TERAPIA DE PAREJA . Psicólogo especializado en terapia de pareja.
Terapia de Pareja, también denominada Psicoterapia de Pareja, es el tratamiento clínico psicológico que se brinda a ambos miembros de una relación sentimental, en su condición de enamorados, novios, esposos, convivientes, separados y/o divorciados, por parte de un psicoterapeuta o terapeuta profesional, debidamente capacitado y facultado por los respectivos organismos oficiales reguladores del país donde ejerce su profesión.
En una terapia de pareja, el psicoterapeuta se centrará fundamentalmente en mejorar la comunicación en la relación. De esta manera, se aprenderá a controlar los impulsos y emociones para afrontar y resolver los conflictos que puedan surgir de una manera más eficiente. Además, se enseñará a ver los problemas desde otra perspectiva, intentando relativizar los mismos sin que los personalismos, la soberbia u orgullo pueda distorsionar los juicios de valor.
Evaluación, diagnóstico y tratamiento de problemas de pareja.
La terapia de pareja (o psicoterapia de pareja) es el proceso eficaz para abordar y solucionar problemas de falta de comunicación, infidelidad, insatisfacción sexual, pérdida, maltrato, abuso, celos y celos patológicos, problemas con los hijos, problemas con las familias de ascendencia, choque de valores, a hacer frente a acontecimientos traumáticos, problemas de convivencia y afrontar (llegado el caso) la decisión de separación y/o divorcio, a través de la mediación para la evitación de conflictos y el fomento del mutuo acuerdo.
Psicólogo especialista en terapia de pareja e intervención familiar con 20 años de experiencia y consultas propias en la ciudad de Valencia. Equipo formado por los mejores psicólogos sexólogos y terapeutas de pareja, para la solución de problemas de pareja y cualquier problema que pueda surgir en el entorno familiar.
En primer lugar, el psicólogo realiza una evaluación de la situación (tanto en pareja como de forma individual, teniendo en cuenta las características personales de cada uno de los miembros de la relación) para conocer cuáles son los problemas que se tienen y si estuviesen planteados, los objetivos que se quieren conseguir con la terapia y definir así el tipo de intervención que se necesita llevar a cabo.
La duración de la terapia es siempre limitada en el tiempo, aunque el número de sesiones o consultas está en función de cada pareja, del número de conflictos a tratar, si hubiese que abordar problemas externos a la relación que pudiesen estar afectando,etc.
Durante la terapia de pareja se analizan los problemas que afectan a la relación para tener una mayor comprensión de ellos, aprender a resolverlos y analizar las diferencias de manera racional, a reconocer cuáles son las ideas o creencias erróneas que cabría modificar, a detectar cuáles son los comportamientos y actitudes que deben ser cambiados y aprender cómo hacerlo, a escuchar, comprender y aceptar a la otra persona así como aceptar las diferencias individuales.
Como en cualquier relación interpersonal, la relación de una pareja, puede atravesar por momentos de dificultad dependiendo de las circunstancias, los cambios personales y el paso del tiempo.
INTERVENCIÓN EN LAS SIGUIENTES ÁREAS:
– Problemas de comunicación.
– Divorcio, ruptura o separación: superar el duelo por la pérdida, fomentar la autonomía personal de cada miembro de la pareja y minimizar el impacto psicológico en los hijos.
– Celos y celos patológicos.
– Infidelidad.
– Problemas con las respectivas familias.
– Problemas de convivencia y de agresividad.
– Dependencia emocional.
– Problemas con los hijos.
– Toma de decisiones.
– Afrontamiento de acontecimientos traumáticos: enfermedad, muerte de un familiar, etc.
¿CUÁNDO ACUDIR A TERAPIA DE PAREJA?
Algunas parejas acuden a terapia para hacer crecer su relación, otras consultan en los casos en que lo consideran como una dificultad pasajera de resolver, y otras quieren resolver una crisis, revivir un deseo aplanado o comenzar un proceso de separación. Sea cual sea la razón, admitida o no, por la que la pareja recurra a la terapia de pareja, tendrán la ocasión de realizar un recorrido personal importante.

Usualmente las parejas encuentran en ellos mismos los recursos que les permiten superar sus dificultades, sin embargo, hay ocasiones en que los problemas superan los medios de los que disponen en ese momento para resolverlos, al punto de poner en riesgo la relación. En estos casos, estas parejas pueden beneficiarse mucho de una terapia de pareja, y es recomendado acudir con un psicólogo de pareja.
– Cuando la relación comienza a deteriorarse y no se va clara la salida.
– Cuando alguno de los miembros siente que la relación depende en mayor medida de él (“siempre tiro yo del carro”).
– Cuando ha habido una infidelidad pero existe la voluntad de superarla.
– Cuando hay una percepción de desigualdad.
– Cuando aparece un problema externo a la relación que es difícil de afrontar: enfermedad grave, problemas con la familia de origen, muerte de un familiar…..
– Cuando existe una constante y persistente intromisión o intentos de intervención de la familia política.
– Cuando aparece la insatisfacción sexual.
– Cuando sencillamente se quiere mejorar la relación.
¿CUÁNTO DURA LA TERAPIA DE PAREJA?.
La duración de la terapia suele ser limitada en el tiempo, aunque el número de sesiones dependerá de cada pareja, del número de conflictos a tratar, etc. Puede requerirse desde unas pocas sesiones para tratar un problema puntual hasta varios meses en casos de relaciones muy deterioradas.

¿FUNCIONA LA TERAPIA DE PAREJA?.
La terapia es mucho más eficaz si se acude nada más observar el malestar en la relación que si se deja pasar y pasar el tiempo hasta que el desgaste pueda más que cualquier cosa. De hecho, el porcentaje de éxito de una terapia de pareja está en torno al 70%. Sin embargo, es mucho más alto si la pareja acude antes, como mucho, dos años después de que aparezcan los primeros problemas.
Pero la realidad es otra bien distinta según reflejan diferentes estudios, centrados en parejas que acuden a consulta ya que se suele esperar entre cinco y seis años en acudir a terapia, a pesar de haber observado indicios de que la relación no funciona tan bien como les gustaría. En estos estudios no se contemplan a las parejas que nunca acudirán a terapia. Sea como fuere, la realidad es que, por desgracia, el perfil de parejas que acuden a consulta suelen ser el de una pareja que a pesar de saber que aún se quieren, llevan años acumulando frustración, enfados, decepciones, distanciamiento y frialdad.
La meta de una terapia de pareja
La terapia de pareja aspira en primer lugar a ayudar a la pareja a dejar los ataques personales uno contra el otro para crear un contexto favorable a la expresión de emociones subyacentes y por tanto favorecer una mejor comunicación. El objetivo es llevar la discusión al nivel del problema y ya no al nivel de la relación.
Uno de los principios de base que guía la resolución de conflictos de pareja es el principio de complementariedad, es decir que cada uno tiene una reacción que alenta y mantiene el comportamiento o la actitud del otro. Si uno no se siente comprendido o considerado o respetado, uno tiene reacciones como retirarse, el desentendimiento, que amplifican la falta de respeto, de escucha y de consideración.
La evaluación de este tipo de dinámicas por parte del psicólogo de pareja permite identificar, entender y modificar los mecanismos que conducen a la incomprensión y a la disputa.
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En una relación de pareja, la mayoría de veces aparecen pequeñas trabas o problemas que, en la mayoría de casos, tienen solución. La alteración del deseo sexual puede ser una de estas dificultades.
Hay que comprender y aceptar que el deseo sexual no es una emoción lineal en el tiempo. De una manera generalizada hay la creencia de que si una relación funciona, siempre tiene que existir este deseo erótico hacia nuestra pareja, que en parte es cierto, pero esto no implica que siempre se tengan que tener ganas de mantener relaciones sexuales o que se quieran expresar o manifestar del mismo modo.
Especialmente en las mujeres, el deseo erótico es muy cíclico; está muy relacionado con las hormonas y los ciclos menstruales y esto nos afecta a la hora de tener más o menos ganas de mantener una relación sexual. También la monotonía en las relaciones puede influir en estas ganas y, evidentemente, si hay problemas o preocupaciones externas (ya sean con la pareja, trabajo, estudios, familia, salud, etc.), también influirán en nuestra sexualidad.

Por todo esto es importante tener una pareja al lado que lo entienda. Para poner remedio, se tiene que hablar del tema, se pueden probar cosas nuevas (introducir posturas diferentes, juguetes eróticos, juegos sexuales, etc.) y sobre todo, no se tiene que presionar a un cambio de actitud inmediato.
El peor intento de solución a la falta de deseo sexual es la presión (ya sea física o psicológica) por parte de la persona más libidinosa de la pareja, o incluso, por la parte menos deseosa, accediendo a practicar sexo para no sentirse mal pensando que podría herir a la otra persona con un “ahora no me apetece”. El hecho de “sentirse obligado/a” a mantener una relación sexual no deseada en un momento determinado, puede provocar el efecto contrario, es decir, mayor inhibición del deseo sexual; además de otras emociones y sentimientos negativos.
Por lo tanto, si nos encontramos en esta situación de falta de deseo erótico, primeramente deberemos “normalizarlo” pensando cómo es nuestro deseo habitualmente y a lo largo de toda nuestra experiencia y, seguidamente, plantearnos si hay algún factor externo que nos pueda estar afectando o influyendo, o si lo que sentimos es monotonía en nuestras relaciones, o bien, si queremos continuar estando con nuestra pareja. También es importante recordar que una relación de largo recorrido no acostumbra a mantener una libido como la del primer día y esto también es difícil de asumir en algunos casos y/o para algunas personas.
La sexualidad individual y de pareja evoluciona y a veces no hacia las mismas latitudes, pero si hay comunicación y se intenta comprender, respetar y llegar a un equilibrio, se pueden encontrar soluciones y acuerdos.
Has experimentado falta de deseo sexual y ¿no sabes con quién hablarlo?… Le pasa a más personas de las que imaginamos y puede afectar a la relación de pareja. Consideramos que tenemos un deseo sexual inhibido cuando nos sentimos insatisfechos con nuestro deseo sexual y ésto nos genera un malestar acusado o dificultades de relación interpersonal. No hay una frecuencia establecida de relaciones sexuales que podamos considerar normal, ya que existe mucha variablidad. Si te sientes insatisfecho con tu deseo sexual o el de tu pareja puedes consultar a un sexólogo para realizar un coaching sexual que te ayudará a estimular el deseo y a que disfrutes más de tus relaciones sexuales.
La variabilidad en el nivel de deseo sexual de las personas es amplísima, haciéndose muy difícil definir cuáles serían los niveles “normales” en términos cuantitativos. Con tanta variabilidad, el valor discriminativo más importante es si la persona (o su pareja) se siente insatisfecha con su nivel de apetencia, es decir si experimenta falta de deseo sexual.
El funcionamiento del apetito sexual es parecido a los demás “apetitos”, como por ejemplo el hambre y el sueño, que representan la parte más instintiva del ser humano. Esto significa que la biología influye en el grado, intensidad y frecuencia con que tenemos dichos apetitos. No obstante, dicha tendencia es modificable mediante la práctica y el entrenamiento.
La falta de deseo sexual está afectando a la relación de pareja. ¿Qué hacer para evitarlo?
El bloqueo del interés sexual puede tener múltiples causas. Si llevas un tiempo insatisfecho con tu deseo sexual o el de tu pareja puedes consultar a un sexólogo. Realizar un coaching sexual te ayudará a identificar las causas de tu deseo sexual inhibido y te proporcionará herramientas prácticas para estimular el deseo sexual. En el coaching sexual se intenta superar la letargia o inercia con un “entrenamiento erótico” que tiene el objetivo de avivar la apetencia, exponiéndose a diversos estímulos de origen sensual/sexual.
Es habitual que si llevas un tiempo sin deseo sexual hayas empezado a evitar cualquier situación que pueda desencadenar en un encuentro sexual (una caricia, un beso, etc). Esta estrategia de evitación contribuye a que el problema se mantenga, de modo que “cuánto menos sexo practicas, menos deseo sexual sientes y cuánto menos deseo tienes, menos sexo practicas”.
Varones mayores de 40 años, víctimas de disfunción eréctil.
Los síntomas son de fácil reconocimiento, la ausencia o dificultad para lograr una erección y completar una relación sexual por tres meses o más.
En el mundo se estima que la disfunción eréctil afecta a los varones mayores de 40 años, en un 55 por ciento en forma leve, al 35 por ciento de manera moderada y al 10 por ciento en forma severa.
La principal afectación suele ser la autoestima, un gran porcentaje de los pacientes se resiste a reconocerlo y a recibir tratamiento psicológico y/o médico, lo que genera problemas en la relación de pareja o tensiones en el núcleo familiar.
De manera estricta, la disfunción eréctil no es una enfermedad sino una patología ya que no representa un riesgo o peligro en la salud del varón, lo que realmente se trata en esta consulta es la sensación de ansiedad que afecta física y emocionalmente a los hombres que la padecen.
Los síntomas son de fácil reconocimiento, la ausencia o dificultad para lograr una erección y completar una relación sexual por tres meses o más.
El diagnóstico consiste en un examen físico en testículos, pene, recto, sistema nervioso y flujo sanguíneo, a partir de los datos que el historial clínico arroje, se podrán recetar tratamientos que van desde los fármacos hasta psicoterapia y terapia sexual cognitivo – conductual cuando se presenten casos de estrés, ansiedad, culpa o depresión.
Es necesario contemplar factores de aparición como la medicación por enfermedades como antihipertensivos, depresión y otras enfermedades del corazón. Es importante descartar problemas como es la prostatitis.
Entre los factores de riesgo modificables se encuentran el consumo de sustancias ilegales, el consumo de alcohol, tabaco y falta de actividad física. Los especialistas en sexología recomiendan visitar al especialista una vez al año para descartar otras complicaciones infecciones o cáncer.
Es frecuente la disfunción eréctil o los problemas de erección.
La disfunción eréctil es un problema frecuente; de hecho, más del 50% de los hombres de edades entre 40 y 70 años experimentan disfunción eréctil en algún momento. Si tienes problemas de erección, no tienes que sentirte como si fueras el único.
La disfunción eréctil es un problema de salud sexual común entre los hombres. La disfunción eréctil afecta aproximadamente a uno de cada diez hombres. Por lo tanto no hay nada de lo que avergonzarse si tú o tu pareja experimentáis disfunción eréctil.Pero una buena parte de los casos de disfunción eréctil se pueden tratar.
Los cambios en el estilo de vida como el ejercicio físico regular y dejar de fumar también pueden ayudar a mejorar la disfunción eréctil.
La probabilidad de la disfunción eréctil aumenta con la edad. Más del 50% de los hombres entre 40 y 70 años experimentan disfunción eréctil.
Se estima que, en Europa, más de 30 millones de hombres tienen algún grado de disfunción eréctil y esto aumentará a aproximadamente a 43 millones en 2025.
Hasta el 80% de los casos con disfunción eréctil se deben a causas físicas. Sin embargo, para muchos hombres la causa de su disfunción eréctil puede ser tanto física como psicológica (por ej., estrés y ansiedad).
La disfunción eréctil también puede ser un efecto secundario de medicamentos que los hombres toman para tratar otras enfermedades.
Problemas de erección al llegar a los 50.
Cuando el varón entra en la quinta década de su vida, existen diversas situaciones que pueden provocar una Disfunción Eréctil o Problemas de Erección a los 50 años. Cuando se superan las cinco décadas de edad, se pueden dar o aparecen las siguientes situaciones:
- Baja la producción endógena de testosterona. Aparece la Andropausia o Síndrome de baja producción de testosterona.
- La convivencia con la misma pareja puede hacer que las relaciones sexuales puedan volverse monótonas y/o aburridas.
- Aparición de las enfermedades cardiovasculares, como la hipertensión arterial, aumento del colesterol…
- Un gran número de varones mayores de 50 años pasan por períodos difíciles en su vida laboral o profesional, necesitando medicación como anti-depresivos, ansiolíticos…
- Superados los 50, la grasa se deposita en la barriga, que produce cambios físicos.
- Una vez alcanzada la media centena no se realiza la misma actividad física con la regularidad necesaria para mantener una buena salud física y circulatoria.
- Las parejas del hombre a los 50 normalmente comparten la misma edad o cercana, con lo cual también pueden perder apetito sexual, haciendo que la frecuencia de relaciones sexuales sea menor.
- El sedentarismo impide llevar una dieta sana y variada.
Situaciones o hábitos que mejoran la disfunción
Al margen de recomendar los principales tratamientos para la disfunción eréctil existen una serie de hábitos o conductas que ayudan a recuperar la función eréctil. Algunas son las siguientes:
- Perder peso: corregir el sobrepeso es muy importante, ya que a menos peso mejor será la erección.
- Llevar una dieta variada: ésta debe incluir pescado azul, verdura y fruta…
- Se deben evitar malos hábitos como el consumo de alcohol o el tabaquismo.
- Evitar siempre que se pueda el consumo de antidepresivos o inductores del sueño.
- La práctica de ejercicio físico mejora la circulación y la oxigenación celular
- Hablar directamente con la pareja
- En el caso de que el paciente padezca diabetes, se debe coordinar con el endocrinólogo para mejorar los niveles de glucosa en sangre
Este es un tema que a muchos nos interesa porque a veces con el paso del tiempo las relaciones de pareja se deterioran o se vuelven rutinarias, con lo que nos podemos llegar a plantear si vale la pena seguir con la persona que estamos conviviendo.
El primer consejo que te daría es que pasaras a observar las cualidades positivas que tiene tu compañero/a, ya que a veces cogemos el vicio de sólo darnos cuenta de los fallos que comete, como si tuviéramos preparado un sensor para poder hacerle un reproche, entonces la relación se convierte en una competición que desgasta la pareja, por esta razón sería más aconsejable estar atento a sus virtudes y los comportamientos que realiza para agradarnos.
Podías probar un juego en el que hacéis una lista de por lo menos 10 cualidades positivas que tiene tu pareja y después os las podéis intercambiar, esto os ayudará a descubrir que la otra persona está valorando tus virtudes, aunque en el día a día no os lo manifestéis.
Cuidar la comunicación con la pareja.
Otra recomendación importante es cuidar la comunicación, ya que este es uno de los puntos de mayor conflicto, mejorar la comunicación implica saber informar, saber escuchar, expresar sentimientos y saber conversar.
- Saber informar: nuestro mayor objetivo es ser escuchados, para ello deberemos buscar el mejor momento y situación para que nuestro mensaje sea recibido, en cuanto el mensaje debemos procurar que sea coherente en lo referente a lo que decimos y cómo lo decimos, intentaremos iniciar la conversación reconociendo lo positivo que tiene nuestra pareja, evitando el reproche y la recriminación. Se pretende que nuestra información se perciba como una sugerencia, no como una crítica a su conducta o una exigencia, por esta razón deberíamos evitar generalizaciones con palabras como nunca, siempre, jamás y centrarnos en un hecho concreto del presente, no recordar acciones del pasado que no llevan a ningún lado. La sinceridad debe someterse a unos límites pensando en los efectos que tendrán nuestras palabras, por eso antes deberíamos plantearnos si lo que vamos a decir va a beneficiar o perjudicar la felicidad de la relación, podemos tener en cuenta la siguiente regla: “Toda información que pueda causar dolor y no beneficie a la relación de pareja no debe ser comunicada”.

- Saber escuchar: dentro de la pareja no escuchar al otro puede interpretarse como una falta de amor del otro, por tanto sería recomendable tener en cuenta ciertas normas como demostrar una actitud de escucha con nuestro lenguaje verbal y no verbal, ponernos en el lugar del otro para intentar comprenderlo, no emitir juicios de valor, evitar las interrupciones, pedir información sobre lo que se está hablando y ser flexibles en nuestro punto de vista.
- Expresar sentimientos: se trata de aprender a reconocer qué sentimos cuando nos sentimos alegres o tristes, y expresar nuestro reconocimiento cuando nuestra pareja tiene una atención hacia nosotros. No debemos de caer en el error de pensar que la pareja tiene que adivinar lo que sentimos y también de no reconocer o agradecer las conductas positivas porque creemos erróneamente que es una obligación de la pareja.
La siguiente recomendación sería trabajar las habilidades de resolución de problemas, ya que cuando se discute con la pareja normalmente lo que se busca es que la otra persona haga algún cambio, para la resolución del conflicto es necesario que uno se muestre receptivo y flexible ante las necesidades del otro.
Acceder a las peticiones del otro no debe verse como una sumisión o como un golpe a nuestro orgullo, tienes que tener en cuenta que las mejores parejas se construyen a base de pequeñas concesiones: hoy por ti mañana por mí.
En las parejas surgen problemas cuando se cree que no hay ninguna obligación de adaptarse al otro porque te tiene que aceptar tal y como eres, la típica frase que se dice es yo soy así.
Exposición del problema y resolución de conflictos.
Por supuesto, en las ocasiones en que ceder a las peticiones sea una humillación no debe hacerse. Para trabajar en esta área tenemos que aprender a exponer el problema adecuadamente y formular soluciones.
Parámetros para exponer un problema: Buscar un momento en el que podáis estar solos (sin hijos delante ni otras personas) y en un ambiente agradable.
- Ser positivos: Esperar a estar con un estado de ánimo tranquilo para hablar, si lo hacemos alterados sólo conseguiremos que la otra persona se ponga a la defensiva, por eso tenemos que intentar ser positivos, con un tono de voz normal, pero conciliador, reconociendo todo lo bueno que tiene la persona, aunque hay una actitud concreta que nos ha molestado. Además de preguntarle si desea hablar del problema que nos preocupa.
- Tener claro el objetivo: saber de lo que queremos hablar, plantearnos qué quiero conseguir, cómo voy a decirlo para no causar un problema más grande y por qué necesito exponer este problema. Las primeras veces te puede ayudar escribirlo en un papel.
- Ser claro: evitaremos palabras como siempre, nunca, jamás, porque parecen acusaciones y no definen el problema con claridad. Podemos plantear cómo nos gustaría que fuera la conducta, en lugar de insistir en lo que no nos gusta.
- Emitir los mensajes yo: se hace comunicando los sentimientos que experimentamos ante determinadas conductas suyas, la ventaja de este método es que con ello no se culpabiliza al otro.
- Ser autocrítico: saber reconocer nuestra parte de culpa en los problemas cuando hayamos contribuido a ellos. Es aconsejable mostrarnos flexibles ante sus argumentos y darle la razón si nos demuestra que la tiene.
- Tratar sólo un problema: elegir el que consideremos que más está afectando a la relación, y abordarlo por partes, de menor dificultad a mayor.
- Ser objetivo: buscar culpables o hacer interpretaciones no nos ayudan a solucionar el problema. Lo que necesitamos saber es qué nos disgusta y qué medidas se pueden tomar para solucionarlo.
Por último os aconsejaría que aprendiéramos a controlar las pequeñas peleas de pareja porque su diálogo implica agresividad, y porque pueden acabar siendo un hábito en la pareja. La alternativa a las peleas son las discusiones porque son un diálogo controlado en el que se tratan temas conflictivos sin llegar a perder el autocontrol.
Teoría del apego. Vinculación afectiva.
La Teoría del
Apego (Atachment) se desarrolla a principios de los años cincuenta, desde una perspectiva etológica. Sus principales exponentes son:
J. Bolwby y M. Aisworth (Aisnworth 1968, 1982, 1989; Ainsworth, Bell 1970; Ainsworth, Bell, Stayton, 1971, 1974; Ainsworth, Blehar, Waters, Wall 1978; Ainsworth, Bowlby, 1991; Bowlby, 1939, 1940, 1944, 1949, 1951, 1958, 1960a,1960b,1968, 1977, 1980,1984b,1985, 1988, 1989a; Bowlby, Durban 1939).
En el marco teórico sobre la teoría del
apego (Attachment) partimos de los trabajos de investigación de Bowlby (1969, 1973, 1995), Stern (1985) y Tronick (1989).
Robertson (1953a, 1953b) y Bowlby describieron los
patrones de conducta que podemos observar en
los niños que sufren un alejamiento súbito y mantenido de sus hogares y que se ven instalados en ambientes extraños:
«siempre que un niño pequeño que ha tenido oportunidad de desarrollar un vínculo de afecto hacia una figura materna se ve separado de ella contra su voluntad, da muestras de zozobra; y, si por añadidura, se lo coloca en un ambiente extraño y se le pone al cuidado de una serie de figuras extrañas, esa sensación de zozobra suele tornarse intensa. El modo en que el chiquillo se comporta sigue una secuencia característica. Al principio protesta vigorosamente y trata de recuperar a la madre por todos los medios posibles. Luego parece perder la esperanza de poder hacerlo. Aun así, sigue preocupado y vigila su posible retorno. Posteriormente parece perder el interés por la madre y nace en él un desapego emocional. Sin embargo, siempre que el período de separación no sea demasiado prolongado, ese desapego no se prolonga indefinidamente. Más tarde o más temprano el reencuentro con la madre causa el resurgimiento del apego» (J. Bowlby 1968, pp. 45).

Con Robertson, Bowlby no solamente estudió los
efectos de la separación precoz de los niños y de sus madres, sino que también pudo comprobar que una
figura de apego sustituta podía darle consuelo.
Esta figura sustituta podía facilitar el
establecimiento de un vínculo emocional que
impedía el deterioro y que permitía al bebé mantenerse en una situación de seguridad hasta que se reunía con su madre. Estudios actuales indican que la separación de un mes o más del niño de su madre durante los primeros 5 años de vida es de alto riesgo para trastornos relacionados con la salud mental (Steele y Siever, 2010).
Bowlby formuló la teoría de que según la relación que estos
niños establecían con sus figuras de
apego (la madre o cuidador principal) a edades tempranas, organizarían el
tipo de vinculaciones afectivas que establecerían a lo largo de su vida.
Por
apego entendemos una disposición a mantener proximidad y contacto (lazo de afecto) con una figura de carácter protector, denominada «figura de apego»:
«El comportamiento de apego es una forma de conducta instintiva que se desarrolla en el hombre, al igual que en otros mamíferos, durante la lactancia y tiene como finalidad o meta la proximidad de la figura materna. La función del comportamiento de apego consistiría en la protección contra depredadores. Tal conducta se muestra especialmente intensa durante la niñez, cuando está dirigida hacia figuras parentales, pero continúa activa durante la vida adulta, en la que generalmente es encauzada hacia alguna figura activa y dominante, que con frecuencia se trata de un pariente, pero también a veces de un jefe o alguna persona de más edad que pertenece a la comunidad» (Bowlby, 1986b, pp. 111).

El
apego estaría relacionado con la protección que esa figura principal de
vinculación tiene con el bebé. El temor a la
pérdida o el abandono de esa figura será vivido con niveles muy importantes de angustia por el bebé o niño. Bolwbly comprobó la existencia de esa
angustia de separación al observar los efectos negativos padecidos por los
niños, que fueron separados de sus padres en la Inglaterra de la postguerra.
También pudo comprobarlo en su trabajo como médico con
adolescentes procedentes de familias conflictivas. Estas experiencias fueron determinantes para que Bowlby entendiera los efectos e influencia de los primeros vínculos afectivos y de su transmisión transgeneracional en el desarrollo de la personalidad del niño.
Cuando Bowlby (1985) se refiere a la
figura de vinculación o de apego, se refiere a si existe o no la posibilidad de que esta figura sea accesible al bebé de forma inmediata y si ésta es capaz de responder de manera apropiada a sus necesidades, dándole protección y consuelo.
Esto permitirá también que el niño sea capaz de
interactuar con los otros sin ansiedad y poder organizarse y elaborar situaciones traumáticas o problemas emocionales que puedan aparecer a lo largo de su vida. Si estas primeras relaciones se desarrollan de forma correcta hablaremos de una
base segura.
Así pues, se definen 4 tipos de
apego: 1)
Seguro: los otros son considerados como fuente de
bienestar y son
niños que tienen capacidad para empatizar con el otro y reflexionar sobre sí mismo; 2)
Preocupado: los puntos de la historia personal están centrados en el rechazo, la negligencia y la inversión de roles y son
niños que tienen muchas dificultades para organizar su historia y sus relaciones interpersonales, tanto pasadas, presentes como futuras; 3)
Evitativo: son
niños que tienden a negar los aspectos difíciles de su infancia, con actitudes de desvalorización hacia el
apego; 4)
Desorganizado no resuelto: característico de las personas que han tenido pérdidas muy significativas de su figura de
apego, maltrato, negligencia y/o abusos sexuales en su infancia, y son
niños que presentan graves dificultades en las relaciones interpersonales y tienen un alto riesgo de desarrollar problemas de tipo psiquiátrico y/o de adicciones (Main 2000; Main, Goldwyn, 1991; Main, Goldwyn, Hesse, 2003; Main, Kaplan, Cassidy 1985).
En la revisión y actualización de la literatura referente a la teoría del
apego encontramos líneas de investigación entre
apego y neurociencias, relación entre
apego seguro y capacidad de mentalización o función reflexiva y habilidades sociales y conductas agresivas, relación entre FR y conductas agresivas, malos tratos; negligencias y abusos sexuales; transmisión generacional del maltrato y centros residenciales de acción educativa para menores retirados de sus familias como sistema de protección.