La anorgasmia es tratable, siempre y cuando la mujer coopere con el terapeuta. La eficacia del tratamiento de la anorgasmia es de un 95% de éxitos, cifra bastante elevada si tenemos en cuenta la magnitud del problema. El tratamiento de la anorgasmia va encaminado, en primer lugar, a:
- Eliminar las actitudes negativas y prejuicios en torno a la sexualidad en general, y al orgasmo en particular.
- Mejora de la relación, a través de la comunicación entre la pareja.
- Programa de habilidades sexuales, que consiste en una serie de ejercicios específicos para esta disfunción.
Durante las primeras entrevistas se le da la información a la paciente, o en su caso a la pareja, acerca de la naturaleza psicológica del problema y del papel que ambos deberán adoptar en el transcurso de la terapia. Siguiendo el programa de tratamiento de la anorgasmia, la mujer aprenderá a centrar su atención sobre las sensaciones previas al orgasmo, y podrá desarrollar así una respuesta natural que estaba inhibida.
El fin de la terapia para el tratamiento de la anorgasmia es que la mujer pueda disfrutar de su cuerpo, obteniendo placer, en una relación con su pareja. En otros enfoques más concretos y algo diferentes en la técnica, se prescribe a la mujer que se habitúe a lograr el orgasmo masturbándose a solas. De este modo, una vez que ha cobrado seguridad en la posibilidad de la respuesta personal, se la aconseja, para que obtenga el placer total con autoestimulación delante de su pareja.
Cuando tal objetivo haya sido conseguido, se estima que las inhibiciones psicológicas se habrán ido diluyendo de modo paulatino, pudiéndose pasar ala relación coital, propiamente dicha, con progresivo éxito.
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La eyaculación precoz es una falta de control sobre el reflejo eyaculatorio; por tanto, es un trastorno de la fase del orgasmo durante la relación sexual. La gran mayoría de los hombres experimentaron una eyaculación precoz en algún punto de su vida sexual. Es el problema sexual más frecuente en hombres, afectando a entre el 25 y el 40% de ellos. En los casos más graves, el hombre eyacula antes de la penetración de su pareja o segundos después de hacerlo.
Cerca del 75% de los hombres experimentarán una vez en su vida una eyaculación precoz, mientras que la tasa de prevalencia de la eyaculación precoz como un trastorno clínico se sitúa mundialmente en aproximadamente el 30% de los hombres. Los Sexólogos y terapeutas sexuales encuentran que la eyaculación precoz causa frecuentes problemas emocionales, tanto para el paciente como para su pareja, adicional a la conclusión repentina del acto sexual.

El proceso físico de la eyaculación requiere dos acciones secuenciales: la emisión y la expulsión. La emisión es el primer mecanismo e involucra la deposición del líquido seminal de los conductos deferentes, las vesículas seminales y de la glándula prostática a la uretra posterior. La segunda fase de la expulsión del semen incluye el cerrado del cuello de la vejiga seguido de contracciones rítmicas de la uretra por intermedio delos músculos pélvicos y del perineo y la relajación intermitente del esfínter externo de la uretra.
Las neuronas motoras del sistema nervioso simpático controlan la fase de emisión del reflejo de la eyaculación, mientras que la fase de expulsión es ejecutada por las neuronas motoras somáticas y autonómicas. Estas neuronas motoras están localizadas en los nervios raquídeos toraco-lumbares y lumbosacros y se activan en una manera coordinada cuando llegan a una suficiente estimulación sensorial para alcanzar el umbral eyaculatorio a nivel del sistema nervioso central.
Causas de la Eyaculación Precoz.
En una relación sexual normal, la excitación en el hombre aumenta progresivamente hasta la fase llamada “meseta”, disfrutando de su placer sexual hasta el momento que de forma voluntaria llega al un clímax. El eyaculación precoz no puede permanecer en la fase de “meseta”, sino que existe una excitación rápida y una eyaculación involuntaria y temprana. En muchos casos, la eyaculación precoz es un signo de una afección psicológica (ansiedad, nerviosismo, etc.) o emocional (culpabilidad, angustia, etc.) y en pocos casos es debido a un trastorno anatómico o fisiológico.