Sexualidad y Trastorno límite de la personalidad

SEXUALIDAD Y APEGO EN EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD.

Las personas con diagnóstico de Trastorno Límite de Personalidad (TLP) tienen dificultades en el desarrollo de la sexualidad que derivan en conductas sexuales de riesgo. Se conoce que las experiencias tempranas de abuso sexual y el desarrollo de un apego inseguro son factores de riesgo para la aparición del TLP. El estudio de la relación entre las dificultades en la esfera sexual en la edad adulta y el apego inseguro nos permitiría comprender el origen de estas dificultades y, por tanto, mejorar el abordaje terapéutico de esta problemática.

En uno de los estudios realizados, de los 138 artículos obtenidos, se seleccionaron 41. Los resultados de estos estudios muestran una elevada prevalencia de comportamientos sexuales de riesgo, experiencias sexuales tempranas, alta impulsividad y compulsividad sexual, alteraciones de la identidad sexual y mayor número de parejas sexuales en pacientes con TLP. Estas características se asociaron con un tipo de apego inseguro.

Los estudios realizados hasta la fecha indican que el apego inseguro se asocia con un mayor riesgo de sufrir dificultades en la sexualidad en el TLP. Futuras investigaciones permitirán profundizar en la relación existente entre el tipo de apego y dichas conductas.

Causas del desarrollo del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP).

Entre las causas del desarrollo del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) se han descrito la experiencia de adversidades a edades tempranas (p. ej.: el abuso sexual), o crecer en un entorno disfuncional: un estilo de crianza parental con ausencia de límites, poco consistente o negligente a nivel emocional (Levy, 2005; Rodríguez, 2015). Estas situaciones pueden dificultar la construcción de un apego seguro y determinar la manera en la que los pacientes desarrollaran su capacidad para relacionarse (Diamond & Meehan, 2013). La teoría del apego ofrece un marco teórico para la comprensión del desarrollo y mantenimiento de las alteraciones relacionales propias de los trastornos de la personalidad (Fonagi et al., 1996; Yeomans & Levy, 2002).

Las investigaciones previas se han centrado en la forma en que las personas con TLP desarrollan el apego, pero la asociación entre estas experiencias tempranas en la asunción de riesgos y la impulsividad en la conducta sexual en el TLP sigue siendo motivo de debate (Brüne, Jiaqing, Schojai, Decker & Edel, 2017).

Se ha visto en diversos estudios que los pacientes con TLP tienen mayor prevalencia de apego desorganizado y ambivalente (Navarro-Gómez, Frías, & Palma, 2017; Sánchez, & Vega, 2013; Steele, Bate, Nikitiades, & Buhl-Nielsen, 2015). Sin embargo, no se conoce el papel modulador que el estilo de apego puede desempeñar en el desarrollo de su sexualidad. Según Chatziandreou (2006) dichos pacientes poseen una sexualidad fragmentada, infantil y pregenital. Además, su contacto sexual existe a través de sensaciones y emociones superficiales relacionadas, principalmente, con el tacto, el contacto con la piel, la superficie y las impresiones visuales.

Por estos motivos, es de interés clarificar la importancia del estilo de apego en el desarrollo de la sexualidad en el TLP.

Conclusiones de los estudios del TLP y las relaciones sexuales.

1. Las personas con TLP inician las relaciones sexuales a edades más tempranas que la población general. Muestran mayor prevalencia de comportamientos sexuales de riesgo, en especial, si está asociado a consumo de sustancias, lo que incrementa la probabilidad de contraer enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, mantener relaciones sexuales comerciales y sufrir violaciones.

2. Las personas con TLP muestran más dudas sobre la identidad y orientación sexual. Muestran tasas más altas de impulsividad sexual, mayor número de parejas sexuales, mayor apertura a las relaciones esporádicas y más problemas para mantener relaciones amorosas que la población general. Pueden utilizar las conductas sexuales, de forma compulsiva, como una forma de evasión de los sentimientos internos desagradables.

3. El estilo de apego inseguro es nuclear en este trastorno, los estudios difieren entre sí es un apego desorganizado, ambivalente o evitativo, el que caracteriza esta patología. Aunque estudios previos apuntan a la existencia de una asociación entre este estilo de apego y ciertas dificultades sexuales, se requieren un mayor número de investigaciones a este respecto.

4. El área de la sexualidad es un ámbito muy relevante en el TLP, por lo que se recomienda prestar especial atención a la evaluación y el abordaje específico de esta área psicológica en el TLP.

5. Se requieren investigaciones que estudien la asociación del estilo de apego en las relaciones sexuales para poder mejorar el abordaje terapéutico. Es de interés conocer cómo la educación sexual puede modular la intensidad de estas dificultades sexuales y si puede establecerse como una posible variable de prevención ante estas conductas sexuales de riesgo.

Teoría del Apego y estilos de apego.

Teoría del apego. Vinculación afectiva.

La Teoría del Apego (Atachment) se desarrolla a principios de los años cincuenta, desde una perspectiva etológica. Sus principales exponentes son: J. Bolwby y M. Aisworth (Aisnworth 1968, 1982, 1989; Ainsworth, Bell 1970; Ainsworth, Bell, Stayton, 1971, 1974; Ainsworth, Blehar, Waters, Wall 1978; Ainsworth, Bowlby, 1991; Bowlby, 1939, 1940, 1944, 1949, 1951, 1958, 1960a,1960b,1968, 1977, 1980,1984b,1985, 1988, 1989a; Bowlby, Durban 1939).
En el marco teórico sobre la teoría del apego (Attachment) partimos de los trabajos de investigación de Bowlby (1969, 1973, 1995), Stern (1985) y Tronick (1989).
Robertson (1953a, 1953b)  y Bowlby describieron los patrones de conducta que podemos observar en los niños que sufren un alejamiento súbito y mantenido de sus hogares y que se ven instalados en ambientes extraños: "siempre que un niño pequeño que ha tenido oportunidad de desarrollar un vínculo de afecto hacia una figura materna se ve separado de ella contra su voluntad, da muestras de zozobra; y, si por añadidura, se lo coloca en un ambiente extraño y se le pone al cuidado de una serie de figuras extrañas, esa sensación de zozobra suele tornarse intensa. El modo en que el chiquillo se comporta sigue una secuencia característica. Al principio protesta vigorosamente y trata de recuperar a la madre por todos los medios posibles. Luego parece perder la esperanza de poder hacerlo. Aun así, sigue preocupado y vigila su posible retorno. Posteriormente parece perder el interés por la madre y nace en él un desapego emocional. Sin embargo, siempre que el período de separación no sea demasiado prolongado, ese desapego no se prolonga indefinidamente. Más tarde o más temprano el reencuentro con la madre causa el resurgimiento del apego" (J. Bowlby 1968, pp. 45).vinculo afectivo padre hijo psicologos valencia
Con Robertson, Bowlby no solamente estudió los efectos de la separación precoz de los niños y de sus madres, sino que también pudo comprobar que una figura de apego sustituta podía darle consuelo.
Esta figura sustituta podía facilitar el establecimiento de un vínculo emocional que impedía el deterioro y que permitía al bebé mantenerse en una situación de seguridad hasta que se reunía con su madre. Estudios actuales indican que la separación de un mes o más del niño de su madre durante los primeros 5 años de vida es de alto riesgo para trastornos relacionados con la salud mental (Steele y Siever, 2010).
Bowlby formuló la teoría de que según la relación que estos niños establecían con sus figuras de apego (la madre o cuidador principal) a edades tempranas, organizarían el tipo de vinculaciones afectivas que establecerían a lo largo de su vida.
Por apego entendemos una disposición a mantener proximidad y contacto (lazo de afecto) con una figura de carácter protector, denominada "figura de apego": "El comportamiento de apego es una forma de conducta instintiva que se desarrolla en el hombre, al igual que en otros mamíferos, durante la lactancia y tiene como finalidad o meta la proximidad de la figura materna. La función del comportamiento de apego consistiría en la protección contra depredadores. Tal conducta se muestra especialmente intensa durante la niñez, cuando está dirigida hacia figuras parentales, pero continúa activa durante la vida adulta, en la que generalmente es encauzada hacia alguna figura activa y dominante, que con frecuencia se trata de un pariente, pero también a veces de un jefe o alguna persona de más edad que pertenece a la comunidad" (Bowlby, 1986b, pp. 111).vinculo afectivo figura de la madre psicólogos valencia
El apego estaría relacionado con la protección que esa figura principal de vinculación tiene con el bebé. El temor a la pérdida o el abandono de esa figura será vivido con niveles muy importantes de angustia por el bebé o niño. Bolwbly comprobó la existencia de esa angustia de separación al observar los efectos negativos padecidos por los niños, que fueron separados de sus padres en la Inglaterra de la postguerra.
También pudo comprobarlo en su trabajo como médico con adolescentes procedentes de familias conflictivas. Estas experiencias fueron determinantes para que Bowlby entendiera los efectos e influencia de los primeros vínculos afectivos y de su transmisión transgeneracional en el desarrollo de la personalidad del niño.
Cuando Bowlby (1985) se refiere a la figura de vinculación o de apego, se refiere a si existe o no la posibilidad de que esta figura sea accesible al bebé de forma inmediata y si ésta es capaz de responder de manera apropiada a sus necesidades, dándole protección y consuelo.
Esto permitirá también que el niño sea capaz de interactuar con los otros sin ansiedad y poder organizarse y elaborar situaciones traumáticas o problemas emocionales que puedan aparecer a lo largo de su vida.  Si estas primeras relaciones se desarrollan de forma correcta hablaremos de una base segura.
Así pues, se definen 4 tipos de apego: 1) Seguro: los otros son considerados como fuente de bienestar y son niños que tienen capacidad para empatizar con el otro y reflexionar sobre sí mismo; 2) Preocupado: los puntos de la historia personal están centrados en el rechazo, la negligencia y la inversión de roles y son niños que tienen muchas dificultades para organizar su historia y sus relaciones interpersonales, tanto pasadas, presentes como futuras; 3) Evitativo: son niños que tienden a negar los aspectos difíciles de su infancia, con actitudes de desvalorización hacia el apego; 4) Desorganizado no resuelto: característico de las personas que han tenido pérdidas muy significativas de su figura de apego, maltrato, negligencia y/o abusos sexuales en su infancia, y son niños que presentan graves dificultades en las relaciones interpersonales y tienen un alto riesgo de desarrollar problemas de tipo psiquiátrico y/o de adicciones (Main 2000; Main, Goldwyn, 1991; Main, Goldwyn, Hesse, 2003; Main, Kaplan, Cassidy 1985).
En la revisión y actualización de la literatura referente a la teoría del apego encontramos líneas de investigación entre apego y neurociencias, relación entre apego seguro y capacidad de mentalización o función reflexiva y habilidades sociales y conductas agresivas, relación entre FR y conductas agresivas, malos tratos; negligencias y abusos sexuales; transmisión generacional del maltrato y centros residenciales de acción educativa para menores retirados de sus familias como sistema de protección.

Perfiles de apego y Vinculo Afectivo

La síntesis de estos perfiles de apego ha sido inspirada por las enseñanzas de varios investigadores, clínicos y autores

Perfil de apego seguro

  • La construcción del vinculo de apego ha permitido la edificación de una base solida de seguridad interna y de una estima de si confiante y aseguradora. 
  • Este vinculo de apego favorece todo su desarrollo global (afectivo, intelectual, cognitivo, sensorial, motor y social), la exploración y la autonomía. 
  • El intercambio relacional confirma las competencias de los padres y las del niño en desarrollo. Tiene asi la prueba de su unidad, de su valor y de que él es amable. 
  • Una relación basada sobre la confianza mutua y la proximidad afectiva no la percibe el niño como amenazante ni como hostil. 
  • El niño utiliza estrategias adaptadas para tener respuestas a sus necesidades y en sus relaciones afectivas y sociales. 
  • Con ello puede enfrentarse al estrés y a la adversidad con la seguridad de que su figura de apego sabrá asegurarle, protegerle y amarle. 
  • También podrá regular sus emociones en función de su grado de desarrollo.

Perfiles inseguros de apego

   - Rehuyente organizado

El niño evita la relación para huir de una proximidad afectiva que juzga amenazante:

  • Poco intercambio afectivo
  • Poco o ningún signo de angustia en caso de separación
  • Trata a los extraños de la misma manera que a la figura de apego 
  • Se le ve hipervigilante para autoprotegerse 
  • Niega la necesidad de afecto para evitar que le hieran o rechacen 
  • Es a menudo hostil, distante, deprimido y ansioso 
  • Rechaza la atención y cuidados maternales y no le gusta que le toquen 
  • Se cuida a si mismo y se pone ansioso si depende de otros 
  • Huraño y abiertamente opuesto, con actitud pasiva y agresiva.

    - Ambivalente-resistente organizado

El niño entra en un proceso de acercamiento y de resistencia ante una proximidad afectiva que juzga amenazante:

  • Incapaz de usar la figura de apego como base de seguridad
  • Busqueda de la proximidad antes de que la separación llegue 
  • Estrés por la separación pero de manera ambivalente 
  • Preocupacion por la disponibilidad de la figura de apego 
  • Busca el contacto pero resiste con cólera cuando llega 
  • Dificilmente apaciguado por un extraño
  • Expresion intensa de las emociones negativas, angustia elevada bajo una forma agresiva o pasiva, sin clara expectativa
  • Ansiedad y miedo ante la exploración

     - Desorganizado-desorientado

Un modo más complejo de apego

Ante una proximidad afectiva juzgada peligrosa, sumergido en un miedo  y una ansiedad de gran intensidad, el niño que sufre desarrolla sobre todo estrategias de ataque y de huida para sobrevivir.

Puede estar bloqueado, estereotipado, desorientado, desorganizado, interrumpido, tener miedo ante la figura de apego o más todavía quererla controlar, castigándola o cuidando de ella (inversión de roles). (Sacado del documento del Dr. Marc-Yves Leclerc)

  • No diferenciación de la figura de apego
  • Da la impresión de un no-apego
  • Confusión, miedo, contradicción, aprensión o fusión en presencia de la figura de apego
  • Para ser reconfortado, adopta actitudes contradictorias, desorganizadas y ambiguas hacia la figura de apego. 
  • Alto riesgo de psicopatología ulterior 
  • Coleras extremas, desesperación inconsolable, rabietas incontrolables 
  • Ninguna estrategia coherente frente al estres


*Notemos también que factores mórbidos pueden confluir añadiendo matices de los que hay que tener en cuenta para cada uno de estos perfiles de apego inseguro como:

  • El estrés y los traumatismos intrauterinos
  • Los síndromes del alcoholismo fetal o sus efectos
  • El impacto de traumatismos precoces en el bebe 
  • Los trastornos de modulación y regulación  sensoriales 
  • Los trastornos del déficit de atención con o sin hiperactividad
  • El síndrome de Gilles de la Tourette 
  • Los trastornos de ansiedad y los trastornos compulsivo-obsesivo (T.O.C)
  • Los signos de problemas del orden de la psicopatología (Psicosis)

La construcción del vinculo de apego

La construcción del vinculo de apego

El vinculo de apego y la seguridad interna.

La teoría del vinculo afectivo atribuye un sentido muy especifico a la palabra apego en particular cuando se aplica a la relación madre (padre)-hijo. El vinculo afectivo o apego es una construcción afectiva basada en la necesidad que tiene el niño  de seguridad y de protección. Es un conjunto de gestos primitivos y biológicos cuyo fin es fijar la relación con la persona o personas con las que establece el vínculo afectivo que asegura su supervivencia. Esta necesidad es primordial en el bebe o en el niño, incapaz de satisfacer sus propias  necesidades. Los bebes se “pegan” instintivamente al o a los que le cuidan y que tienen esta responsabilidad de cuidado y vigilancia  hacia ellos.
Generalmente la población ve en el vinculo afectivo (apego) un estado afectivo de devoción y de amor entre dos personas. Vemos también la imagen de un vínculo o un apego que une  a dos personas aunque esta unión pueda ser positiva o negativa.
Según las diferentes  investigaciones, los  exámenes periciales clínicos y a la luz de la teoría que los sustentan, el apego del que aquí se trata no es sinónimo de afecto y de amor. Se trata de la  construcción de un vínculo con la figura de referencia (la cuidadora). El proceso empieza en la concepción, durante el periodo intrauterino  y los dos primeros años de la vida del niño.

El amor no es suficiente pero es esencial en el establecimiento del vínculo afectivo puesto que se trata de un compromiso emocional y afectivo que indica al niño que su figura principal de apego es capaz de protegerle, de darle seguridad y de amarlo. La permanencia  de este vínculo hace que el  niño se sienta único, y digno de ser amado.
El niño utiliza gestos actitudes y señales diversas, para  atraer la atención de la persona de referencia afectiva con el fin de lograr que ella entienda y atienda las necesidades que manifiesta por medio de ellos.
Puede hacerlo agarrándose, con sonrisas, parloteando,  con llantos, con gritos y agitación motriz. Si los cuidados que recibe son los adecuados,  pasa del malestar y estrés, al confort. Estas interacciones diarias entre la figura de apego y el niño le permiten  establecer este  círculo de confianza esencial para la construcción de la seguridad interna del niño. Cuatro condiciones son necesarias para lograr la calidad en los cuidados: la sensibilidad de la figura de apego, la proximidad,  el compromiso y la reciprocidad. Un vinculo afectivo o apego  seguro permite al niño encontrar el equilibrio entre su deseo de explorar su entorno y la necesidad de que  la figura de apego este cerca. Este ciclo de repetición, de constancia y coherencia favorece la madurez de la mecánica neuronal.
Con el paso del tiempo estas señales evolucionan y se diversifican. La sensibilidad, la disponibilidad, la previsión, la reciprocidad, la constancia y las competencias de la figura de apego permiten al niño seguro el poder explorar su universo inmediato con toda confianza. Un vinculo afectivo establecido correctamente permite al niño encontrar el equilibrio entre su deseo de conocer su entorno y la necesidad de sentir cerca a la figura de referencia.

Pegarse para Despegarse

Conviene también considerar el apego  a lo largo de toda vida. Desde la vida intrauterina, el nacimiento, la más temprana infancia, la infancia, la pre adolescencia, la pubertad seguido de la adolescencia. Esto le permitirá establecer los lazos con sus iguales a través de la búsqueda de su identidad. Después, en la edad adulta, lo hará con su pareja y su círculo de amigos.
Hoy, los nuevos avances de la investigación en neurociencias nos indican que la construcción  de este vínculo se inscribe en todo el proceso de desarrollo global del niño. Y será determinante,  en particular, en su desarrollo cerebral. Los impactos de una construcción malsana y perturbada del vinculo de apego pueden ser muy importantes sobre todo el desarrollo global del niño tanto desde el punto de vista afectivo, intelectual, cognitivo, sensorial, motor y social. Se observan consecuencias permanentes de minusvalía en el niño, el adolescente y el adulto en muchas esferas de su desarrollo, de su personalidad y de su vida. Algunos estarán en  riesgo de tener problemas serios de salud mental y de psicopatología.

Vinculo Afectivo y Apego

LA TEORIA DEL VÍNCULO AFECTIVO O APEGO.

Antes de definir los trastornos del vínculo afectivo hay que definir el vínculo en sí mismo y desarrollar la teoría del vínculo afectivo.

El vínculo y la teoría del vínculo

La teoría del vínculo comienza a formarse en 1948. John Bowlby (1907-1990), psiquiatra ingles es el primero en formularla.

La obra de J. Bowlby (1907-1990).

Para Bowlby las necesidades fundamentales del recién nacido se sitúan a nivel de los contactos físicos. El bebe tiene necesidad innata del pecho, del contacto somático y psíquico con el ser humano. Explica la impulsión de vínculo definiendo durante los dos primeros años de la vida, cinco conductas innatas de vínculo (¨patterns¨) que se suceden y a las cuales la madre debe responder: la succión, el abrazo, el grito, la sonrisa y la tendencia de ir hacia, de agarrarse. Bowlby pone así en evidencia la competencia social precoz del lactante. Además la madre no es necesariamente la madre biológica.

A falta de interacción suficiente, el vínculo entre el bebé y su madre no se crea. El vínculo conseguido, es decir, la respuesta adecuada del entorno a todas las señales del niño, construye el sentimiento de confianza y de seguridad del bebé en si mismo que afrontará mejor las separaciones y las pruebas posteriores. Muchos otros han reprochado a Bowlby el alejarse del modelo psicoanalítico clásico que hacía de la alimentación, de la relación oral y de la construcción del aparato psíquico infantil, las primicias de la relación madre-hijo. Bowlby estima, por el contrario que la necesidad social del lactante se expresa antes de su experiencia de los cuidados maternos.

La teoría puede formularse así: la construcción de los primeros lazos entre el niño y la madre, o la que hace las veces, responde a una necesidad biológica fundamental. Se trata de una necesidad primaria, es decir que no se deriva de ninguna otra.

El vínculo es un medio para el niño de desarrollar una seguridad que le llevará hacia la posibilidad de explorar a su alrededor y luego hacia la autonomía.

Con esto Bowlby rompe con todas las teorías  anteriores de los primeros lazos sociales y afectivos del bebé humano.

Los sucesores de Bowlby.

Maria Ainsworth sucede a John Bowlby con el que comparte la idea según la cual el vínculo es una necesidad primaria. Ella observará durante un año parejas de madres-bebés durante las comidas en los tres primeros meses de la vida del lactante. La sensibilidad de la madre hacia su hijo y su capacidad de captar sus necesidades van a ser el centro de interés de la investigadora.  Según ella, éstas permitirán predecir el tipo de vínculo futuro.

Un año después de estas primeras observaciones, vuelve a observar las mismas parejas con el fin de evaluar el vínculo con los hijos a su madre. Expone así a los niños a ocho situaciones diferentes, implicando separaciones y reencuentros con su madre después de haber estado solo o con un desconocido. Esto es lo que ella llama "la situación extraña" (the « strange situation »). Su objetivo era evaluar el vínculo afectivo del bebé con su madre.

Los resultados de su experiencia dejan percibir tres categorías de vínculo afectivo:

  1. Seguro: el bebe manifiesta por signos, que siente la marcha de su madre en el momento de la separación y la acoge calurosamente cuando la vuelve a encontrar pero no focaliza su atención sobre ella y vuelve a jugar.
  2. Inseguro (o ansioso)-esquivo: el bebe no da señales de sentimiento con respecto a la marcha de su madre y cuando la madre vuelve, el niño la evita. Focaliza su atención sobre lo que le rodea y esto de manera persistente.
  3. Inseguro (o ansioso)-resistente: El niño está preocupado por la madre  durante la «Strange situation», no llega a calmarse cuando la madre vuelve, su atención esta fija en ella.

Las proporciones de estas tres categorías son más o menos siempre las mismas: 22% niños ansioso –esquivos, 66% niños seguros y 12% niños ansioso-resistentes. Es posible detectar los factores que predisponen a los comportamientos seguros o ansiosos. La madre con capacidad de percibir y de interpretar de manera adecuada las señales y peticiones implícitas del niño y de darles respuesta de manera adecuada y sincronizada favorecería el vínculo seguro. Por el contrario, la que rechaza o no comprende las peticiones del niño, manifiesta aversión frente al contacto físico, no expresa apenas emociones o propone respuestas desfasadas, favorecería el vínculo ansioso. Un niño seguro se mostrara sociable, empático y manifestará una buena autoestima. Un niño que presenta un vínculo ansioso se retraerá socialmente, presentará quejas somáticas, su manera de obrar y sus comportamientos opuestos y agresivos. Con su dotación inicial jugará un papel protector o agravante a lo largo de toda su vida; especialmente cuando se vea en circunstancias difíciles.

Otros estudios sobre el vínculo en la edad adulta han permitido catalogar tres tipos de comportamiento que se acercan admirablemente a las utilizadas por María Ainsworth para los bebés (hasta en su proporción): 27% de personas desvinculadas (indiferentes y descomprometidas emocionalmente), 56% de personas autónomas (con cómodo acceso a sus emociones) y 17¨% de personas preocupadas (confusas e incoherentes). Se comprende aquí la importancia primordial de la calidad de estos primeros vínculos. Se puede fácilmente deducir de ello la necesidad de trabajar en el restablecimiento de la confianza en sí y de la competencia de los padres para evitar interacciones peligrosas.

¿Pero no se puede contar con  nadie más que con los padres? Bowlby lo pensaba así y había emitido la hipótesis de la monótropa: no existiría más que una sola figura de referencia afectiva (*) posible (la madre). Numerosos estudios realizados después han  desmentido esta teoría y han mostrado que lo que cuenta ante todo, es la calidad respectiva de los diferentes lugares y personas que el niño encuentra. El padre y la madre, la familia y los profesionales de la infancia no pueden excluirse unos a otros. Lejos de ser un peligro, la existencia de varias figuras de referencia afectiva constituye un enriquecimiento y un factor de “resiliencia” para el niño. Habrá así, una figura de referencia afectiva principal y figuras de referencia afectiva secundarias que le llevarán a explorar nuevas relaciones sin riesgos. Lo que es un lazo seguro establecido con una persona podrá compensar la relación ansiogénica desarrollada con otra.

(*) La noción de « figura de referencia afectiva »

  • Una figura de vínculo afectivo se define como una persona que aporta al niño una interacción social duradera: confort, apoyo, protección, amparo en las situaciones angustiosas, aporte de  cuidados necesarios.
  • La tendencia natural del niño es vincularse a una figura principal, habitualmente la madre o su sustituto.
    La separación de la figura de referencia afectiva que le da más seguridad, genera angustia y  protesta.
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