Depresión
La depresión es una enfermedad clínica severa. Es más que sentirse «triste» por algunos días. Si usted es uno de los millones de jóvenes y adultos que tiene depresión, esos sentimientos no desaparecen. Persisten e interfieren con su vida cotidiana. Los síntomas pueden incluir:
- Sentirse triste o «vacío»
- Pérdida de interés en sus actividades favoritas
- Aumento o pérdida del apetito
- No poder dormir o dormir demasiado
- Sentirse muy cansado
- Sentirse sin esperanzas, irritable, ansioso o culpable
- Dolores de cabeza, calambres o problemas digestivos
- Ideas de muerte o de suicidio
La depresión es un trastorno del cerebro. Existen muchas causas, incluyendo factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos. La depresión puede comenzar a cualquier edad, pero suele empezar en la juventud o en adultos jóvenes. Es mucho más común en las mujeres. Las mujeres también pueden tener depresión postparto después de dar a luz. Algunas personas tienen un trastorno afectivo estacional en el invierno. La depresión es una parte del trastorno bipolar.
Existen tratamientos eficaces para la depresión, incluyendo antidepresivos y terapia de conversación, o ambos a la vez.
Depresión mayor
Es el hecho de sentirse triste, melancólico, infeliz o bajo de ánimo. La mayoría de las personas se siente así de vez en cuando.
La depresión mayor es un trastorno del estado de ánimo. Se presenta cuando los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria durante un largo período de tiempo. También cambia la manera en la que funciona el cuerpo.
Causas
Los investigadores de atención médica desconocen la causa exacta de la depresión. Se cree que los cambios químicos en el cerebro son responsables. Esto puede deberse a problemas con los genes. O se puede desencadenar por ciertos hechos estresantes. Lo más probable es que sea una combinación de ambos.
Algunos tipos de depresión son hereditarios. Otros tipos ocurren incluso si usted no tiene antecedentes familiares de la enfermedad. Cualquier persona puede deprimirse, incluyendo los niños y los adolescentes.
La depresión puede cambiar o distorsionar la forma como usted se ve a sí mismo, a su vida y a las personas a su alrededor.
Con la depresión, a menudo usted ve todo en una forma negativa. Es difícil para usted imaginar que un problema o situación se pueda resolver de un modo positivo.
Los síntomas de depresión pueden incluir:
- Agitación, inquietud, irritabilidad e ira
- Volverse retraído o aislado
- Fatiga y falta de energía
- Sentimientos de desesperanza, indefensión, inutilidad, culpa, y odio a sí mismo
- Pérdida de interés o placer en actividades que alguna vez se disfrutaron
- Cambio súbito en el apetito, a menudo con aumento o pérdida de peso
- Pensamientos de muerte o suicidio
- Dificultad para concentrarse
- Dificultad para conciliar el sueño o exceso de sueño
La depresión en los adolescentes puede ser más difícil de reconocer. Los problemas en la escuela, de comportamiento, o el consumo de alcohol o drogas, todos pueden ser señales.
Si la depresión es muy intensa, pueden presentarse alucinaciones y delirios (creencias falsas). Esta afección se denomina depresión con rasgos psicóticos.
La depresión se puede tratar. El tratamiento normalmente incluye medicamentos, con o sin psicoterapia.
Si usted está pensando en el suicidio o está sumamente deprimido y no puede desempeñarse, posiblemente necesite tratamiento en un hospital.
MEDICAMENTOS
Los antidepresivos son medicamentos empleados para tratar la depresión. Funcionan restableciendo los químicos en el cerebro a los niveles adecuados. Esto ayuda a aliviar los síntomas.
Si tiene delirios o alucinaciones, su médico puede recetarle medicamentos adicionales.
Coméntele a su médico o psicólogo acerca de cualquier otro medicamento que esté tomando. Algunos medicamentos pueden cambiar la forma como los antidepresivos funcionan en su cuerpo.
Dele tiempo al medicamento para que haga efecto. Pueden pasar varias semanas antes de que se sienta mejor. Continúe tomando su medicamento según las instrucciones. NO deje de tomarlo ni cambie la cantidad (dosis) que está tomando sin consultar con su proveedor. Pregúntele a su médico acerca de los posibles efectos secundarios y qué hacer si tiene alguno.
TERAPIA PSICOLÓGICA O PSICOTERAPIA
La terapia psicológica es la orientación para hablar de sus sentimientos y pensamientos y para aprender cómo hacerles frente.
Los tipos de psicoterapia incluyen:
- La terapia cognitiva conductual le enseña cómo combatir los pensamientos negativos. Aprenderá cómo tener más conciencia de sus síntomas y cómo detectar los factores que empeoran la depresión. También le enseñarán habilidades para la resolución de problemas.
- La psicoterapia también puede ayudarle a entender las cuestiones que pueden estar detrás de sus pensamientos y sentimientos.
- Con la terapia de grupo, usted comparte con otros que tienen problemas como el suyo. Su terapeuta o su médico le pueden comentar más acerca de este tipo de terapia.
Fortalecer nuestra Autoestima, vamos a mimarnos un poco
Hoy vamos a hablar de un tema que trabajo mucho en clínica y me gusta especialmente: la autoestima. Os propongo algunos ejercicios para que la trabajéis.
Todos y todas sabéis que nuestra autoestima es fundamental en nuestro equilibrio emocional, siendo estudiada por diferentes escuelas y corrientes de la psicología.
Primeramente creo conveniente aclarar algunos aspectos sobre el concepto de autoestima, así pues:
La autoestima va cambiando a lo largo de la vida, siendo pues algo dinámico.
La vamos desarrollando y ésta evoluciona a lo largo de nuestra vida y no se trata de algo estático, más bien es dinámico que puede variar según las circunstancias:
La autoestima comienza a formarse durante la infancia, siendo un periodo crítico en su desarrollo, pudiendo las experiencias tempranas condicionar la manera de vernos y/o percibirnos a nosotros mismos; las opiniones y valoraciones que recibimos a edad temprana van creando nuestra autoimagen, poniendo «etiquetas» que más adelante condicionará la forma en la que nos percibimos a nosotros mismos.
Experiencias como un posible abandono, críticas negativas destructivas hacia nosotros, falta de afecto o reconocimiento personal y/o social, rechazos, o alguna experiencia de abuso emocional o físico, afecta si o si a nuestra autoestima.
Quererse a uno mismo no es lo único que define nuestra autoestima, implica como no, todos los sentimientos, opiniones, sensaciones y actitudes respecto a nosotros mismos que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida.
La autoestima sana puede ser un motor que nos impulse a conseguir nuestras metas, nos aporte seguridad, confianza, identidad, valor, y competencia personal para afrontar los problemas. Siempre habrá fluctuaciones en cómo nos percibimos a nosotros mismos, es normal, el problema es cuando las fluctuaciones son muy pronunciadas o cuando nos volvemos realmente muy negativos respecto a nosotros mismos y esto nos bloquea de cara a la acción.
Al no sentirnos competentes o merecedores de afecto no nos movemos hacia nuestras metas, e incluso podemos entrar en una espiral de pensamientos negativos y «profecías autocumplidas» (si creo que no valgo o no confío en mí mismo, me comportaré de acuerdo a esta creencia: alimentándola y creando una espiral negativa de la que será difícil salir.)
Autoestima, conceptualización.
La Autoestima implica un conjunto de autos…. así pues podemos hablar de Autoconocimiento, Autoconcepto, Autoaceptación, Autorespeto, entre otros. Personal y profesionalmente recomiendo el reflexionar con cierta asiduidad nuestros «autos», para así, ser conscientes en todo momento de nuestro autoconcepto.
Recuerda que la autoconfianza se fomenta con la ACCIÓN no te quedes en la parálisis del análisis y muévete, el movimiento, el enfrentarte a las dificultades te irá dando seguridad: como comento en el ejemplo de patinar en este artículo: Cuando el miedo nos bloquea.
Así pues… podemos afirmar y afirmamos que:
- La autoestima se manifiesta sobre todo en nuestro lenguaje interno, en la manera en la que nos «hablamos a nosotros mismos.»

- Suele suceder que en nuestro día a día damos más importancia a los mensajes negativos, a la crítica, a la frustración que a lo positivo. Los elogios y la motivación de superación y los mensajes de autoconfianza quedan eclipsados ante las frustraciones o mensajes negativos.. es como si «lo malo» pesara más en nuestra balanza interna. (Efectivamente así es, «lo malo» pesa más cognitivamente y es más fácil de recordar que lo bueno)
- También puede suceder que malas experiencias del pasado nos hayan afectado, por ejemplo si hemos vivido algún tipo de abuso o trauma, o puede que hayamos interiorizado «etiquetas» o valoraciones negativas sobre nosotros mismos y las llevemos arrastrando desde la infancia: analiza tus «etiquetas» y pregúntate de dónde vienen.
Ejercicios para trabajar la autoestima. Vamos con ellos:
Listado de nuestras fortalezas
Muchas veces recordamos las críticas, las cosas que hacemos mal, las ofensas.. pero nos olvidamos de recordar nuestros éxitos, elogios, halagos. Para ello vamos a hacer una recopilación de los mismos, es una forma de darles más peso:
Busca una libreta para trabajar (física o virtual y realiza tres listas:
- En una recopila los elogios que recuerdes que te hayan dicho otras personas a lo largo de tu vida
- En otra enumera las capacidades y fortalezas que tú consideras que posees.
- En un tercer listado enumera cosas que te hagan sentirte orgulloso de ti mismo (logros, actitudes ante alguna situación, etc.)
El sorteo de autoregalos por «San queremos»
Este ejercicio tiene como finalidad fomentar el autocuidado, autorrespeto y el «mimarnos» a nosotros mismos.
Para ello comenzaremos haciendo un listado de pequeñas cosas agradables que podemos hacer por nosotros mismos en el día a día.
Se trataría de cosas que impliquen “mimarte”, cuidarte y fomentar actividades agradables o que te causen bienestar.
Dedícale tiempo e intenta hacer la lista lo más larga que puedas. No se trata de poner grandes cosas sino temas cotidianos, si es posible que impliquen acciones o experiencias (no regalos materiales) por ejemplo: escuchar un disco que te gusta, ir al gimnasio (o algo que tenga que ver con cuidar tu salud), probar un nuevo peinado, pasear un rato por un parque, llamar a algún amigo para charlar, preparar un plato que te gusta, leer un rato.. ¿qué se te ocurre?.
Cuando lo tengas listo “empieza el sorteo”: Cada día por la mañana debes sacar un papelito de la caja y darte el “premio” que te haya tocado.. así día a día hasta acabar todos los papelitos. Pero ¡No los tires! porque luego puedes volver a empezar el “sorteo de premios diarios” y añadir otras cosas que se te ocurran.
Hablar con el espejo
Cada día frente al espejo debes mirarte a los ojos, y hablarte adoptando un tono de voz y postura «como si» te sintieras seguro y confiado.
En ese ejercicio lo más importante es el espejo, mirarte a los ojos, reconocerte: y luego decirte qué vas a hacer hoy por tí, darte un consejo, un halago o ánimos para el día.
Puede que al principio te resulte incómodo, artificial o ridículo.. pero has de superar esa sensación y hacerlo cada día durante al menos 3 semanas, como un reto. ¿te atreves?
Los mensajes pueden ser siempre los mismos o diferentes: pueden tener que ver con lo que vas a hacer, con tus cualidades, o mensajes de ánimo y aprobación.
Recuerda esto sobre la autoestima:
Cuando nuestra autoestima se encuentra «baja» tendemos a hablarnos peor a nosotros mismos, nuestras críticas puede que sean más destructivas que constructivas por ejemplo. Así que fíjate en tu lenguaje interno y en cómo te hablas
Tratamiento para el TOC: La exposición con prevención de respuesta
En el inicio, el tratamiento para el TOC se basaba en técnicas conductuales tales como la detección y parada del pensamiento, la intención paradójica o la saciación, pero eventualmente se comprobó que estas propuestas no solo no eran efectivas para la reducción o eliminación de los síntomas, sino que podían llegar a ser incluso contraproducentes. De esta manera, con el objetivo de mejorar el tratamiento y aportar técnicas eficaces, desde la corriente conductista se empezó a trabajar en la “Exposición con Prevención de Respuesta”, siendo considerada hasta la fecha un elemento central en el abordaje del TOC.
Esta técnica consiste en que la persona se enfrente sus pensamientos obsesivos, “provocándolos” voluntariamente, de manera que pueda experimentar la ansiedad que le generan dichos pensamientos intrusivos. La clave de está en que al evocar sus obsesiones la persona no debe realizar ningún tipo de ritual o compulsión, y es aquí donde radica el reto.
Lo que se persigue con esta técnica es romper el círculo vicioso que se da entre los pensamientos intrusivos, la ansiedad y las conductas compulsivas, de manera que la persona pueda afrontar las situaciones o estímulos internos temidos sin retroalimentarlos. Esto es posible gracias a la habituación de la ansiedad y a la comprobación (adaptativa) de que las predicciones catastrofistas son erróneas.
Otro de los aspectos relevantes sobre esta técnica, es que para que sea efectiva es necesario que se realice de forma repetida y prolongada. Se recomienda que los ejercicios de exposición tengan una duración de unos 45 minutos como mínimo, esto es para que la persona pueda experimentar toda la curva de la ansiedad con éxito, es decir, que perciba como la ansiedad empieza a subir hasta alcanzar su punto máximo y después empieza a descender por sí sola, sin necesidad de realizar ningún ritual. En cuanto a la frecuencia, aunque puede variar en función del caso y la gravedad los síntomas, así como de las circunstancias vitales de la persona, puede realizarse diariamente durante varias semanas o si se busca un tratamiento menos intensivo, puede realizarse una o dos veces por semana.
Por último, pero no por ello menos importante, es preciso mencionar que la exposición a los estímulos temidos, siempre ha de hacerse de forma gradual, de menor a mayor ansiedad provocada, ya que esto permitirá a la persona ir ganando la confianza necesaria para seguir afrontando sus obsesiones sin realizar los rituales. La jerarquización de las tereas de exposición es un trabajo muy importante que debe hacerse entre el terapeuta y la persona, esto es indispensable para éxito del tratamiento.
Cada tarea o “ítem” de la jerarquía se mide en USAs (unidades subjetivas de ansiedad) de esta manera se establece un parámetro de medición en el que tanto terapeuta como paciente puedan entenderse y valorar de forma similar los estímulos temidos. La respuesta de ansiedad es algo subjetivo y únicamente experimentada por la persona que la siente, de ahí la necesidad de emplear una medición objetiva de los ítems, para evitar posibles errores o situaciones que la persona aún no está preparada para afrontar.
Si bien la exposición con prevención de respuesta ha demostrado ampliamente su eficacia, por sí sola no garantiza el éxito del tratamiento, motivo por el cual en las últimas décadas se ha trabajado en la combinación de la EPR junto con otro tipo de técnicas consiguiendo con maximizar la eficacia del tratamiento psicológico en este tipo de trastornos.
Depresion o Trastorno Depresivo Mayor.
La depresión (del latín depressio, que significa ‘opresión’, ‘encogimiento’ o ‘abatimiento’) es el diagnóstico psiquiátrico que describe un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, caracterizado por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida cotidiana (anhedonia). Los desórdenes depresivos pueden estar, en mayor o menor grado, acompañados de ansiedad.
El término médico hace referencia a un síndrome o conjunto de síntomas que afectan principalmente a la esfera afectiva: la tristeza patológica, el decaimiento, la irritabilidad o un trastorno del humor que puede disminuir el rendimiento en el trabajo o limitar la actividad vital habitual, independientemente de que su causa sea conocida o desconocida. Aunque ése es el núcleo principal de síntomas, la depresión también puede expresarse a través de afecciones de tipo cognitivo, volitivo o incluso somático. En la mayor parte de los casos, el diagnóstico es clínico, aunque debe diferenciarse de cuadros de expresión parecida, como los trastornos de ansiedad. La persona aquejada de depresión puede no vivenciar tristeza, sino pérdida de interés e incapacidad para disfrutar las actividades lúdicas habituales, así como una vivencia poco motivadora y más lenta del transcurso del tiempo. Su origen es multifactorial, aunque hay que destacar factores desencadenantes tales como el estrés y sentimientos (derivados de una decepción sentimental, la contemplación o vivencia de un accidente, asesinato o tragedia, el trastorno por malas noticias, pena, y el haber atravesado una experiencia cercana a la muerte). También hay otros orígenes, como una elaboración inadecuada del duelo (por la muerte de un ser querido) o incluso el consumo de determinadas sustancias (abuso de alcohol o de otras sustancias tóxicas) y factores de predisposición como la genética o un condicionamiento educativo. (más…)