Fobia Sexual Masculina

Fobia Sexual Masculina. Qué es.

El cansancio, las preocupaciones excesivas o alguna situación específica como un encuentro muy esperado o una infidelidad pueden influir en que un hombre, sin problemas orgánicos, no pueda tener una erección o mantenerla durante un encuentro sexual.

A esto se lo conoce como disfunción eréctil y se puede transformar en una fobia sexual. Lo que perturba no es la situación circunstancial sino lo que cada hombre piensa, imagina y siente alrededor de ella. Los comentarios recurrentes en los consultorios son: «Voy a pasar vergüenza»; «Le va a contar a otros lo que me pasa»; «Me va a dejar».Aumenta la libido y el deseo sexual femenino

Se habla de fobia sexual cuando este miedo se intensifica y se vuelve una presión en los encuentros. El sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff dijo: «Fobia significa miedo. Un hombre puede tener varios tipos de miedos: miedo a fracasar en la relación sexual, miedo a no tener erección suficiente, miedo de eyacular demasiado rápido, miedo a perder la compañera o el compañero sexual». (más…)

Anorgasmia en el hombre

¿Hay hombres incapaces de sentir un orgasmo?

La respuesta es sí, y algunos especialistas en sexología consideran que las cifras parecen ir en aumento, aunque esto puede deberse a que los varones sienten hoy mayor libertad para expresar su problema y pedir ayuda.

La anorgasmia (ausencia de orgasmo) se ha calificado de condición eminentemente femenina que muchas veces ocurre por incompetencia masculina. En dichas circunstancias, la mujer opta en repetidas ocasiones por fingir que ha llegado al clímax con tal de mantener en “buenos términos” la relación de pareja.clinica

Sin embargo, ahora hablaremos de los hombres, quienes, según especialistas en sexualidad, también son susceptibles de padecer esta disfunción.

“En principio, hay que decir que orgasmo no es lo mismo que eyaculación (o polución), porque ésta se refiere sólo a la expulsión del semen. El orgasmo masculino, en cambio, se relaciona con las contracciones que se producen internamente desde la próstata (glándula que genera líquido seminal) y a través del canal por donde se expulsa el esperma, que es lo que en realidad proporciona la sensación de placer. Por lo general, ambos procesos ocurren al mismo tiempo, aunque también se pueden dar por separado.”

La  anorgasmia masculina se define como “la falta de sensaciones en el momento de la eyaculación, lo cual puede originarse en muchos casos por la ingesta de medicamentos que equilibran el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal), tales como los empleados para tratar problemas neurológicos y psiquiátricos (anticonvulsivos, antidepresivos y antipsicóticos)”.

Dichos fármacos “pueden tener reacciones secundarias y promover la ausencia del orgasmo, aunque exista eyaculación. También es probable que se desencadene cierto trastorno que llega a confundirse con la anorgasmia, llamado anaeyaculación, en la que el individuo no expulsa semen y tampoco logra la sensación de placer”.slide dos

La anorgasmia masculina no es uno de los temas más asiduos en las consultas sexológicas, pero en caso de presentarse, el afectado debe buscar la ayuda de un especialista para que se descubra la causa de la disfunción, se establezca su historia clínica y, en consecuencia, se aplique el tratamiento más adecuado.

Cada caso es diferente, por lo que en ocasiones “se requerirá terapia psicológica individual y en otros un plan en el que intervenga la pareja. La capacidad del sexólogo debe ser tal que pueda interpretar si el sujeto padece algún problema orgánico, y entonces canalizar al paciente al especialista correspondiente”.

En este sentido, un sexólogo puede proporcionar opiniones interesantes en relación con técnicas sexuales y reglas básicas en el caso de que se quieran utilizar juguetes o juegos sexuales, todo ello a partir del respeto por los gustos del otro. Así, se evita que algo que quiera ser placentero termine siendo práctica dolorosa.

Mejorar el comportamiento de tu hij@

Mal comportamiento infantil

Marcar unas normas a los niños desde que son pequeños es la base para conseguir una buena conducta. El exceso de permisividad deriva en pequeños egoístas no acostumbrados a recibir un ‘no’, mientras que el autoritarismo puede lesionar su autoestima y hacerles creer que sus padres y madres no les quieren. La relación entre padres e hijos es un tira afloja en el que unos luchan por mantener el poder y otros por conquistarlo, pero no se puede tomar el camino fácil de imponer un castigo, porque su efecto, aunque inmediato, es momentáneo. A la larga, da mejor resultado recompensar las buenas conductas e intentar buscar alternativas a los actos que menos gustan. Todo el mundo sabe que los actos que se repiten son los que reportan un beneficio.

Las malas conductas de los niños no pueden ser sancionadas con castigos. La clave está en recompensar los buenos actos y buscar alternativas a los malos

Lucha de poder entre padres e hijos

La mayor parte de los comportamientos infantiles son aprendidos. Al nacer, el niño desconoce las normas y las pautas de conducta que se consideran adecuadas, por lo que busca sus propios modelos y aprende de ellos. Se considera que el comportamiento es malo cuando, por defecto o exceso, no se adapta a lo que se entiende por ‘normal’. Son muchos los padres que acuden a la consulta y hacen la misma pregunta: ¿Por qué mi hijo se comporta así? «La respuesta está clara: tienen que cortar el problema de raíz y marcar unas normas desde que los hijos son pequeños, menores de cuatro años, y en pequeñas cosas».

Una vez que el niño realiza un acto, lo repetirá o no en función del efecto que produzca en su entorno, por lo que los padres deben encontrar el equilibrio entre permisividad y autoridad. No obstante, «cada problema debe ser estudiado de manera individual para descubrir su origen, que puede ser educativo, con problemas de comportamiento, o biológico, con trastornos de conducta». En el segundo caso, relacionado con cerca del 40% de los niños hiperactivos, cabe la posibilidad de que el pequeño necesite tratamiento farmacológico, porque su mala conducta responde a «condicionantes» con los que ha nacido. Se trata de niños con conductas negativistas y desafiantes hacia sus padres, que carecen de control de sus impulsos y que, «cuando cometen un error, les gustaría resolverlo pero no pueden».

Con Autoridad no se Educa, Se adiestra.

Por otro lado, se encuentran los «falsos niños con trastornos», cuyos problemas de comportamiento tienen origen a menudo en la sobreprotección de los padres, «que resuelven los problemas que el niño tiene que resolver por él mismo». «Si a los niños menores de tres años les dan de comer los padres, les permiten ir a la cama cuando quieren y les resuelven todos los problemas, no se les educa en la capacidad de frustración y los niños no toleran un ‘no’. Éste no es el camino correcto». No se puede ser tan autoritario que el niño sienta que sus padres no le quieren, ni tan permisivo que acabe haciendo siempre lo que quiere. Desde la Asociación Mundial de Educadores Infantiles recuerdan que la permisividad «produce falta de control interno» y reconocen que la autoridad y firmeza bien ejercida permite a los niños alcanzar una «progresiva madurez y responsabilidad». Aquí, antes estas palabras tenemos una vez más ciertas diferencias, pues aunque cierto es que en el punto medio está la magia, creemos firmemente que con Autoridad con se educa, se adiestra. El hablar con nuestros hijos, hacerles ver las responsabilidades y consecuencias en y de sus actos, les ayudará en su futuro.cropped logo grande clinica copia2

Si no se da ese equilibrio, se produce lo que se denomina ‘lucha de poder’: «Los padres repiten, recuerdan lo que deben hacer sus hijos, pero con resultados negativos. Luego negocian, razonan y sermonean sin éxito. Cuanto más repiten, más se enfadan, hasta acabar en gritos y amenazas, incluso en insultos y bofetadas. Cuando ya no pueden más, explotan diciendo cosas de las que luego se arrepentirán e infringiendo castigos desproporcionados que nada consiguen mejorar. Estas rutinas pueden convertirse con el tiempo en patrones destructivos de comunicación, relación familiar y resolución de problemas, en hábitos familiares que se consideran como la manera normal de convivir en casa». Así, en ocasiones, los hijos desafían a sus padres cuando no sienten satisfechas sus necesidades y buscan poder. «A veces nos ponen a prueba para mostrarnos que han cambiado y que las normas, por lo tanto, también han de cambiar. Nos desafían continuamente, nos provocan y muchos de ellos nos manipulan hasta llevarnos a su terreno y, entonces, ganan la batalla». Los niños ganan cuando los mayores pierden el control de la situación y la disputa se convierte en una verdadera batalla por conquistar o mantener el poder.

Corregir problemas de conducta con los niñ@s

Los niños con problemas de conducta suelen mostrarse desobedientes. No es extraño que, asimismo, insulten, se hayan acostumbrado a mentir a quienes les rodean, se enrabieten con facilidad e, incluso, lleguen a mostrarse agresivos cuando se les lleva la contraria. Corregir a un niño con un trastorno de comportamiento, sin embargo, es posible. Y cuanto antes se empiece, más posibilidades de éxito se tendrá.

Poner límites a los niños y pasar el tiempo suficiente a su lado son algunas de las claves para rectificar los problemas de conducta infantiles

Niños con problemas de conducta: pautas para corregirlos

Los problemas de conducta en el niño

Un niño con problemas de conducta, que desobedece de forma habitual a sus progenitores, que grita y se enfada con frecuencia o que, incluso, experimenta brotes de agresividad cuando se le lleva la contraria precisa la ayuda de sus padres y docentes para superar su trastorno de comportamiento.

Poner límites a las demandas del niño es esencial para establecer unos hábitos de conducta adecuados

En el desarrollo evolutivo del pequeño es normal que, en ocasiones, se detecten estas conductas agresivas, desafiantes, de oposición o desobedientes. Las pautas educativas habituales logran, en general, erradicar estos comportamientos. Sin embargo, en algunos niños, estas actitudes son perseverantes en el tiempo y se incrementa su frecuencia y magnitud a medida que el infante crece.cropped logo grande clinica copia4 copia copia

Una intervención temprana de sus progenitores, así como la ayuda de psicólogos en los casos más graves, pueden ayudar a prevenir que un problema de conducta infantil evolucione hacia trastornos más graves en la adolescencia.

Lograr en el niño un comportamiento adecuado: ¿cómo se hace?

Las investigaciones y estudios sobre comportamiento infantil suelen coincidir a la hora de señalar la forma de crear en el niño unas conductas adecuadas. Mantener un buen vínculo afectivo con los progenitores fomenta procederes correctos en el pequeño. Dedicar tiempo suficiente a estar juntos en edades tempranas, jugar con ellos, prestar atención a sus actuaciones y ejercer el control sobre ellas cuando sea necesario son algunas de las pautas para corregir los problemas de conducta en el niño.

Es fundamental, asimismo, poner límites a sus demandas desde muy pequeños y mantenerse firme en ellos. Esta práctica es una de las mejores formas de establecer unos hábitos de conducta adecuados, que el niño utilizará como referente en su comportamiento posterior.

Tan importante es prestar atención al niño cuando se comporta bien como retirársela ante una actitud negativa

El pedagogo Jesús Jarque, autor de distintos manuales para padres sobre conducta infantil, precisa que «establecer límites es concretar qué se espera del niño y qué no». En caso de que estas fronteras se traspasen, advierte: «hay que adoptar medidas».cropped logo grande clinica copia2

La atención que un niño recibe de los adultos juega un papel primordial en el control de la conducta de los pequeños. Tan importante es prestarle la suficiente atención cuando se comporta de forma adecuada, y halagarle por ello, como retirársela cuando el comportamiento sea negativo.

Jarque puntualiza que el comportamiento inadecuado de los niños se desarrolla con frecuencia «para llamar la atención de los padres, ya que comprueban que hay una desproporción entre la forma de actuar de ellos cuando se portan mal y cuando se portan bien». Si las actuaciones inadecuadas son las únicas que atienden los progenitores, el pequeño, ante la necesidad de atención, reforzará estas en detrimento de las buenas conductas.

Pasos para corregir los problemas de conducta infantiles

Entre otras pautas básicas recomendadas por los especialistas, destacan las siguientes:

  • Claridad. Cuando se dan instrucciones al niño, es importante ser claro y preciso. No es lo mismo decirle «pórtate bien», o «no te portes mal», que decirle qué es correcto y qué no lo es.
  • Coherencia y constancia. Un padre que riñe a su hijo por un determinado comportamiento, debe hacerlo siempre que lo detecte de nuevo. Hay que tener en cuenta, asimismo, que el pequeño observa su entorno y lo imita: no sería correcto desaprobar una conducta que contempla de forma habitual en su familia.
  • Consenso y complicidad. Es necesario que todos los miembros de la familia, y de fuera de ella con responsabilidad sobre el niño, apliquen las mismas pautas a la hora de enseñar al pequeño buenos hábitos de conducta. Todos deben permitir, o no, las mismas actuaciones.