Teoría del Apego y estilos de apego.
Teoría del apego. Vinculación afectiva.




De acuerdo con el Instituto Nacional de la Salud, cerca de 1 de cada 3 adolescentes entre las edades de 13 y 18 puede tener un trastorno de ansiedad.
El número va en aumento; entre el 2007 y el 2012, los trastornos de ansiedad en los niños y adolescentes aumentó un 20 %.
Estas estadísticas, combinadas con el hecho de que el índice de admisiones a los hospitales de adolescentes que intentan suicidarse también se ha duplicado en la pasada década, nos dejan preguntas alarmantes.
La ansiedad crónica puede ocasionar problemas graves de salud mental, depresión, uso de sustancias e incluso suicidio. Puede interferir con la capacidad de enfocarse y de aprender lo que puede conllevar a tener problemas en la escuela, lo cual puede tener un impacto a largo plazo. También puede ocasionar problemas físicos, tales como dolores de cabeza, dolor crónico, problemas digestivos y enfermedades del corazón más adelante.
Los trastornos de ansiedad transcienden a todos los grupos demográficos, periferia, urbano y rural. Afectan a los que asisten a la universidad y a los que no.
¿Qué está pasando? Aunque no lo sabemos con seguridad, existe un grupo de factores que puede estar contribuyendo. Además de la genética, la química del cerebro, la personalidad y sucesos de la vida, considere lo siguiente:
Una encuesta anual que conduce la «Investigación de la Educación Superior» les pregunta a los matriculados al primer año de universidad si se sienten abrumados con todo lo que tienen que hacer. En el 2016, 41 % de los estudiantes respondieron «sí», comparados con 28 % en el 2000 y 18 % en 1985.También hay algunos niños que tienen reacciones inesperadas y desproporcionadas al desarrollo normal de experiencias, tales como ir a la escuela, ir a una fiesta, tener una fiesta de pijamas (pernoctar) o irse a un campamento; niños que se preocupan en exceso por actividades del diario vivir. Con frecuencia esto sucede en los años previos a la pubertad.
Miedos y preocupaciones recurrentes sobre partes de las rutinas de todos los días.
Cambios de comportamiento, tal y como la irritabilidad.
Evitar ciertas actividades, la escuela o interacciones sociales.
Baja en las calificaciones o evasión de la escuela.
Problemas para dormir o concentrarse.
Uso de sustancias u otros comportamientos de riesgo.
Quejas de problemas físicos, tales como fatiga, dolores de cabeza o de estómago.
Hable con los niños sobre posibles factores estresantes. Intente ver el mundo de la forma que ellos lo hacen, y ayúdelos a mantener la perspectiva y a encontrar formas de sobrellevar las cosas.
De acuerdo con la Asociación Americana de la Ansiedad y Depresión, 80 % de los niños que se les puede diagnosticar un trastorno de ansiedad, no reciben tratamiento, y la ¡ansiedad responde muy bien al tratamiento! Como en el caso de la mayoría de los problemas, entre más pronto se diagnostique, es más fácil de tratar.
Los estudios han descubierto que una combinación de TCC y de medicamentos por 12 semanas produce una respuesta positiva en 80 % de los niños con trastornos de ansiedad. De hecho, 65 % de esos niños no presentaban o tenían muy pocos síntomas después de 12 semanas de tratamiento. Con la TCC solamente, 60 % tenían respuestas positivas, cerca de 35 % de esos niños sin síntomas de ansiedad o muy pocos. Sin embargo, es importante señalar que los medicamentos ISRS pueden ser administrados de forma segura y pueden ser una parte importante del tratamiento del trastorno de ansiedad de un niño.
Como en el caso de cualquier trastorno mental, todo lo que ayude al bienestar general es una parte importante del tratamiento del trastorno de ansiedad, patrones regulares del sueño, ejercicio, meditación, aplicaciones para relajarse y el yoga pueden servir. Sin embargo, estas medidas no pueden substituir a la TCC o a los medicamentos.
Lo más importante es estar consciente y atento a la salud mental de su hijo, ¡haga preguntas y pida ayuda!
En los últimos años, estamos asistiendo al auge en el uso y divulgación de la psiconutrición, un término que combina la unión o interrelación entre dos disciplinas: la nutrición, por un lado, y la psicología, por otro.
Las emociones que influyen en nuestro comportamiento alimentario como la ansiedad o el estrés, las dificultades psicológicas o comorbilidades que pueden existir a la hora de aplicar y elegir nuestra propia alimentación y las posibilidades que envuelven al tratamiento del sobrepeso y la obesidad son claros ejemplos de esta vinculación entre estos dos ámbitos que define la psiconutrición.
El término psiconutrición acuña a dos bases fundamentales:
A su vez, la nutrición y la psicología ejercen una clara influencia en el estilo de vida, y aquí podemos añadir otros elementos que están implicados como: el buen descanso, la prevención del estrés crónico, el mantenimiento de la actividad física y la existencia de patologías médicas.
El abordaje de todos estos factores bajo la visión de unión de la psiconutrición supone mayor garantía de éxito que el tratamiento individualizado e independiente de cada uno de ellos. Este enfoque responde a la visión holística de salud, la cual refleja la importancia de tratar al ser humano como un conjunto de dimensiones tanto físicas, como mentales, emocionales y sociales.
En la actualidad, la psiconutrición no cuenta con una formación académica especifica de tipo universitario, debidamente reglada y oficializada.
Con esta definición detallada es fácil deducir que, si las bases principales de la psiconutrición se construyen en torno a la psicología y a la nutrición, los únicos profesionales debidamente cualificados para llevar a cabo su correcta aplicación son tanto dietistas-nutricionistas como psicólogos. Es por ello que destacaremos dos posibilidades de la aplicación de la psiconutrición:
De un modo u otro, cabe remarcar que el propio concepto de la psiconutrición ya implica de forma intrínseca un trabajo de forma interdisciplinar, ya sea uniendo a profesionales especializados en los dos ámbitos (nutrición y psicología) o bien a otros profesionales relacionados como preparadores físicos, médicos especialistas, etc…
Algunas de las funciones que ejerce el psicólogo especialista en este ámbito son:
Las funciones más destacadas del dietista-nutricionista son:
Sentir ansiedad de modo ocasional es una parte normal de la vida. Sin embargo, las personas con trastornos de ansiedad con frecuencia tienen preocupaciones y miedos intensos, excesivos y persistentes sobre situaciones diarias. Con frecuencia, en los trastornos de ansiedad se dan episodios repetidos de sentimientos repentinos de ansiedad intensa y miedo o terror que alcanzan un máximo en una cuestión de minutos (ataques de pánico).
Estos sentimientos de ansiedad y pánico interfieren con las actividades diarias, son difíciles de controlar, son desproporcionados en comparación con el peligro real y pueden durar un largo tiempo. Con el propósito de prevenir estos sentimientos, puede suceder que evites ciertos lugares o situaciones. Los síntomas pueden empezar en la infancia o la adolescencia y continuar hasta la edad adulta.
Algunos ejemplos del trastorno de ansiedad son: trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad social (fobia social), fobias específicas y trastorno de ansiedad por separación. Puedes tener más de un trastorno de ansiedad. A veces, la ansiedad surge de una enfermedad que requiere tratamiento.
Cualquiera sea el tipo de ansiedad que padezcas, un tratamiento puede ayudar.
Los signos y síntomas de la ansiedad más comunes incluyen los siguientes:
Existen varios tipos de trastornos de ansiedad:

Consulta con el psicólogo o tu médico de cabecera en los siguientes casos:
Es posible que tus preocupaciones no se vayan por sí solas y que empeoren con el paso del tiempo si no procuras ayuda. Visita a un profesional de salud mental o tu médico antes de que tu ansiedad empeore. Es más fácil tratarla si obtienes ayuda pronto. Puedes hacerlo ahora a través de nuestro Whatsapp, verás el icono en tu parte inferior derecha.
No está del todo claro cuáles son las causas de los trastornos de ansiedad. Ciertas experiencias de vida, como acontecimientos traumáticos, parecen provocar los trastornos de ansiedad en personas que ya son propensas a la ansiedad. Los rasgos heredados también pueden ser un factor.
Para algunas personas, la ansiedad puede estar relacionada con un problema de salud oculto. En algunos casos, los signos y síntomas de ansiedad son los primeros indicadores de una enfermedad. Si el médico sospecha que la ansiedad que tienes puede tener una causa médica, quizás te indique análisis para buscar los signos del problema.
Algunos ejemplos de problemas médicos que pueden estar relacionados con la ansiedad incluyen los siguientes:
En ocasiones, la ansiedad puede ser un efecto secundario de algunos medicamentos.
Es posible que la ansiedad que te aqueja esté causada por una enfermedad oculta en los siguientes casos:
Los siguientes factores pueden incrementar el riesgo de padecer un trastorno de ansiedad:
El trastorno de ansiedad no implica solamente estar preocupado. También puede ocasionar, o empeorar, otros trastornos mentales y físicos, como los siguientes:
No es posible prever con certeza qué causa que una persona presente un trastorno de ansiedad, pero puedes tomar medidas para reducir el impacto de los síntomas si te sientes ansioso:
Si tu pareja es o sufre de eyaculador precoz es muy importante que la apoyes y no le presiones. Asimismo, puedes buscar otras alternativas para reconstruir la sexualidad como pareja.
En ocasiones, se da la circunstancia de que la pareja con la que salimos es eyaculador precoz. Claramente esto supone un problema para la pareja que merece una solución eficaz.
La eyaculación precoz es la secreción, sin control y prematura, que se produce con la mínima estimulación sexual.
La eyaculación precoz no es una enfermedad, sino un problema sexual que afecta a los hombres. Por otro lado, también supone un problema para las parejas, hombres o mujeres, ya que tampoco pueden disfrutar de una relación sexual satisfactoria con su pareja.
A continuación, te brindamos algunos consejos para que puedas abordar el tema con tu pareja de una forma sana.
En primer lugar, debes identificar si tu pareja es eyaculador precoz. Si ya ha recibido el diagnóstico, es recomendable que te impliques de manera activa para solucionar el problema sexual. De no ser así, ambos podríais adquirir otras disfunciones sexuales.
Nunca debes asumir una actitud descalificadora, agresiva o humillante hacia el compañero. Lo único que produciría es un aumento de ansiedad en el encuentro. En cambio, el apoyo, el cariño y la paciencia, les hará sentir que trabajan en pareja o equipo como dirían algunxs, y así les resultará más ameno sobrellevar la situación y, poco a poco, superar las dificultades.
Por otro lado, es de suma importancia consultar al psicólogo sexólogo y seguir sus pautas. En este punto, es especialmente importante el apoyo y el acompañamiento que brinde la pareja. Ten en cuenta que la mayoría de hombres que sufren este problema no lo van a expresar abiertamente y les va a costar (más o menos, según sea el caso) decidirse ir a consulta.
Por lo general, cuando un hombre acude a la consulta de sexología muy pocas veces es acompañado por su pareja porque piensan que este es un problema solo de él.
A pesar de que lo manifiesta el hombre en la práctica, es importante que la pareja lo acompañe a la consulta del especialista sexólogo clínico. Puede haber áreas de conflictos que generen ansiedad en el hombre y no permitan que tenga un tiempo adecuado para satisfacer el encuentro con su pareja.
Evita exigir más de lo que te puede dar sexualmente. Esto va a incrementar la ansiedad de la persona. Por otro lado, es cruel reclamar a la pareja por presentar esta condición que ya genera bastante sufrimiento en él. Empatiza y sé paciente. Solo con tranquilidad y tiempo podrá mejorar este problema.
La mayoría de las mujeres manifiestan que no le reclaman por la condición, sino porque los hombres no hace nada al respecto. No obstante, si realmente lo que quieres es ayudarle, debes dejar que él tome la decisión de asistir a una consulta con un especialista y luego apoyarle en las terapias.
En caso de tu pareja sufra de eyaculación precoz, su intimidad puede llegar a verse afectada por la angustia, temor y de miedo a fallar. Esto puede ir acompañado por demostraciones de insatisfacción y rechazo, lo cual puede generar conflicto y un espacio de intimidad inadecuado.
Para salir adelante, es recomendable que tengas presente lo siguiente:
Aparte de esos 3 aspectos primordiales, también puedes llevar a cabo otras medidas eficaces para alcanzar la satisfacción sexual. Para ello, podéis consultar a un sexólogo. en Sexólogos Valencia y la clínica de Sexología y Psicología Pérez Vieco somos especialistas en el tratamiento de la eyaculación precoz.
Una vez aceptada la condición por parte de los dos, lo siguiente es lograr una buena comunicación en la pareja. Asimismo, deberéis establecer vuestras propias pautas.
Ten en cuenta que para minimizar los efectos de la eyaculación precoz, lo importante es tener un intercambio emocional. Para eso, se necesitan varios elementos:
Cariño.
Paciencia.
Amabilidad.
Comprensión.
Actitud honesta.
La tensión psicológica o estado de alerta forma parte de la condición humana. Constituye un aspecto normal de nuestro estado emocional, y sirve para afrontar y reaccionar ante las situaciones de riesgo o de peligro. Es una reacción natural que emplea nuestro organismo ante lo que percibimos como una amenaza, que puede ser real o imaginaria, y nos permite afrontar las situaciones difíciles. Sin embargo, cuando esa tensión psicológica se manifiesta sin una causa aparente que la suscite, ni la persona está expuesta a ningún peligro, es demasiado intensa, se prolonga en el tiempo, y se extiende a todos los ámbitos de la vida del que la sufre, se vuelve patológica y se convierte en una fuente de sufrimiento que es necesario controlar. En este caso hablamos de ansiedad.
La ansiedad al ser una respuesta o conjunto de respuestas emocionales de carácter displacentero, que engloba aspectos fisiológicos, cognitivos y comportamentales genera síntomas muy diversos. Los más comunes consisten en manifestaciones de: taquicardia, sensación de ahogo, temblores, sensación de pérdida de control o del conocimiento, transpiración, náusea, rigidez o debilidad muscular, insomnio, inquietud motora, dificultad para la comunicación y la relación, pensamientos negativos y obsesivos, sensación de inseguridad, temor anticipatorio…
Con el tratamiento cognitivo-conductual-emocional nos centramos en la detección, evaluación y modificación de los pensamientos negativos que generan la ansiedad para modificarlos.
Y en la reducción de la ansiedad a través del entrenamiento en habilidades sociales, en el manejo del estrés, y en la relajación.
También es muy importante para nosotros determinar si estamos ante tal nivel de ansiedad que, al intervenir además de factores psicológicos también biológicos, y estén paralizando a la persona, considerar que además del tratamiento psicoterapéutico coadyuvaría una adecuada medicación.
Todos sentimos ansiedad y estrés de vez en cuando. Hay situaciones que suelen despertar sentimientos de ansiedad como, por ejemplo, cumplir plazos de entrega ajustados, obligaciones sociales importantes o conducir con mucho tránsito. Esta ansiedad leve puede ayudar a mantenerlo alerta y concentrado para enfrentarse a situaciones amenazadoras o difíciles.
Pero las personas que sienten temor extremo y preocupaciones que perduran pueden estar lidiando con trastornos de ansiedad. La frecuencia e intensidad de este tipo de ansiedad es a menudo debilitante e interfiere con actividades diarias. Sin embargo, con un tratamiento adecuado y eficaz, las personas que tienen trastornos de ansiedad pueden llevar vidas normales.
Hay varios tipos principales de trastornos de ansiedad. Cada uno tiene características particulares.
Los síntomas como el temor extremo, falta de aire, taquicardia, insomnio, nauseas, temblores y mareos son comunes en estos trastornos de ansiedad. Aunque pueden producirse en cualquier momento, los trastornos de ansiedad surgen con frecuencia en la adolescencia o en el inicio de la adultez. Hay algunas evidencias de que los trastornos de ansiedad son hereditarios. Aparentemente, los genes, así como las primeras experiencias de aprendizaje en las familias, hacen que algunas personas sean más propensas que otras a padecer estos trastornos.
Si no se tratan, los trastornos de ansiedad pueden tener consecuencias graves. Por ejemplo, algunas personas que tienen ataques de pánico recurrentes evitan a toda costa ponerse en situaciones que temen podrían desencadenar un ataque. Esta conducta evasiva puede crear problemas si está en conflicto con requisitos del trabajo, obligaciones familiares u otras actividades básicas de la vida diaria.
Muchas personas que tienen trastornos de ansiedad no tratados son propensas a otros trastornos psicológicos, como depresión, y tienen una mayor tendencia al abuso de alcohol y otras drogas. Sus relaciones con familiares, amigos y compañeros de trabajo pueden volverse muy tirantes y su desempeño laboral puede decaer.
Qué es el crecimiento personal
El Crecimiento Personal es el área de la Psicología que se enfoca en ayudarnos a encontrar y desarrollar nuestras fortalezas, para ser la mejor versión de nosotros mismos. Nos ayuda a deshacernos de las limitaciones psicológicas que nos atan y nos permite alcanzar nuestro máximo potencial, la mejor versión de nosotros mismos
Todos podemos desarrollar nuestras habilidades, capacidades y competencias para superar nuestras limitaciones, ampliar nuestro horizonte y mejorar nuestro bienestar. Sin embargo, en algunas ocasiones nuestros hábitos, patrones de comportamiento y/o creencias irracionales se convierten en una barrera para nuestro desarrollo e incluso llegan a causar malestar.
Cuando llegamos a este punto, toca cambiar y conectar de nuevo con nuestra propia identidad, examinar cómo está nuestro mundo interior y exterior y cómo nos relacionamos con las personas que nos rodean. Toca pasar a la acción y transformarse. De esta manera, podemos recuperar nuestro bienestar y nuestro nivel de autosatisfacción.
Esta transformación comienza en nosotros mismos, porque el cambio es un proceso individual y personal, y nadie puede cambiarnos si nosotros no queremos cambiar. Transformar nuestra vida requiere autorreflexión, ser conscientes de nuestra propia capacidad para lograr nuestras metas y conseguir cambios positivos y duraderos; y exige compromiso, tiempo, energía y estrategias claras y realistas.
El crecimiento personal hace referencia a una serie de actividades que ayudan a mejorar la conciencia de uno mismo y descubrir la propia identidad, con el fin de impulsar el desarrollo de los propios potenciales y las habilidades personales y relacionales.
El objetivo es mejorar la calidad de vida y contribuir a la realización de sueños y aspiraciones individuales.
Crecer como persona es un proceso que dura toda la vida. Por desgracia, no siempre tomamos el camino apropiado y podemos encontrarnos en una situación en la que nos sentimos lejos de nuestra propia esencia y vivimos en piloto automático, distanciados de nuestros sueños, nuestras aspiraciones y nuestras necesidades. En esta sociedad que va tan rápida, es fácil dejar de ser protagonistas de nuestra vida y perder de vista nuestros deseos más personales.
El crecimiento personal es la capacidad que tenemos las personas para aprender de nosotras mismas, dejando nuestra puerta abierta a nuevas experiencias aunque resulten un desafío; hace referencia al desarrollo humano.
Con ello, si poseemos un buen crecimiento personal, nos sentiremos en continuo aprendizaje, siendo capaces de aprender de aquello que vamos recibiendo y sabiendo que tenemos los recursos para ir mejorando y salir fortalecidos de las distintas situaciones.
Durante mucho tiempo la Psicología, al igual que la Medicina y la Psiquiatría, se centró en los defectos, problemas y trastornos, asumiendo una perspectiva limitada del desarrollo humano. A inicios del siglo XX todo comenzó a cambiar de la mano de Alfred Adler y Carl Jung.
Adler, un reconocido psicoterapeuta vienés, se negó a limitar la Psicología al análisis de los problemas y traumas del pasado, por lo que comenzó a mirar hacia el futuro, centrándose en las aspiraciones y potencialidades de las personas que acudían a su consulta en busca de ayuda.
Prefería hablar en términos de estilo vital, un concepto equivalente a lo que hoy conocemos como estilo de vida, para referirse a la forma en que gestionamos los problemas, nuestra manera de afrontar la vida y la imagen que nos hemos formado de nosotros mismos.
Carl Gustav Jung también enriqueció el Crecimiento Personal con su concepto de individuación. El creador de la Psicología Analítica entendía que el yo individual se desarrollaba a partir de un inconsciente indiferenciado a través de un proceso psíquico en el cual se integran los elementos innatos de la personalidad y los componentes de la psique inmadura con las experiencias de la vida.
Desde entonces, el campo del Crecimiento Personal ha seguido enriqueciéndose, sobre todo gracias a la Psicología Humanista, que puso en el centro a la persona y su deseo de autorrealización.
A finales de la década de 1990, Martin Seligman, profesor de Psicología de la Universidad de Pensilvania, propuso cambiar radicalmente el foco de la patología a la salud emocional, por lo que sus investigaciones contribuyeron al desarrolló un nuevo campo: la Psicología Positiva, cuyo objetivo es identificar y promover patrones de pensamiento y afrontamiento positivos y saludables que empoderen a la persona y le permitan desarrollar al máximo sus potencialidades.
Un programa de Crecimiento Personal es un conjunto de propuestas basadas en estudios científicos realizados en el ámbito de la Psicología positiva y el coaching, que tiene como objetivo estimular nuestras potencialidades para que podamos alcanzar nuestras metas y mejoremos nuestro bienestar.
A diferencia de la psicoterapia, que normalmente se centra en solucionar problemas específicos cuando se produce un trastorno o se rompe el equilibrio psicológico, en el Crecimiento Personal se trabaja para lograr que pensemos, actuemos y sintamos de manera más plena y saludable.
Las personas que se involucran activamente en un proceso de Crecimiento Personal no solo reportan una mayor satisfacción en sus vidas sino que además mantienen relaciones interpersonales más asertivas, logran una mayor autonomía y tienen propósitos vitales bien estructurados.
Sin embargo, el Crecimiento Personal no se produce de un día a otro, es el resultado de un proceso de aprendizaje que nos permite avanzar paso a paso para lograr la mejor versión de nosotros mismos. Los cambios en el comportamiento deben estar respaldados por una transformación interior más profunda a nivel de personalidad, lo cual significa que hay un esfuerzo consciente por mejorar cada día.
De hecho, las investigaciones realizadas en el área del Crecimiento Personal han determinado que existen algunas características básicas en las cuales debemos trabajar para lograr un cambio positivo y permanente:
Por eso, es importante comprender que el Crecimiento Personal se basa en tres principios fundamentales. A saber:

El Crecimiento Personal es el área de la Psicología que se enfoca en ayudarnos a encontrar y desarrollar nuestras fortalezas, para ser la mejor versión de nosotros mismos. Nos ayuda a deshacernos de las limitaciones psicológicas que nos atan y nos permite alcanzar nuestro máximo potencial, la mejor versión de nosotros mismos
Todos podemos desarrollar nuestras habilidades, capacidades y competencias para superar nuestras limitaciones, ampliar nuestro horizonte y mejorar nuestro bienestar. Sin embargo, en algunas ocasiones nuestros hábitos, patrones de comportamiento y/o creencias irracionales se convierten en una barrera para nuestro desarrollo e incluso llegan a causar malestar.
Cuando llegamos a este punto, toca cambiar y conectar de nuevo con nuestra propia identidad, examinar cómo está nuestro mundo interior y exterior y cómo nos relacionamos con las personas que nos rodean. Toca pasar a la acción y transformarse. De esta manera, podemos recuperar nuestro bienestar y nuestro nivel de autosatisfacción.
Esta transformación comienza en nosotros mismos, porque el cambio es un proceso individual y personal, y nadie puede cambiarnos si nosotros no queremos cambiar. Transformar nuestra vida requiere autorreflexión, ser conscientes de nuestra propia capacidad para lograr nuestras metas y conseguir cambios positivos y duraderos; y exige compromiso, tiempo, energía y estrategias claras y realistas.
El crecimiento personal hace referencia a una serie de actividades que ayudan a mejorar la conciencia de uno mismo y descubrir la propia identidad, con el fin de impulsar el desarrollo de los propios potenciales y las habilidades personales y relacionales.
El objetivo es mejorar la calidad de vida y contribuir a la realización de sueños y aspiraciones individuales.
Crecer como persona es un proceso que dura toda la vida. Por desgracia, no siempre tomamos el camino apropiado y podemos encontrarnos en una situación en la que nos sentimos lejos de nuestra propia esencia y vivimos en piloto automático, distanciados de nuestros sueños, nuestras aspiraciones y nuestras necesidades. En esta sociedad que va tan rápida, es fácil dejar de ser protagonistas de nuestra vida y perder de vista nuestros deseos más personales.
El crecimiento personal es la capacidad que tenemos las personas para aprender de nosotras mismas, dejando nuestra puerta abierta a nuevas experiencias aunque resulten un desafío; hace referencia al desarrollo humano.
Con ello, si poseemos un buen crecimiento personal, nos sentiremos en continuo aprendizaje, siendo capaces de aprender de aquello que vamos recibiendo y sabiendo que tenemos los recursos para ir mejorando y salir fortalecidos de las distintas situaciones.
Durante mucho tiempo la Psicología, al igual que la Medicina y la Psiquiatría, se centró en los defectos, problemas y trastornos, asumiendo una perspectiva limitada del desarrollo humano. A inicios del siglo XX todo comenzó a cambiar de la mano de Alfred Adler y Carl Jung.
Adler, un reconocido psicoterapeuta vienés, se negó a limitar la Psicología al análisis de los problemas y traumas del pasado, por lo que comenzó a mirar hacia el futuro, centrándose en las aspiraciones y potencialidades de las personas que acudían a su consulta en busca de ayuda.
Prefería hablar en términos de estilo vital, un concepto equivalente a lo que hoy conocemos como estilo de vida, para referirse a la forma en que gestionamos los problemas, nuestra manera de afrontar la vida y la imagen que nos hemos formado de nosotros mismos.
Carl Gustav Jung también enriqueció el Crecimiento Personal con su concepto de individuación. El creador de la Psicología Analítica entendía que el yo individual se desarrollaba a partir de un inconsciente indiferenciado a través de un proceso psíquico en el cual se integran los elementos innatos de la personalidad y los componentes de la psique inmadura con las experiencias de la vida.
Desde entonces, el campo del Crecimiento Personal ha seguido enriqueciéndose, sobre todo gracias a la Psicología Humanista, que puso en el centro a la persona y su deseo de autorrealización.
A finales de la década de 1990, Martin Seligman, profesor de Psicología de la Universidad de Pensilvania, propuso cambiar radicalmente el foco de la patología a la salud emocional, por lo que sus investigaciones contribuyeron al desarrolló un nuevo campo: la Psicología Positiva, cuyo objetivo es identificar y promover patrones de pensamiento y afrontamiento positivos y saludables que empoderen a la persona y le permitan desarrollar al máximo sus potencialidades.
Un programa de Crecimiento Personal es un conjunto de propuestas basadas en estudios científicos realizados en el ámbito de la Psicología positiva y el coaching, que tiene como objetivo estimular nuestras potencialidades para que podamos alcanzar nuestras metas y mejoremos nuestro bienestar.
A diferencia de la psicoterapia, que normalmente se centra en solucionar problemas específicos cuando se produce un trastorno o se rompe el equilibrio psicológico, en el Crecimiento Personal se trabaja para lograr que pensemos, actuemos y sintamos de manera más plena y saludable.
Las personas que se involucran activamente en un proceso de Crecimiento Personal no solo reportan una mayor satisfacción en sus vidas sino que además mantienen relaciones interpersonales más asertivas, logran una mayor autonomía y tienen propósitos vitales bien estructurados.
Sin embargo, el Crecimiento Personal no se produce de un día a otro, es el resultado de un proceso de aprendizaje que nos permite avanzar paso a paso para lograr la mejor versión de nosotros mismos. Los cambios en el comportamiento deben estar respaldados por una transformación interior más profunda a nivel de personalidad, lo cual significa que hay un esfuerzo consciente por mejorar cada día.
De hecho, las investigaciones realizadas en el área del Crecimiento Personal han determinado que existen algunas características básicas en las cuales debemos trabajar para lograr un cambio positivo y permanente:
Por eso, es importante comprender que el Crecimiento Personal se basa en tres principios fundamentales. A saber:

La ira es una reacción emocional lógica ante situaciones que se perciben como una injusticia o ante algo que se interpone en la consecución de objetivos personales. Desde esta perspectiva, como cualquier emoción, no sólo es útil, sino también necesaria, pues supone una voz de alarma que resulta en una reacción impulsiva de contraposición a algo que se considera como una agresión, reduce el miedo a la misma y genera la energía necesaria para actuar. Sin embargo, la irascibilidad puede ser también un síntoma propio de estados de ansiedad, agotamiento, depresión, trastornos de la conducta o incluso de fases avanzadas de demencia.
La ira es una emoción y como todas las emociones debería servirnos para adaptarnos a las diferentes situaciones, sobre todo aquellas que requieren de una respuesta de afrontamiento para su resolución. Experimentar una reacción de ira adaptativa nos defiende y nos pone a salvo de un peligro o agresión de nuestro entorno o medio ambiente. Pero cuando no se controla, deja de ser adaptativa y puede generar un daño absolutamente innecesario a los demás e incluso a nosotros mismos.
Lo que provoca la pérdida del control sobre la agresividad no es tanto lo que sucede en sí, sino la forma en que interpretamos acerca de lo que sucede. Esta interpretación errónea de la situación básicamente genera una sensación de «amenaza» que produce una activación (física y cognitiva) cuya «salida» o defensa errónea frente a dicha amenaza puede ser una reacción de ira o agresividad. Las consecuencias suelen ser:
Se pretende construir y generar un programa que favorezca la reestructuración cognitiva en la persona que tiene identificado este problema, logrando como consecuencia el uso de estrategias adecuadas para controlar la ira y controlar para sustituirlas por otras más adecuadas, las conductas agresivas dentro de lo que es la vida diaria. Con este programa se consigue:


[wpforms id=»1386″]
Se trata de una violencia que afecta a las mujeres por el mero hecho de serlo. Constituye un atentado contra la integridad, la dignidad y la libertad de las mujeres, independientemente del ámbito en el que se produzca.
Se entiende por violencia de género cualquier acto violento o agresión, basados en una situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres que tenga o pueda tener como consecuencia un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas de tales actos y la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si ocurren en el ámbito público como en la vida familiar o personal.
El concepto «violencia de género» da nombre a un problema, que incluso hace poco, formaba parte de la vida personal de las personas; era considerado un asunto de familia que no debía trascender de puertas para fuera y, por lo tanto, en el que no se debía intervenir. Entender la violencia como un asunto personal refuerza a las mujeres a una situación de subordinación respeto del hombre e implica asumir las relaciones de poder históricamente desiguales entre ambos y a través de las cuales se legitima al hombre a mantener su status-quo de la dominación incluso a través de la violencia. Esta percepción contribuye a que las mujeres no denuncien su situación por miedo, vergüenza o culpabilidad.
La discriminación de las mujeres y la violencia de género (como la manifestación más brutal de las desigualdades entre hombres y mujeres) es un problema que traspasa fronteras y que está presente en la mayor parte de los países del mundo con la particularidad de que las vivencias del maltrato son enormemente parecidas en todos los lugares y culturas.
Debe recordarse que la violencia es una estrategia de relación aprendida, no es innata. Si esto fuera así, todas las personas serían violentas o todas las personas ejercerían la violencia de la misma manera y en el mismo grado; sin embargo, no siempre la empleamos en nuestras relaciones: hablamos, negociamos, pactamos, tratamos de comprender el punto de vista de la otra persona y finalmente llegamos a un acuerdo, aunque no obtengamos el que en principio queríamos.
Los maltratadores son selectivos en el ejercicio de la violencia, lo que demuestra que son capaces de controlarse en cualquier otra situación.
Los MALOS TRATOS a la mujer y la VIOLENCIA DE GÉNERO es uno de los mayores problemas de nuestra sociedad (a la que llamamos civilizada): el número de mujeres maltratadas y/o asesinadas por su pareja o ex pareja sigue creciendo en nuestro país día tras día. Es obligación de todos ser conscientes de ello y aportar aquello que esté en nuestra mano para su solución.
¿Qué está pasando? En España, se estima que la violencia de género afecta al 20-25% de las mujeres. Además de las consecuencias dramáticas (homicidios, lesiones físicas..) de las que somos testigos a través de los medios de comunicación últimamente con demasiada frecuencia, existen otras consecuencias que no por ser menos visibles, son menos importantes.
Las consecuencias psicológicas de la violencia de género son más frecuentes y graves que las físicas, salvo casos excepcionales como los de muertes o lesiones graves. Entre éstas, cabe destacar el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y la depresión, así como trastornos de ansiedad y problemas relacionados con el abuso de sustancias (alcohol y drogas). Cabría mencionar también la alta incidencia de problemas derivados de la baja autoestima.
Además, la violencia sobre las mujeres tiene no sólo consecuencias sobre su propio bienestar, sino también sobre sus familias (las conductas violentas se aprenden y se transmiten de padres a hijos) y la comunidad. A este nivel, consecuencias comunes son:
· Laborales (absentismo o abandono del trabajo).
· Sociales (limitaciones para relacionarse con otras personas).
· Del tiempo libre (aislamiento, control, trámites legales, juicios, etc.).
· Familiares (afectación hijos, respuesta negativa de allegados).
· De pareja (desconfianza para restablecer relación de pareja).
Es importante comentar también que las mujeres víctimas de malos tratos por parte de sus parejas o exparejas pueden tornarse dependientes y sugestionables y encontrar serias dificultades para tomar decisiones por sí mismas. La relación con el maltratador agrava las consecuencias psicológicas que las mujeres sufren por el abuso. Los vínculos legales, financieros y afectivos que las víctimas de la violencia de género tienen a menudo con maltratador, acentúan sus sentimientos de vulnerabilidad, pérdida, engaño y desesperanza. Por ello, las mujeres maltratadas frecuentemente se aíslan y se recluyen tratando de esconder la evidencia del abuso y por tanto la tarea (importantísima para la prevención) de detección y denuncia se complica enormemente.
Sean cuáles sean las formas en que se manifiesta el maltrato, siempre busca un mismo objetivo: erosionar la autoestima de la mujer con fin de que el agresor aumente su grado de poder y control sobre ella.
Hay muchas formas de violencia contra las mujeres, aquí acercamos algunas indicaciones para poder identificarlas.
Incluye cualquier acto de fuerza contra el cuerpo de la mujer, con resultado o riesgo de producir lesión física o daño: golpes, quemaduras, pellizcos, tirones de pelo, picadas, empujones, lanzamiento de objetos, uso de armas, intentos de estrangulamiento, intentos de asesinato, intentos de provocar abortos…
El maltrato físico es el más evidente y el más fácil de demostrar; aun así, no es preciso que se requiera atención médica o que tenga efectos visibles en el cuerpo. Es muy probable que empiece con un simple golpe o bofetada.
Incluye toda conducta, verbal o no verbal, que produzca en la mujer desvalorización o sufrimiento: insultos (expresiones como: estás loca, eres una histérica, ignorante, atrasada, fea); menosprecios (expresiones como: no sirves para nada, no eres capaz de hacer nada bien, mala madre, si no fuera por mí donde irías?..); intimidaciones / amenazas (expresiones como: te voy a matar, vete/vete de la casa, te voy a quitar los/las niños/niñas, te voy a hundir..); abuso de autoridad ( como por ejemplo: registra tus cosas, revisa tu correo, preguntas cosas como “con quién estuviste hoy?”, llegaste 10 minutos tarde…); falta de respeto (no respeta tus necesidades, sentimientos, opiniones, deseos y manipula lo que dices, destruye objetos de especial valor para ti, ignora tu presencia, te desautoriza delante de los niños/niñas..); exige obediencia (no quiere que la mujer trabaje fuera de la casa, no quiere que estudie, quiere que se vista cómo él quiere, le controla el tiempo, le pregunta «a que hora llegas?», le dice “quita esa ropa y te viste cómo Dios manda”…); utilización de las hijas e hijos (amenaza con quitarle las/los menores, los amenaza y los maltrata, le obliga a que se desnude, culpabiliza constantemente a la madre); castigar con el silencio e incomunicación (el silencio reiterado pode llegar a herir tanto como las palabras); culpabilizar a la mujer de todo lo que ocurre en la casa de modo que al final ella piensa que es la culpable de todas las situaciones de tensión; mostrar celos (acusar constantemente de ser infiel y coquetear con otros hombres, impedir relaciones con amigos/as y familiares, aislar la mujer de todo su entorno…).
El maltrato psíquico es el más difícil de detectar, dado que sus manifestaciones pueden adquirir gran sutileza; no obstante, su persistencia en el tiempo deteriora gravemente la estabilidad emocional, destruyendo la autoestima y la personalidad de la mujer.
Incluyen cualquier acto de naturaleza sexual forzada por el agresor o no consentida por la mujer, y que abarcan la imposición, mediante la fuerza o con intimidación, de relaciones sexuales no consentidas, y el abuso sexual, con independencia de que el agresor guarde o no relación conjugal, de pareja, afectiva o de parentesco con la víctima.
Incluye aquellas conductas consistentes en la solicitud de favores de naturaleza sexual, para sí o para una tercera persona, en las que el sujeto activo se valle de una situación de superioridad laboral, docente o análoga, con el anuncio expreso o tácito a la mujer de causarle un mal relacionado con las expectativas que la víctima tenga en el ámbito de la dicha relación, o bajo la promesa de una recompensa o de un premio en el ámbito de esta.
Incluye la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, especialmente de mujeres y niñas, que son sus principales víctimas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, o rapto, o fraude, o engaño, o abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas similares. Independientemente de la relación que una a la víctima con el agresor y el medio empleado.
Incluye la privación intencionada, y no justificada legalmente, de recursos para el bienestar físico o psicológico de la mujer y de sus hijas e hijos o la discriminación en la disposición de los recursos compartidos en el ámbito de la convivencia de pareja.
El maltratador considera que la mujer es incompetente y que no administra bien o gasta el dinero en cosas innecesarias, por lo que no puede tomar decisiones sobre el destino del gasto.
La valoración del daño psíquico sufrido por la víctima de acoso laboral constituye, sin lugar a dudas, la tarea más relevante a la que se enfrentará el perito psicólogo en este tipo de problemática. El trabajo pericial en estos casos se deberá centrar en tres puntos fundamentales (González-Trijueque, Tejero y Delgado, 2011); en primer lugar, se debe intentar (en la medida de lo posible) objetivar el estresor descrito y valorar si estamos ante un supuesto de mobbing o bien ante otro tipo de riesgo psicosocial (p. Ej., estrés laboral, burnout); en segundo lugar habrá que determinar el estado psicológico de la víctima y comprobar si existen síntomas clínicos y si éstos configuran algún cuadro psicopatológico (estrés postraumático, ansiedad, depresión…) del cual será especialmente importante pronunciarse sobre su cronicidad y pronóstico para saber si estamos hablando de una lesión o una secuela en el plano psíquico; y en tercer lugar, se tendrá que valorar si existe causalidad (o al menos compatibilidad) entre el estresor descrito y la sintomatología desarrollada por el trabajador acosado, para lo cual resultará esencial evaluar la estructura de personalidad, el estado anterior y la vulnerabilidad / resiliencia del sujeto acosado.
Las consecuencias del acoso psicológico en el trabajo pueden ser de distinta naturaleza y proyectarse sobre ámbitos también muy variados en la vida del sujeto que lo sufre. Una característica propia del acoso laboral es que la víctima percibe la situación de hostigamiento como especialmente estresante y que pone en riesgo su salud tanto mental como física. A menudo, el trabajador acosado no sabe cómo afrontar estas situaciones para modificar su entorno socio-laboral, ni sabe cómo controlar las reacciones emocionales que le produce dicho proceso; el fracaso en el afrontamiento de estas situaciones y en el control de la ansiedad desencadena una patología propia del estrés, que se va volviendo crónica y se agrava progresivamente (González-Trijueque et al., 2011).
– Evaluación y comprobación de que efectivamente se ha sido objeto de mobbing o acoso laboral (objetivación del estresor).
– Diagnóstico de psicopatologías derivadas o asociadas al mobbing, su cronicidad y pronóstico.
– Detectar y clarificar la relación existente entre el estresor y la sintomatología diagnosticada.
– Elaboración del informe pericial psicológico.
– Si procediera: ratificación en sala o sede judicial de la pericial psicológica.
– Tratamiento psicológico mobbing o de las secuelas del acoso laboral.
[wpforms id=»1386″]
La violencia escolar, según Olweus (1997) es la que se produce en el sistema escolar. Dentro de ella hay un tipo de violencia muy preocupante en nuestros días: el acoso (bullying). El acoso escolar tiene un gran parecido en su modus operandi y consecuencias con el acoso laboral (mobbing)

[wpforms id=»1386″]
Las técnicas de acoso son soterradas y sutiles: palabras, miradas, insinuaciones, mentiras, difamaciones, etc. El acosador impone su voluntad (de forma continuada y progresiva), tergiversando la situación desde una posición de fuerza: posee la verdad y el poder.
El acoso moral sumerge a la víctima en una espiral depresiva que puede acabar en suicidio. Para la psiquiatra y psicoanalista Marie-France Hirigoyen, los casos extremos de acoso moral son asesinatos psíquicos. Permite desembarazarse de alguien sin mancharse las manos. Para el profesor Iñaki Piñuel, el origen del acoso suele encontrarse en el modo en que la víctima resulta, por diferentes razones, una amenaza para el gang que la acosa.
El acoso comienza desestabilizando a la víctima hasta conseguir que pierda progresivamente la confianza en sí misma y en los demás y quede en situación de total indefensión, incapaz de reaccionar.
La ansiedad, previa a la etapa depresiva, provoca en la víctima una actitud defensiva que, a su vez, genera nuevas agresiones. El agresor no pretende destruir a su víctima de inmediato. Su objetivo es someter y controlar: anular la capacidad de defensa y el sentido crítico, la capacidad de rebeldía.
El acosador es un depredador, incapaz de considerar a sus congéneres como seres humanos. Alienado respecto a sí mismo, se aprovecha de las debilidades propias de la condición humana.
El acoso sexual es la intimidación o coerción de naturaleza sexual, o la promesa no deseada o inapropiada de recompensas a cambio de favores sexuales. En la mayoría de contextos jurídicos modernos el acoso sexual es ilegal.
La directiva 2002/73/CE del Parlamento Europeo define como acoso sexual:
la situación en que se produce cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo.
Cuando existen leyes referidas al acoso sexual, generalmente no prohíben bromas simples, comentarios indirectos o incidentes menores aislados, es decir, no imponen un «código de cívico general». En el lugar de trabajo, el acoso puede considerarse ilegal cuando es tan frecuente o grave que crea un ambiente de trabajo hostil u ofensivo o cuando repercute de manera adversa en el empleo (como por ejemplo la víctima es despedida o degradada o cuando la víctima decide renunciar al trabajo). Sin embargo, la comprensión jurídica y social del acoso sexual varía según la cultura.
El acoso sexual puede perjudicar a personas de ambos sexos pero estadísticamente la mayoría de denuncias son de mujeres. Los principales acosadores son hombres que ejercen este tipo de comportamiento en ambientes laborales (acoso laboral), académicos (acoso escolar), estudiantiles e incluso familiares (acoso familiar). Está considerado un acto delictivo, que es sancionado en función de su gravedad y que puede llevar incluso a la privación de libertad del acosador.
[wpforms id=»1386″]
La psicología social es la rama de la psicología que estudia cómo los pensamientos, sentimientos y comportamientos de las personas son influidos por la presencia real, imaginada o implícita de otras personas.Junto con la psicología clínica, la educativa, y la industrial-organizacional, la psicología social es una de las cuatro grandes ramas de la psicología, así como una de las ramas clásicas de la sociología. Sus orígenes se remontan a 1879 con la aparición de la Psicología de los pueblos, desarrollada por Wilhelm Wundt y que actualmente es una de las especialidades de estudio, focalizando el individuo en la sociedad y la incidencia de esta en el individuo ya que lo humano y lo social están estrechamente relacionados y se complementan mutuamente.
Según la definición anterior, científico se refiere al método empírico de investigación. Los términos pensamientos, sentimientos y comportamientos incluyen todas las variables psicológicas que se pueden medir en un ser humano. La afirmación de que otras personas pueden ser imaginadas o implícitas sugiere que, de manera indefectible, estamos influenciados socialmente, incluso cuando:
La Psicología Social es definida también como la ciencia que estudia los fenómenos sociales e intenta descubrir las leyes por las que se rige la convivencia. Investiga las organizaciones sociales y trata de establecer los patrones de comportamientos de los individuos en los grupos, los roles que desempeñan y todas las situaciones que influyen en su conducta.
Estudia la interrelación dinámica entre lo individual y lo social y en su atravesamiento con la historia, la cultura, la política, la lengua, y otros aspectos presentes en la realidad. Desde la perspectiva de la psicología social se estudian los comportamientos individuales y sociales, la formación de los grupos, los fenómenos de masa y otras problemáticas de la escena contemporánea. Desde su comienzo, la psicología social fue entendida como un campo de confluencia entre la psicología y la sociología. Sin embargo en las últimas décadas son muchas más las disciplinas que lo constituyen: antropología, lingüística, historia, comunicación, economía. La psicología social construye conocimientos de formas interdisciplinarias y lo aplica a distintos campos de la realidad. La cultura de fin del siglo XX y de los primeros años del nuevo milenio fue afectado por cambios acelerados y definitivos de una velocidad que no se había producido en épocas anteriores de la humanidad, ocasionadas en gran parte por los avances tecnológicos y productivos y posibilitados, muy especialmente por los medios de comunicación. Este determino cambios en la forma de ser de las personas y en los grupos que moldearon nuevas “subjetividades” en relación con este particular momento histórico social.
Servicios sociales: ayuda a domicilio, evaluación de la necesidad y el tipo de prestación a desarrollar y también intervención prestando apoyo a cuidadores de enfermos con demencias, especialmente a familiares cuidadores de enfermos de Alzheimer.
Deficiencias, discapacidades y minusvalías: función de diagnóstico en las discapacidades físicas, psíquicas o sensoriales que tiene como objetivo la integración social y la igualdad de oportunidades de personas discapacitadas.
Juventud: lograr la integración familiar, escolar y laboral de los jóvenes, intervención en problemas como riesgo de drogodependencias, hábitos saludables, educación sexual, etc. Intervención para la prevención en temas de delincuencia, adicciones, fracaso académico, sexualidad, etc.
Inmigración: intervención para la integración de la persona inmigrante. Trabajo en el ámbito de la adaptación a las normas, formas y costumbres, asertividad para la adecuada comunicación social de los derechos propios y una adecuada integración social y laboral.
Mujer: asesoría dirigida a mujeres que sufren o han sufrido malos tratos, agresiones sexuales o han tenido un aborto traumático. Terapia de apoyo para mejorar la autoestima y orientación en el proceso de toma de decisiones necesarias para reorientar su vida de forma positiva.
Problemas de IDENTIDAD SEXUAL: la identidad HOMOSEXUAL en nuestro contexto social y cultural existe desde siempre: la falsa creencia de que los HOMOSEXUALES no comparten identidad alguna es tan sólo un mito (un error…). Es absurdo pretender que esta identidad no existe y que no influye en la vivencia que cada uno tenga de sí mismo a nivel individual y/o colectivo. Mi trabajo como psicólogo consiste en ayudar a aceptar y reconocer la propia identidad y a proyectarla adecuadamente a nivel social (al entorno) mediante una adecuada comunicación de la misma.
[wpforms id=»1386″]