunstancias:
La autoestima comienza a formarse durante la infancia, siendo un periodo crítico en su desarrollo, pudiendo las experiencias tempranas condicionar la manera de vernos y/o percibirnos a nosotros mismos; las opiniones y valoraciones que recibimos a edad temprana van creando nuestra autoimagen, poniendo «etiquetas» que más adelante condicionará la forma en la que nos percibimos a nosotros mismos.
Experiencias como un posible abandono, críticas negativas destructivas hacia nosotros, falta de afecto o reconocimiento personal y/o social, rechazos, o alguna experiencia de abuso emocional o físico, afecta si o si a nuestra autoestima.
Quererse a uno mismo no es lo único que define nuestra autoestima, implica como no, todos los sentimientos, opiniones, sensaciones y actitudes respecto a nosotros mismos que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida.
La autoestima sana puede ser un motor que nos impulse a conseguir nuestras metas, nos aporte seguridad, confianza, identidad, valor, y competencia personal para afrontar los problemas. Siempre habrá fluctuaciones en cómo nos percibimos a nosotros mismos, es normal, el problema es cuando las fluctuaciones son muy pronunciadas o cuando nos volvemos realmente muy negativos respecto a nosotros mismos y esto nos bloquea de cara a la acción.
Al no sentirnos competentes o merecedores de afecto no nos movemos hacia nuestras metas, e incluso podemos entrar en una espiral de pensamientos negativos y «profecías autocumplidas» (si creo que no valgo o no confío en mí mismo, me comportaré de acuerdo a esta creencia: alimentándola y creando una espiral negativa de la que será difícil salir.)
Autoestima, conceptualización.
La Autoestima implica un conjunto de autos…. así pues podemos hablar de Autoconocimiento, Autoconcepto, Autoaceptación, Autorespeto, entre otros. Personal y profesionalmente recomiendo el reflexionar con cierta asiduidad nuestros «autos», para así, ser conscientes en todo momento de nuestro autoconcepto.
Recuerda que la autoconfianza se fomenta con la ACCIÓN no te quedes en la parálisis del análisis y muévete, el movimiento, el enfrentarte a las dificultades te irá dando seguridad: como comento en el ejemplo de patinar en este artículo: Cuando el miedo nos bloquea.
Así pues… podemos afirmar y afirmamos que:
- La autoestima se manifiesta sobre todo en nuestro lenguaje interno, en la manera en la que nos «hablamos a nosotros mismos.»

- Suele suceder que en nuestro día a día damos más importancia a los mensajes negativos, a la crítica, a la frustración que a lo positivo. Los elogios y la motivación de superación y los mensajes de autoconfianza quedan eclipsados ante las frustraciones o mensajes negativos.. es como si «lo malo» pesara más en nuestra balanza interna. (Efectivamente así es, «lo malo» pesa más cognitivamente y es más fácil de recordar que lo bueno)
- También puede suceder que malas experiencias del pasado nos hayan afectado, por ejemplo si hemos vivido algún tipo de abuso o trauma, o puede que hayamos interiorizado «etiquetas» o valoraciones negativas sobre nosotros mismos y las llevemos arrastrando desde la infancia: analiza tus «etiquetas» y pregúntate de dónde vienen.
Ejercicios para trabajar la autoestima. Vamos con ellos:
Listado de nuestras fortalezas
Muchas veces recordamos las críticas, las cosas que hacemos mal, las ofensas.. pero nos olvidamos de recordar nuestros éxitos, elogios, halagos. Para ello vamos a hacer una recopilación de los mismos, es una forma de darles más peso:
Busca una libreta para trabajar (física o virtual y realiza tres listas:
- En una recopila los elogios que recuerdes que te hayan dicho otras personas a lo largo de tu vida
- En otra enumera las capacidades y fortalezas que tú consideras que posees.
- En un tercer listado enumera cosas que te hagan sentirte orgulloso de ti mismo (logros, actitudes ante alguna situación, etc.)
El sorteo de autoregalos por «San queremos»
Este ejercicio tiene como finalidad fomentar el autocuidado, autorrespeto y el «mimarnos» a nosotros mismos.
Para ello comenzaremos haciendo un listado de pequeñas cosas agradables que podemos hacer por nosotros mismos en el día a día.
Se trataría de cosas que impliquen “mimarte”, cuidarte y fomentar actividades agradables o que te causen bienestar.
Dedícale tiempo e intenta hacer la lista lo más larga que puedas. No se trata de poner grandes cosas sino temas cotidianos, si es posible que impliquen acciones o experiencias (no regalos materiales) por ejemplo: escuchar un disco que te gusta, ir al gimnasio (o algo que tenga que ver con cuidar tu salud), probar un nuevo peinado, pasear un rato por un parque, llamar a algún amigo para charlar, preparar un plato que te gusta, leer un rato.. ¿qué se te ocurre?.
Cuando lo tengas listo “empieza el sorteo”: Cada día por la mañana debes sacar un papelito de la caja y darte el “premio” que te haya tocado.. así día a día hasta acabar todos los papelitos. Pero ¡No los tires! porque luego puedes volver a empezar el “sorteo de premios diarios” y añadir otras cosas que se te ocurran.
Hablar con el espejo
Cada día frente al espejo debes mirarte a los ojos, y hablarte adoptando un tono de voz y postura «como si» te sintieras seguro y confiado.
En ese ejercicio lo más importante es el espejo, mirarte a los ojos, reconocerte: y luego decirte qué vas a hacer hoy por tí, darte un consejo, un halago o ánimos para el día.
Puede que al principio te resulte incómodo, artificial o ridículo.. pero has de superar esa sensación y hacerlo cada día durante al menos 3 semanas, como un reto. ¿te atreves?
Los mensajes pueden ser siempre los mismos o diferentes: pueden tener que ver con lo que vas a hacer, con tus cualidades, o mensajes de ánimo y aprobación.
Recuerda esto sobre la autoestima:
Cuando nuestra autoestima se encuentra «baja» tendemos a hablarnos peor a nosotros mismos, nuestras críticas puede que sean más destructivas que constructivas por ejemplo. Así que fíjate en tu lenguaje interno y en cómo te hablas
¿CÓMO AFECTA LA AUTOESTIMA BAJA A SU RENDIMIENTO ACADÉMICO?
A los adolescentes se les comienza a exigir mucho más en el ámbito académico y es más probable que fracasen (puesto que son más inexpertos).
Esto puede hacer que empiecen a opinar sobre sí mismos/as que no sirven para estudiar. Van a enfrentarse al estudio anticipando el fracaso, lo que puede disminuir su motivación y su capacidad de concentración porque los pensamientos negativos están interfiriendo y descentrándole constantemente (“no sé para que pierdo mi tiempo, si no voy a aprobar”, “ahora podría estar con mis amigos”). Entonces es posible que abandonen la tarea de estudiar por otra actividad más placentera
Como consecuencia, se reducirán sus capacidades de rendimiento y desarrollarán mayor inseguridad. Por ejemplo ante un examen, la constante inseguridad se habrá convertido en ansiedad, reduciendo al mínimo su capacidad de rendimiento y aumentando las posibilidades de suspender.
Si se cumple el fracaso que anticipó, se confirmarán todos sus pensamientos (“si ya sabía yo que no iba a aprobar”, “si es que no puedo con ello”) y tomarán más poder al ser todavía más reforzdos por los mensajes que recibe del entorno (“si es que no sirve para estudiar”, “no vas a llegar a nada en la vida”), las comparaciones que le hacen (“tu hermana nunca nos dio estos problemas”) y las que se hace a él/ella mismo/a (“el resto de mis compañeros estudian menos y sacan mejores notas que yo”).
La autoestima disminuye, aumenta la inseguridad, aumenta la ansiedad y el ciclo se vuelve a repetir de forma más acusada.
¿CÓMO PODEMOS AYUDARLES A SUPERAR ESTA ETAPA TENIENDO ÉXITO EN SUS ESTUDIOS?
Como cualquier cambio en el entorno va a producir un cambio en el adolescente, si los padres cambian su comportamiento, podrán ayudarle a vivir su crisis de manera positiva y a que superen con éxito la tarea de estudiar. Algunas pautas que se pueden utilizar son:
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FOMENTAR SU AUTONOMÍA OFRECIÉNDOLE NUESTRA AYUDA EN LOS MOMENTOS EN QUE SURJAN DUDAS.
Para esto, es básico que en el hogar se cree un clima de confianza y de comunicación que les permita tomar sus propias decisiones y pedir ayuda cuando lo necesiten. A pesar de que nos parezca que nuestro hijo/a no nos hace caso, necesita la seguridad de la familia cuando le surjan dudas. Los adultos debemos asumir que ella/él está madurando y tiene que aprender a tomar sus propias decisiones. Una vez asumido esto, dejaremos de enviarle mensajes contradictorios, lo que generalmente le dará mayor seguridad y reforzará la asunción de sus propias responsabilidades.
Esto fomentará nuestra confianza hacia ella o él y, al mismo tiempo, permitirá que progresivamente le vayamos dando una mayor libertad.
Si en algún momento no cumple con su compromiso, le aclararemos que, al haberse comportado como un niño, hemos de tratarle del mismo modo y, como consecuencia, perderá parte de su libertad. Así irá conociéndose, aprendiendo a sacar partido a sus cualidades y a las estrategias que le llevan al éxito y modificando aquéllas que no son adecuadas, con lo que se reforzará su autoestima.
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CAMBIAR SUS IDEAS NEGATIVAS HACIA EL ESTUDIO POR IDEAS POSITIVAS
Tratar la tarea de estudiar como una gran herramienta de desarrollo personal ya que nos permite acceder a mayor número de posibilidades futuras. Para que nuestra hija/o lo vea de este modo, además de hablar con ella/él del tema todas las veces que sea necesario, necesitará observar en casa un ambiente de curiosidad intelectual. El aprendizaje por observación es muy potente, si deseamos que nuestro hijo/a se interese por el aprendizaje, es muy importante que observe en nosotros ese mismo interés.
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AYUDARLE A QUE SE PLANTEE UNA META CLARA
Si hasta este momento nunca se había parado a pensar por qué está estudiando, podemos animarle a que se plantee a qué se quiere dedicar en el futuro, cómo se ve dentro de quince años… porque sólo teniendo claro qué es lo que quiere conseguir irá hacia ello. Le prestaremos nuestra colaboración dándole toda la información sobre las alternativas, nuestra opinión, sugerencias o ayudando a recopilar información de distintas posibilidades.
Nunca tomaremos la decisión por él/ella ya que si lo hacemos, le seguiremos tratando como a un niño y puede que nos equivoquemos eligiendo una opción que no le satisfaga, con lo que no habrá motivación propia. Cuando tenga una meta clara aumentará su interés, pues verá el estudio como el medio que le permitirá dedicarse a aquello que le gusta. Al ser una meta muy a largo plazo puede dejarse llevar por el momento y abandonar el estudio por otra actividad más reforzante. Para evitar esto, por ejemplo, podemos poner un cartel en su lugar de estudio que le recuerde esa meta cada vez que vaya a estudiar y, además, necesitaremos…
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…MARCAR OBJETIVOS A CORTO PLAZO QUE PERMITAN EL ACERCAMIENTO A LA META FINAL
El estudio es como una vuelta ciclista llena de etapas. Cada etapa lograda nos hace estar más cerca de la final y nos anima a querer ganar la competición. Sin embargo, si la etapa es muy dura y no la ganamos, es más fácil que abandonemos la competición. A las etapas se les llama objetivos a corto plazo y para que funcionen, para que el/la adolescente decida “jugar”, tienen que cumplir el requisito de estar adaptados a la situación actual de nuestro hijo/a. No se pondrá como objetivo estudiar tres horas diarias si ella/él no tiene hábito de estudio ya que, de este modo, la etapa se le hará tan dura que abandonará. Poco a poco, según vaya entrenando, podrá ir marcándose objetivos más amplios. Tampoco se pondrán objetivos tan fáciles de lograr que no requieran esfuerzo de su parte porque estaremos propiciando que no adquiera hábito.
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RECIBIR REFUERZOS INMEDIATOS QUE LE HAGAN ASOCIAR EL ESTUDIO A UNA SITUACIÓN POSITIVA Y QUE AUMENTEN LA CONDUCTA DE ESTUDIAR
Los refuerzos son premios que obtenemos cada vez que logramos algo y que aumentan la probabilidad de que repitamos la conducta realizada para ello. Continuando con el ejemplo de la vuelta ciclista, cada vez que ganamos una etapa nos sentimos muy bien, ya que vemos el resultado de los esfuerzos realizados y, gracias al bienestar que nos aporta, deseamos seguir entrenando para mejorar. Como al estudiar la meta es muy a largo plazo y no se obtienen resultados ni refuerzos inmediatos, necesitaremos aplicar estos premios cada vez que el adolescente realice una conducta de estudio para que se sienta bien y desee seguir estudiando.
Podemos negociar con ella/él que cada vez que logre una meta a corto plazo, hará algo que le guste mucho y si no cumple con lo acordado, no. Esto se mantendrá en todo momento porque si no lo cumplimos, el adolescente sabrá que puede hacer lo que le guste aunque no estudie, lo que aumentará la probabilidad de que no estudie. Para que estos refuerzos funcionen, puede que al principio tengamos que recurrir a premios materiales (comprarse algún capricho), pero lo ideal es que sean sociales (por ejemplo, mediante mensajes positivos: “qué bien que estés estudiando”, “qué interesante es esto”) y propios, por el placer de haber logrado lo propuesto. Conseguir un resultado satisfactorio hará que estudiar se lleve de forma más positiva.
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NO CENTRARNOS EN LOS RESULTADOS FINALES SINO EN EL ESFUERZO REALIZADO
Los padres pasamos muchas horas trabajando y en muchas ocasiones, sólo contamos con las notas como medio de información: “si ha suspendido, es que no estudia y si aprueba, es que estudia”. No tiene por qué ser así. Puede que el adolescente estudie y se esfuerce pero no obtenga los resultados deseados. En este caso, lo más aconsejable es acudir lo antes posible a un especialista en técnicas de estudio que le proporcione las estrategias necesarias para alcanzar sus objetivos y para aprender a estudiar de manera eficaz. Si el/la adolescente aún no está logrando aprobar asignaturas, pero va mejorando y hemos notado un cambio en su actitud, le animaremos a seguir adelante dándole constantes mensajes positivos para que se mantenga en el cambio (“Ahora has suspendido dos menos que en la evaluación pasada. Ya estás más cerca de aprobar todo”) sin necesidad de compararle con otras personas puesto que es único/a.
Si actuamos de este modo, podremos lograr que aumente su motivación hacia el estudio y, si utiliza un método de estudio eficaz, mejorarán sus resultados, aumentará su seguridad y su autoestima, con lo que el ciclo de fracaso académico se habrá roto y entrará en un ciclo de éxito. Le ayudaremos a ser un/a estudiante eficaz porque sabrá qué hacer, cómo hacerlo y en caso de fracasar, sabrá cómo resolver el problema y mejorar sin que su motivación y su autoestima se vean afectadas. En consecuencia, será un/a adolescente satisfecho consigo mismo/a y esta satisfacción personal se extrapolará a otros niveles.
QUÉ ES EL FRACASO ESCOLAR
La adolescencia es el periodo de transición de la infancia a la edad adulta y se caracteriza por la gran cantidad de cambios físicos, psicológicos y sociales que ocurren. Cualquier cambio en uno de estos niveles va a afectar globalmente a la persona y a los otros niveles.
Por ejemplo, a nivel psicológico, se adquieren nuevas capacidades de pensamiento que permiten pensar en hipótesis y conclusiones sin necesidad de experimentarlas (pensamiento lógico-formal) o que permiten plantearse qué es bueno o malo según los propios criterios (pensamiento moral).
Los cambios físicos y psicológicos afectan al entorno social de dos formas: por una parte, el/la adolescente cambia sus propios comportamientos (comienza a reclamar su espacio individual, su autonomía, cuestiona el poder de los adultos, se relaciona con su grupo de iguales de manera más íntima…); y por otra parte, el mundo comienza a comportarse de manera diferente con el/la adolescente.
En esta etapa puede suceder que no se desarrollen las estrategias necesarias para afrontar nuevas situaciones de manera adecuada, y aparecer pensamientos, sentimientos y comportamientos de inseguridad, angustia, agresividad o culpabilidad. Todos ellos indicios de una crisis que puede afectar al rendimiento académico.
“La adolescencia es el periodo de transición de la infancia a la edad adulta y se caracteriza por la gran cantidad de cambios físicos, psicológicos y sociales que ocurren”.
¿QUÉ PUEDE ESTAR PASANDO AL CHICO/A ADOLESCENTE PARA QUE AHORA LE CUESTE APROBAR?
Aunque cada persona es única y cada caso de fracaso académico es multifactorial (conviene consultar a un profesional de la psicología), hay dos factores personales fundamentales en el rendimiento académico a los que les afectan las crisis de la adolescencia: la falta de motivación hacia el estudio y la baja autoestima.
La MOTIVACIÓN es la energía, el combustible que nos mueve a conseguir lo que deseamos. ¿Por qué el adolescente puede perder su motivación hacia el estudio?
Hay varias razones:
A menudo los adultos podemos enviar mensajes ambiguos al adolescente o la adolescente. Le tratamos y esperamos que se comporte como adulto para determinadas cosas pero al mismo tiempo, tenemos miedos que mantienen nuestras actitudes de sobreprotección.
A pesar de que el adolescente ya tiene capacidad intelectual para pensar en su futuro, puede optar por seguir siendo un “niño” para los estudios y delegar cómodamente su responsabilidad en los adultos. Estudia porque es lo que hay que hacer y porque sus padres le dicen que es su deber, es decir, la motivación es extrínseca (le viene de fuera). Por lo general, esta motivación externa es muy débil y sólo funcionará en caso de que haya una recompensa muy clara y cercana: “si apruebas esta evaluación, te regalo una moto”. Si el adolescente encuentra otra actividad que le interese más, se lanzará a realizarla y dejará el estudio para otro momento: “Mi hijo no es capaz de recordar lo que estudia y, sin embargo, se sabe los nombres de todos los jugadores de fútbol de la Liga”.
Por otra parte, los valores imperantes en nuestra sociedad contradicen la filosofía académica. Mientras que los y las adolescentes han crecido en un ambiente del “aquí y ahora”, estudiar requiere esfuerzo y no se ve recompensado inmediatamente, por lo que pueden elegir dedicar su tiempo a actividades menos difíciles y más beneficiosas a corto plazo, como ver la televisión o jugar a la consola.
Además, al adolescente se le acaba de abrir un mundo de nuevas posibilidades sociales, amplía su círculo de amistades, ganan peso la pareja y los iguales y comienza a vivir nuevas experiencias más interesante que estudiar, por lo que su motivación puede dirigirse a otros estímulos.
En otros casos, el/la adolescente tiene claro qué es lo que quiere lograr en sus estudios; sin embargo, no sabe cómo alcanzar esa meta porque no dispone de las herramientas adecuadas para conseguir lo deseado. Sabe que quiere estudiar y estudia, pero como nunca le han enseñado a hacerlo adecuadamente, fracasa en sus intentos. Esto puede llevarle a “tirar la toalla” por evitación del sufrimiento o a adoptar una postura de “pasotismo” como mecanismo de defensa.
Cuando hablamos de AUTOESTIMA nos referimos al concepto que cada uno y cada una tenemos sobre nosotros mismos.
La autoestima se va formando a lo largo de nuestras vidas y depende:
- De los éxitos y de los fracasos que logremos
- De los mensajes que recibimos del entorno y de los que nos enviamos a nosotros mismos/as.
- De con quién nos comparen y nos comparemos.
- De las personas que sean nuestros modelos a seguir:
La autoestima condiciona nuestra forma de relacionarnos con el entorno. Durante la adolescencia, la autoestima puede verse afectada porque no se desarrollen estrategias adaptativas para afrontar los fuertes cambios físicos, psicológicos y sociales que se producen.
Al ser inexpertos pueden fracasar en la solución de problemas (por ejemplo, se enamora por primera vez y no sabe qué hacer, decide actuar de una manera y no funciona); este “fracaso” contribuye a que reciba mensajes negativos del entorno (“¡qué pavo tienes!”, “si es que no estás preparado/a”), a que cree sus propios pensamientos negativos (“nunca gustaré a nadie”), a que le comparen y se compare con otros de forma negativa (“mi amigo liga más que yo”) y a que se fije en modelos alejados de su realidad (“quiero ser como los que salen en la tele”).
Satisfacción Sexual y disfunción eréctil en el varón
Durante siglos, la virilidad del hombre ha girado en torno a los genitales masculinos, por lo que a la hora de satisfacer sexualmente a su pareja, los hombres cuentan con un estrés extra fomentado a nivel social; ya que, si no cumplen con lo que sexualmente se espera de ellos, su hombría y masculinidad puede verse cuestionada.
Esta angustia, sumada al propio malestar que se ocasiona en la pareja, pueden fomentar la aparición de pensamientos como: ¿me volverá a pasar?, ¿estaré haciéndolo bien?, si vuelve a ocurrirme, ¿qué pensará ella o él?, ¿no soy lo suficientemente hombre?
Estos pensamientos pueden fomentar que se vuelvan a producir episodios de disfunción eréctil de forma consecutiva, por lo que la psicología juega un papel fundamental en la disfunción eréctil.

Estrés social, miedo al fracaso y malestar en la pareja
La disfunción eréctil se define como la incapacidad del hombre para lograr y mantener la erección el tiempo necesario para que se produzca la penetración, logrando una relación sexual insatisfactoria tanto para él como para su pareja.
En lo que respecta a los porcentajes, un 50% de la población masculina puede llegar a padecer algún episodio de disfunción eréctil a lo largo de su vida. De ese 50%, tan sólo el 30% de los casos obedecen a algún tipo de disfunción física; frente al 70% restante, el cual está relacionado con cuestiones psicológicas.
Independientemente del motivo que ocasione la disfunción eréctil, lo cierto es que tiene consecuencias psicológicas tanto para el hombre como para la propia pareja.
Causas orgánicas y psicológicas que fomentan el desarrollo de la disfunción eréctil
Entre los motivos físicos que pueden producir episodios de disfunción eréctil encontramos:
- Enfermedades cardiovasculares, casos de diabetes u obesidad o niveles de colesterol elevados.
- Hábitos poco saludables como el abuso de alcohol o el tabaco
- Lesiones varias en zonas muy concretas: pene, cadera, columna vertebral, etc.
- Trastornos del sueño o dificultad para conciliarlo.
Por su parte, en lo que respecta a las causas psicológicas, hay que destacar:
- Experiencias sexuales no satisfactorias o traumáticas.
- Excesiva autoobservación y/o anticipar el posible fracaso.
- Miedo al fracaso, a no cumplir con las expectativas.
- Problemas de ansiedad o de seguridad en uno mismo.
- Problemas sentimentales en la propia pareja.
A día de hoy existen una gran variedad de opciones para tratar la disfunción eréctil, pero el primer paso es aceptar la situación y acudir, preferiblemente con tu pareja, al psicólogo especialista en sexología o Sexólogo, para que él te aconseje la mejor opción teniendo en cuenta las características individuales de cada uno.
Ventajas de la terapia sexual online.
Las nuevas tecnologías facilitan el acceso a información, a servicios, y por supuesto, a profesionales. Y es por eso que desde hace años se ha utilizado en sexología para poder realizar terapia sexual online a través de plataformas de videoconferencia. Dichas plataformas hay que tomarlas como una herramienta y no como un tipo de tratamiento sexual, ya que el proceso que se va a seguir y la calidad del mismo es igual que el que haríamos en una terapia sexual presencial.
Tener a tu sexólogo en línea presenta muchas ventajas sobre la terapia convencional:
– Accesible: el acceso a este tipo de tratamientos no siempre es fácil dependiendo de dónde vivas. Las ciudades más pequeñas no siempre cuentan con especialistas en sexología, y los traslados a veces se hacen imposibles por distancias o por problemas de movilidad. Además, en los tiempos que corren muchos se han visto obligados a dejar sus países, por lo que realizar terapia en tu lengua materna es más atractivo que en un idioma extranjero. (más…)
Ataques de Panico. Sintomatología y Tratamiento
Los ataques de pánico se caracterizan por un acceso brusco de miedo o malestar intenso. Pueden aparecer en cualquier momento, aunque no haya nada que temer.
El sistema nervioso de algunas personas activa señales de alarma en momentos inapropiados. Esas personas sienten las mismas sensaciones físicas y emocionales que experimentarían si sus vidas estuvieran realmente amenazadas. Los ataques pueden provenir de la nada, en lugares donde no existe el más mínimo peligro real. A pesar de que, habitualmente, duran sólo unos pocos minutos, las crisis de pánico hacen que estas personas se sientan como si fueran a tener un ataque al corazón, desmayarse, o volverse locas. Es frecuentemente descripta como “la experiencia más terrorífica que he vivido”.
Una de las mayores dificultades con que se encuentran los individuos con trastorno de pánico es obtener un diagnóstico adecuado.
Síntomas del Ataque de panico.
Los síntomas más comunes de una crisis de pánico son: palpitaciones, sudoración, miedo a morir, a desmayarse, a perder el control o a volverse loco, dolor en el pecho, mareos, temblores, sensaciones de frío o calor, ahogos, náuseas, debilidad y sensación de irrealidad, entumecimiento de extremidades, sensación de hormigueo, sensación de atragantamiento. (más…)
¿Sabías que el Día de San Valentín fue un invento de la Iglesia para acabar con una antigua fiesta pagana?
A pesar de que hoy en día es una de las celebraciones más consumistas y que más beneficios generan a infinidad de comercios, el Día de San Valentín en sus orígenes no fue inventado por unos grandes almacenes (tal y como señalan algunos), aunque fue hábilmente aprovechada por los empresarios para sacar una buena tajada de una fecha tan señalada en el calendario.
Pero el Día de San Valentín, como sinónimo del día de los enamorados empezó a celebrarse quince siglos atrás, concretamente en el año 494 d.C, siendo auspiciado por el papa Gelasio I, quien tomó la medida de celebrar una festividad católica el 14 de febrero, con el fin de anular y prohibir la fiesta pagana de las Lupercales que se celebraba desde la Antigua Roma cada 15 de febrero en honor a Lupercus, protector de los pastores y sus rebaños y como homenaje a la loba que amamantó a los gemelos Rómulo y Remo (destinados a fundar Roma según las antiguas leyendas).
Gelasio I necesitaba anteponer otra fiesta a la celebración de las Lupercales, por lo que escogió el del Santo que caía justo un día antes y que había (supuestamente) vivido dos siglos antes: ‘San Valentín’. (más…)
La síntesis de estos perfiles de apego ha sido inspirada por las enseñanzas de varios investigadores, clínicos y autores
Perfil de apego seguro
- La construcción del vinculo de apego ha permitido la edificación de una base solida de seguridad interna y de una estima de si confiante y aseguradora.
- Este vinculo de apego favorece todo su desarrollo global (afectivo, intelectual, cognitivo, sensorial, motor y social), la exploración y la autonomía.
- El intercambio relacional confirma las competencias de los padres y las del niño en desarrollo. Tiene asi la prueba de su unidad, de su valor y de que él es amable.
- Una relación basada sobre la confianza mutua y la proximidad afectiva no la percibe el niño como amenazante ni como hostil.
- El niño utiliza estrategias adaptadas para tener respuestas a sus necesidades y en sus relaciones afectivas y sociales.
- Con ello puede enfrentarse al estrés y a la adversidad con la seguridad de que su figura de apego sabrá asegurarle, protegerle y amarle.
- También podrá regular sus emociones en función de su grado de desarrollo.
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La construcción del vinculo de apego
El vinculo de apego y la seguridad interna.
La teoría del
vinculo afectivo atribuye un sentido muy especifico a la palabra
apego en particular cuando se aplica a la relación madre (padre)-hijo. El
vinculo afectivo o
apego es una construcción afectiva basada en la necesidad que tiene el niño de seguridad y de protección. Es un conjunto de gestos primitivos y biológicos cuyo fin es fijar la relación con la persona o personas con las que establece el vínculo afectivo que asegura su supervivencia. Esta necesidad es primordial en el bebe o en el niño, incapaz de satisfacer sus propias necesidades. Los bebes se “pegan” instintivamente al o a los que le cuidan y que tienen esta responsabilidad de cuidado y vigilancia hacia ellos.
Generalmente la población ve en el
vinculo afectivo (
apego) un
estado afectivo de devoción y de amor entre dos personas. Vemos también la imagen de un vínculo o un
apego que une a dos personas aunque esta unión pueda ser positiva o negativa.
Según las diferentes investigaciones, los exámenes periciales clínicos y a la luz de la teoría que los sustentan, el
apego del que aquí se trata no es sinónimo de afecto y de
amor. Se trata de la
construcción de un vínculo con la figura de referencia (la cuidadora). El proceso empieza en la concepción, durante el periodo intrauterino y los dos primeros años de la vida del niño.
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LA TEORIA DEL VÍNCULO AFECTIVO O APEGO.
Antes de definir los trastornos del vínculo afectivo hay que definir el vínculo en sí mismo y desarrollar la teoría del vínculo afectivo.
El vínculo y la teoría del vínculo
La teoría del vínculo comienza a formarse en 1948. John Bowlby (1907-1990), psiquiatra ingles es el primero en formularla.
La obra de J. Bowlby (1907-1990).
Para Bowlby las necesidades fundamentales del recién nacido se sitúan a nivel de los contactos físicos. El bebe tiene necesidad innata del pecho, del contacto somático y psíquico con el ser humano. Explica la impulsión de vínculo definiendo durante los dos primeros años de la vida, cinco conductas innatas de vínculo (¨patterns¨) que se suceden y a las cuales la madre debe responder: la succión, el abrazo, el grito, la sonrisa y la tendencia de ir hacia, de agarrarse. Bowlby pone así en evidencia la competencia social precoz del lactante. Además la madre no es necesariamente la madre biológica.
A falta de interacción suficiente, el vínculo entre el bebé y su madre no se crea. El vínculo conseguido, es decir, la respuesta adecuada del entorno a todas las señales del niño,
construye el sentimiento de confianza y de seguridad del bebé en si mismo que afrontará mejor las separaciones y las pruebas posteriores. Muchos otros han reprochado a Bowlby el alejarse del modelo psicoanalítico clásico que hacía de la alimentación, de la relación oral y de la (más…)