La baja tolerancia a la frustración
Los acontecimientos vividos como fracaso están relacionados a la capacidad personal que poseemos para manejar nuestras emociones. A las personas con baja tolerancia al error les cuesta manejar situaciones de estrés, o sea, eventos relacionados con un resultado personal. Generalmente, estos individuos han sido sobreprotegidos en su infancia. Son frágiles, sensibles, con miedo a las evaluaciones y a la equivocación, ya que no están acostumbrados a resolver problemas por sí mismos.
En el polo opuesto encontramos personas sobreexigidas, los perfeccionistas, que no toleran la frustración porque todo lo necesitan hacer bien.
Esfuerzo y Perseverancia en el deporte
Muchas veces estas personas son grandes jugadores ya que poseen muchas condiciones y trabajan duro para conseguirlo. No obstante cuando llega el torneo o el partido se bloquean ante el primer error. Son personas muy exigentes y de grandes expectativas, y al no llegar a metas tan altas, se frustran. Esta forma de actuar se va formando en los primeros años. En la primera infancia es importante que los deseos del niño se satisfagan de inmediato, que la madre y el padre cumplan con la acción específica de brindar una sensación de seguridad y estabilidad, ya que es elemental para su desarrollo posterior emocional.
Saber decir que no y Saber Esperar
A medida que el niño o niña va creciendo, se va dando cuenta de que no siempre se puede tener lo que se desea de inmediato y va aprendiendo a tolerar, a esperar, a aceptar cierta molestia o demora en la obtención de lo que se quiere. Es decir, va aprendiendo a tolerar la frustración, la tardanza en lo deseado, a saber esperar, a soportar las vicisitudes del ambiente, y a aprender a satisfacer sus deseos y necesidades por él mismo en vez de esperar pasivamente que otros lo hagan por él. Para ello, no se debe caer ni en la sobreprotección ni en la sobreexigencia.
De esta manera, se van instaurando internamente las normas, los límites que nos van marcando lo que se puede y lo que no se debe y las normas morales de tolerancia mutua. Luego de adultos, actuaremos de acuerdo a cómo hemos sido programados, otorgando nuestra interpretación a los hechos y sus correlativas emociones, éxitos y fracasos.
Permiso, Aceptación, Resolución de Conflictos
Para manejar la frustración, una persona necesita tener o aprender a incorporar mensajes y normas parentales que le ayuden a aceptar, elaborar y resolver situaciones frustrantes. Cuando esto no sucede nos encontramos con niños que actúan de acuerdo a sus necesidades más próximas, no toleran la espera, ni pueden sustituir un deseo no disponible para otro momento. Al no obtenerlo se manejan con el escándalo, el grito, el capricho, el enojo. No logran admitir que las cosas no siempre son como ellos quieren, y lo no obtenido significa una tardanza en la satisfacción de sus deseos. Los demás son malos, tienen la culpa, se quejan continuamente, y no poseen las herramientas para lograr ellos mismos satisfacer sus demandas.
Esta información debe ser tenida en cuenta por entrenadores y profesores para poder medir y/o estar atento a qué medidas tomar ante la explosión de estas conductas en los pequeños, y por qué no en los grandes, ante la más mínima molestia o tardanza en la satisfacción de sus deseos, es decir, en sentirse frustrados; por ejemplo la incómoda situación de ser suplente, ser sacado del campo, perder una bola o pelota. Esa es la manera en que se vive el fracaso en las personas que no han sido desde pequeños “entrenados” en la búsqueda y sofocación de sus deseos y necesidades más básicas, en la fortaleza de su Yo, herramientas necesarias para soportar el bloqueo, la agresión y la irritación ante una falta.
La frustración es un estado que se produce en el deporte cuando los resultados quedan por debajo de lo esperado, es decir, cuando no se cumplen los objetivos propuestos. Este bloqueo hacia lo esperado y no encontrado, detona un sentimiento de fastidio, desamparo, ira, debido a la incapacidad lograda. Esta frustración genera una carga psíquica que al alcanzar altos niveles por acumulación genera estrés. Al no poder alcanzar lo previsto en el ahora, se produce una frustración general ya que no saben soportar la espera centrada en la esperanza de que esa satisfacción se conseguirá en un largo tiempo por medio del esfuerzo, el sacrificio y la voluntad de logro.
Debemos aprender que cuando sucede un error y nos enojamos emitimos un juicio de valor sobre la situación porque estamos involucrados en ella, y cuando la emoción es muy fuerte nos paraliza, nos bloquea en la acción. Es cuando debemos parar y emitir un juicio entre la situación vivida y la agresión sentida. La frustración forma parte de la vida. La vida es problema, es ruido, es caerse y volverse a levantar, es molestia, preocupación, conflicto, fastidio. No podemos evitarla, pero sí podemos aprender a manejarla y a superarla. De ahí que debe surgir nuestra capacidad de afrontación ante el problema y el error. Si no estás preparado para soportar la presión, no te involucres en el deporte porque hay mucha presión en esta actividad y vas a sufrir mucho al no obtener todo rápido y sentirte continuamente evaluado, lastimado.
La buena noticia es que se puede trabajar y mejorar. Si sientes que eres muy ansioso, impulsivo e intolerante y que te cuesta horrores soportar tensiones, es el momento de la consulta y ayuda psicológica para poder encontrar otro sentido en tus actividades, y enfrentar la realidad y no la temeraria ilusión. El deportista de rendimiento y el hombre de la vida cotidiana debe estar sostenido por la convicción de ir viviendo y reconstruyendo en cada momento la realidad tal cual es y no según la interpretación subjetiva del hecho.¿Quién es el que legaliza lo que está bien o mal? Eres tu mismo. El error forma parte del juego y está en ti la capacidad de seguir “enroscándote” en el problema o tratar de solucionarlo para seguir jugando tan bien como estás acostumbrado a hacerlo.
Factores que pueden afectar la inhibición del deseo sexual en el varón y en la mujer
Conocimiento, confianza y autoestima aparecen como los grandes remedios para evitar el bloqueo del apetito sexual
La ausencia de deseo es uno de los problemas sexuales más frecuentes en nuestra sociedad. El estrés, los conflictos en la relación, la falta recurrente de momentos de intimidad o el padecimiento de un periodo de astenia está en muchas ocasiones en la raíz del problema. Cuando la inhibición del deseo se siente como un mal perenne, difícil o imposible de superar, cuando un periodo de apatía se prolonga y comienza a causar otros problemas o cuando se ha intentado realizar cambios en la relación y no han surtido efecto, el malestar debe tomarse en serio.
La falta de deseo no es una tontería, un capricho o una situación a la que hay que resignarse. De hecho, el deseo sexual es una emoción que nos prepara para poder vivir una experiencia placentera. Pero sucede que, en ocasiones, no se puede sentir aunque se busque; el deseo se resiste a aparecer, ya que el impulso de desear no sólo depende de la voluntad. Se hacen presentes factores inhibidores y estimulantes, y según el predominio de unos u otros en diferentes situaciones, el deseo se materializará o no. Por ejemplo, el amor es un gran estimulante para que se haga presente, mientras que el miedo es un fuerte inhibidor que lo anula o desecha.
Deseo no es excitación
No hay que confundir deseo sexual con excitación sexual. La excitación es una respuesta fisiológica que implica manifestaciones físicas como la erección o la lubricación. El deseo es el impulso que lleva a buscar el placer. Es cierto que, en condiciones normales, deseo y excitación actúan de forma conjunta. Sin embargo, en ocasiones puede darse una alta intensidad del deseo y, pese a ello, producirse bloqueos en la excitación sexual. O a la inversa.
La ausencia de deseo, sencillamente, se resume en la falta de querer o en no poder disfrutar de un placer. ¿Cómo es posible que esto suceda? Pues sucede, y muy a menudo, a tenor de los datos clínicos de las consultas de especialistas, que confirman que es uno de los problemas que más pacientes genera. Es algo muy corriente, pero al mismo tiempo muy particular, pues cada persona desea o inhibe su deseo por causas diferentes.
¿Qué factores influyen en la inhibición del deseo sexual?
La baja autoestima y el sentimiento de culpa son los dos grandes inhibidores y bloqueadores del deseo sexual, pero en ellos subyacen otras causas que conviene revisar:
Los miedos: a no dar la talla, a fallar, al ridículo y a exponerse al rechazo; a mostrar y ofertar el cuerpo; a la posibilidad de embarazo o de exponernos a enfermedades de transmisión sexual.
Las ansiedades: la principal es la de llegar al orgasmo, como si el goce se tratara sólo de ello.
La falta de tiempo y el estrés: las tensiones y las prisas son el polo opuesto de la tranquilidad y el relajo, condiciones necesarias para disfrutar de un placer.
Los enfados y conflictos: inmersos en ellos nos bloqueamos y cerramos, lo contrario a lo que precisamos, puesto que el deseo requiere de una actitud abierta a relacionarnos.
Los tabúes y prejuicios: la prohibición y la suciedad con la que se ha revestido a los órganos sexuales. La particular interpretación respecto a conceptos como la honra, la integridad y la decencia alejan el placer del juego erótico.
La falta de comunicación: no hablar abiertamente de lo que nos gusta, no compartir intimidad, no hacer partícipe a la otra persona de nuestra vulnerabilidad es una manera de se inhiba o se bloquee el deseo.
La falta de ilusión y pasión por la vida: una actitud negativa, pesimista, derrotista, apática y rutinaria, que no afronta los riesgos de un cambio, no sirve para gozar.
La ignorancia: tanto teórica como práctica del cuerpo sexuado impide la experimentación, base de todo conocimiento del placer y de mantener debidamente erotizado el cuerpo.
Algunos medicamentos: determinados ansiolíticos, antidepresivos o fármacos para tratamientos de hipertensión arterial y otros, pueden incidir, aunque no se conocen del todo sus efectos secundarios, por la falta de contrastadas experimentaciones.
¿La falta de deseo tiene cura?
El deseo sexual como experiencia subjetiva puede ser educado y potenciado, de ahí que su inhibición pueda ser tratada, trabajada y superada. Tanto el hombre como la mujer están preparados por la naturaleza para desear y buscar el placer. Hacerlo de manera satisfactoria, desde el respeto a uno mismo y a los demás, con honestidad a las propias creencias y a las ajenas es una facultad del ser humano que vive en libertad.
¿Afecta la inhibición del deseo sexual de igual manera al hombre y a la mujer?
Los estudios realizados hasta el momento indican que el bloqueo sexual es más habitual en la mujer que en el hombre. Valores y educación distintos, junto con expectativas diferentes de lo que se espera de la persona en función de su género, condicionan y llevan a la mujer a mezclar el amor romántico con el placer, a mantener un papel pasivo en las relaciones y a ser ella objeto de deseo pero no desear.
Una vez asumida la realidad de este desequilibrio, numerosos estudios acuerdan pautas necesarias para mejorar la vida sexual de la mujer, muchas veces recelosa de admitir el problema o incluso desmotivada para demandar un cambio.
En el hombre también se observan dificultades de deseo sexual, pero en general son más transitorios y relacionados con momento vitales que favorezcan la aparición de alguno de los factores a los que anteriormente hacíamos alusión. Los que encontramos con mayor frecuencia serían los que tienen que ver con el estrés, el cansancio, la enfermedad, el enfado, la ansiedad y en especial el miedo a fallar o a no dar la talla.
Para lograr terminar con la inhibición del deseo sexual hay que procurarse a uno mismo y a una misma:
- Un buen conocimiento personal, tanto a nivel corporal como cognitivo-emocional.
- Una actitud positiva, saludable y abierta sobre la sexualidad y el placer.
- Un buen entrenamiento corporal que mantenga el erotismo a través de la caricia.
- Cuidar la salud, la dieta, en definitiva el cuerpo es un buen síntoma de que la persona se quiere, y quiere gozar.
- Una apuesta por la ilusión, la pasión y la fantasía.

¿Cómo cambiar los pensamientos negativos?
La semana pasada descubrimos que somos a lo que atendemos. Que ante una situación inesperada como que nos tiren café encima, la diferencia entre que la mañana siga marchando bien o que a partir de ese momento se nos complique el día es solo una: la interpretación que hacemos sobre lo que ha pasado.
El gran Viktor Frankl decía que Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento. Podemos pensar que nos han tirado el café intencionadamente y encadenar un pensamiento negativo con otro sobre esa persona o sobre nuestros recursos personales para solucionar el problema, pero también podemos frenar ese primer impulso y generar un abanico de otras interpretaciones posibles.
¿Cómo podemos detectar si lo que se nos pasa por la cabeza es o no un error de pensamiento?
El psiquiatra Aaron T. Beck propuso un método para identificar y modificar este tipo de cogniciones mediante cuatro preguntas:
- ¿Qué pruebas tengo para pensar así?
He pensado algo que hace que me encuentre mal. ¿Por qué me afecta de esa forma?; ¿Qué significa para mí?. Este primer punto consiste en poner en tela de juicio nuestro pensamiento, tratando de situarlo dentro de un contexto. Si mi respuesta es que no tengo una prueba lo suficientemente clara como para darle la razón a mi pensamiento… quizás es que estoy lanzando un juicio precipitado.
Mi compañero me ha tirado el café, pero ¿mientras lo hacía me dijo que quería fastidiarme la reunión? ¿Por qué doy entonces por sentado que lo ha hecho a propósito?
- ¿Qué otras interpretaciones podría tener?
¿Estoy contemplando mi opinión como la única posible? ¿Haría otra interpretación si no estuviera nervioso por la reunión o si hubiera sido un compañero con el que tuviera más relación? Es importante evaluar qué otras interpretaciones podríamos hacer y cómo nos sentiríamos entonces.
Si pienso que lo ha hecho con mala intención porque no le caigo bien, me sentiré triste el resto del día, pero si también tengo en cuenta que quizás también estaría nervioso por algún motivo y que no estaba pendiente de sus movimientos… La mancha seguirá en mi camisa, pero seguramente yo no sentiré tanto malestar.
- ¿Cuál es el coste y el beneficio de pensar así?
¿En qué me ayuda y en qué me perjudica pensar de ese modo? Si la balanza se decanta hacia consecuencias sin ninguna utilidad y que sólo hacen que sienta malestar… Es probable que tenga que aceptar que las cosas pueden ser de otra manera.
- ¿Estoy cometiendo algún error de pensamiento?
Este sería el momento de revisar los tipos de pensamientos de los que hablamos en el artículo anterior y preguntarnos por ejemplo si estamos pensando en términos de todo o nada, si exageramos sus consecuencias o si pretendemos adivinar lo que piensan los demás
Si después de respondernos a estas cuatro preguntas nos damos cuenta que nuestra interpretación no es del todo segura, pasaríamos a la segunda parte:
¿Qué pensamiento alternativo puedo tener?
Generar un pensamiento alternativo no significa tener que pensar bien de todas las situaciones o de todo el mundo, significa elaborar una interpretación más objetiva en base a las pruebas que tenemos.
En ocasiones nuestro nuevo pensamiento nos seguirá generando malestar, pero no pasa nada mientras sea coherente con la situación.
El proceso de reestructuración cognitiva es complicado, por lo que es importante con
Ejemplos para cambiar pensamientos negativos
A lo largo de estas semanas hemos visto los errores de pensamiento que a todos se nos han pasado alguna vez por la cabeza, así como el proceso para identificarlos y cambiarlos (lo que en psicología llamamos reestructuración cognitiva).
Como la teoría es más sencilla que la práctica, utilizaremos ejemplos del artículo sobre los errores de pensamiento acompañándolos de preguntas que cuestionen la veracidad de nuestro pensamiento inicial y nos ayuden en el proceso de cambio.
- “Mañana voy a fracasar en la reunión”
¿Qué es lo que me preocupa de la reunión?
¿No haber preparado el tema lo suficiente?, ¿que es la primera a la que me enfrento en la empresa? ¿Pienso así cada vez que estoy bajo presión?
Sea cual sea la respuesta, no podré saber lo que pasará hasta que ocurra. Preocuparse es sufrir dos veces, la primera al dar por seguro que la reunión nos irá mal y la segunda si al final se cumple. ¿Pero si sale bien? Hemos desperdiciado ese tiempo en un malestar innecesario.
- “Seguro que está pensando que soy un desastre”
Como seres sociales que somos, es inevitable tener en cuenta la opinión o la impresión que causamos en otras personas, pero decidir si hacemos algo o no en función de lo que vayan a pensar los demás es una batalla perdida, ya que hagamos lo que hagamos no podremos controlar el qué dirán.

- “Si suspendo este examen seré incapaz de sacar el curso adelante”
¿He suspendido el resto de asignaturas? Si la respuesta es no, visualizar unas consecuencias tan negativas no me ayudará, sino todo lo contrario.
Si finalmente suspendo el examen daré credibilidad a lo que pensaba (“Yo tenía razón”) y puede que disminuya mi motivación para seguir esforzándome durante el resto del curso.
Si finalmente obtengo peores calificaciones no será por mis dotes adivinatorias, sino por haber dado por perdido antes de tiempo lo que estaba en mis manos poder cambiar.
- “Hoy no me ha saludado mi vecino, es un maleducado”
Si cada vez que nos cruzamos con él no obtenemos respuesta, parece razonable pensarlo, pero sacar conclusiones apresuradas sin el argumento suficiente… ¿Es un maleducado o es que tiene prisa? ¿Y si no nos ha oído?
- “Lo que he conseguido no tiene mérito, ha sido muy fácil”
Estamos acostumbrados a valorar como positivas aquellas cosas que se salen de nuestra rutina (un viaje, una sorpresa…) y a normalizar la importancia de los pequeños placeres de nuestro día a día (un café con un amigo, un halago, una sonrisa).
Algo similar nos pasa con nuestros logros. Si restamos valor a lo que conseguimos, estamos poniéndonos la zancadilla a nosotros mismos. No tenemos que esperar a grandes acontecimientos para valorarnos.
- “Tengo que ser capaz de hacerlo”
Las frases que comienzan con tengo que o debo no suelen tener buen pronóstico. Cuanto utilizamos ese tipo de mensajes estamos añadiendo una presión extra a aquello que queremos hacer, sintiéndonos mal si no lo cumplimos. La connotación de exigencia disminuye si lo sustituimos por un me gustaría.
Estos planteamientos son solo pinceladas del gran abanico de matices y variables que existen en cada situación que vivimos cada uno de nosotros, siendo por eso tan importante contextualizar lo que nos pasa para evitar dañarnos con lo que pensamos.
Mejora tu autoestima con Psicologos Valencia
Aunque es normal sentirse mal con uno mismo de vez en cuando, cuando estos sentimientos comienzan a instaurarse de forma permanente, por lo general es una indicación de baja autoestima.
Hay varios signos de baja autoestima, entre los más comunes estarían:
- Ser muy crítico con uno mismo
- Centrarse en los aspectos negativos y minimizar los logros
- Compararse frecuentemente con los demás
- Dificultad para recibir elogios
- Mantener un diálogo interno negativo
¿Qué puede causar la baja autoestima?
Para construir o mantener una autoestima saludable es fundamental identificar qué factores pueden llevar a la valoración negativa de uno mismo.
En este sentido, existen gran variedad de elementos que podrían ser la causa de la baja autoestima, los más comunes (incluyendo en la infancia y vida adulta) son:
- Soledad o aislamiento
- Bajo rendimiento académico
- Acoso y/o dificultades relacionales
- Sentimientos de abandono o de no ser tenido en cuenta
- Ser víctima de abusos y/o maltrato
- Sentimientos de falta de pertenencia
- Estar desempleado
Aunque a veces puede ser difícil identificar qué está causando la baja autoestima, existen algunos pasos que pueden ayudar a mantener o construir un autoconcepto y autoestima saludables.
10 pasos para mejorar la baja autoestima
- Mantener un autodiálogo positivo
La forma en la que se piensa sobre uno mismo tiene una gran influencia en la autoestima. Repetirse de forma continua que no se es lo suficientemente bueno o lo mal que se ha hecho algo, podría hacer que finalmente ese mensaje se integre como una realidad, en lugar de una mera valoración o pensamiento. Por tanto favorecer un diálogo interno más positivo ayudará a generar una visión más realista de nosotros mismos, ya que no se trata tanto de ignorar los defectos como de no catastrofizarlos y sobre todo, de valorar las cualidades positivas que se poseen.
“Aunque estoy teniendo dificultades con este proyecto, voy a poner todo de mi parte para hacerlo lo mejor posible”

- Disminuir la comparación con los demás
Es muy tentador medir nuestro propio valor frente a otras personas y bien orientada, la comparación puede ser incluso positiva favoreciendo la superación personal. El problema viene cuando nos comparamos de forma recurrente, para demostrarnos lo lejos que estamos de ese ideal. Es entonces cuando ponemos el foco en todos los aspectos negativos que creemos tener, disminuyendo la percepción de autoeficacia. Por tanto, para favorecer la autoestima es importante mantener las comparaciones negativas a raya.
“Ha conseguido su éxito por sus propios méritos, yo conseguiré mi promoción por los míos propios, puedo hacerlo”
- Ejercicio
Está ampliamente demostrado que el ejercicio ayuda a mejorar el estado de ánimo (que suele estar muy ligado a los problemas de autoestima) por las endorfinas que se generan; también favorece la percepción de autoeficacia y mejora la competencia social y la autoimagen. La clave es elegir un deporte o actividad física adecuada, es decir aquella que realmente se disfrute y sea satisfactoria para cada uno, también es importante que se practique de forma regular y con una intensidad moderada.
“Me siento mejor conmigo mismo cuando salgo a caminar por el parque”
- Alejarse de la perfección
Es muy positivo querer hacer las cosas bien, pero hay que tener en cuenta que la perfección no es posible ni necesaria para ser feliz o sentirse bien con uno mismo.
“No tengo que ser perfecta para ser querida y valorada por los demás”
- Convivir con los errores
Muy relacionado con el consejo anterior, implica aceptar que las personas somos seres falibles y que por tanto en algún momento podemos cometer errores, no porque se sea poco válido o incapaz, sino porque forma parte de la naturaleza humana. Cometer errores nos brinda la oportunidad de mejorar y sobreponernos a las dificultades, aunque por supuesto no siempre es agradable pasar por ello.
“La próxima vez tendré esto en cuenta para hacerlo mejor, lo he hecho lo mejor que he podido”
- Centrarse en aquellas cosas que sí se pueden cambiar
Focalizar la atención en aquellos aspectos que no dependen de uno mismo para poder ser modificados genera frustración, angustia y estrés. También implica sensación de impotencia y falta de autoeficacia. Por tanto es muy importante ante una situación crítica o problemática, centrarse en aquello que depende uno mismo y por tanto es factible de modificación o de cambio, de esta manera se podrán poner en marcha las soluciones o alternativas necesarias.
“No puedo cambiar haberle dicho eso a mi amigo, pero si puedo cambiar como lo manejaré a partir de ahora, eso sí depende de mí”
- Hacer las cosas que me gustan
Cuando se realizan actividades gratificantes, motivadoras y reforzantes, aumentan las emociones y pensamientos positivos. Para favorecer la autoestima es importante programar algo de tiempo para la diversión y la relajación en el día a día. No tienen por qué ser grandes actividades, pueden ser pequeñas cosas, pero que en el día a día tienen un gran efecto.
“Todos los días disfruto de mi taza de té”
“Por las mañanas dedico 10 minutos a practicar la respiración diafragmática, me ayuda a relajarme y empezar el día de mejor humor”
- Celebrar las pequeñas cosas
A menudo las personas se frustran porque no consiguen de inmediato los objetivos que se habían propuesto. Centrarse en los pequeños logros que se van consiguiendo aumentará la autoconfianza y favorecerá la consecución de otras metas a largo plazo.
“Hoy he conseguido correr 5 minutos más, ¡genial!”
- Ser amable y considerado con los demás
Cuando se es amable con las personas que nos rodean, esto no sólo ayuda a mejorar el estado de ánimo de los demás, sino también el de uno mismo. Se ha comprobado que las personas que mantienen una actitud amable y compasiva con los demás, se sienten mejor consigo mismas y mantienen un mejor estado de ánimo. Un aspecto importante en este sentido es proyectar esa actitud hacia uno mismo también.
“Me siento bien cuando ayudo a mi vecina con pequeñas cosas, cuando me es posible”
- Rodearse de personas que nos apoyen
Se trata de no mantenerse vinculado a personas que continuamente nos generan malestar (muy exigentes, críticas o incluso perniciosas y manipuladoras), sino de favorecer la relación y vinculación con aquellas personas que nos hacen sentirnos bien con nosotros mismos, percibimos su afecto, apoyo y comprensión, y que por tanto favorecen las emociones positivas.
“Me gusta quedar con mis compañeros de clase, siempre nos reímos juntos y nos escuchamos los unos a los otros cuando necesitamos ayuda”
Estos son algunos consejos, que puestos en práctica pueden favorecer una autoestima saludable, es importante que para que sean efectivos se pongan en marcha durante algún tiempo y adaptarlos a las circunstancias individuales de cada persona.