Sexólogos y sexología

Sexólogos y sexología

El 67% de los españoles considera muy importante la actividad sexual; el 34% ha tenido algún problema de este tipo, pero sólo el 15% ha consultado con un profesional. Convertir la sexología en una profesión institucionalizada con titulación oficial es el primer paso para encontrar soluciones.

La sexualidad humana es un asunto tan amplio que hace necesaria la existencia de profesionales especializados en su estudio y en su práctica clínica.

¿Qué es un sexólogo?

El sexólogo es, por tanto, el encargado de velar por la calidad de la vida afectivo-sexual de los individuos.

El primer Instituto de Sexología se fundó en Berlín en 1919, por lo que podemos decir que la sexología se trata de una disciplina joven, pese a ser casi centenaria.

En nuestro país, los profesionales de la sexología suelen ser principalmente psicólogos o médicos especializados vía Máster en esta materia.

Cómo te puede ayudar un sexólogo

El sexólogo te puede ayudar de dos maneras fundamentales:

1.- Proveyéndote de información sexual científica.

El sexólogo conoce a fondo el funcionamiento sexual humano y sabe distinguir entre la información veraz y aquella que forma parte de los -aún a día de hoy- numerosos mitos sexuales.

La labor divulgativa de los sexólogos, tanto en colegios e instituciones como en consultas, es de gran utilidad pública a la hora de resolver las dudas de la población en esta disciplina.

2.- Tratando diferentes disfunciones.

Cuando se producen problemas en alguna de las cuatro fases del ciclo sexual (excitación, meseta, orgasmo y resolución), el sexólogo se encarga de detectar sus causas y proponer las posibles soluciones.

Conviene tener en cuenta que la gran mayoría de los problemas sexuales tiene un origen psicológico y/o de aprendizaje.

No obstante, ante una disfunción pueden mezclarse tanto las causas psicológicas como las biológicas. De ahí la importancia que tiene el trabajo en equipo entre médicos y psicólogos para una mejor atención de los pacientes.

Sin embargo, no podemos perder de vista que “ir al sexólogo sigue siendo una frase tabú para muchas personas. Acudimos al médico de cabecera sin ningún problema, pero cuando se trata del sexólogo la cosa cambia.

Tengamos en cuenta que somos herederos de una cultura que ha potenciado la reclusión (cuando no la represión) de la sexualidad humana durante cientos de años.

Además, el hecho de que la sexualidad pertenezca a la parte más íntima del individuo favorece que aún queden ciertos miedos por superar.

Por suerte, poco a poco vamos dejando que entre la luz de la normalidad en nuestra sexualidad y cada vez la vivimos con mayor naturalidad.

Prueba de ello es que el número de consultas a los especialistas en sexualidad aumenta año tras año.

Así que, si necesitas información sobre sexualidad o requieres de ayuda para solucionar un problema sexual, no dudes en acudir a un sexólogo especialista.

Podrás encontrarlo en las diferentes asociaciones que existen en nuestro país y que concentran a los mejores profesionales del sector.

La tolerancia a las frustraciones en el deportista

La frustración es un estado que se produce en el deportista cuando los resultados de la ejecución quedan por debajo de lo esperado. Es decir, cuando no se cumplen los objetivos deportivos propuestos.

    Está demostrado que el fracaso constituye un importante stressor para el deportista. Según Goschek, V., 1983, “el fracaso en la ejecución de la actividad deportiva representa en sí mismo una carga psíquica que puede considerarse stress. En el deporte, los problemas relacionados con … la frecuencia de resultados infructuosos … juegan un rol fundamental”

El fracaso en el deporte

    El modo en que se vive el fracaso en el deporte, está relacionado con la autoestima general de la personalidad (frustración general) o con el incumplimiento de propósitos concretos, insertos en un proyecto de acción más abarcador (frustración parcial).

    En el primer caso, el fracaso tiene un grado de generalización amplio, relativo a la calidad deportiva que el sujeto se atribuye, a cualidades generales como el valor, la capacidad para triunfar en un deporte concreto, etc. La frustración general conmociona la personalidad y puede provocar respuestas de amplio alcance para la seguridad en sí mismo y para la propia vida deportiva.

    Las frustraciones parciales, por su parte, están relacionadas con acciones malogradas, imperfectas o insuficientes que, a juicio del deportista, comprometen la ejecución final o el éxito competitivo. Estas tienen un carácter temporal estrecho y están sujetas al vertiginoso curso de la actividad deportiva.

    Se trata de frustraciones relativas a medios para alcanzar fines más determinantes y a metas que constituyen fases o submetas de otras más amplias.

    En una modalidad que se compita por intentos, por ejemplo, alguno de ellos puede resultar malogrado y el deportista ver amenazado su rendimiento final en la competencia. Un lanzamiento pobre o no válido, un clavado de muy baja puntuación o un disparo de poco valor, ponen a los deportistas en malas condiciones para aspirar a la victoria al final de la jornada.

    Después de un intento fallido, disminuyen las probabilidades de lograr un rendimiento máximo y queda un saldo psicológico negativo que deviene vector de oposición al desempeño. La posibilidad de imponer una actitud optimista y persistente se hace más difícil y depende mucho de la personalidad del deportista.

    También pueden ocurrir frustraciones parciales dentro de una misma acción, lo que traslada el problema a un ámbito de mayor especificidad que, lamentablemente, escapa a la consideración de muchos colegas.

    Veamos un ejemplo inspirado en un caso real. Un triplista viene realizando una excelente carrera de impulso y le pasa por la mente, en un instante, que tiene la posibilidad de lograr un gran salto. Esta idea ejerce un efecto multiplicador en su motivación y sus esfuerzos.

    En la fase de vuelo, sin embargo, su pierna de péndulo queda un poco baja, introduciendo con ello un vector parásito o inútil en el campo físico de fuerzas que entran en juego. El atleta se percata de ese detalle y se siente tempranamente frustrado por “echar a perder” tan prometedora carrera de impulso.

    Este saltador tiene dos opciones de reacción inmediata: 1) hacer caso omiso al infortunado detalle e insistir para que compensar lo que pueda haber perdido, o 2) molestarse con su pierna de péndulo, lamentarse por no haber podido aprovechar la magnífica carrera que traía y abortar el intento, descuidando el resto de los movimientos.

    En el primer caso, el atleta muestra alta tolerancia a los fracasos parciales y puede llegar a ganar la competencia con ese intento, aunque no le sirva para romper su propio récord. En el segundo, su baja tolerancia lo condena a perderlo por completo.

Tolerancia al Fracaso

Cuando el deportista adopta como norma la respuesta de insistencia y compensación de la acción errática (alta tolerancia a las frustraciones parciales) los éxitos suelen sorprenderlo, ya que la magnitud de los presuntos errores tienden a sobreestimarse y la persistencia conduce al éxito inicialmente calculado o a un desempeño cercano a él.

    Por otra parte, con la adopción sistemática de esta variante, se refuerza una respuesta condicionada anabólica que garantiza un rendimiento mínimo y estable. El sujeto se acostumbra a luchar siempre hasta el final.

    Por el contrario, la cesación prematura de la lucha cuando las cosas no salen de manera perfecta, conduce al lamentable desaprovechamiento de buenas condiciones de acción, equivocadamente valoradas como erráticas. Tal desatino provoca también respuestas inhibitorias condicionadas, que frecuentemente traicionan al atleta aún cuando no albergue intenciones de abortar el movimiento.

    Las respuestas que las frustraciones generales y parciales provocan en los deportistas, constituyen importantes objetos de estudio para entrenadores y psicólogos del deporte.

Arritmia funcional

¿Qué es una arritmia funcional?

Las arritmias funcionales son desórdenes fisiológicos caracterizados por reacciones bruscas de la tasa cardiaca, sin un motivo aparente, y sin que haya una lesión orgánica.

Información básica sobre arritmias funcionales:

  • Las arritmias funcionales son desórdenes fisiológicos que cursan con niveles altos de ansiedad
  • en estos casos la tasa cardiaca puede alcanzar unos niveles muy altos (entre 100 y 160 pulsaciones por minuto), sin ninguna causa aparente
  • llega un momento de su trastorno en el que simplemente por salir de casa o hacer algún tipo de ejercicio físico cotidiano, como andar o subir una escalera, se produce la taquicardia
  • por lo general, el paciente cree que tiene una enfermedad cardiaca grave, a pesar de que los diferentes cardiólogos que ha visitado no hayan podido diagnosticar esta enfermedad cardiaca
  • sin embargo, el paciente está convencido de que en una de sus crisis (taquicardias intensas sin un motivo aparente) puede llegar a morir, por un infarto de corazón
  • las crisis le hacen creer firmemente en esta posibilidad de estar teniendo un infarto y que va a morir
  • una vez que se ha descartado la existencia de un problema orgánico, sólo queda la hipótesis de un trastorno funcional (un órgano que no funciona adecuadamente, aunque no exista lesión)
  • en los problemas funcionales muchas veces influye el estrés; cuando una persona tiene un ataque de pánico suele coincidir con una época de mucho estrés; lo mismo sucede con las arritmias funcionales
  • la tasa cardiaca es una respuesta fisiológica que se altera con el ejercicio físico, las emociones, los pensamientos, la respiración, otras respuestas fisiológicas, etc.
  • como tal respuesta fisiológica, puede también someterse a diversos aprendizajes
  • así, por ejemplo, después de haber vivido una situación emocional intensa, el corazón vuelve a latir más deprisa cuando tenemos que volver a enfrentarnos con esa misma o situación, e incluso con una situación similar
  • otro ejemplo de aprendizaje: una persona puede haber aprendido a dar una alta tasa de respuesta cardiaca cuando piensa en un determinado tema que le preocupa
  • lo mismo que se puede aprender a dar una tasa cardiaca más alta en presencia de una situación, también se puede producir habituación (es decir, disminución de la tasa cardiaca) ante esa misma situación
  • la tasa cardiaca se ve alterada en cuanto evaluamos una situación novedosa: la novedad puede producir en un principio interés (suele disminuir un poquito la tasa cardiaca), después puede provocar miedo o ansiedad (aumenta la tasa cardiaca)
  • el aumento de tasa cardiaca tiene un valor funcional (si se da en todos los mamíferos, servirá para algo): el aumento de bombeo de sangre hace llegar más oxígeno y nutrientes a las células; luego el aumento de tasa cardiaca es bueno ante una emergencia en la que tenemos que utilizar los músculos (atacar, huir, estar en alerta, etc.), o concentrar nuestra atención, etc.
  • una persona que piensa que puede tener un problema muy grave porque su corazón se está acelerando sin una causa aparente, se asustará lógicamente ante este aumento no controlado; pero este temor, hará que su cuerpo reaccione como si de una emergencia real se tratara, es decir, aumentará más su tasa cardiaca; a su vez, este nuevo aumento de tasa cardiaca le asustará más… (y se produce un círculo vicioso, cada vez le late más el corazón y cada vez está más asustado)
  • una persona que ha vivido algunas situaciones como la que acabamos de describir (círculo vicioso) aprende a dar una tasa cardiaca muy alta en cuanto se asusta por algún motivo, o en cuanto se incrementa ligeramente su tasa cardiaca, por el motivo que sea, físico o psicológico; esta persona habrá desarrollado así una arritmia funcional que le incapacita para hacer el ejercicio físico cotidiano que supone, por ejemplo, el salir de casa, subir una cuesta, subir unas escaleras, montar en bicicleta, etc.; esta persona puede llegar a sufrir una especie de agorafobia, al evitar casi todos los pequeños esfuerzos físicos, incluso salir de casa.

Ahora un caso con arritmias funcionales:

  • varón, 28 años, con taquicardias desde hace 5 años
  • ha visitado muchos especialistas en cardiología, no le encuentran la lesión que él cree tener
  • en las pruebas de esfuerzo físico rápidamente alcanza 160 pulsaciones por minuto
  • si sale de casa, sube una cuesta, etc. le da la taquicardia
  • ha dejado de montar en bicicleta
  • poco a poco su vida social, laboral, de pareja, etc. se ha ido limitando, reduciendo
  • después de cinco años con el problema ha perdido el trabajo, la novia, no sale de casa, etc.; su problema: una arritmia funcional
  • comienza a estar deprimido, principalmente por las pérdidas que ha sufrido (novia, trabajo, vida social, etc.)

Tratamiento:

  • cuando llega a consulta necesita y está tomando un betabloqueante, para disminuir su tasa cardiaca
  • también toma un antidepresivo
  • se le entrena durante unos ocho meses con técnicas cognitivo-conductuales
    • reestructuración cognitiva, solución de problemas, inoculación de estrés
    • relajación muscular progresiva, relajación respiratoria, relajación por imaginación
    • exposición gradual reforzada a las situaciones y conductas que ha estado evitando

Resultado:

  • ha desaparecido la arritmia
  • no tiene problemas de ansiedad, ni de depresión
  • puede dejar de tomar el betabloqueante y el antidepresivo
  • puede volver a salir de casa, hacer ejercicio, trabajar y tiene una nueva pareja

Efecto Pigmalión: mejora tu rendimiento

Profecias autocumplidas y Efecto Pigmalión

El Efecto Pigmalión, también es conocido en el campo de la psicología como el fenómeno de las profecías autocumplidas. Es un interesante concepto a conocer y tener en cuenta, ya que en muchos casos puede estar detrás de la explicación de nuestras buenas o malas capacidades en diferentes campos de nuestra vida, como por ejemplo la capacidad que tenemos al enfrentarnos a un problema o situación, nuestra productividad o capacidad para desarrollar con éxito una tarea, un trabajo, o también para llevar a cabo un aprendizaje concreto… El Efecto Pigmalión describe cómo la creencia que una persona tiene sobre otra o sobre sí misma, puede influir en el rendimiento de esta otra persona o sobre el suyo propio. Dicho de otro modo, es la repercusión que tiene lo que pensamos que una persona puede llegar a hacer (nuestras expectativas), sobre lo que realmente hace (el comportamiento propio o ajeo).

Este fenómeno explica el asombroso rendimiento de algunos deportistas, estudiantes, empresarios, intelectuales… que muestran una grandísima confianza en sus capacidades, y esto les permite superar cualquier obstáculo que se les ponga por delante, sin vacilaciones ni inseguridades.

También podemos encontrar muchos ejemplos de este curioso fenómeno en el entorno educativo y social, en las investigaciones de Rosenthal y Jacobson, los cuales estudian el Efecto Pigmalión desde la perspectiva teórica psicológica de las profecías autocumplidas. Dentro de esta perspectiva en el ámbito educativo, entendemos las teorías autocumplidas como uno de los factores más relevante que influyen en la motivación de los alumnos en el aula, y en la eficacia, profesionalidad e implicación de los docentes. Entre otras cosas lo que ocurre es que los profesores formulan expectativas acerca del comportamiento en clase de diferentes alumnos, y esto hace que los traten de forma distinta de acuerdo con dichas expectativas. Es posible que a los alumnos que ellos consideran más capacitados les den más y mayores estímulos, les dediquen más tiempo en sus explicaciones y les den más tiempo para sus respuestas, además de un mejora apoyo didáctico etc. Los alumnos, al ser tratados de un modo distinto, responden de manera diferente, confirmando así las expectativas de los profesores.

Un estudio para observar como este fenómeno influye en la dinámica de una clase, y en el rendimiento diferencial de sus alumnos, se planteó de la siguiente manera:

 En una clase completamente normal y con una capacidad similar sin grandes diferencias entre sí y con el mismo objetivo de aprobar el curso, se le dijo al profesor que ciertos alumnos escogidos de manera aleatoria tenían una gran capacidad y un gran potencial para aprobar con éxito y buenas notas, y por otro lado cuáles de los alumnos iban a ser malos estudiantes y a tener malos resultados en las pruebas de evaluación.

Como os imaginareis, a medida que el tiempo fue pasando las estimaciones que se le dieron al profesor de forma aleatoria fueron cumpliéndose. Aquellos alumnos que él creía que iban a ir bien, consiguieron buenos resultados mientras que los que iban a ir mal tuvieron resultados más pobres.

En otro estudio se hizo un planteamiento algo distinto, llevando a cabo el estudio de esta forma:

 Se le pidió al profesor que les dijera a sus alumnos que la gente con el pelo moreno era más inteligente que los de pelo rubio según un estudio científico. Los resultados posteriores en dicha investigación confirmaron las expectativas creadas por el profesor en sus alumnos, los que tenían el pelo moreno mejoraron sus calificaciones, mientras que los alumnos con el pelo rubio la bajaron.

Más adelante el mismo profesor les dijo que lo que les dijo había sido erróneo y que en realidad era al contrario, los alumnos de pelo rubio tenían mayor capacidad que los morenos. De nuevo, se dio una profecía autocumplida, los alumnos rubios mejoraron mientras que los morenos descendieron.

Estos estudios muestran una clara prueba de como el nuestro rendimiento tiene mucho que ver con nuestras expectativas y las expectativas que otros tienen sobre el nuestro propio rendimiento. Nuestra inteligencia y muchas de nuestras capacidades en general se ven influidas en gran medida por nuestra motivación, nuestras creencias y expectativas, por lo que puede ser muy importante que seamos capaces de desarrollar un autoconcepto positivo relacionado con nuestras capacidades y actitudes para tener un rendimiento optimo en aquello que hagamos.

Te planteo un sencillo ejercicio que puedes hacer en cualquier momento, con el objetivo de cultivar un autoconcepto positivo que pueda ayudarte a mejorar tus resultados y eficacia en diferentes ámbitos de tu vida:

Es muy fácil de llevar a cabo, solo tienes que escribir 15 características o atributos personales positivos con los que puedas identificarte. Puedes enfocar el ejercicio hacia una problemática o ámbito concreto, por ejemplo hacia el ámbito académico, laboral… (escogiendo atributos que puedan servirte para afrontar una problemática en este campo, o mejorar tu autoconcepto relacionado con este tema), o puedes enfocarlo a mejorar tu autoconcepto de forma general.

No pienses que 15 atributos son muchos, si nos esforzamos un poco todos podríamos escribir muchos más.

Puede que pienses que es un ejercicio demasiado simple, y de poco valor, pero estoy seguro de que pensar sobre uno mismo en positivo aunque solo sea durante unos pocos minutos, tiene una importante repercusión positiva en nuestra forma de concebirnos y en nuestra forma de hablarnos a nosotros mismos. Te aconsejo que hagas este ejercicio siempre que te sientas con poca energía o motivación.

Ten siempre en cuenta que tus capacidades y las capacidades de los que te rodean se ven alimentadas por tus expectativas, y utiliza esto a tu favor, y a favor de los demás.

Técnicas de tratamiento más eficaces para reducir la ansiedad

¿Cuáles son las técnicas de tratamiento más eficaces para reducir la ansiedad?

Pregunta:

¿Cuáles son las técnicas de tratamiento más eficaces para reducir la ansiedad?

Respuesta:

Las técnicas de tratamiento más eficaces que se usan habitualmente en la terapia de los trastornos de ansiedad son de varios tipos: técnicas farmacológicas, técnicas cognitivas, técnicas de relajación de la actividad fisiológica, y técnicas centradas en la conducta.

1. Técnicas farmacológicas:

Los ansiolíticos son un tipo de fármacos que reducen los síntomas de ansiedad rápidamente, lo cuál resulta muy útil en el tratamiento del ataque de pánico, o las obsesiones. Ahora bien, con ellos no se aprende a controlar la ansiedad, por lo que, si se utilizan solos, no suelen curar el trastorno. Son útiles en caso de reacciones intensas, no controlables, pero hay que sustituirlos, poco a poco, por el autocontrol; de lo contrario, suelen degenerar en una adicción a este tipo de fármacos

Con muchísima frecuencia, encontramos personas que llevan muchos años tomando ansiolíticos (siete años, diez años, por ejemplo), sin que hayan resuelto su problema de ansiedad y sin que puedan dejar de consumir estos fármacos.

Sin embargo, en ocasiones el tratamiento farmacológico es necesario, pero se debe acompañar de un entrenamiento en técnicas cognitivo-conductuales (técnicas cognitivas, técnicas de relajación de la activación fisiológica y técnicas centradas en la conducta).

El tratamiento farmacológico debe estar prescrito y revisado (cada mes, o dos meses) por un especialista en farmacología, por ejemplo, un psiquiatra. Debe evitarse la automedicación, o la auto-experimentación, o el abandono del fármaco por decisión propia, tampoco debe tomarse el fármaco en función de nuestro estado de ánimo, o decidir las cantidades a tomar según nos encontremos, etc.

Este tratamiento farmacológico debe estar siempre acompañado por un tratamiento de tipo psicológico, que debe incluir las técnicas ya mencionadas de entrenamiento en control de ansiedad.

2. Técnicas cognitivas:

Son una serie de técnicas psicológicas en las que hay que comenzar por dar información sobre el trastorno, su curación, etc. Se basan en el entrenamiento del individuo en técnicas que mejoran su capacidad de auto-observación y auto-corrección de sus pensamientos, su conducta y sus emociones.

Algunas entrenan al individuo a interpretar situaciones de una manera menos amenazante (menos ansiógena). 

Otras entrenan a las personas en habilidades especiales, como la solución de problemas, la toma de decisiones, etc.

Otras técnicas cognitivas enseñan a identificar pensamientos negativos, errores en la interpretación de la realidad, tendencias individuales que generan ansiedad, etc, para después enseñar a cambiar estas tendencias o procesos.

3. Técnicas de relajación de la actividad fisiológica:

Enseñan a las personas a relajarse, disminuir la activación fisiológica, soltar los músculos, respirar correctamente, imaginar, etc. Hay que practicarlas todos los días. Existen diversos tipo de técnicas de relajación: muscular progresiva, respiración, imaginación, etc.

4. Las técnicas centradas en la conducta:

Resaltan la necesidad de exponerse a las situaciones temidas, acercándose a los estímulos que provocan la ansiedad (bajo situación de control), todo ello bajo el principio de aproximaciones sucesivas (poco a poco) y el principio del refuerzo (es importante premiarse por los éxitos, y corregir ante los fracasos, en lugar de castigarse). Además, algunas técnicas enseñan al sujeto habilidades personales o sociales para enfrentarse mejor a las situaciones ansiógenas.

El diálogo negativo en el deporte.

Psicología del Deporte y Control Emocional

Innumerables veces observamos a los jugadores, hablarse negativamente, realizar verdaderas obras dramáticas expresando la frustración o el  enojo por el punto que acaban de perder, maldicen a los dioses del mal día que están teniendo o que la suerte no está de su lado o que no pueden perder contra ese rival (generalmente un fantasma en la jerga deportiva).
Estas actitudes  que realizan los atletas son sólo un mecanismo de defensa ante la angustia de no poder resolver la situación y cuanto más angustiante sea el marcador, break point, set point, un rival de menor ranking etc., mayor es la furia y el enojo. Ellos saben que ese dialogo negativo, los perjudica, que no lo deben hacer, sin embargo, lo realizan una y otra vez.
Porqué no orientar toda esa energía hacia la pelota, que se acerca a ellos? O a su movimiento de piernas para intentar llegar a cada bola de la mejor manera posible.  Para evitar este dialogo negativo consigo mismo es importante que el jugador conozca  que: puede controlar de un partido y que no.

Comprender que puede controlar del partido
El jugador debe comprender primero  que puede tener bajo su control y que no. El deportista debe saber que toda su energía debe ser orientada en la dirección correcta y que no sirve de nada en gastar energía en  cosas que no podemos cambiar ni controlar.
¿Qué  no está bajo nuestro control?

  • Las condiciones climáticas: para que quejarse del viento, si no va a poder pararlo.
  • El estado de la cancha: la cancha puede estar en pésimas condiciones pero tiene que seguir el partido ahí.
  • Las pelotas con que se juega el torneo.
  • Que el rival juegue bien o mal.
  • Los ruidos externos, el público.
  • Un fallo adverso.
  • La actitud del rival
  • Que  se puede hacer ante estas situaciones del partido, el jugador debe saber que no puede hacer nada contra todo esto, entonces decirles porque  preocuparse por algo que no pueden cambiar.

¿Qué está bajo nuestro control?

  • La actitud: no dar ninguna pelota por perdida. Hay que poner toda la energía en salir a la cancha dispuesto a luchar cada bola y demostrarle a nuestro rival que nuestra mejor arma es la actitud para competir.
  • La voluntad: y la perseverancia de seguir luchando en los momentos difíciles del partido.
  • El control de los ojos: tener un perfecto control de los ojos, miren a Hewitt cada vez que finaliza un punto mira y arregla sus cuerdas para que ningún estímulo visual lo distraiga o Sampras que siempre esta con la mirada en el suelo en la punta de sus zapatillas o en su raqueta.
  • Parar el diálogo interno: que lo lleva al pasado: si no hubiera errado esa volea… o  al futuro: tengo 3 macht points ya gané y de repente perder las oportunidades por no estar atento en el presente, con toda la energía y sentidos en el juego.
  • Creencias irrealizables: la creencia de que siempre tienes que demostrar ser competente, adecuado y capaz de conseguir tus objetivos, la creencia de que tienes pocas capacidades de controlar o cambiar tus sentimientos o emociones (Ellis, 1976). Nadie es ni será nunca perfecto, la preocupación excesiva por el partido o demasiado preocupado por lo que los demás puedan pensar (temor al ridículo o vergüenza) provocan un aumento de los pensamientos negativos.

Equipo para jugar: revisar el raquetero o el bolso antes de ir al torneo, tener las raquetas encordadas, zapatillas, par extra de medias, remeras, vendas, barra de cereal energética, agua. Que el olvido de algún elemento no sea causa de enojos o desconcentración.

¿Qué tienen de malo los pensamientos negativos o enojarse? 
La respuesta es: si el jugador, luego de fallar una bola se comienza a castigar mentalmente con frases como:

  • no valgo nada
  • soy malísimo
  • no puedo perder contra este fantasma
  • voy a perder

No va a poder estar preparado para el siguiente punto, hay que despejar la mente de pensamientos negativos sobre la jugada anterior o de preocupaciones sobre lo que puede pasar. Estos pensamientos negativos atan la mente, el cuerpo del jugador y no le permiten jugar en el presente.

Psicología del Deporte

PSICOLOGÍA DEL DEPORTE. Definición.

La psicología del deporte es la rama de la psicología que estudia los procesos psíquicos y la conducta del hombre durante la actividad deportiva. Esta ciencia aplicada busca conocer y optimizar las condiciones internas del deportista para lograr la expresión del potencial físico, técnico y táctico adquirido en el proceso de preparación.

Los primeros acercamientos entre la psicología y el deporte consistían en consultas de los entrenadores a los psicólogos, donde presentan descripciones de conductas durante las competencias en búsqueda de consejos para lograr el autocontrol de los deportistas. Sin embargo, con el tiempo, la psicología del deporte avanzó y hoy ya se considera que la interacción entre el psicólogo y el deportista es algo básico.

De esta forma, el psicólogo del deporte ayuda al competidor a controlar el estrés, que produce una desorganización emocional y conductual que puede afectar su rendimiento. Por otra parte, intenta pasar de la expectativa de éxito(cuando el deportista siente que su habilidad está directamente asociada a la victoria deportiva) a la expectativa de eficacia (para que las acciones y los movimientos técnicos ocupen su atención y sentimientos).

Pero no sólo eso, además el psicólogo deportivo, que se encarga de asistir tanto a atletas como a entrenadores y equipos, también lleva a cabo la dotación a aquellos de diversas técnicas que les sirvan para entrenar lo que son las llamadas habilidades sociales. En este sentido, trabajan con lo que es la concentración, el control de la ansiedad o los miedos y la confianza.

Para ello, este profesional de la psicología no sólo trabaja con sus pacientes a nivel de consultorio sino también en lo que son las instalaciones donde ellos practican su deporte tales como las canchas o los gimnasios.

Existen dos grandes perspectivas de la psicología del deporte: la desarrollista y la terapéutica. Por otra parte, según su aplicación, esta psicología puede dividirse en psicología del deportista, psicología y counseling del coach y counseling de dirigentes.

Afrontamiento

¿Qué es el afrontamiento?

Afrontamiento es cualquier actividad que el individuo puede poner en marcha, tanto de tipo cognitivocomo de tipo conductual, con el fin de enfrentarse a una determinada situación. Por lo tanto, los recursos de afrontamiento del individuo están formados por todos aquellos pensamientos, reinterpretaciones, conductas, etc., que el individuo puede desarrollar para tratar de conseguir los mejores resultados posibles en una determinada situación.

Ante una situación estresante, o cuando el individuo reacciona con una determinada emoción, es posible adoptar distintos tipos de afrontamiento. Por ejemplo, una clasificación muy simple de tipos de afrontamiento sería:

  • afrontamiento activo,

  • afrontamiento pasivo, y

  • evitación.

Otra clasificación básica podría ser:

  • afrontamiento cognitivo y 

  • afrontamiento conductual. 

Finalmente, otra clasificación importante que se suele cruzar con la anterior es:

  • afrontamiento dirigido a cambiar la situación  y

  • afrontamiento dirigido a reducir la emoción.

Estrés

¿Qué es el estrés?

El estrés puede entenderse como una sobrecarga para el individuo. Esta sobrecarga depende tanto de las demandas de la situación, como de los recursos con los que cuenta el individuo a para afrontar dicha situación. Cuánto mayores sean las demandas de la situación y cuánto menores sean los recursos del individuo, la sobrecarga será mayor.

El estrés puede ser positivo o negativo. Es positivo cuando el individuo interpreta que las consecuencias de la situación serán favorables para sus intereses. Por el contrario, si percibe que dichas consecuencias serán desagradables o perjudiciales, el estrés será negativo. En ambos casos el estrés produce cansancio, activación fisiológica, etc.; sin embargo, el estrés positivo genera emociones positivas o agradables, mientras que el estrés negativo produce emociones negativas o desagradables.

El estrés se ha entendido como estímulo, como una serie de situaciones altamente relevantes y con una fuerte demanda de recursos para el individuo, como por ejemplo:

  • catástrofes naturales,

  • separación o divorcio,

  • pérdida de un ser querido,

  • ruina económica,

  • matrimonio,

  • nacimiento de un hijo, etc.

También el estrés ha sido entendido como respuesta. Por ejemplo, como los cambios biológicos asociados a las situaciones estresantes. Estos cambios biológicos siguen:

  • una primera fase de preparación (se inicia la activación),

  • una segunda fase de mantenimiento (la alta activación fisiológica es necesaria para afrontar las demandas de la situación y no puede disminuir),

  •  y, por último, la fase de agotamiento (en la cual ya no se mantiene el nivel de alta activación fisiológica, que cae bruscamente).

Estas tres fases componen el Síndrome General de Adaptación, que estudió Selye.

Hoy en día el estrés se interpreta como un proceso interactivo, en el cual están en juego las demandas de la situación y los recursos del individuo para afrontar la situación. Las demandas de la situación dependen de la valoración subjetiva que el individuo realiza sobre cómo dicha situación afectará a sus intereses. Por lo tanto, una misma situación puede ser mucho más estresante para un individuo que para otro. A su vez, los recursos de afrontamiento son valorados también por el propio individuo, que puede juzgarlos inadecuados, aunque realmente no lo sean. Este sesgo en la valoración de los recursos propios originará también una mayor reacción de estrés, una mayor sobrecarga, y un peor aprovechamiento de los recursos propios.

Se puede afirmar que las personas son más o menos ansiosas

¿Se puede afirmar que las personas son más o menos ansiosas?

Sí. La ansiedad no es sólo una reacción emocional, sino que también puede ser considerada como un rasgo de personalidad. En este caso entendemos la ansiedad como una característica de la personalidad, relativamente estable (a lo largo del tiempo y en diferentes situaciones), en la que se encuentran diferencias individuales importantes.

Distinguimos entre rasgo de ansiedad y estado de ansiedad. El rasgo de ansiedad se refiere a la tendencia individual a reaccionar de forma ansiosa, mientras que el estado es descrito como un estado emocional transitorio y fluctuante en el tiempo. El nivel de un estado de ansiedad debería ser alto en circunstancias que sean percibidas por el individuo como amenazantes, independientemente del peligro objetivo. La intensidad de un estado de ansiedad sería baja en situaciones no amenazantes, o en circunstancias en que aún existiendo peligro, éste no es percibido como amenazante. Mediante el rasgo de ansiedad evaluamos las diferencias en la disposición para percibir estímulos situacionales como peligrosos o amenazantes, y la tendencia a responder ante tales amenazas con reacciones de estados de ansiedad. El rasgo de ansiedad puede ser considerado como reflejo de las diferencias individuales en la frecuencia y en la intensidad con que los estados de ansiedad se han manifestado en el pasado, y en la probabilidad con que tales estados serán experimentados en el futuro. Las personas más ansiosas, tienen un marcado rasgo de ansiedad, por lo que tienden a percibir un gran número de situaciones como peligrosas o amenazantes, y a responder a estas situaciones amenazantes con estados de ansiedad de gran intensidad.

Diferencias individuales en las manifestaciones de ansiedad

¿Existen diferencias individuales en las manifestaciones de ansiedad?

No, todas las personas no muestran los mismos síntomas, o con la misma intensidad. Por lo general, no se tienen todos los síntomas, sino que cada individuo se ha especializado (por aprendizaje y por predisposición biológica) en sus propias respuestas típicas de ansiedad. Así, por ejemplo, mientras que unos individuos sufren mucha tensión muscular (hasta el punto de que alcanzan con frecuencia fuertes dolores de cabeza), para otros éste no es el problema (apenas presentan dolores de cabeza), pero sí pueden serlo las molestias gástricas, o las dificultades respiratorias, etc.

Por lo general, cualquier individuo sabe cuál es el tipo de síntoma físico que predomina en él cuando se encuentra en una situación que le provoca una fuerte reacción de ansiedad.

A esta especialización contribuyen factores biológicos. Por ejemplo, algunos individuos sudan abundantemente desde que nacen y otros no. Las diferencias en la respuesta de sudoración se harán mayores en situaciones que provoquen altos niveles de ansiedad. Pero también contribuyen factores de aprendizaje (culturales, psicológicos, etc.) Por ejemplo, en el caso de las respuestas fisiológicas, como es el caso de la sudoración, aquellos individuos que están preocupados por su respuesta diana («los demás notarán que sudo mucho»), incrementan involuntariamente la tasa de dicha respuesta, convirtiéndose así en unos «verdaderos especialistas» en provocar esta respuesta con una altísima intensidad.

En el estudio de las diferencias individuales en las manifestaciones de ansiedad cabe mencionar las encontradas, de manera notable, entre varones y mujeres. Las mujeres se muestran más nerviosas.

Las mujeres puntúan más en los test de ansiedad y presentan unas tasas de prevalencia en los trastornos de ansiedad mucho más elevadas. Las mujeres, por lo general, duplican a los varones en el porcentaje de personas afectadas por los trastornos de ansiedad. Tan sólo en la fobia social y el trastorno obsesivo-compulsivo se rompe esta tendencia.

Estas diferencias entre varones y mujeres pueden ser en parte culturales (las mujeres presentan mayor facilidad para expresar emociones negativas), pero sin duda obedecen también a razones biológicas, principalmente de tipo hormonal. Algunas mujeres padecen un fuerte síndrome premenstrual, con altas manifestaciones de ansiedad, ira, irritabilidad, tristeza, etc., los días previos a su menstruación. Los cambios en el estado de ansiedad de estas mujeres pueden obedecer a ciclos, como su ciclo menstrual, o las estaciones (con incrementos de ansiedad y otras emociones negativas en primavera y otoño).

Síntomas de la ansiedad

¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad?

Los síntomas de ansiedad más frecuentes son:

1. A nivel cognitivo-subjetivo:

  • preocupación,
  • temor,
  • inseguridad,
  • dificultad para decidir,
  • miedo,
  • pensamientos negativos sobre uno mismo
  • pensamientos negativos sobre nuestra actuación ante los otros,
  • temor a que se den cuenta de nuestras dificultades,
  • temor a la pérdida del control,
  • dificultades para pensar, estudiar, o concentrarse, etc.

2. A nivel fisiológico:

  • sudoración,
  • tensión muscular,
  • palpitaciones,
  • taquicardia,
  • temblor,
  • molestias en el estómago,
  • otras molestias gástricas,
  • dificultades respiratorias,
  • sequedad de boca,
  • dificultades para tragar,
  • dolores de cabeza,
  • mareo,
  • náuseas,
  • molestias en el estómago,
  • tiritar, etc.

3. A nivel motor u observable:

  • evitación de situaciones temidas,
  • fumar, comer o beber en exceso,
  • intranquilidad motora (movimientos repetitivos, rascarse, tocarse, etc.),
  • ir de un lado para otro sin una finalidad concreta,
  • tartamudear,
  • llorar,
  • quedarse paralizado, etc.