Muchos adultos viven cargando con heridas invisibles del pasado: falta de afecto, críticas constantes, padres ausentes o emocionalmente fríos.
Estas experiencias tempranas modelan la autoestima, la forma de relacionarse y la manera de afrontar el mundo.
Sin embargo, comprender esto no significa culpar a los padres, sino entender el origen del dolor y tomar el control del presente.











